lunes, 14 de octubre de 2013

LA BÚSQUEDA DEL -YO-


La búsqueda del -Yo-

Hay una de las grandes cuestiones en la filosofía que dice ¿quién soy “Yo”?
Parece una pregunta básica y de respuesta sencilla pero es muy difícil llegar a algo permanente y convincente, y de hecho, yo creo que hay gente que ni se lo plantea, hay gente que cada año puede estar dos meses planeando sus vacaciones pero sin embargo nunca se han planteado ni durante 5 minutos qué o quién son exactamente, creo que no es nuestro caso pero aun así vamos a ejercitar ese “Conócete a ti mismo” tan importante que Sócrates nos dejó y que creó para que alcanzaramos un auténtico estado de plenitud.

La primera pregunta que todo interesado debería hacerse es ¿Soy una cosa o soy varias? Es decir… tenemos una forma de pensar con nosotros mismos, tenemos una actitud con nuestros amigos, con nuestra familia nos ponemos una máscara diferente, con nuestra pareja otra, con un conocido actuamos de una manera, con un desconocido de otra… incluso observando a otros podemos ver como la expresión de su rostro, su tono, sus palabras cambian según varía la situación, es decir, al cabo del día vamos cambiando tanto de máscara que podemos llegar a confundirnos, o incluso a dejarnos puesta una máscara que no es la de verdad, por eso uno debería pensar cuál es su auténtica manifestación y pensar sobre ella para no perderla.

Una vez llegamos aquí tenemos podemos tener muy claro que aunque el ambiente vaya cambiando, hay algo que nunca cambia, que es lo que tenemos en el “coco”, aunque externamente nos mostremos de varias maneras, lo que crea mi identidad no cambia.
Hace poco vi un vídeo en la página
TED.com, que es una Web de charlas traducidas de grandes personajes que recomiendo visitar FRECUENTEMENTE, a un filósofo británico Julian Baggini que igual conocéis por alguno de sus libros, que asegura que nuestro “Yo” no es algo real, es una ilusión que, al igual que el agua es simplemente una mezcla de dos partículas de hidrógeno y una de oxígeno, nosotros somos solamente una mezcla de nuestros RECUERDOS, EXPERIENCIAS, DESEOS y CREENCIAS, y lo que sale al mezclar todo esto es lo que somos nosotros, este hombre se llevó un gran aplauso después de decir todo esto, imagino que de gente agradecida de que viniera otro de fuera a decirles lo que son, pero yo me pregunto ¿si mis deseos y mis creencias van variando por qué me sigo sintiendo el mismo? Estando científicamente demostrado que la memoria falla, que se acuerda de lo quiere y encima mal, ¿Sería mi “Yo” algo engañoso o falso?
¿Qué pasa con la gente que al meditar deja la mente libre de recuerdos, experiencias deseos y creencias?¿Se tendría que caer al suelo inconsciente? ¿Qué pasa con el “Yo trascendental” de Kant por ejemplo, ese sujeto que viene al mundo sin contenido y que seguimos manteniendo más allá de toda experiencia empírica?

Si no nos apetece pensar podemos decir cosas como que somos el centro del universo, el sueño de dios, hijos de las estrellas, seres para la muerte, esclavos del pasado… pero aquí lo que nos importa es el yo que se piensa a si mismo, esa consciencia que observa el pensamiento y dice, pienso, luego existo.

Yo siempre digo que la filosofía es un campo muy traicionero, pues muchas veces en vez de respuestas lo que encontramos son más preguntas lo que nos plantea, ya que al ser realidades únicas, sólo nosotros podemos contestárnoslas.

Ya por último solamente repetiré ¿Cuál es tu “Yo” realmente?

 

EL SENTIDO COMÚN


El Sentido Común

El sentido común, su mismo nombre lo dice todo. Un sentido, una dirección una vía, común, es decir, la dirección que toma más gente.
Vemos así como el sentido común se refiere a algo por donde irían o harían la mayoría de nuestros iguales.

El hombre tiene una especial capacidad para adaptarse a su entorno, y aprender lo que es mejor para el mismo basándose en una información ambiental que cualquier semejante puede recopilar igualmente, y realmente si esto funcionara mal, el hombre no habría sobrevivido.

El sentido común se basa en una combinación de esta capacidad de recopilar información de su entorno, y de la capacidad de tomar decisiones, es decir, el sentido común toma en cuenta nuestras creencias más arraigadas para guiar nuestra vida.

Obviamente el sentido común varía, y lo que es común en una determinada época o lugar, no es tan común en otro emplazamiento, de hecho hasta un mismo acto puede ser una locura o algo común variando estos factores.
Vemos así el primer punto flaco del “sentido común”, la popularidad del acto tiene sus condicionantes.

Entonces podemos pensar, ¿Qué pasa si cambiamos a una persona de tiempo o lugar, perdería su sentido común?
Hay que decir, que buena parte de lo que llamamos “sentido común” se basa en lo que se conoce como “psicología popular”, y se basa en reconocer las creencias y costumbres de las personas de nuestro alrededor, aprender de ellas, e imitarlas, y será de esto de lo que dependa que digamos que alguien tiene un buen “sentido común”.
Los seres humanos tenemos una inteligencia social, un conocimiento compartido que hace posibles las relaciones y el entendimiento, si el comportamiento de cada individuo dependiera de sus propias experiencias viviríamos en un individualismo extremo.

No obstante ese punto individual y personal que tenemos cada uno , siempre hará que paradójicamente nuestro “sentido común” varíe por cada uno de nosotros, podemos encontrar incluso gente que abusa del sentido común, no siendo esto lo común.

Os dejo esta cita para reflexionar, en la que la ironía de Descartes sabe reflejar bien el uso individual que hacemos del sentido común:

“El sentido común es el bien más extensamente distribuido en el mundo: todo el mundo piensa que está tan bien dotado de él que, incluso los que son difíciles de contentar, no desean más sentido común del que ya poseen.”

¿Filosofía hoy? SI

Que la filosofía es un bien necesario, a nivel individual y social, es un argumento claro para todo interesado en la misma, pero en ocasiones parece que ni los mismos profesionales, estudiantes e interesados en la filosofía tenemos claro la utilidad objetiva que puede tener hoy en día, y mucho menos claro lo tienen aquellas personas que no tienen relación o interés alguno por la filosofía.

Hay que reconocer que la filosofía no pasa por su mejor momento, no es popular, no es atractiva, y en la mayoría de los casos no es fácil, pero eso no resta para que deje de ser útil e incluso necesaria. La filosofía es un saber de segundo grado, es decir, acumula el saber del pasado y genera un saber nuevo, un saber para el presente. Veamos algunos casos que lo justifican:

Doctor, soy infeliz.

Hay una opinión popularizada de que el sentido de la vida es ser feliz, pero ¿Nos ocupamos de esta búsqueda?¿Cómo lo hacemos?
Y si esta búsqueda se vuelve tortuosa o sentimos que vamos en sentido contrario, ¿Qué hacemos?
Cierto es que hoy en día contamos con libros de autoayuda, e incluso hemos “medicalizado” síntomas del ánimo como puede ser la depresión, pero sólo vamos a acudir a un médico o un psicólogo cuando estemos “mal” y hoy en día ciertos males como la infelicidad, la pérdida del sentido de la vida o la ausencia del pensamiento crítico no están considerados como un “mal estado“, al menos mientras nos permitan seguir trabajando y pagando la hipoteca. No será en un banco donde encontremos consejo y ayuda para profundizar por nosotros mismos en el arte de vivir y pensar. La infelicidad es una enfermedad, la alienación laboral es una enfermedad, una vida vacía es una enfermedad.

Profesora ¿Qué es lo que está bien y lo que está mal?

Tantas horas de clase para salir a la calle y ser pequeños tiranos, tantos años de estudio para no saber que es lo mejor para nosotros mismos y para los demás. En las aulas es necesario un conocimiento que sirva para mejorarse a uno mismo y para mejorar el mundo, y no solo para formar buenos ciudadanos que sean muy trabajadores, tal como sucede hoy en día. Cierto es que todavía mantenemos clases de filosofía en las aulas, pero, o se necesitan más, o se necesitan mejor. Acumular muchos conocimientos de nada sirve si acabas con el pensamiento atrofiado, tal como nos pasó a muchos, educación para zombis.

Mamá, ¿Cuál es el sentido de la vida?

“Hija mía, mama tampoco lo sabe” Y seguramente poca gente o nadie sabrá decirle cual es. Puedes recurrir a listado en wikipedia si no tienes un sentido para tu vida, pero lo cierto es que llegar a contestar esta pregunta es tarea de cada uno, y requiere de una especial atención hacía un saber de vida que dista mucho de ser algo que podamos encontrar en un libro o en una web por casualidad. Saber interpretar nuestras emociones, conocer el origen de nuestras motivaciones, revisar nuestras experiencias… es un trabajo personal muy intenso, que empieza por conocerse a uno mismo. Lo fácil es esquivar este tipo de preguntas y seguir con nuestros quehaceres triviales antes de ocuparse de cómo, dónde y con quién o con qué poder responderlas.

¡Mirad lo que tengo!

Enfrentar la idiotez social también requiere de un mínimo de reflexión y pensamiento crítico. Vivimos en una sociedad de apariencia, de consumismo y de debilidad mental que hace que el materialismo y la vanidad sean las variables que hacen a una persona mejor que otra. Conocer lo mejor del pensamiento humano gracias a la filosofía nos creará un punto de referencia hacia lo peor del pensamiento humano.

¿Todo son preguntas?

En los primeros acercamientos a la filosofía uno puede sorprenderse a sí mismo mirando hacia el techo con el boli en la boca pensando profundamente, y descubrir que lleva más tiempo así que leyendo las páginas de ese libro de un famoso autor alemán que tiene delante.
Filosofía es eso, aprender, pensar y sobretodo, aprender a pensar, y suele ser gracias las preguntas que nos hacen y que nos hacemos.
Preguntarse es obligarse a pensar, y el que piensa mucho, acaba preguntándose mucho.
El que no entienda los beneficios que desarrollar su pensamiento puede aportar para él mismo y para los demás, por favor, puede abandonar el blog haciendo clic
aquí.

ESTUDIAR FILOSOFÍA


 
La gente me pregunta por qué me decico a estudiar filosofía a estas alturas y con tantas cosas que hacer.
Tampoco entienden muy bien de que se trata, para que sirve o de que se puede trabajar.
Hay que reconocer que la filosofía hoy en día no es muy popular, pero lo que si es demasiado popular entre los jóvenes es elegir tus estudios en vistas a tu carrera laboral. Sentenciar tu futuro entregando años, esfuerzos y voluntad para un trabajo que puede llegar, o no.


La gente debería encontrar lo que le apasiona, formarse en ello si es necesario, y si es bueno en lo que hace la forma de ganarse la vida le llegará. Es una idea mucho mejor que la que tuvieron todas esas legiones de estudiantes de económicas que hoy no tienen ni pasión, ni empleo. ¿Realmente a tanta gente le pueden apasionar las ciencias económicas a los 18 años? Muchos me confiesan que no, pero tampoco puedo hablar por todos.

Yo, como un despistado más, me dí cuenta que esa no es la solución. Te puedes engañar un tiempo pero no demasiados años, y todavía más cuando es el pensamiento y la reflexión lo que te está llamando.

Quizá haya pocas salidas laborales para la filosofía, lo desconozco, lo que si sé es que hay razones de sobra para sumergirse en ella, y que las satisfaciones que aporta el conocimiento no las aportan las palmaditas en la espalda de una/un jefecillo de tres al cuarto.

Mejorar, conocerse a uno mismo, buscar la verdad, trabajar tus virtudes, sumar un poco para hacer este mundo mejor, ser consciente de lo que pasa… son cosas que no tienen precio.

NOS CONTROLAN


 
“La función capital de la cultura, su verdadera razón de ser, es defendernos contra la naturaleza.”, dijo Freud, en el contexto de su obra El malestar en la cultura, en la que mostraba la cultura como una jaula para el hombre, que presentado como un animal de impulsos conseguía ser domesticado, o socializado, a base de una cultura que limitaba sus pulsiones.

Siglo XIX de nuevo, los primeros sociólogos que empezaron a analizar el origen de los movimientos de la sociedad, en vez de analizar sus resultados, como Weber, Mannheim o Marx ya advertían la lucha interna que tenía que librar cada individuo para ser libre en sus actos y su pensamiento, pues ya desde la edad media (y seguramente desde mucho antes) los grandes acumuladores de poder, como la iglesia y las monarquías absolutistas, descubrieron la utilidad de la manipulación de las creencias y costumbres de pueblo para tenerlo controlado ya que el uso de la violencia resultaba mucho más costosa.

Principio del siglo XX, Escuela de Frankfurt, un cúmulo de mentes brillantes centradas en el análisis social y cultural comienzan a pensar la sociedad actual. De sus obras salen un sinfín de ideas, las dos más importantes y destacadas por ellos mismos:

- La humanidad sigue en peligro mientras se use su raciocinio e inteligencia para fines que procedan del lo irracional, véase el nazismo.

- El potencial creciente de los medios de comunicación y la industria de la cultura como herramienta de control masivo. Dichos fines irracionales pueden llegar a las mentes de todo el mundo con fines ideológicos o económicos con mayor facilidad y contundencia que nunca.
Tras esta breve introducción comenzaremos a abordar una pregunta que para mí tiene gran importancia filosófica, ya que toda filosofía y todo pensamiento proceden de una persona y una experiencia, dicha persona y dicha experiencia han sido forjadas, influenciadas ambientalmente según todo lo que les ha rodeado ya sea de forma directa e indirecta, y si muchos de esos factores ambientales, como pueden ser la cultura, la educación, la información recibida… son configurados para llevar a un determinado pensamiento a su receptor, dicho pensamiento habrá sido provocado, y por lo tanto habremos perdido nuestra libertad de pensamiento.

Así que por un momento he pensado…

¿Por qué tenemos la creencia o intuición de que nos controlan?

No somos tontos, hay un momento que vemos que el pasillo de nuestras elecciones se va haciendo cada vez más estrecho, conforme tenemos más ataduras, y que de alguna manera somos totalmente predecibles. No tenemos en nuestras manos todas las elecciones que deberíamos tener si fuéramos totalmente libres, y poco a poco aceptamos un juego en el que intercambiamos parte de nosotros a cambio de lo que consideramos necesario, y curiosamente se lo entregamos a quien decide qué es lo necesario.

Por ejemplo, una vez habiéndonos acostumbrado al boom tecnológico, ya hemos visto que el mercado da una vida determinada a los dispositivos electrónicos, en pocos años hay versiones nuevas con funciones “imprescindibles”, y si tu aparato no deja de ser compatible con los sistemas y aplicaciones actuales, pronto se fastidiará de una cosa o de otra, obsolescencia programada.
Una vez llegados a esta situación llegarán a nosotros los mecanismos necesarios para despertarnos la necesidad de renovarnos y gastar parte de nuestro dinero, procedente de nuestro tiempo de vida y esfuerzo, en un dispositivo nuevo.

Llega un momento en que vemos que quien nos dice lo que necesitamos es el mismo que nos lo vende, nos crea un problema y nos da una solución que nos aporta una falsa felicidad, que muchas veces se traduce en frustración. Algunos ejemplos:

Políticos que nos presentan un programa electoral para solucionar unos problemas, y una vez en el poder no solo no lo cumplen dicho programa sino que lo que hacen es crear nuevos problemas, que los políticos de la siguiente tanda nos prometerán solucionar con su programa… frustración con la democracia.

Marcas de moda que nos recuerdan lo lejos que estamos de ser modelos y lo mal que vestimos, pero nos venden la solución a dicho problema, y cuando somos felices sale una nueva moda o llega otra marca a decirnos lo lejos que estamos de vestir como sus modelos, que son mejores que os anteriores. Frustración con nuestra imagen.

En los anuncios parece que la gente que bebe coca-cola parece muy feliz, además tienen un instituto para la felicidad y hablan mucho de ella. Compro una coca-cola esperando obtener un resquicio de la felicidad que irradia todo lo que rodea a coca-cola, pero cuando me la bebo, mi vida sigue igual. Frustración de expectativas.

Frustración continua, personalidad centrada en factores exteriores, voluntad débil, que crean sujetos más manipulables.

¿Nos controlan?

La respuesta es , y cada uno puede poner las respuestas a las consiguientes preguntas ¿Cómo?¿Cuándo?¿Para qué?
En mi lugar no me cabe duda, porque hay evidencias de que siempre ha sido así y todos los días tenemos diferentes ejemplos de empresas, políticos y organismos que apelan a conceptos subjetivos y manipulables como la belleza, la bondad, el patriotismo, el paraíso e incluso la esperanza de un mundo mejor para poder obtener de nosotros aquello que quieren, ya sea compras (dinero), votos (poder), fidelidad (hombres dispuestos a cualquier cosa), etc.

Uno de mis ejemplos favoritos es de los conquistadores rusos que una vez habiéndose apoderado de parte de India se adueñaron de la creencia en la reencarnación para perdurar en el poder y además ser considerados hombres espiritualmente superiores a los que había que venerar.
Los hombres que querían matarles matarían por ellos, gracias a una creencia religiosa.

¿Quién nos controla?

Quien quiera que tenga algo de lo que poder beneficiarse de nosotros y los medios para hacerlo, van a intentar influenciarnos, y tendrá los medios para hacerlo por el beneficio que habrá hecho con dicha influencia, es una montaña que va creciendo y la ambición del que auspicia el control de los demás es llegar a la cúspide.

Para saber concretamente quién está ejerciendo influencia sobre nosotros deberíamos hacer un estudio pormenorizado, no solo generalista, sino individualizado, ya que lo que llega a nosotros en forma de información y estímulos no provocan las mismas emociones y pensamiento en todas las personas.
Cada forma de poder tiene su propio rebaño, al que informa, estimula, premia y castiga.

En el libro El Enigma multicultural de Gerd Baumann desvela las principales invenciones que se han movido el mayor número de vidas creando creencias, y que por lo tanto se han beneficiado de todas esas vidas convirtiéndolas en muertes a su antojo, que son el estado, la religión y las etnias.
Estado, religión y etnias han tenido el poder de crear un sentimiento de comunidad artificial, gracias al cual sus diligentes han podido manejar a sus ovejas a antojo, cuando lo cierto es que dichos conceptos tienen un creador con unas intenciones e intereses determinados.
Es un libro algo antiguo, por lo que seguro que podemos unir los productos del capitalismo a estos entes de manipulación masiva.

La obediencia simula subordinación, lo mismo que el miedo a la policía simula honradez.
George Bernard Shaw

¿Cómo salir de Matrix?

Hemos visto nuestras similitudes con un rebaño cuyas vacas, dentro de un pastor eléctrico, han aprendido a acudir a determinados silbidos para ofrecer su leche. La vaca se cree libre porque puede hacer más o menos lo que le apetece, y todavía dirá que ofrece su leche porque le apetece, ya que ha tomado el silbido como algo tan normal que no lo ve extraño. Puede ser que la vaca si no hace lo que tiene que hacer no tuviera todos los cuidados que tiene.

Tienes que comprender que la mayor parte de estas personas son todavía parte del sistema y que eso las convierte en nuestros enemigos. Tienes que comprender que la mayoría de la gente no está preparada para ser desconectada. Y muchos de ellos son tan inertes, tan desesperadamente dependientes del sistema, que lucharían para protegerlo.

Morfeo (Matrix)

Lo cierto es que la vida parece más fácil con la pertenencia a un grupo, el hombre ha aprendido a que así sea ya que le ha llevado hasta sus estadios más avanzados, pero la evolución del capitalismo y su fomento del individualismo está haciendo que los pequeños grupos sociales desaparezcan para que todos pasemos a formar parte de entes más grandes y controlados, y en los que tengamos una función concreta, algo que ofrecer y algo que recibir, y seremos más valiosos según lo que tengamos que entregar y la facilidad con lo que lo hagamos, dar dinero con la publicidad, obediencia con el miedo, y nuestro apoyo a la ideología de nuestro periódico habitual.

La importancia de pertenencia a determinados sistemas es de crucial importancia para nosotros, hasta el extremo de que nuestra superviviencia y estabilidad emocional depende de ello, pero lo cierto es que cuando nosotros no somos esenciales para dicho grupo se nos puede excluir friamente, porque los sistemas no son personas.

Los sistemas y poderes que pujan por nuestro control lanzan sus propagandas con la esperanza de hacer diana en alguna cabeza hueca y algún corazón perdido, pero la elección final siempre la tiene el individuo.

Para salir de Matrix hace falta vivir con la mente despierta, llevar una vida con elección activa, y ser conscientes de que nosotros somos los dueños y arquitectos de nuestros valores y creencias.

En uno de los ensayos escritos por Weber durante la primera guerra mundial se puede encontrar una apelación de la elección individual de los valores. El estado, ese concepto creado por reyes que mandaban al pueblo a morir en su nombre hace tiempo con el anhelo de hacer crecer el dibujo de sus fronteras en el mapa, tiene institucionalizado el poder de usar la fuerza física con las personas que han tenido la casualidad de nacer en su territorio, y por ello en la primera guerra mundial muchos ciudadanos fueron llevados al frente, ya sea por amor a la patria, a su líder o llevados a la fuerza, y Weber bien decía que pueden llevar a una persona obligada a luchar en las trincheras, pero no puede imponerse sobre su conciencia individual.

La conciencia de los individuos es un bien que se cotiza muy alto, donde muchos quieren entrar y para lo que se invierte infinidad de dinero y recursos para dar con la llave, o al menos con una manera eficaz de poder colar algo fácilmente en el mayor número de cabezas posibles.

La manera de detectar el control es filosofar, es dudar sobre las propias creencias, revisarlas, ponerlas a prueba, examinar aquello que nos llega antes de hacerlo nuestro, y hacernos conscientes de algo que se viene advirtiendo hace tiempo, la masa cada vez es más grande y más fácil de controlar, para beneficio de unos pocos que poseen el poder de impactarnos diariamente con sus mensajes cargados de órdenes para nosotros.

Mira lo que te rodea, lo que llevas puesto, donde vives, desempolva tus creencias y obsérvalas, detecta aquellas ideas que harían sacar lo peor y lo mejor de ti ¿De dónde vienen? ¿Quién las puso delante de ti para que las cogieras? ¿Quién se beneficia? ¿Qué pasaría con todo ello si tu vida cambiara radicalmente?

TIEMPO DE FILOSOFAR


 
Huyamos del “modernity is speed”, no queda otra alternativa si queremos cuidar nuestra capacidad de pensar, reflexionar, crear, y por tanto filosofar.

Ningún gran pensador que se precie, o sea apreciado, ha caído en la trampa del desgaste de la modernidad, y nosotros, los pequeños filósofos a tiempo parcial, los que luchamos por mantenernos a flote con un extra de esfuerzo para aguardar pequeños ratitos en los que adoramos líneas de sabiduría que intentamos diferir a golpe de maneta, vemos mermadas nuestras capacidades y nuestras valiosas burbujas filosóficas generación tras generación, primavera tras primavera, a golpe de euro, de mando, de teléfono, de volante, de armario, de beat, de comprimido, de anuncio, de robo, de pantalla y de una almohada, consecuentemente, cada vez más ansiada.
Los que vivimos con la certeza de que la filosofía es adictiva, podemos notar cuando estamos bajando el consumo, podemos sentirlo, y en consecuencia podemos realizar un análisis de nuestro estado de ánimo, podemos filosofar sobre la falta de filosofía, y esto puede llevarnos, por ejemplo, a la pregunta ¿Cuándo se filosofa?
Como muchas veces se hace en textos relacionados con filosofía pasaré de puntillas sobre la definición de filosofar, e incluso de filosofía, para no despertar el ego de los guardianes de la torre de marfil, ya que el texto se haría demasiado largo y farragoso, haciendo que se pierda el interés del lector, tal como a algunos les parece que les gusta. Solamente matizaré que para mí filosofar no es estudiar filosofía, leer filosofía, o debatir sobre definiciones, es llevar la filosofía a la práctica mediante el dialogo, la reflexión, la utilidad y lo cierto. Proseguimos.
Filosofar intencionadamente
Puede darse de forma colectiva e individual.
Efectivamente hoy en día podemos encontrar multitud de actividades en las que grupos de gente se reúnen para filosofar, gracias a la labor de promotores y animadores filosóficos. Si uno cuenta con la suerte de poder participar en dichas actividades puede filosofar de forma colectiva, y de forma introspectivamente de forma indirecta, regularmente.
Uno también puede filosofarse intencionadamente, por un lado puede contar con la figura de un asesor filosófico, o proponerse reflexionar sobre sus creencias y pensamientos. Para realizar una sesión filosófica individual de forma profunda hay que contar con ayuda e información de dicho método, pues uno solo si no tiene costumbre puede caer en reflexiones superficiales, falaces o improductivas con mucha facilidad.
Filosofar por inspiración
Puede darse por estimulación o de forma súbita.
Las condiciones en las que una mente tiene la capacidad de echar a volar con un pequeño empujón son personales y únicas, pero cuando uno suele estimular su pensamiento filosófico con lecturas de dicha temática, es cuestión de tiempo que en algunas de esas veces se encuentre moviendo los ojos sobre el papel y con la mente inmersa en sus propias ideas, desde hace más o menos rato. Hay quien puede ver un problema de atención o concentración en esto, pero no debería serlo cuando leemos para disfrutar y para aprender, pues lo que nos inspira es lo que conecta con nosotros, y su fruto son reflexiones propias, que son las que mejor se adaptan a nuestra personalidad y circunstancia, haciéndolas las más valiosas.
Si poco he podido decir sobre la forma en la que nuestra mente se estimula en un contexto, menos puedo decir cuando nuestra mente se estimula sin más. Realmente estos pensamientos que llegan de forma infusa están en un gran contexto que somos nosotros mismos, difícilmente nos llegarán ideas o reflexiones de cosas ajenas a nosotros, por lo que si la filosofía es nuestra forma de vida a menudo nos sorprenderemos encendiendo la lámpara de la mesilla para apuntar algo antes de que se olvide, o poniendo una nota en el móvil para darle forma y convertirla en un tweet potente.
El descanso y el ocio
Realmente no es que se sepa poco de la inspiración infusa, se ha pasado de creer en las musas a creer en la neurociencia. 1998, el neurólogo Marcus Raichle descubre, y documenta, que las zonas del cerebro que utilizamos para determinadas tareas repetitivas se “encienden” cuando las estimulamos intencionadamente, pero se registra una actividad muchísimo mayor cuando dejamos que el cerebro descanse por completo y sea el mismo el que las “encienda” por costumbre.
Evidentemente estos fogonazos neuronales son aleatorios e incontrolables pero resulta normal en una sociedad en la que la genialidad está poco valorada, ya que en los trabajos actuales renta más la actividad repetitiva que los golpes de genialidad, por eso hoy en día sabemos tan poco de los beneficios del descanso, y por lo tanto queda muy lejos dominar dichos golpes de genialidad.
Desde antes del “¡Eureka!” hasta la modernidad, hay una larga lista de biografías en las que muchos genios de diversos campos relatan la forma en la que pasan del punto muerto a la genialidad, “como si alguien les hubiera puesto ahí esas ideas intencionadamente”, afirma el inventor Nikola Tesla subestimando los beneficios del descanso.
Igualmente para todas otras formas de filosofar es importante contar con una mente descansada, como con tiempo para el ocio, tiempo para ir al café filosófico, tiempo para leer un libro sin prisa, tiempo para mirar la pared, tiempo para poder cortar la siesta y anotar un sueño, tiempo para mirarnos al espejo sin más.
Y es que aunque parezca absurdo, se puede afirmar que sin tiempo, sin quietud, algo que cada vez escasea más y choca con el término de moda “productividad” , no hay espacio para la filosofía, y es algo que estoy dispuesto a debatir con cualquiera, eso sí, después de la siesta y con calma.

El bien y el mal


Una de las grandes reflexiones a las que debe enfrentarse todo sujeto viviente con un mínimo de interés por comprender un poco su vida, y debería hacerlo alejado de las moralinas de las películas de superhéroes tan de moda hoy en día ¿Qué es eso del bien y el mal?
La datación oficial de este cuestionamiento tiene origen en el siglo V antes de Cristo, cuando pensadores y filósofos griegos observaron y estudiaron reflexionaron sobre el proceso de como comenzaban a llegar rumores y noticias de las costumbres de los pueblos vecinos, muchas tomadas con asombro y disgusto, y clasificadas socialmente como malas, desde su punto de vista.
Dicha reflexión de lo bueno y lo malo no surge de un enfrentamiento entre fuerzas del bien absoluto y fuerzas del mal absoluto, simplemente surge del enfrentamiento a lo diferente, y a su necesidad de compararlo frente a lo cotidiano, que siempre pasa más desapercibido por la costumbre.
¿Existe el bien y el mal?
Sería inútil gastar muchas palabras reintentado justificar que no existen el bien y el mal absolutos, que dependen del punto de vista del que juzga.
Vivimos en un mundo con diversas culturas, y las costumbres, ideologías y creencias varían de los sujetos de una a otra, de ahí el concepto antropológico de relativismo cultural, incluso muchas de las sociedades, como la nuestra, no son homogéneas, hay multitud de opiniones diferentes conviviendo.
También es cierto que pese a creer en lo anteriormente dicho actualmente se suelen caer en dos fallos muy comunes por los que creemos en nuestros conceptos por encima de ningún otro:

§  Absolutizar nuestras creencias pensando que los demás opinan como nosotros.

§  Creer que para estar adaptado a una sociedad hay que adoptar obligatoriamente sus creencias morales.
Cuando uno tiene en cuenta estos dos fallos comunes puede observar que lo bueno y lo malo depende de cada uno y de su punto de vista hasta que alguien viene y le dice que no es así, igual que un médico dice “dejar de beber lejía sería bueno para usted” sin tener en cuenta que lo que queremos es el suicidio, a cada afirmación sobre lo bueno o lo malo deberíamos enriquecerla con el punto de vista del que procede “desde el punto de vista de la salud sería bueno que usted dejara de beber lejía”, “desde mi punto de vista creo que actúas mal” en vez de “creo que actúas mal”.

Para llegar al concepto útil de lo bueno y lo malo hay que eliminar lo absoluto.
¿Qué es lo bueno y lo malo?
Entonces ¿Siempre va a existir alguien que vea determinados actos malos como buenos y por ello hay que permitirlos?
Para empezar, cada sociedad ha heredado gracias a su historia y su sociedad, unos conceptos sobre lo bueno y lo malo sobre los que establecer juicios en beneficio de un determinado modo de vida con el que se han identificado, aunque como hemos dicho, los tiempos y las personas cambian, y en ocasiones no toda la sociedad se identifica con dichas normas, por lo que van cambiando, o deberían.
¿Es el bien un espejismo?
Si cada sociedad tiene unas reglas que intentan sustentar una moral , habría que partir sobre el denominador común de lo que defiende cada sociedad, al menos mayoritariamente, para alcanzar un concepto universal que marque la ruta del bien, tomando la ruta del malo como lo opuesto.
Dicho concepto común a todas las culturas lo encontramos en la dignidad humana, defender al propio humano es lo racional, pues la razón parte de él. Éste concepto de entrega al semejante no solamente está protegido por las leyes y códigos morales de la mayoría de las sociedades, sino que también es el mensaje que ha extendido mayoritariamente entre filosofías y religiones del mundo, y a día de hoy parece irrefutable.
¿Y ya está?

NO. Todavía hay una problemática que surge de las diferencias del propio concepto de dignidad humana, y todavía hoy sigue siendo motivo de derramamiento de sangre como excusa-tapadera de otros intereses.

Se puede decir que el bien y el mal son una cuestión filosófica porque es susceptible de la duda, y de que nuestra creencia en lo bueno y lo malo varíe según vamos variando nosotros mismos.
Taijitu
El taijitu, representado el ideal del ying y el yang, nos muestra como siempre hay fuerzas opuestas que se enfrentan, y de dicho enfrentamiento surge la fuerza de la vida y la evolución de las cosas, además, en cada una de las fuerzas se contiene una pequeña proporción de aquello a lo que se enfrenta, una verdad paradójica.
Cada idea tiene su contraria, y la razón es la misma desde cualquiera de los dos puntos de vista, siendo la única fuerza cierta aquella que no se ve, que es la que surge del enfrentamiento entre dos posturas.
Aplicando de forma práctica la lección del taijitu a nuestra vida podríamos decir que por conveniencia, y supervivencia, tendríamos que estar del lado que mejor respete la dignidad humana tal como quisiéramos que respetaran la nuestra, sabiendo que siempre va a ser a costa de ejercer de forma muda aquello a lo que nuestras creencias más evidentes se enfrentan ¿Acaso no encontramos esta paradoja en toda sociedad?
Aún afirmando que estamos en el lado del bien, hay que tener en cuenta que el lado del mal no muere nunca, siempre está ahí, y cuando crece demasiado se acrecienta su negación de forma natural, un rezo que de la misma manera sirve a la fuerza que enfrentamos.