lunes, 14 de octubre de 2013

¿Víctima del Emotivismo?


 

Vivimos en una sociedad emotivista.
Vivimos rodeados de personas que no piensan el mundo, y no tienen bases morales para sus opiniones.
Sus juicios morales y creencias dependen de su estado de ánimo o de sus experiencias recientes.
Estos juicios morales no tienen base sólida y las personas que los usan de alguna manera se percatan.
Para darles base se deben convencer a sí mismos a la vez que te convencen a ti.
No pueden opinar sobre una creencia o experiencia, debe ser la mejor y tu también debes reconocer que es la mejor.
Mejor incluso que la que tú tienes, su opinión tiene que ganar, por trivial que sea el tema.
No hay razones objetivas detrás de un precepto, una persona debe manipular a otra para lograr que ésta cambie de opinión.

No hay un intercambio, nadie reconoce su ignorancia, solo una lucha de creencias.

“Beber cerveza sienta mal” diría alguien para expresar sus sentimientos y tratar de influir sobre los sentimientos del otro, ya que sería un sinónimo de “No apruebo beber cerveza y tú deberías hacer lo mismo”.
El emotivismo es el fenómeno que se da en la gente para la que decir “esto es bueno” significa más o menos “yo lo apruebo, hazlo tú también”.

Sin reflexión, sin fundamento moral y con violencia intrínseca. ¿Te suena esta situación? Quizás tú también hayas sido una víctima del emotivismo.

Ahora que lo conoces, préstale atención y no dejes que te influya. Piénsalo, piénsate.

Miedo a la muerte


 

¿Es la muerte lo que más tememos? ¿Es el  miedo a la muerte más grande que el miedo a un gran sufrimiento? Son preguntas para pensar.

¿Es racional tener miedo a la muerte cuando es el final de todo? En general pensamos que sí, porque la muerte es la pérdida de la vida, y vivimos con el espejismo de una vida sin final, pocas veces son las que tenemos en cuenta nuestro ocaso o las que hablamos de él como algo natural y aceptando su inevitable llegada.

Los epicúreos pensaban que la muerte es un estado de inexistencia, no hay que temerla, pero cuando hablamos de muerte dolorosa ahí sí que podemos tener miedo racionalmente.
Hay una idea muy significativa de esta escuela que dice algo así como “no hay que temer a la muerte, pues cuando estamos vivos no llega, y cuando llega ya no estamos vivos para verla” lo que nos resume su pensamiento, la muerte como algo que no existe, algo que nunca vemos, y por lo tanto no deberíamos temer tanto.

Los estoicos por su parte pensaban que no hay que temer a la muerte, pues no se puede hacer nada al respecto, su típico punto de vista estoico les hacía ver este temor como algo irracional, no hay ruta de escape a la muerte ni nada que pueda cambiarlo.

Hay otro punto de vista interesante del miedo a la muerte, y es e punto de vista evolutivo, darwiniano, que sugiere el miedo a la muerte como algo natural, ya que el ser humano está genéticamente creado para sobrevivir y reproducirse, y se ve el miedo a la muerte como un instinto que obliga a realizar estos actos antes de morir.
Sobre esto podemos contraponer la opinión de Voltaire, que apoya que el ser humano sea el único animal consciente de su muerte, pero eso no implica que el resto de animales no luchen por su reproducción y supervivencia, por lo que podemos entender el miedo a la muerte como algo que proviene de la cultura y el pensamiento, y quizá sea esto mismo lo que pueda cambiar dicho temor.

El miedo a la muerte es algo curioso, José Antonio Marina, en su libro “Anatomía del miedo” determina que nos volvemos miedosos por 3 causas, sucesos traumáticos, daños penosos y repetidos, y por aprendizaje social, siendo que no tenemos sucesos relacionados con la muerte podemos deducir que nuestro miedo procede de algo cultural, y muy cercano a lo irracional.

Incluso después de todo esto podemos seguir viendo a muerte con miedo. Al principio he formulado la pregunta ¿Es el  miedo a la muerte más grande que el miedo a un gran sufrimiento? Y podemos seguir pensando que sí, ya que si nos pusiéramos muy estoicos y perdiéramos este miedo a la muerte puede que nos siguiera dando miedo por el sufrimiento ajeno ya que la muerte es socialmente visto como algo negro y triste pero ¿Qué pasa en las culturas donde se celebra la muerte? ¿Si la muerte fuera bien considerada cuando es heroica como en la antigüedad, o si se recordara por nuestros seres queridos como algo bueno y natural nos daría tanto miedo?

cambiar el mundo


Cambiar el mundo

Me gustaría saber la cantidad de personas que desean cambiar el mundo sin saberse cambiar a sí mismas, y estoy convencido que a proporción sería más influyente realizar esto último que cualquier tipo de activismo a medio realizar o cuantas opiniones personales clamen.

El poder del que mantiene el mundo a cambiar se asienta sobre una normalidad de control e influencia, y si dicha normalidad se rompe, se rompe el sistema. Cuando uno realmente se gobierna a sí mismo, poco hueco deja para que lo gobiernen otros, y este conocimiento tan grande de nosotros mismos no entra en la normalidad. Seguramente dejaríamos de hacer lo que debemos y haríamos lo que queremos, lo que nos hace felices, y eso no mantiene ningún sistema, justo lo haría para mantenernos a nosotros mismos, lo que nos da una gran inseguridad, por eso cedemos parte de nuestra libertad al sistema a cambio de seguridad y protección, suena mal pero es la supervivencia de hoy en día, el truco está en dominar la parte que queremos entregar y no ceder ante el reclamo de gobiernos, dictadores o cualquier reclamo íntegro de nuestra libertad tal como suelen llevar a cabo los nacionalismos. Un tema muy interesante para el que recomiendo el libro “El miedo a la libertad” de Erich Fromm.

Este párrafo nos lleva a reflexionar que a veces, queremos cambiar el mundo que nos sustenta, lo que nos lleva a una paradoja que provoca un medio-activismo que no lleva a ningún sitio, véase que todos queremos salvar el planeta mientras no hacemos más que consumir productos que han producido y producen contaminación ¿o no?

¿Quién quiere cambiar el mundo?

Tras una larga búsqueda no he conseguido encontrar al autor (os invito a ayudarme, aunque apostaría por Freud) de una frase que siempre he tenido en mente y asegura algo así como que, el deseo más grande y oculto de toda persona es dominar el mundo, y ser el rey y máximo poder de su realidad. Sin ser hipócritas ¿Quién no ha sentido esto? ¿Quién no ha pensado aunque sea por unos segundos que si el mundo se rigiera por sus normas sería mejor?, nos hemos visto entonces capaces de regir un orden según nuestro ego.

¿No es esto un acto de egoísmo extremo? Seguramente si, pero podríamos diferenciar el objetivo de cambiar el mundo entre un egoísta y un humanista con una sencilla pregunta ¿Darías tu vida por cambiar el mundo?

Con todo esto espero haber creado una reflexión sobre este tema, y concluyo con la idea que nombro al principio, la primera y principal revolución debemos llevar a cabo si queremos cambiar el mundo que entendemos, es con nosotros mismos.

 

 

 

*¿Para quién es útil el nacionalismo?

Un mundo de comunidades imaginadas y de fronteras que nos dividen forjadas en sangre e intereses que se han ido consolidando con el paso de los años. Ese es el mundo que hemos heredado gracias a los nacionalismos.

El nacionalismo es considerado como una ideología, pero mientras otras ideologías se preguntan ¿Cómo debería ser gobernada una sociedad? El nacionalismo se pregunta ¿Quién debería formar parte de un pueblo o nación?

El nacionalismo, ni más ni menos, es la herramienta que los estados modernos, sus gobiernos, y beneficiarios, utilizan para crear un sentimiento patriótico uniforme en su población por medio de la educación, la cultura y los medios de comunicación, que asegure la pervivencia del estado, sobre todo ante momentos de crisis, entendiendo por crisis la unidad de la nación y los intereses de los que la controlan.

Este imaginario colectivo es un gran invento, sobretodo porque permite hablar de todos y no hablar de nadie. Unifica entre la sociedad un concepto de “nacionalidad común” que realmente no existe, de hecho, dentro de una nación la sociedad es muy plural, siendo esto una de las principales pegas del nacionalismo, además de que durante la segunda mitad del siglo XX se ha podido ver la capacidad de manipulación de la opinión pública que posee el nacionalismo para llamar al patriotismo y desencadenar su potencial destructivo.

El nacionalismo ha facilitado la creación de los estados modernos, pues se dice que han sido las naciones (y su nacionalismo) las que han creado los estados, y encontramos al menos tantos movimientos nacionalistas como estados existen, pero es curioso ver como dentro de una nación, no es bueno que haya dos nacionalismos distintos, de hecho es excluyente pues los protectores del nacionalismo en una nación no permiten la autodeterminación de una comunidad que comparta lo necesario para sentir su propio sentimiento nacionalista.
Es algo paradójico pues lo que ha permitido la creación de los estados, es lo que impide que nazcan otros. No puede haber estados sin nación, ni naciones sin estado, pues son peligrosas.

Es mucho lo que se podría debatir sobre los nacionalismos, pero puestos a hablar de filosofía, lo que realmente debería interesarnos es la influencia que tiene sobre los sujetos y su pensamiento.

Nos da unas fronteras que hemos de asimilar innatamente aunque nada hayamos influido para su realización.
Nos impone una condición similar a todos las personas que contienen dichas fronteras aunque no tengamos más bien poco en común.
Lo peor de todo es que para los más débiles de mente, crea un dios por el que merece la pena morir, millones de vidas entregadas a símbolos y banderas impuestas, por luchar los intereses y ambiciones de otros que no van a dar la vida por nadie.

¿Qué son los símbolos nacionales? ¿Quién los pone? ¿De dónde vienen y por qué tenemos las fronteras que tenemos? ¿Me identifico con quien gobierna mi estado? ¿Debería entregar la vida por una bandera y su historia o me la guardo para mi mismo? ¿Es posible vivir en un estado y no tener sentimiento nacionalista?

Son preguntas para pensar antes de hablar nacionalismo, y que deberíamos tener claras cuando oigamos su llamada, ya que además, suele ser en los peores momentos de un país cuando suele resurgir esta ideología.

Filosofar es Evolucionar


 

Evolucionar es desarrollarse, adelantar, crecer, dejando atrás un estado para pasar a uno nuevo y mejor, y esto es la base y sustento de la Filosofía Práctica.
Ponerse a filosofar, es practicar Filosofía con uno mismo. Se trata de mantener una dialéctica interior en la que enfrentamos aquello que hemos tomado como verdadero por pura comodidad, por engaño, o por costumbre, y enfrentarlo con su opuesto para poner a prueba hasta que punto nuestras creencias y conocimientos pueden estar equivocados.
En resumen sería preguntarse, ¿Por qué pienso esto? ¿Por qué tomo esta creencia como real? ¿Qué tiene de malo su contrario?

Parecen preguntas sencillas, pero si las ponemos delante de aquello que solemos hacer y decir, puede que transformen nuestras costumbres, que especialmente pueden ser desafortunadas cuando arrastramos el pensamiento que solemos tener en un contexto a otro.

Sería muy difícil listar y determinar cuales y cuantos elementos han influido sobre nuestro sistema de creencias, pero lo que sí podemos hacer es parar y pensar antes de repetir aquello que tanto hacemos o decimos, haciendo que encontremos soluciones nuevas y mejores que las que hemos dado por sentadas.

¿Dónde encontramos la evolución?

Vivir filosofando de esta manera, es vivir manteniendo un espíritu crítico que nos ayudará a conocernos mejor. Ya se sabía bien en la antigua Grecia, que lo que distingue al ser humano del resto de la naturaleza es su capacidad de pensamiento, y siendo esta nuestra principal cualidad parece lógico ejercitarla y encontrar la realización en ella.
Vivir filosofando hará que nos encontremos con aquello que no nos solíamos plantear, un elemento crítico, dar vida a un opuesto a nuestras creencias, que hará que lo que hablemos y realicemos proceda de la argumentación razonada, y no desde la costumbre.

Si a pesar de esto seguimos manteniendo nuestros dogmas, no pasa nada, pues filosofar consiste en vivir con la crítica, y el simple hecho de cuestionarse ya es filosofar, ya que sea cual sea la conclusión a la que lleguemos la habremos contrastado, y aunque sea en eso, habremos cambiado.

Esto es evolución, pues llegará un día en que nos encontremos con una nueva forma de vivir, habremos abandonado la desidia y la auto-obediencia para pasar a un estado mental activo y flexible, que finalmente hará honor a nuestra capacidad de razonamiento, aportándonos sin duda alguna, muchas más satisfacciones que las que puede dar el quedarse abrazado a la opacidad mental.

Pensamiento Crítico como precedente al Pensamiento Filosófico


 

Los “amantes de la sabiduría” estamos en un camino constante de la búsqueda de la verdad, una verdad que nosotros elegimos.
Podemos ser nosotros los que vayamos al conocimiento, o puede ser que la información nos sea arrojada inevitablemente, cosa que hoy en día sucede constantemente ya sea de forma interesada o de forma casual.

Puede que el Pensamiento Crítico no sea necesario para ejercer un Pensamiento filosófico y viceversa, pero ambos dos son herramientas indispensables en a búsqueda del conocimiento.

El Pensamiento Crítico influye en la búsqueda de lo verdadero, mediante la humildad intelectual, una mente abierta y apoyados en la libertad de pensamiento, nos vemos en la necesidad de evaluar la consistencia y la validez de la información que nos exponen. A veces nos preguntamos “¿Como puede ser que la gente se crea realmente lo que dicen en este anuncio?” Pues sencillamente porque no están aplicando un filtro, no tienen la costumbre juzgar lo que les llega, y están aceptando toda la información ofrecida como válida y real.
Seamos inconformistas, seamos buscadores, arriesgados, rebeldes, irreverentes, seamos incluso indeseables y molestos, pero no seamos tontos.

Una vez que aceptamos la información, y no tengamos duda de ella, podemos ejercer el Pensamiento Filosófico.
Igual que el Pensamiento Crítico afecta a lo verdadero y lo falso, en el Pensamiento Filosófico busca lo bueno y lo malo, pasamos de enfrentar algo a la verdad, a enfrentarlo contra nosotros mismos, no me interesa la verdad, me intereso yo mismo y la forma en que me reflejo esta información que me ha llegado para enfrentarla a mis creencias y virtudes.

Hoy en día es más la información que nos dan ya pensada, que la que recogemos directamente del mundo sin que nadie la haya pensado antes, abrimos nuestras orejas a personas que no tienen nada que decir, y ya que no podemos impedir que el mundo esté lleno de mentiras y tonterías, si que a titulo particular deberíamos impedir que, en primer lugar aceptemos todo lo que nos llega, y en segundo lugar lo tengamos en cuenta a la hora de pensar el mundo e incluso a la hora de pensarnos a nosotros.

Un ejemplo de todo esto:

Constantes noticias de que “los jóvenes son unos gamberros”.
La abuela que en casa acepta lo que le llega ya que a su edad no le apetece mucho pensar.
Esa abuela se cruza con jóvenes y siente temor y desagrado.
Ese constante temor y desagrado junto a la asimilación de las noticias hacen que la abuela se consolide en una posición anti-juventud.
Quizá sabiendo el porcentaje de jóvenes gamberros por provincias pudiera haber hecho que la abuela no sienta tanta angustia el resto de los días que le quedan.
La angustia vende, por lo tanto las noticias de gamberros seguirán si interesan, a la vez que la abuela transmitirá y venderá su angustia a otras personas si aprende que así puede captar la atención.

Habría que revisar hasta que punto estas situaciones ya nos han influido de forma subjetiva en nuestras ya formadas opiniones de política, economía, deporte, prejuicios e incluso filosofía.
Lo que no pudo arreglar el Pensamiento Crítico en su momento puede ser que lo arregle el Pensamiento Filosófico ahora, piénselo, piénsese.

la percepción ¿amiga o enemiga?


La percepción ¿amiga o enemiga?

Últimamente leo y pienso mucho en la percepción, que aunque no es un tema muy clásico de la filosofía, ha sido tratado numerosas veces y tiene una influencia importante sobre cada uno de nosotros, especialmente a la hora de pensar y a la hora de interpretar el mundo.

Vamos a ponernos en situación, imaginemos que estamos escribiendo y se nos cae un bolígrafo, no pasa ni un minuto y se nos vuelve a caer, y acto seguido se nos vuelve a caer, y ya enfadados lo agarramos lo miramos y decimos ¡Maldito bolígrafo deja de caerte!

En un momento nos vemos enfrentados a dos problemas, por un lado tenemos el enfado de la situación, y por otro lado nos hemos ganado un enemigo mortal que es el bolígrafo, y ahora es cuando pensamos ¿Cuál es el problema aquí? ¿Cómo en ocasiones nos enfadamos con cosas inertes? En parte es un problema de percepción, percibimos maldad donde no la hay.

Podríamos definir la percepción algo así como “una actitud subjetiva a la hora de interpretar el mundo”.

Con el bolígrafo hemos percibido un enemigo, aunque realmente no lo había.

Cuando no controlamos nuestra percepción se maneja a su antojo, las situaciones se tornan difíciles o agradables según nuestro estado de ánimo, pero cuando la controlamos podemos hacer que el mundo nos dé justo lo que deseamos.

El tema de la percepción es mucho más largo y profundo, estos ejemplos del bolígrafo y del hombre que respira fuerte, eran dos ejemplos personales como ví­ctima de algo que Séneca definía como “la impresión de que se burlan de nosotros”, tenemos el ejemplo de un elemento inanimado y de un ser vivo, y en ambos casos los dotamos de un carácter mal intencionado ante la duda, creando así un problema del que solo somos víctimas nosotros mismos.

Más recientemente tenemos un estudio más intensivo del uso de la percepción mediante técnicas de PNL, programación nuero lingüística, que es el uso del lenguaje para cambiar la percepción que tenemos sobre un problema, el filósofo y experto lingüista Noam Chomsky escribe sobre ello y hay diversas técnicas para afrontar los problemas…

Poner nuestro problema en un marco más grande para verlo más pequeño:
¡A todo el mundo le pasa!

O buscar el opuesto positivo de un problema:
No tener miedo al fracaso, sino ganas de hacerlo bien.

O el uso del “pero” y el aunque para cambiar el peso en la información de una idea:

En la frase:

“he encontrado una solución a mi problema, pero seguro que volverá a surgir de nuevo”

Tenemos el peso en la parte negativa, mientras que si decimos:

“he encontrado la solución a mi problema, aunque vuelva a surgir de nuevo”

La idea principal se queda en “he encontrado la solución a mi problema”

En general los libros que han pasado por mis manos hablando de este tema vienen a comunicar que ante una situación que desconocemos nuestra percepción suele ser negativa para poder así defendernos de ella, y tenemos una especial predisposición a pensar que tanto objetos como personas quieren fastidiarnos.

¿Son los problemas algo objetivo, o es nuestra percepción su creadora? ¿Todos los problemas tienen un punto de vista positivo? ¿Por qué es tan difícil cambiar nuestra percepción de algo negativo hacia algo positivo cuando tenemos la posibilidad de hacerlo?

LA PERCEPCIÓN SELECTIVA



La percepción selectiva es un concepto muy a tener en cuenta en el mundo publicitario ya que es una de las pocas defensas que tiene el espectador ante los innumerables impactos publicitarios que recibe al cabo del día.

Básicamente se trata del rechazo o aceptación de un mensaje en función de su predisposición a aceptarlo, es decir, elegimos la publicidad que queremos ver en función de las creencias, valores, deseos, o hábitos que transmite.
Si nuestros sentidos captan algo que coincide con nuestra memoria a largo plazo, tiene más posibilidades de ser procesado por nuestra memoria operativa, también llamada memoria de trabajo.

Es decir, escuchamos, vemos o/y pensamos lo que nos interesa.

Como he nombrado antes, esto es una herramienta de defensa, ya que si tuviéramos que prestar atención y reflexionar sobre todos aquellos mensajes que nos llegan podríamos ir directos al manicomio o a tirarnos de un puente.

Hay otra aplicación que los usuarios de Internet realizan con su percepción selectiva, y es que muchas veces los portales amortizan la información que ofrecen con publicidad, pero los usuarios buscamos la información, no la publicidad, por lo que automáticamente reconocemos esos espacios que no nos interesan y serpenteamos entre ellos esquivándolos, haciendo caso solamente de lo que nos interesa.

¿Quién no ha sentido que hace exactamente lo mismo en su vida?

Que la forma en que interpretamos el mundo es algo único y personal no es nada nuevo, pero deberíamos revisar la forma en que sobre la información que nos llega del mundo realizamos una percepción selectiva, la forma en la que automáticamente esquivamos lo que no nos interesa y vamos a quedarnos solamente con la información que apoya nuestros proyectos, intereses y fantasías.

A veces relaciono este pensamiento directamente con la gente que se muestra solidaria con su sociedad y es consciente de los problemas globales, con aquellas personas que no ven más allá de su burbuja idílica de seguridad e ignorancia. De alguna manera hay personas que no evitan un tipo de información que transmite problemas lejanos y complejos, y otras personas que lo hacen.

No puedo evitar ver la percepción selectiva en parte como una forma de autoengaño en la que solo escogemos entender lo que apoya nuestros dogmas y costumbres, pero tampoco podría entender un estado en el que tuviera que aceptar todos los problemas que recibo día a día, procesarlos y por tanto hacerlos míos en parte.

Realmente el mundo es un sitio lleno de ignorancia, donde sigue habiendo pobreza extrema, enfermedad y guerras activas con muertes a diario, incluso en nuestra propia ciudad o provincia podemos encontrar casos de la más estremecedora violencia, esta información llega a nosotros a diario.
¿Es posible encontrar un punto de partida hacia la felicidad teniendo en cuenta esta situación? ¿Elegimos meditar esta información o la desechamos? ¿Hay un punto de equilibrio entre el realismo más extremo y nuestra propia utopía idílica donde podamos tener la conciencia tranquila? ¿Cómo sabemos si estamos realizando una percepción selectiva en exceso o en carencia en nuestra vida, y qué problemas puede darnos?