Mostrando entradas con la etiqueta COAHUILA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta COAHUILA. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2015

ÓSCAR FLORES TAPIA

Óscar Flores Tapia –I parte-
Óscar Flores Tapia nació el 5 de febrero de 1913 en Saltillo, en una casa de la colonia Cerro del Pueblo, ubicada en una calle que fue bautizada con su nombre durante la administración municipal del panista Rosendo Villarreal en 1992, Flores Tapia fue huérfano de padre y su madre era invidente, ambos revolucionarios, tuvo una humilde infancia, en la que debió desempeñar múltiples oficios: Bolero, lava carros, agente de tránsito y aseador de tumbas. 

Su primer paso en la vida pública fue ponerse a las órdenes del exalcalde saltillense Delfín Cepeda, después fue secretario de exgobernador López Sánchez, luego director de la imprenta del Gobierno del Estado, viajó a la Ciudad de México, para trabajar al lado del Lic. Luis Echeverría Álvarez.
 

En 1949 y 1950, fue presidente estatal del PRI y luego dirigente nacional de la CNOP, posteriormente senador de la república por su estado natal y gobernador constitucional de Coahuila en 1975, iniciando su periodo el 1 de diciembre de ese año, cargo que abandonó cuatro meses antes de finalizar su periodo, el 11 de agosto de 1981, por diferencias políticas con el entonces presidente de la República, José López Portillo, en una época en donde imperaba el presidencialismo.
 

La cuadragésima octava legislatura aprobó su licencia y pasó a la vida privada. Murió al mediodía en el Hospital Muguerza, víctima de un paro cardiaco que le sobrevino por una insuficiencia respiratoria, el 11 de julio de 1998.
 

Tenía 85 años de edad. Le sobrevivieron su esposa Isabel Amalia Dávila de Flores Tapia y cuatro hijos.
 

Su sepelio fue espectacular, que contó con la presencia del expresidente de la república, Luis Echeverría, fue velado en la sala de gobernadores del Palacio de Gobierno, posteriormente lo trasladaron al recinto de Juárez, sede del Colegio de Investigaciones Históricas de Coahuila, del que fue miembro y fundador; estuvo en la catedral de Santiago y en la logia masónica del que era miembro y finalmente sepultado en la rotonda de los hombres ilustres.
 

Su obra es impresionante, su administración pasó a la historia por los beneficios para Saltillo y para Coahuila.
 

En Saltillo transformó lo que eran terrenos baldíos en instalaciones deportivas, abrió las puertas de Coahuila a la inversión extranjera, patrocinó la llegada de las tiendas de autoservicio que generaron fuentes de empleo y el despegue económico de Coahuila en el campo industrial, que a él se le debe; su apoyo al magisterio fue incondicional, en aquellos momentos difíciles de su renuncia, desdeñó los riesgos y afrontó las consecuencias, se negó a enjuagar sus lágrimas de quienes, mas débiles ante el infortunio, lloraban su partida del gobierno estatal, sobre su cabeza revoloteaban las negras aves del centralismo, de la ambición, de la envidia, de la pequeñez humana, del escándalo y de la infidencia, bajo los truenos de la tormenta nunca estuvo solo, el pueblo de Coahuila estuvo de su parte y también el juicio del tiempo.
 
Óscar Flores Tapia –II parte-
Continuando con la vida de Óscar Flores Tapia, siendo gobernador del estado, se le consideró el mejor presidente municipal que ha tenido Saltillo y sin serlo, sus nuevas edificaciones hicieron que a Saltillo se le conociera como la Atenas del Norte. 

Pasaron 17 años de su renuncia, el tiempo hizo madurar a los seres humanos, aliviando desgracias, otorgando valor a sus triunfos, es recuerdo y es olvido, en su discurrir del tiempo, Flores Tapia pudo disfrutar muy pronto el reconocimiento popular a su intensa labor como gobernador del estado.
 

Fue un político singular, ajeno a los cánones y las costumbres, heterodoxo por naturaleza, impredecible en las reacciones de su genio volcánico, impuso a su gobierno un ritmo dinámico que a veces parecía opuesto a la más elemental sensatez, no había mañana, todo era para hoy y para hoy, su rápida inteligencia de matices brillantes, parecía carecer de lógica, pero acertaba en los fines.
 

Óscar Flores Tapia fue el personaje más relevante de la vida coahuilense en la segunda mitad del siglo XX, poeta, novelista, historiador, ensayista literario, periodista y político de excepción, su obra intelectual llega a más de 25 volúmenes editados, pero su obra política y humana rebasa todo antecedente válido.
 

En julio de 2005, en ocasión del séptimo aniversario de su fallecimiento, se le rindió homenaje por sus acciones y obras, tanto en la política como en la literatura dejó una honda huella que al paso de los años se convirtió en ejemplo y leyenda.
 

Se develó una estatua con su figura, elaborada en bronce, en la explanada del teatro de la ciudad Fernando Soler, una de sus grandes obras; la estatua de Flores Tapia, con la mirada hacia el Cerro del Pueblo, su querido barrio.
 

También se inauguró el Centro de las Letras Óscar Flores Tapia, que cuenta con cientos de libros, escritos y ensayos que fueran de su propiedad.
 

En este recinto yace la biblioteca, un acervo bibliográfico de más de 7 mil volúmenes con temas generales, pero con especialidad en literatura, historia y ciencias políticas.
 

Dispone de un auditorio para 70 personas. Óscar Flores Tapia fue prepotente con los poderosos y “generoso y humilde con los pobres”.
 

Fue autodidacta, pero con una gran visión y una pasión: Coahuila, su Saltillo de sus sueños y sus amores.
 


viernes, 24 de julio de 2015

El Coahuilita


El Coahuilita

El 2 de junio de 1893 se dio la concesión para que pudiese operar un ferrocarril que conectara la ciudad de Saltillo en Coahuila, con la de Concepción del Oro en Zacatecas. 

La longitud total de la línea férrea era de 125 kilómetros, una línea férrea de las llamadas de vía angosta.
 

La creación de este ferrocarril fue para utilizarlo predominantemente para favorecer a las compañías mineras que operaban en el norte de Zacatecas y enviaban al norte de esa entidad su cargamento minero.
 

El servicio empezó a operar el 1 de enero de 1898. Este ferrocarril financiado con capital privado fue entregado al gobierno federal en 1959 y luego fue administrado por la entonces Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, que después se transformó en la secretaría de comunicaciones y transportes.
 

En el mes de febrero de 1970, la línea fue incorporada oficialmente a Ferrocarriles Nacionales de México y desapareció en el mismo momento en que esta paraestatal dejó de funcionar, para ser subastada.
 

Este pintoresco ferrocarril partía de Saltillo, tocaba las poblaciones de Encantada, Punta Santa Elena y El Jazminal en el estado de Coahuila y en el de Zacatecas, llegaba a las poblaciones de Ávalos y Concepción del Oro, población cuyos habitantes han llamado por mucho tiempo como: “Concha del Oro”.
 

Durante 51 años funcionó de manera ininterrumpida, los usuarios le llamaban “El Coahuilita”, era lento pero muy seguro.
 

Lo abordaban en Concepción del Oro los comerciantes en abarrotes para comprar en Saltillo las mercancías que revenderían a sus clientes “conchenses” durante la siguiente semana, retornando al tercer día con su carga.
 

Saltillo era puerto provisor para varios miles de trabajadores mineros y sus familias, ya que el tren de carga salía diariamente, menos los domingos, con los carros tolva cargados de mineral ferroso que se reexpedía luego a las fundiciones de San Luis Potosí, a Monterrey y a Torreón.
 

El 17 de abril de 1959 la sucesión de la Casa Purcell suspendió el funcionamiento del “Coahuila y Zacatecas” alegando incosteabilidad en la operación.
 

No dieron aviso al gobierno federal, como estaban obligados por la concesión y la SCOP requisó la línea e inició el procedimiento de caducidad, lo cuál fue notificado a la empresa en enero de 1962.
 

Ferrocarriles Nacionales de México recibió el equipo y las instalaciones del “Coahuila y Zacatecas”.
 

Don Pablo Cuéllar, prolijo historiador, consigna que Ferronales empezó a construir entonces una vía ancha para reemplazar la vía angosta original que dejó de funcionar el 22 de junio de 1977, y al día siguiente empezó a dar servicio por la nueva línea construida a partir de la estación Gómez Farías, en la vía del ferrocarril México-Laredo, hasta la estación Margaritas, en Zacatecas.
 

Aún se pueden ver algunos vagones que en su tiempo fueron lujosos carros del desaparecido ferrocarril, abandonados en lo que fueron patios ferrocarrileros en Saltillo y en los patios del archivo municipal, oxidados, deteriorados y cargando todo el polvo de años de abandono.

Las carreteras de Coahuila


Las carreteras de Coahuila

El primer esfuerzo caminero del país, realizado entre 1925 y 1930, produjo 1,420 kilómetros de carretera pavimentada y permitió que el 1% de nuestro territorio quedara vinculado través del automóvil y el camión. 

Las primeras tres áreas que se comunicaron fueron: La Ciudad de México con Pachuca, Puebla y Acapulco; las ciudades de Mérida con el puerto de Progreso y Valladolid, y Monterrey con Nuevo Laredo.
 

En Coahuila se pavimentaron entre 1930 y 1940, en donde sobresalen las carreteras de Piedras Negras, Monclova y Saltillo, conocida como carretera federal Constitución 57; al sur del estado de Coahuila, la de Torreón, Saltillo y Monterrey, incluyendo el ramal a Parras y el circuito Torreón, Francisco I. Madero, San Pedro y Matamoros en Coahuila.
 

Además, quedamos conectados por primera vez con la Ciudad de México, con la larga ruta Piedras Negras, Monclova, Saltillo, Monterrey, Ciudad Victoria, Ciudad Valles, Pachuca y la Ciudad de México.
 

Entre los años de 1940 y 1950, se construyeron los tramos de Monclova a Monterrey, y Ciudad Acuña a Piedras Negras, agregando de esta manera una segunda vía de comunicación a Piedras Negras. Se alargó la ruta de Torreón, Gómez Palacio hasta Durango.
 

Entre 1950 y 1960, sobresalen en Coahuila el tramo de carretera que parte de Monclova, pasando por Ciudad Frontera hasta San Buenaventura; El tramo que comunica a Nueva Rosita con Ciudad Melchor Múzquiz, pasando por Palaú y el trazo de terracería de los tramos de Sabinas a Ciudad Anáhuac en el vecino estado de Nuevo León; también el de la villa de Juárez a Mota Corona, pasando por la villa de Progreso; otro más de Ciudad Melchor Múzquiz a Boquillas del Carmen, otro de Monclova a la Villa de Candela y el de Piedras Negras a la Villa de Guerrero.
 

A nivel nacional se terminó de construir la carretera federal 57, con el tramo de Saltillo a la Ciudad de México, vía Matehuala, San Luis Potosí y Querétaro, permitiendo conectar Piedras Negras hasta la Ciudad de México.
 

Entre 1960 y 1970, se pavimentó el tramo de la carretera federal 29, Ciudad Acuña, San Carlos, Zaragoza a Morelos; el tramo de Palaú con el mineral de Barroterán y la carretera 57; el tramo de San Buenaventura hasta Cuatro Ciénegas; el de Saltillo a Zacatecas y los tramos de terracería de Jiménez a San Carlos, de Cuatro Ciénegas a Ocampo, de Cuatro Ciénegas a San Pedro de las Colonias.
 

Para 1980 ya estaba listo el tramo de Piedras Negras hasta Nuevo Laredo, pasando por Guerrero, Hidalgo y Colombia y en los últimos años, Ciudad Acuña conectada con el ejido Santa Eulalia; el tramo estatal que conecta la carretera 57 con la 40, pasando por San Hipólito, que permite llegar hasta Parras sin pasar por Saltillo, conocida como Cruz-Ramos Arizpe.
 

El tramo de Santa Cruz hasta entroncar con la Monterrey-Saltillo para disminuir la distancia con Saltillo.
 

Las autopistas Monterrey- Saltillo, Saltillo a Torreón y la Premier de Allende a Nueva Rosita. Además de tramos pequeños que han acercado a poblaciones rurales con las comunidades urbanas del estado.

EL PEYOTE


El Peyote

Los antiguos habitantes de Coahuila ya conocían el peyote, donde crece rico en jugos venenosos que dan a la embriaguez. 

Hace que los intoxicados vean visiones y sueñen situaciones fantásticas.

Cuenta un cronista de la época colonial, que los antiguos habitantes de Coahuila se embriagaban con peyote en determinadas fechas del año y hacían una fiesta general, todos danzaban, se abrazaban fraternalmente aun cuando fueran hombre y mujer, ya, que el peyote tenía la virtud de adormecer los deseos carnales, una felicidad tranquila y dulce invadía al bebedor de peyote y no como creen algunos, que el peyote enciende la sangre y despierta ideas de pelea y muerte.

En el norte de Coahuila existe una serranía con el nombre de Peyotes, y de este nombre deriva el culto a una imagen del Niño Dios al que los naturales llaman el milagroso Niño Jesús de Peyotes, se le tiene levantada una capilla en Villa Unión y tiene aún en nuestra fecha miles de fanáticos.
 

El nombre no deriva del peyote, más bien del lugar geográfico en donde está enclavada la capilla.
 

El hecho es que esta milagrosa cáctea, ya conocida por los antiguos pobladores de nuestro estado, era para ellos un amuleto que les preservaba todos los males, pues bebiéndola no sentían ni sed ni hambre, eran insensibles a las fatigas y veían la vida a través de un prisma de inefables delicias.
 

Además de la infusión hervida del peyote, en algunos lugares se comían la raíz cruda y durante las fiestas que se celebraban en su honor para alejar las epidemias o por cualquier otro motivo, ponían el peyote dentro de una jícara y sobre una figura mística que dibujaban en el suelo y danzaban en torno de ella al ritmo de dos maderos sonoros que frotan uno contra otro.
 

En otros lugares comían el peyote con mucha devoción mientras agitaban las sonajas rápidamente y repetían esta ceremonia ritual tras una breve pausa, mientras permanecían sentados con los ojos fijos sobre el peyote sagrado y pronunciaban una oración en la que el más viejo de los indios era coreado por los demás.
 

El peyote es la biznaga de la que no se ve a flor de tierra más que la coronilla sin espinas en la forma de un clavo de ancha cabeza, sin hojas, pero de esa corona crece hacia abajo una enorme raíz cónica que es un tubérculo henchido de savia, del que brotan radículas que sostienen la vida de tan extraña planta, que aparentemente es una biznaga como otra cualquiera.
 

Al peyote se le han encontrado propiedades curativas, pues contiene cuatro alcaloides que en pequeñas dosis disminuyen las contracciones cardiacas.
 

Las dosis mortales del peyote producen parálisis completas y a veces la asfixia.
 

(“Las Cosas de Coahuila”, columna periodística de Álvaro Canales Santos)

LA ANGOSTURA


El puerto de la angostura

La Angostura es el paso natural de la salida que comunica Saltillo con la ciudad de Zacatecas. En el año 1847 era la única salida hacia el sur del país. 

Sitio en donde lo abrupto del terreno forma una serie de lomas, que encajonadas entre dos brazos paralelos de las vertientes de la sierra, cortan perpendicularmente el camino que iba de San Luis Potosí a Saltillo.
 

El puerto de la Angostura formó, el día 22 de febrero de 1847, una fortificación natural para el ejército norteamericano, encabezado por el general Zacarías Taylor; ahí decidió esperar al Ejército Mexicano, que era conducido torpemente por el general Antonio López de Santa Anna.
 

El ejército invasor estaba formidablemente acampado y fortificado, aprovechándose de lomas que constituían reductos naturales ante fosos que improvisaban pantanos profundos, en el fondo de ásperos barrancos.
 

Habían emplazado los norteamericanos sus baterías con numerosos cañones ligeros, que con su fuego cruzado debían batir el camino y sus flancos, por donde deberían iniciar el asalto las fuerzas mexicanas.
 

Los mexicanos llegaron a la Angostura jadeantes y fatigados después de recorrer casi 80 kilómetros en un día, ante un ejército descansado y fuertemente defendido por el terreno.
 

El general Miñón acampaba en Los Cerritos, en la retaguardia del ejército norteamericano, esperando las órdenes del general Santa Anna para atacar al enemigo en este punto.
 

Miñón disponía de 1,200 jinetes fuertemente armados y descansados.
 

Desde el día 21 los invasores habían elegido como punto principal de su defensa la loma más alta de las que atraviesan perpendicularmente la carretera de Saltillo, construyendo durante la noche dos parapetos con sus fosos, además de haber cavado otras cortaduras sobre el camino.
 

El general Taylor colocó en formación de combate ocho compañías del regimiento de Illinois a la derecha.
 

En las crestas de la izquierda y al centro, se colocó al segundo regimiento de Kentucky y los voluntarios de Texas, la extrema izquierda fue protegida por los regimientos de Arkansas y Kentucky.
 

La reserva estaba formada por la brigada de Indiana, los rifleros de Mississipi y algunas baterías de artillería.
 

Con estas fuerzas se presentó un buen orden de batalla.
 

Santa Anna por su parte tendió su ejército sobre la derecha del camino, frente a la izquierda enemiga, que era la parte débil, el plan de general mexicano era apoderarse de un alto cerro en el extremo izquierdo enemigo y desde ahí batir sus posiciones para descender luego sobre la retaguardia de aquella ala. (Álvaro Canales)

La batalla de la Angostura
Continuando con la batalla de la Angostura, acaecida en 1847, ya emplazados los dos ejércitos contendientes, con gran superioridad de los norteamericanos sobre el ejército de Santa Anna.

Se tomó la posición a pesar de los refuerzos que le llegaron a los norteños y al morir la tarde, un clarín anunció el triunfo de las brigadas que se habían apoderado del cerro.
 

Hizo un frío espantoso durante las noches del 22 y del 23 de febrero. Ambos contendientes permanecieron en silencio sin luces y sin fogatas.
 

Esa noche el general Taylor viajó a Saltillo para organizar la defensa de la ciudad, ya que presentía la derrota al ver el decidido empuje de los mexicanos y al regresar llevó refuerzos para tratar de sostener sus líneas.
 

Santa Anna se ocupó en reforzar y extender su derecha, amagando la izquierda del invasor.
 

Disponía de 9 mil elementos de infantería, 3 mil de caballería, apoyados por 22 cañones de buen calibre, pero casi todos mal emplazados.
 

Los invasores tenían 7 mil elementos, pero superior en artillería, en calidad y en cantidad de piezas, con 26 cañones de diversos calibres y con la ventaja de tener soldados descansados y en excelente posición sobre lomas dominantes, ante terrenos escabrosos, triplicaba su número.

Antes de romper el alba del 23 de febrero, principió la batalla en el extremo derecho de la línea mexicana. Taylor envió reforzar esa línea con nuevas tropas de manera escalonada.
 

Mientras se disputaban esa posición, Santa Anna organizó un ataque por el centro, recibiendo un intenso fuego de artillería enemiga y no obstante los estragos que hicieron en los mexicanos, estos siguieron adelante, forzando el paso de las barrancas, arrollando a los destacamentos invasores.
 

El combate también se generalizó por el lado derecho, llegando a su apogeo al filo de las 8 de la mañana.
 

Los mexicanos empezaron a imponerse a los invasores, cuya resistencia empezó a desmoronarse con la carga a bayoneta de los mexicanos.
 

Esa carga puso en fuga a la infantería norteamericanos hasta la hacienda Buenavista, en donde se hizo una gran resistencia.
 

Los invasores sostuvieron su caballería, mientras que Santa Anna, no avisó al general Miñón para que su caballería diera el golpe final.
 

Las fuerzas mexicanas destrozaron al enemigo en todos sus frentes, estos últimos retrocedieron el día 23.
 

El 24 por la mañana, los mexicanos comprendieron que tendría que darse otra batalla para destruir al enemigo por completo, pero Santa Anna ordenó la retirada.
 

Hubo sorpresa, cólera y amargura entre el ejército mexicano, al conocer la orden de Santa Anna de retirarse, después de los horrores de la batalla y de su histórico triunfo del día anterior. Algo que nadie supo entender. (Álvaro Canales)

SAN PEDRO DE LAS COLONIAS


La villa de San Pedro
San Pedro de las Colonias se denominó en sus orígenes San Pedro de la Laguna y después de estar despoblado pasó a ser propiedad de los marqueses de Aguayo, que la habían adquirido por herencia del conde de San Pedro del Álamo, don José Valdivieso, que había contraído a su vez matrimonio con la heredera del marquesado de Aguayo, al morir Valdivieso le hereda sus extensas propiedades a su hijo don Pedro Ignacio, el que a su vez le hereda a su primogénito don José María. 

Después empieza la decadencia del Marquesado y sus extensas tierras son vendidas a una compañía deslindadora extranjera, pero la operación de venta fue nulificada por la nación, lo que propició un largo litigio, que vino a concluir con la venta total del latifundio del marquesado de Aguayo a la familia Sánchez-Navarro, latifundistas del área de Monclova, la operación se cerró en 1841.
 

Al triunfo de los juaristas y como los Sánchez-Navarro se habían manifestado partidistas y colaboradores del imperio de Maximiliano, el Gobierno mexicano les expropió su extenso latifundio y la mayoría de sus tierras son repartidas a los veteranos de las guerras de reforma y del segundo imperio, y un grupo de ellos solicita una dotación de tierras de San Pedro en 1868.
 

El historiador López Portillo hace referencia en su Anuario Coahuilense de 1886, sin citar sus fuentes, que “los primeros habitantes de la comarca (sic) vinieron en 1869 y se establecieron en un punto situado a dos kilómetros al noreste de la villa y en 1874 se trasladaron a donde hoy esta situada, no muy lejos de la antigua misión de San Pedro.
 

El primer presidente fue Juan Gómez, persona muy activa y a quien por sus disposiciones acertadas y enérgicas, se le debe en gran parte la pronta formación y engrandecimiento de la población”.
 

Don Cosme Garza García en su Prontuario de Leyes y Decretos del Estado de Coahuila y en el que toma datos del Congreso del Estado, cita que: Decreto número 83 del 20 de enero de 1870.
 

Se facilitó al ejecutivo para poner en marcha la medición y deslinde de los terrenos de la colonia de San Pedro, poniendo en posesión de sus habitantes y para fijar el punto más conveniente el establecimiento de la población.
 

En el decreto 123 del 24 de febrero de 1871, se erige en villa con la denominación de San Pedro la congregación del mismo nombre, formada conforme al decreto número 83, en el distrito de Parras, con los ranchos de Las Habas, Mayrán, San Nicolás y Cerro Bola. Estos son los antecedentes de San Pedro. (Álvaro Canales Santos)
 

LAS CARRETAS


Las carretas


Aún se observan carretas en el ámbito rural de Coahuila. Fueron el medio de transporte más utilizado para el transporte de mercancías. 

Era tal su importancia, que se llegó a dar el caso de que el dueño de una línea de transporte impartía sus órdenes y casi era el dueño de la población donde operaba, porque traficaba a su libre arbitrio las mercancías que transportaba.
 

Desempeñaron un rol importantísimo para la fundación de las poblaciones de Coahuila hasta que apareció el ferrocarril a finales del siglo XIX.
 

No solo se utilizaban para el transporte de mercancías, minerales y dinero, sino para llevar pasajeros. Las carretas eran estiradas regularmente por yunta de bueyes y en ocasiones por cuatro mulas o machos, como se les decían a los animales híbridos resultante de la cruza de burro y yegua.
 

Es conocido lo mal hablados que eran los carreteros conductores de estos vehículos, ya que cuanto mas empinados y difíciles eran los caminos, más violentos eran sus juramentos.
 

Arrieros y carreteros, maldecían cuando hacían el camino, mencionando su alma, renegando de quienes les habían engendrado y del día en que nacieron, sin olvidar maldecir el día en que se hicieron carreteros.
 

El cuerpo de la carreta era angosto, medían cerca de dos veces lo que tenía de ancho y era protegida por una franja de aros; tenían un techo como protección que los cubría del sol, agua y viento, construido de lona gruesa, de pieles o simplemente de hojas de palma.
 

Tenían cuatro grandes ruedas de construcción pesada y resistente; estas eran altas, porque tenían que cruzar ríos y arroyos muy cargados de agua en tiempos de lluvia.
 

El gobierno colonial de la Nueva España reglamentó la construcción de carretas en todo el país. Existe un comunicado extraído del archivo de Santa Rosa, hoy Melchor Múzquiz, que fue enviado desde Cuatro Ciénegas el 2 de septiembre de 1808, que decía: “Al Señor Justicia Mayor del Real Presidio de Santa Rosa del Sacramento.
 

Por disposición superior pasa para ese Real Presidio el Ingeniero Carretero Don Francisco Morales, a fin de que, reuniéndose con los principales vecinos de ese lugar, proceda a instruirlos en el modo de fabricar las carretas de ruedas, para la cual, hará Usted que se trasladen a los bosques del Río Sabinas, donde cortarán las maderas necesarias, procurando no cortar árboles jóvenes, que más tarde harán falta a la riqueza pública.
 

Concluido este trabajo, pasará el citado Ingeniero Don Francisco Morales al Real Presidio de San Fernando de Austria -actual Zaragoza-, para lo cual la autoridad real del digno cargo de Usted, dará la escolta bastante y hará que se le guarden el respeto y las atenciones a su rango”.
 

Mi amigo Homero Flores, inquieto historiador saltillense, se ha dado a la tarea de reproducir a rigurosa escala con algunos colaboradores, las carretas de la época, utilizando los materiales genuinos de aquella época, que ahora son parte de la historia, de las cuales me obsequió dos verdaderas joyas artesanales, que resguardo con admiración y respeto. (A. Canales Santos)

martes, 21 de mayo de 2013

Como agua para chocolate

Como agua para chocolate

Película que inspiró la novela original de Laura Esquivel, publicada en 1989, es un amplio recetario de cocina con las más prolijas instrucciones para preparar los platillos más suculentos del reconocido fogón mexicano.

Donde la cocina se convierte en el refugio y la sede de una curiosa variante del poder femenino.

Entre la comedia, el melodrama y el realismo mágico, la historia atraviesa por la Revolución Mexicana y presenta algunas ideas sobre la condición de la mujer, el machismo y el amor, la trama de esta historia se supone que sucedió en nuestra ciudad durante la época revolucionaria, su esposo, el actor y director cinematográfico Alfonso Arau Incháustegui, la hizo película siendo su mejor producción, con un presupuesto de tres mil millones de viejos pesos, donde participaron el italiano Marco Leonardi y las mexicanas Lumi Cavazos, Ada Carrasco, Regina Torné, Yareli Arismendi, Pilar Aranda y Claudette Maille.

Esta cinta de 143 minutos de duración se exhibió en 1992.

A pesar de que la trama es en Piedras Negras, se construyó una casa especial en el territorio de la presa de La Amistad en Acuña, casa que intentó reproducir la vieja casona del ejido San Isidro, donde también se filmaron escenas y en Piedras Negras, las poquísimas se realizaron en el exterior del viejo hotel del ferrocarril y el puente negro.

El lunes 15 de abril de 1991, único día en que se realizaron las tomas, se acondicionó la calle de Estudios cubriéndola con arena, escenas que provocaron gran curiosidad entre nuestra gente que estuvieron como espectadores, con agentes de Policía controlando el orden, las filmaciones duraron varias horas, el viejo hotel fácilmente fue adaptado para la película, ocultando los objetos de la época actual, incluyendo dos puestos de comidas que se negaron a abandonar el lugar.

En las escenas participaron cientos de personas como extras, dentro del grupo de revolucionarios y federales que pasaban frente al hotel con atuendos de la época y hasta se logró una impresionante explosión e incendio, como parte de los efectos especiales.

Cada vez que iniciaban la filmación de una escena con gran cantidad de extras, donde algunos iban montando sus cabalgaduras, se producía una gran polvareda que incomodaba a la gran cantidad de curiosos.

Alfonso Arau estuvo atento, gritando sus instrucciones a través de su micrófono bocina portátil, donde se escuchaban los característicos gritos de: Silencio, corre y el de corte.

Se impidió el acceso a la estación del ferrocarril que aún funcionaba, desviando el tráfico.

En la película se utilizaron técnicas cinematográficas hollywoodenses y con un gran sentido comercial.

El resultado es un filme fiel a la novela original, excelentemente producido e inteligentemente comercializado.

Los 10 arieles otorgados a esta producción y el éxito internacional de la misma comprueban que Arau sabía muy bien lo que estaba haciendo.

La Universidad Autónoma De Coahuila

La Universidad Autónoma De Coahuila

La máxima institución del estado, la Universidad Autónoma de Coahuila, se creó en 1957 por decreto expedido por el Congreso del Estado, como un organismo público destinado a la educación superior, con el nombre de Universidad de Coahuila.

El entonces gobernador del estado, Román Cepeda Flores, designó al Lic. Salvador González Lobo como su primer rector.

En mayo de 1960 se aprobó su escudo diseñado por el Ing. José Cárdenas Valdés y la descripción heráldica el Prof. Ildefonso Villarello Vélez y su lema: En el bien fincamos el saber, del Lic. Arturo Moncada Garza.

El 4 de abril de 1973, se concede la autonomía a la universidad y se elabora el estatuto universitario que norma sus actividades en 1975, posteriormente se agregó la palabra autónoma al escudo.

La universidad se dio a la tarea de atender la demanda educativa en los niveles medio superior, técnico superior, técnico medio superior y de postgrado, distribuida en tres unidades:
Saltillo, conformada por 24 escuelas, facultades e institutos ubicados en las ciudades de Saltillo y Parras de la Fuente; Torreón, con 17 escuelas y facultades e institutos establecidos en los municipios de Torreón y San Pedro de las Colonias; y la del norte, integrada por 10 escuelas, facultades e institutos ubicados en Monclova, Nueva Rosita, Allende, Piedras Negras y Ciudad Acuña.

En su totalidad, la universidad tiene 13 centros de enseñanza del nivel de bachillerato en los sistemas escolarizado y abierto; ofrece 3 alternativas de capacitación para el trabajo: 2 opciones educativas del nivel técnico medio; 2 del nivel medio superior y una salida lateral, que se clasifica en este mismo nivel; 42 carreras del nivel superior; y 41 del nivel postgrado con 17 especialidades, 22 maestrías y 2 doctorados.

Además de las 51 instituciones oficiales, la universidad avala los estudios que se realizan en 54 escuelas del nivel medio superior y superior, incorporadas a la misma y distribuidas en el estado.

La universidad dispone de tres hospitales, dos de ellos ubicados en Torreón y uno en Saltillo, donde se imparte enseñanza teórico-práctica de especialidades médicas; brinda la oportunidad de realizar las prácticas hospitalarias a los alumnos de ciencias de la salud, la realización del servicio social a los egresados y de las demás áreas educativas que así lo soliciten.

Además de brindar atención médica especializada de alta calidad y a bajo costo para la comunidad en general.

Dispone de centros de investigación en sus tres unidades, con instalaciones y equipo adecuado.

También difunde la cultura a través de la coordinación general de extensión universitaria y difusión cultural, con infraestructura apropiada.

La Universidad Autónoma de Coahuila cumple ya 56 años de vida y en este mes de abril, 40 años de autonomía.

El Coahuilense

El Coahuilense

El ferrocarril llegó a Piedras Negras en 1883, con la empresa Ferrocarril Internacional Mexicano, con la ruta a Torreón, que funcionó hasta 1908, en que el gobierno del general Porfirio Díaz nacionalizó varias líneas, creando Ferrocarriles Nacionales de México, que con el tiempo creó un tren de pasajeros que partía de Piedras Negras con rumbo a Saltillo, aprovechando el nuevo ramal que se creó desde Paredón, deteniéndose en todas las rancherías que encontraba a su paso y alimentándose de otras rutas, como del ramal de Ciudad Acuña a Allende y a la vez, en el entronque de Paredón, enviar un vagón hasta Monterrey.

El viaje duraba casi todo el día, salía a las 9 de la mañana y llegaba al atardecer, si no había demoras.

Durante una temporada le agregaron un vagón “pullman” o dormitorio, vagón que en Saltillo agregaban al famoso tren El Regiomontano que lo llevaba hasta la Ciudad de México, regresando al día siguiente, servicio que se suspendió alrededor de 1965.

Después de múltiples esfuerzos por tener un tren de pasajeros de calidad, fructificaron las peticiones del diputado federal Alfredo Jiménez Villarreal y Ferrocarriles Nacionales de México puso en servicio el convoy denominado “El Coahuilense”.

Un convoy de lujo que realizó su primer viaje el 23 de abril de 1988, disponía de un vagón exprés, dos vagones de primera numerada y un vagón de primera especial numerada, este último con aire acondicionado y calefacción, asientos individuales y reclinables, mesas plegables, alfombrados, encortinado, servicio de alimentos y sobrecargo. Sus boletos se podían reservar con anticipación, incluyendo el regreso.

De las 12 horas o más que empleaba el tren social, que también se le llamaba pollero, el Coahuilense las redujo a 7 horas y media a Saltillo, con paradas oficiales en Sabinas, Barroterán (a petición de Alfredo Jiménez) y Frontera y dos paradas técnicas, una en Allende, donde subían los alimentos y se cruzaban los dos trenes Coahuilenses y en Paredón, donde se cruzaba con el pollero.

El vagón de primera especial, con capacidad para 70 pasajeros, se enganchaba al Regiomontano para continuar su viaje a la Ciudad de México.

El 11 de abril de 1991, se le agregó un vagón dormitorio con 10 camerinos y 6 alcobas cómodamente equipadas, con clima artificial, donde también se incluía el servicio de alimentos y sobrecargo, que también se enganchaba al Regiomontano en Saltillo. Sus alcobas tenían capacidad para 4 adultos y dos niños.

El tren fue un éxito total, logró atraer a la clase elitista que disfrutó el viaje como antaño, pero Ferrocarriles Nacionales de México, que ya arrastraba grandes pérdidas, canceló el 9 de abril de 1997, 14 trenes de pasajeros: El Regiomontano, el División del Norte, entre otros y por supuesto, el Coahuilense, regresando una temporada al pollero, en donde se agregaron los vagones del Coahuilense hasta su desaparición definitiva en 1998.

El Coahuilense nació en 1988, en el mes de abril y murió en abril de 1997, dejando sólo la nostalgia de lo que difícilmente volverá, un tren de pasajeros de lujo, que ya es parte de la historia.

Coahuiltecos

Coahuiltecos

Los coahuiltecos eran indígenas nómadas estacionarios, que recorrían territorios de Coahuila, Texas, Tamaulipas y Nuevo León de acuerdo a las estaciones del año, donde se dedicaban a cazar, recolectar y pescar temporalmente.

Su vivienda era temporal y la establecían en cuevas salientes rocosas, bajo frondosos árboles o en campamentos de improvisadas chozas que construían las mujeres utilizando delgados y flexibles troncos de arbustos medianos que servían de base, con varas más delgadas formaban un enrejado en semicírculo, dejando un espacio libre que servía de entrada.

Estas rejillas eran cubiertas burdamente con carrizo, hojas de palmito o pieles de animales, encima una capa de zacate o tule para sellar la vivienda.

Su vestimenta era escasa y simple, durante el verano las mujeres usaban una pequeña falda y los hombres un calzón taparrabos hasta debajo de la rodilla.

En el invierno se cubrían completamente con pieles de conejo, venado o coyotes y para proteger sus pies utilizaban sandalias hechas a base de fibra de maguey, lechuguilla o palma, las que ataban con hilos del mismo material o tiras de cuero.

Adornaban sus cuerpos con collares de piedra o concha perforadas y tatuajes distintivos para cada tribu, algunos perforaban sus orejas y nariz. Su alimentación se establecía de acuerdo a las estaciones del año y a las habilidades de cada tribu.

Los cazadores conocían las rutas migratorias de los búfalos, ciervos, venados, patos, osos y jabalíes; los recolectores ocurrían en tiempo y sitio para obtener los frutos del desierto.

Los pescadores recorrían las orillas de los ríos o lagunas utilizando arpones, flechas, redes, anzuelos y trampas de pita o fibras de maguey. Su estructura familiar no exigía la monogamia, hombre y mujer podían desposarse varias veces o tener más de una pareja a la vez.

Para formalizar un enlace, sÓlo bastaba que el novio entregara algunos obsequios a la familia de la novia y con sólo aceptarlos se consideraba el compromiso finiquitado.

La paternidad le era concedida al hombre con quien estuviera desposada al momento del nacimiento.

El alumbramiento se realizaba en el campo, con la ayuda de algunas ancianas que hacían la función de comadronas. Como un control para la supervivencia y selección de la especie, los recién nacidos con deficiencias congénitas visibles eran sacrificados de inmediato.

En las tribus guerreras, donde el hombre es pieza importante para mantener la seguridad del grupo, se practicaba el infanticidio femenino. Existía la homosexualidad masculina y el matrimonio entre hombres era común. Éstos vestían como mujeres, eran impotentes, hacían oficios femeninos, tiraban con el arco y llevaban pesadas cargas.

Las creencias y ceremonias religiosas, se centraban a simples danzas, comidas, bebidas o invocaciones que plasmaron en las pinturas rupestres. Consideraban al Sol como una deidad.

Los juegos desde niños estaban dirigidos a aprender actividades para sobrevivir: Pescar, cazar, guerra, fabricar utensilios, nadar, etc.

Las prÁcticas funerarias variaban de grupo a grupo, desde una sepultura a cielo abierto cubierto con nopales, ramas espinosas o piedra bola para protección de los depredadores; inhumado en una fosa, en bultos mortuorios depositados en cuevas o la incineración de los cuerpos con la recuperación de los huesos para sus rituales.

(Resumido de “¿Dónde quedaron los Coahuiltecos?” de Horacio Domínguez Lara. 2011)