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viernes, 24 de julio de 2015

LA ESENCIA DEL NEOLIBERALISMO


LA ESENCIA DEL NEOLIBERALISMO

El mundo económico ¿es realmente, como pretende la teoría dominante, un orden puro y perfecto, que desarrolla de manera implacable la lógica de sus consecuencias previsibles, y dispuesto a reprimir todas las transgresiones con las sanciones que inflige, bien de forma automática o bien – más excepcionalmente- por mediación de sus brazos armados, el FMI o la OCDE, y de las políticas que estos imponen: reducción del coste de la mano de obra, restricción del gasto público y flexibilización del mercado de trabajo? ¿Y si se tratara, en realidad, de la verificación de una utopía, el neoliberalismo, convertida de ese modo en programa político, pero una utopía que, con la ayuda de la teoría económica con la que se identifica, llega a pensarse como la descripción científica de lo real?



Esta teoría tutelar es pura ficción matemática. Se fundó desde el comienzo sobre una abstracción formidable. Pues, en nombre de la concepción estrecha y estricta de la racionalidad como racionalidad individual, enmarca las condiciones económicas y sociales de las orientaciones racionales y las estructuras económicas y sociales que condicionan su aplicación.

Para dar la medida de esta omisión, basta pensar precisamente en el sistema educativo. La educación no es tomada nunca en cuenta como tal en una época en que juega un papel determinante en la producción de bienes y servicios tanto como en la producción de los productores mismos. De esta suerte de pecado original, inscrito en el mito walrasiano (1) de la «teoría pura», proceden todas las deficiencias y fallas de la disciplina económica y la obstinación fatal con que se afilia a la oposición arbitraria que induce, mediante su mera existencia, entre una lógica propiamente económica, basada en la competencia y la eficiencia, y la lógica social, que está sujeta al dominio de la justicia.

Dicho esto, esta «teoría» desocializada y deshistorizada en sus raíces tiene, hoy más que nunca, los medios decomprobarse a sí misma y de hacerse a sí misma empíricamente verificable. En efecto, el discurso neoliberal no es simplemente un discurso más. Es más bien un «discurso fuerte» —tal como el discurso siquiátrico lo es en un manicomio, en el análisis de Erving Goffman (2). Es tan fuerte y difícil de combatir solo porque tiene a su lado todas las fuerzas de las relaciones de fuerzas, un mundo que contribuye a ser como es. Esto lo hace muy notoriamente al orientar las decisiones económicas de los que dominan las relaciones económicas. Así, añade su propia fuerza simbólica a estas relaciones de fuerzas. En nombre de este programa científico, convertido en un plan de acción política, está en desarrollo un inmenso proyecto político, aunque su condición de tal es negada porque luce como puramente negativa. Este proyecto se propone crear las condiciones bajo las cuales la «teoría» puede realizarse y funcionar: un programa de destrucción metódica de los colectivos.

El movimiento hacia la utopía neoliberal de un mercado puro y perfecto es posible mediante la política de derregulación financiera. Y se logra mediante la acción transformadora y, debo decirlo, destructiva de todas las medidas políticas (de las cuales la más reciente es el Acuerdo Multilateral de Inversiones, diseñado para proteger las corporaciones extranjeras y sus inversiones en los estados nacionales) que apuntan a cuestionar cualquiera y todas las estructuras que podrían servir de obstáculo a la lógica del mercado puro: la nación, cuyo espacio de maniobra decrece continuamente; las asociaciones laborales, por ejemplo, a través de la individualización de los salarios y de las carreras como una función de las competencias individuales, con la consiguiente atomización de los trabajadores; los colectivos para la defensa de los derechos de los trabajadores, sindicatos, asociaciones, cooperativas; incluso la familia, que pierde parte de su control del consumo a través de la constitución de mercados por grupos de edad.

El programa neoliberal deriva su poder social del poder político y económico de aquellos cuyos intereses expresa: accionistas, operadores financieros, industriales, políticos conservadores y socialdemócratas que han sido convertidos en los subproductos tranquilizantes del laissez faire, altos funcionarios financieros decididos a imponer políticas que buscan su propia extinción, pues, a diferencia de los gerentes de empresas, no corren ningún riesgo de tener que eventualmente pagar las consecuencias. El neoliberalismo tiende como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales y por tanto a la construcción, en la realidad, de un sistema económico que se conforma a su descripción en teoría pura, que es una suerte de máquina lógica que se presenta como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos.

La globalización de los mercados financieros, cuando se unen con el progreso de la tecnología de la información, asegura una movilidad sin precedentes del capital. Da a los inversores preocupados por la rentabilidad a corto plazo de sus inversiones la posibilidad de comparar permanentemente la rentabilidad de las más grandes corporaciones y, en consecuencia, penalizar las relativas derrotas de estas firmas. Sujetas a este desafío permanente, las corporaciones mismas tienen que ajustarse cada vez más rápidamente a las exigencias de los mercados, so pena de «perder la confianza del mercado», como dicen, así como respaldar a sus accionistas. Estos últimos, ansiosos de obtener ganancias a corto plazo, son cada vez más capaces de imponer su voluntad a los gerentes, usando comités financieros para establecer las reglas bajo las cuales los gerentes operan y para conformar sus políticas de reclutamiento, empleo y salarios.

Así se establece el reino absoluto de la flexibilidad, con empleados por contratos a plazo fijo o temporales y repetidas reestructuraciones corporativas y estableciendo, dentro de la misma firma, la competencia entre divisiones autónomas así como entre equipos forzados a ejecutar múltiples funciones. Finalmente, esta competencia se extiende a los individuos mismos, a través de la individualización de la relación de salario: establecimiento de objetivos de rendimiento individual, evaluación del rendimiento individual, evaluación permanente, incrementos salariales individuales o la concesión de bonos en función de la competencia y del mérito individual; carreras individualizadas; estrategias de «delegación de responsabilidad» tendientes a asegurar la autoexplotación del personal, como asalariados en relaciones de fuerte dependencia jerárquica, que son al mismo tiempo responsabilizados de sus ventas, sus productos, su sucursal, su tienda, etc., como si fueran contratistas independientes. Esta presión hacia el «autocontrol» extiende el «compromiso» de los trabajadores de acuerdo con técnicas de «gerencia participativa» considerablemente más allá del nivel gerencial. Todas estas son técnicas de dominación racional que imponen el sobrecompromiso en el trabajo (y no solo entre gerentes) y en el trabajo en emergencia y bajo condiciones de alto estrés. Y convergen en el debilitamiento o abolición de los estándares y solidaridades colectivos (3).

De esta forma emerge un mundo darwiniano —es la lucha de todos contra todos en todos los niveles de la jerarquía, que encuentra apoyo a través de todo el que se aferra a su puesto y organización bajo condiciones de inseguridad, sufrimiento y estrés. Sin duda, el establecimiento práctico de este mundo de lucha no triunfaría tan completamente sin la complicidad de arreglos precarios que producen inseguridad y de la existencia de un ejército de reserva de empleados domesticados por estos procesos sociales que hacen precaria su situación, así como por la amenaza permanente de desempleo. Este ejército de reserva existe en todos los niveles de la jerarquía, incluso en los niveles más altos, especialmente entre los gerentes. La fundación definitiva de todo este orden económico colocado bajo el signo de la libertad es en efecto laviolencia estructural del desempleo, de la inseguridad de la estabilidad laboral y la amenaza de despido que ella implica. La condición de funcionamiento «armónico» del modelo microeconómico individualista es un fenómeno masivo, la existencia de un ejército de reserva de desempleados.

La violencia estructural pesa también en lo que se ha llamado el contrato laboral (sabiamente racionalizado y convertido en irreal por «la teoría de los contratos»). El discurso organizacional nunca habló tanto de confianza, cooperación, lealtad y cultura organizacional en una era en que la adhesión a la organización se obtiene en cada momento por la eliminación de todas las garantías temporales (tres cuartas partes de los empleos tienen duración fija, la proporción de los empleados temporales continúa aumentando, el empleo «a voluntad» y el derecho de despedir un individuo tienden a liberarse de toda restricción).

Así, vemos cómo la utopía neoliberal tiende a encarnarse en la realidad en una suerte de máquina infernal, cuya necesidad se impone incluso sobre los gobernantes. Como el marxismo en un tiempo anterior, con el que en este aspecto tiene mucho en común, esta utopía evoca la creencia poderosa —la fe del libre comercio— no solo entre quienes viven de ella, como los financistas, los dueños y gerentes de grandes corporaciones, etc., sino también entre aquellos que, como altos funcionarios gubernamentales y políticos, derivan su justificación viviendo de ella. Ellos santifican el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, que requiere de la eliminación de barreras administrativas y políticas capaces de obstaculizar a los dueños del capital en su procura de la maximización del lucro individual, que se ha vuelto un modelo de racionalidad. Quieren bancos centrales independientes. Y predican la subordinación de los estados nacionales a los requerimientos de la libertad económica para los mercados, la prohibición de los déficits y la inflación, la privatización general de los servicios públicos y la reducción de los gastos públicos y sociales.

Los economistas pueden no necesariamente compartir los intereses económicos y sociales de los devotos verdaderos y pueden tener diversos estados síquicos individuales en relación con los efectos económicos y sociales de la utopía, que disimulan so capa de razón matemática. Sin embargo, tienen intereses específicos suficientes en el campo de la ciencia económica como para contribuir decisivamente a la producción y reproducción de la devoción por la utopía neoliberal. Separados de las realidades del mundo económico y social por su existencia y sobre todo por su formación intelectual, las más de las veces abstracta, libresca y teórica, están particularmente inclinados a confundir las cosas de la lógica con la lógica de las cosas.

Estos economistas confían en modelos que casi nunca tienen oportunidad de someter a la verificación experimental y son conducidos a despreciar los resultados de otras ciencias históricas, en las que no reconocen la pureza y transparencia cristalina de sus juegos matemáticos y cuya necesidad real y profunda complejidad con frecuencia no son capaces de comprender. Aun si algunas de sus consecuencias los horrorizan (pueden afiliarse a un partido socialista y dar consejos instruidos a sus representantes en la estructura de poder), esta utopía no puede molestarlos porque, a riesgo de unas pocas fallas, imputadas a lo que a veces llaman «burbujas especulativas», tiende a dar realidad a la utopía ultralógica (ultralógica como ciertas formas de locura) a la que consagran sus vidas.

Y sin embargo el mundo está ahí, con los efectos inmediatamente visibles de la implementación de la gran utopía neoliberal: no solo la pobreza de un segmento cada vez más grande de las sociedades económicamente más avanzadas, el crecimiento extraordinario de las diferencias de ingresos, la desaparición progresiva de universos autónomos de producción cultural, tales como el cine, la producción editorial, etc., a través de la intrusión de valores comerciales, pero también y sobre todo a través de dos grandes tendencias. Primero la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal, primariamente las del Estado, repositorio de todos los valores universales asociados con la idea del reino de lo público. Segundo la imposición en todas partes, en las altas esferas de la economía y del Estado tanto como en el corazón de las corporaciones, de esa suerte de darwinismo moral que, con el culto del triunfador, educado en las altas matemáticas y en el salto de altura (bungee jumping), instituye la lucha de todos contra todos y el cinismo como la norma de todas las acciones y conductas.

¿Puede esperarse que la extraordinaria masa de sufrimiento producida por esta suerte de régimen político-económico pueda servir algún día como punto de partida de un movimiento capaz de detener la carrera hacia el abismo? Ciertamente, estamos frente a una paradoja extraordinaria. Los obstáculos encontrados en el camino hacia la realización del nuevo orden de individuo solitario pero libre pueden imputarse hoy a rigideces y vestigios. Toda intervención directa y consciente de cualquier tipo, al menos en lo que concierne al Estado, es desacreditada anticipadamente y por tanto condenada a borrarse en beneficio de un mecanismo puro y anónimo: el mercado, cuya naturaleza como sitio donde se ejercen los intereses es olvidada. Pero en realidad lo que evita que el orden social se disuelva en el caos, a pesar del creciente volumen de poblaciones en peligro, es la continuidad o supervivencia de las propias instituciones y representantes del viejo orden que está en proceso de desmantelamiento, y el trabajo de todas las categorías de trabajadores sociales, así como todas las formas de solidaridad social y familiar. O si no…

La transición hacia el «liberalismo» tiene lugar de una manera imperceptible, como la deriva continental, escondiendo de la vista sus efectos. Sus consecuencias más terribles son a largo plazo. Estos efectos se esconden, paradójicamente, por la resistencia que a esta transición están dando actualmente los que defienden el viejo orden, alimentándose de los recursos que contenían, en las viejas solidaridades, en las reservas del capital social que protegen una porción entera del presente orden social de caer en la anomia. Este capital social está condenado a marchitarse —aunque no a corto plazo— si no es renovado y reproducido.

Pero estas fuerzas de «conservación», que es demasiado fácil de tratar como conservadoras, son también, desde otro punto de vista, fuerzas de resistencia al establecimiento del nuevo orden y pueden convertirse en fuerzas subversivas. Si todavía hay motivo de abrigar alguna esperanza, es que todas las fuerzas que actualmente existen, tanto en las instituciones del Estado como en las orientaciones de los actores sociales (notablemente los individuos y grupos más ligados a esas instituciones, los que poseen una tradición de servicio público y civil) que, bajo la apariencia de defender simplemente un orden que ha desaparecido con sus correspondientes «privilegios» (que es de lo que se les acusa de inmediato), serán capaces de resistir el desafío solo trabajando para inventar y construir un nuevo orden social. Uno que no tenga como única ley la búsqueda de intereses egoístas y la pasión individual por la ganancia y que cree espacios para los colectivos orientados hacia la búsqueda racional de fines colectivamente logrados y colectivamente ratificados.

¿Cómo podríamos no reservar un espacio especial en esos colectivos, asociaciones, uniones y partidos al Estado: el Estado nación, o, todavía, mejor, al Estado supranacional —un Estado europeo, camino a un Estado mundial— capaz de controlar efectivamente y gravar con impuestos las ganancias obtenidas en los mercados financieros y, sobre todo, contrarrestar el impacto destructivo que estos tienen sobre el mercado laboral. Esto puede lograrse con la ayuda de las confederaciones sindicales organizando la elaboración y defensa del interés público. Querámoslo o no, el interés público no emergerá nunca, aun a costa de unos cuantos errores matemáticos, de la visión de los contabilistas (en un período anterior podríamos haber dicho de los «tenderos») que el nuevo sistema de creencias presenta como la suprema forma de realización humana.

Notas

1. Auguste Walras (1800-66), economista francés, autor de De la nature de la richesse et de l’origine de la valeur [sobre la naturaleza de la riqueza y el origen del valor) (1848). Fue uno de los primeros que intentaron aplicar las matemáticas a la investigación económica.

2. Erving Goffman. 1961. Asylums: Essays On The Social Situation Of Mental Patients And Other Inmates[Manicomios: ensayos sobre la situación de los pacientes mentales y otros reclusos]. Nueva York: Aldine de Gruyter.

3. Ver los dos números dedicados a « Nouvelles formes de domination dans le travail » [nuevas formas de dominación en el trabajo], Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 114, setiembre de 1996, y 115, diciembre de 1996, especialmente la introducción por Gabrielle Balazs y Michel Pialoux, « Crise du travail et crise du politique » [crisis del trabajo y crisis política], Nº 114: p. 3-4.

Publicado en Le Monde,Francia. Visto en curriqui

 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

PARADOJAS DEL TERCER MILENIO

Paradojas del tercer milenio
Para decirlo de la manera más clara, el Tercer Milenio nos pescó a todos poco preparados, y de alguna manera estamos pagando la factura.

Pertenezco a una generación que ha vivido lo suficiente para atestiguar los cambios que ha sufrido el planeta en los últimos cincuenta años.

De niño me maravillaban las caricaturas de Hanna-Barbera que retrataban un mundo futurista en el que buena parte de las actividades cotidianas se hallaban tecnificadas.

Lo que parecía un paseo por un mundo fantástico, hoy se viene cumpliendo en gran medida, de manera que podemos colocar a los norteamericanos William Hanna y Joseph Barbera al lado de otros futuristas reconocidos como Julio Verne o Isaac Asimov.

Pero así como la tecnología ha avanzado a grandes zancadas, nos hemos quedado relegados en otros aspectos fundamentales.

Uno que salta a la vista con mucha frecuencia es el relativo al lenguaje, ya no digamos los chats de las generaciones más jóvenes, sino grandes erratas en textos de autores de importantes publicaciones digitales.

Errores ortográficos que no deberían existir a partir de la utilización de los métodos de autocorrección de los programas computacionales, pero que paradójicamente parecen haberse incrementado.

Otro error -sintáctico- que da cuenta del ritmo tan acelerado que llevamos, es la utilización de palabras parecidas frente a las que ponemos poco cuidado al seleccionar: Un caso son las homófonas “rayar” y “rallar”, o “haya” y “halla”, en cuya confusión incurrimos en grandes errores.

Otro caso es el de “previsto” y “provisto”, que con frecuencia confundimos, incluso vamos más allá para utilizar “prever” por “proveer”, o más grave aún, utilizamos el barbarismo “preveer”, que recuerdo haber escuchado en los discursos de un par de políticos.

Asimismo recuerdo aquella diputada que, señalando las fallas de dicción de un colega, se preció de que ella “no hablaba con faltas de Ortografía”. Conclusión: Hemos descuidado que la palabra sea la mejor aliada del
pensamiento.

La tecnología nos ha vuelto asistentes de primera fila a los eventos de la vida.

En lugar de auxiliar a un semejante en apuros nos ocupamos en tomar video y subirlo a las redes; en vez de disfrutar un espectáculo nos dedicamos a grabarlo; en lugar de reconocer la condición humana que hay en todos, nos mofamos de quienes han hecho el ridículo, cuyos videos se suben a la red como “bloopers”.

Todo ello de alguna manera nos ha vuelto insensibles al dolor humano; la situación penosa de alguno se convierte en mercancía que se ofrece en el mercado virtual, y que se mide de acuerdo a su popularidad.

Luego no nos extrañe que esa costumbre nos vaya tornando indiferentes frente a lo que sucede en nuestro entorno inmediato.

Con relación a los desafortunados eventos que vienen ocurriendo en el estado de Guerrero, al igual que tantos otros que se han presentado a lo largo y ancho del país en los últimos años, hay palabras que simplemente han dejado de tener sentido. Términos tan terribles, que cualquiera de ellos nos hubiera horrorizado hace algunos lustros, hoy se vuelven parte de la jerga común: “Entambados”; “disueltos”; “desmembrados”; “decapitados”, por citar algunos.

Por desgracia se han vuelto tan comunes en su uso, que ya no nos remiten a la imagen de lo que simbolizan, sino que pasan por nuestra percepción como podrían pasar, digamos: “hipotenusa”; “rescoldo”; “marco” o “periférico”, términos carentes de una connotación emocional que los distinga del resto.

Ahora bien, poco o nada nos percatamos de la forma como hemos quedado entrampados en el mercadeo de la tecnología.

Se ha vuelto un imperativo en nuestra vida poseer la última versión de tal o cual aparato tecnológico, a tal grado inconsciente, que podremos dejar de lado cualquier otra necesidad frente a la urgencia de convertirnos en felices poseedores del nuevo aparatito, como si no hacerlo nos dejara fuera de la jugada.

La lista es infinita: ¿Qué justifica que una chica compre para el día de su boda tres o cuatro modelos de vestido de novia? ¿Quién marcó esta tendencia como obligada? ¿No sería más inteligente invertir el dinero de los vestidos extra en cubrir otros aspectos del propio matrimonio?
Si nos descuidamos la Globalización se volverá un mercenario movido únicamente por el dinero de los grandes capitales, para despojar a la realidad de cualquier otro aspecto humano.

Bajo el engaño de creernos amos y señores pasaremos a ser lacayos y luego esclavos de nuestra propia creación, lo que me recuerda a otro autor futurista que no debemos dejar fuera: Aldous Huxley, autor de “Un Mundo Feliz”, quien con sobrada razón expresó: “El progreso tecnológico nos ha provisto de maneras muy eficientes para ir hacia atrás”.

¿O cómo la ven…?


EL HILO INICIA EN CASA

El hilo inicia en casa
Internet es una vía de circulación de muy variados contenidos, con escasa regulación, algo así como un ancho bulevar al que tiene acceso cualquier persona, independientemente de su edad, escolaridad, o salud mental.

A sus contenidos puede conectarse un niño de cuatro años que aún no sabe leer y escribir.

Quienes hoy ocupamos las posiciones de padres, abuelos o maestros, no estamos totalmente conscientes de cuán necesario resulta para nuestros menores que alcancemos un nivel de dominio aceptable de los medios digitales.

No se vale quedarnos en la indiferencia de decir “a mí no se me da ese asunto de la computación”, presas del temor y la falta de iniciativa.

Los especialistas en medios a nivel mundial se han percatado de esta necesidad de regular contenidos, particularmente en los temas relacionados con la violencia.

Actualmente están en fase de revisión diversas normas internacionales para diseñar procedimientos que permitan regular la difusión de contenidos violentos, particularmente enfocados a la población de menores de edad.

La exposición continua con asuntos de esta índole puede generar en ellos una tolerancia nada sana, o bien, crear una apología de la violencia, presentando como modelos a seguir personajes o conductas abiertamente criminales.

En días pasados Google denunció ante las autoridades correspondientes el caso de un usuario del estado de Texas que había enviado material asociado con la pederastia.

Lo anterior se logró mediante un sistema electrónico de rastreo de correos electrónicos sensible para determinados contenidos, en este caso de sexo con niños. Rápidamente surgieron protestas de diversos grupos en contra del “Gran Hermano”, exigiendo privacidad y “libertad de expresión”.

En un mundo que ha venido perdiendo el sistema tradicional de normas y límites, para dar pie a un profundo relajamiento de conductas, tal parece que los “derechos humanos” de los criminales buscan posicionarse por encima de los derechos absolutos de los menores, en este caso aquellos en riesgo por razón de prácticas pederastas.

Surge pues la primera pregunta, ¿Es válido espiar correos electrónicos…? Aclarando que no es una lectura que hace un humano del correo de otro humano, sino un sistema de rastreo como el que se utiliza en los dispositivos que filtran nuestros equipos.

A la que se contrapone la segunda pregunta, ¿Es apropiado echar abajo este sistema electrónico de vigilancia encaminado a proteger la integridad de los menores argumentando privacidad?
Otro aspecto de la violencia en el cual es muy necesario sensibilizar se refiere a la de tipo verbal tan característica en diversos foros o “chats”.

Como dicta el sentido común, nadie puede dar lo que no tiene, y lo mismo se aplica en las redes sociales, de manera que hay quien accede a ellas en la mejor disposición de aportar contenidos positivos, desde recetas de cocina, reflexiones de diversos autores, consejos, chistes, o imágenes de paisajes, hasta cuestiones mágicas religiosas que lanza como pócimas o cadenas. Quizá algunos contenidos no sean de nuestro agrado, o nos fastidian, pero queda claro que la intención de quien los manda por la red es buena.

Algo parecido sucede con quienes utilizan las redes para tratar de dañar.

Vuelcan lo que tienen, en este caso intenciones negativas, y amparados detrás de una identidad falsa, ya sea un seudónimo o en su calidad de anónimo, se dedican a “trolear”.

Esto es, hallar invariablemente el punto negativo a cualquier tema, a cualquier personaje, a cualquier iniciativa; desacreditar, “hacer garras” y destrozar todo aquello que aparezca en la red.

Así, de alguna manera cualquiera de estos individuos puede tomar una imagen que involucre a alguien, manipularla para contar una historia posiblemente muy alejada de la realidad, y lanzarla a rodar por el mundo digital.

Así hemos tenido casos de figuras públicas que se han exhibido en las redes sociales de manera temeraria, en una historia contada por personas que por razones obvias no estuvieron directamente en el lugar de los hechos para aseverar si las cosas sucedieron justo como las están presentando en este momento en las redes.

El anonimato concede a esos usuarios la oportunidad de lanzar la piedra y esconder la mano, y contar una historia para hacer el daño sin correr el riesgo de ser descubierto.

El hilo de la violencia en redes inicia en casa, ahí hay que trabajar.

A los mayores nos corresponde perder el miedo al uso de la tecnología por computadora y aprender.

Por otro lado, habrá que fomentar ahí, en el espacio familiar el respeto, y la procuración de la verdad y del bien que tanto necesita nuestro mundo allá afuera.


domingo, 19 de mayo de 2013

290 millones de chavos sin chamba

Casi la población de Estados Unidos, 2.5 veces la de México. 290 millones de jóvenes en el mundo enfrentan hoy un negro panorama.

De acuerdo con un artículo reciente de The Economist, casi la cuarta parte de los jóvenes en el mundo se pueden considerar “nininis”.

Ni tienen empleo, ni están estudiando, ni están en algún programa de capacitación.

La Organización Internacional del Trabajo estima que 75 millones de chavos entre los 15 y 24 años no tienen empleo, el 6% del total. Sin embargo, al considerar a los que no estudian y están inactivos, las cosas empeoran.

La OCDE calcula que 26 millones de jóvenes en países desarrollados son “nininis”; datos del Banco Mundial ubican a otros 260 millones en estado similar. The Economist estima que existen 290 millones de chavos sin chamba.

Cien millones en el sureste asiático, 65 millones en Asia del Este y la región Pacífico, 40 millones en África subsahariana, 35 millones en el Oriente Medio y el norte de África, 20 millones en Latinoamérica y unos 15 millones en Europa y Asia central.

“Muchos de los empleos de los jóvenes son intermitentes o están en la economía informal. Casi la mitad de los jóvenes en el mundo están fuera de la economía formal o contribuyen menos de su potencial productivo”, advierte el semanario.

Como ya lo vimos en un artículo anterior (“Europa y las sombras salvadoras”), la situación del empleo en Europa es patética. Apenas la semana antepasada se dieron a conocer las más recientes estadísticas. Son escalofriantes.

La tasa de desempleo entre los menores de 25 años en los países de la zona euro se ubicó en 23.5%. España sigue en picada total, con un 55.9% de desempleo y le siguen Italia y Portugal con tasas poco mayores a 38%.

Europa no está en llamas gracias a las “sombras salvadoras” de la economía informal y al apoyo de los padres.

La situación en México es de claroscuros.

A finales del año pasado, poco más de 900 mil jóvenes menores de 25 años no tenían trabajo, una tasa de desempleo del 8.9%, cifra menor a la de muchos países.

Sin embargo, el nivel de desempleo entre los chavos mexicanos es 80% superior al 4.91% de la población general.

Habría que sumar unos 700 mil jóvenes que están subempleados, una cifra cercana al 7.5% del total.

De esta forma, alrededor de 1.6 millones de jóvenes mexicanos no trabajan o están subempleados, no estudian y no están en capacitación, el 16% del total.

Sin embargo, el estudio “Educación a Empleo” de la consultora McKinsey estima que el porcentaje de jóvenes “nininis” en México en el año 2011 fue del 23%, el penúltimo lugar entre los países de la OCDE.

El que casi la cuarta parte de nuestros jóvenes esté inactiva es algo muy preocupante, porque hay muchas tentaciones para estos chavos de “buscar ocuparse” en actividades criminales.

Uno de los grandes problemas para la generación de empleos para los jóvenes es la inflexibilidad del mercado laboral en muchos países en desarrollo.

Es por esto que la reforma laboral aprobada en México es tan importante. Todo lo que ayude a que las empresas y trabajadores tengan condiciones más flexibles de contratación y terminación ayudará a crear más puestos.

Al hablar de empleo, no puede faltar el tópico de la educación.

“Investigaciones académicas demuestran que las personas que empiezan su edad productiva desempleados tienen mayor probabilidad de tener menores salarios. Puede representar un costo de 20% en veinte años”, señala The Economist.

Lo peor de todo es que es más probable que los descendientes de estos jóvenes desempleados tengan el mismo destino. Desempleo heredado, por decirlo de algún modo.

Otro aspecto importante es que exista un “match” entre lo que se enseña y lo que requieren los generadores de empleo.

El estudio de McKinsey encuestó a jóvenes con educación universitaria y a empresas para ver qué tan bien preparados estaban para enfrentar los requerimientos de los puestos disponibles.

Mientras que el 77% de los jóvenes creían estar bien preparados, los empleadores tenían una perspectiva distinta: apenas el 40% tenían la preparación adecuada.

Los países con tasas de desempleo más bajo entre jóvenes tienen relaciones cercanas entre el sistema educativo y los generadores de empleo. Alemania, por ejemplo, tiene programas de “aprendizaje” y educación vocacional encabezados por empresas.

En México hay algunos esfuerzos en este sentido, pero necesitan mejorar mucho este tipo de iniciativas.

Si la juventud es nuestro futuro, más vale que nuestros chavos enfrenten un panorama de brillantes colores y no uno negro como el carbón.

En pocas palabras...

“Si la juventud supiera, si la edad pudiera”. Sigmund Freud.

Intuiciones de la reforma energética

En la carrera por las reformas, la energética, será enviada por el Presidente Peña Nieto para su análisis y discusión al Congreso, en el segundo semestre del año.

Por lo pronto, los cambios prometidos por Presidencia son:

1) Expandir el mercado de hidrocarburos a otras regiones del mundo. 2) Apertura a la inversión privada de Pemex. 3) Transformación administrativa de la paraestatal. 4) No a la privatización de las reservas petroleras. 5) Introducir tecnología que México no tiene. 6) Acelerar el crecimiento de la explotación de recursos energéticos para bajar el costo de la electricidad de familias y empresas. 7) Transparentar la actuación de Pemex. 8) Elevar la competitividad.

9) Democratizar la productividad. 10) Garantizar abasto suficiente en gasolina y combustible.

Todavía se mantiene en sigilo hasta cuánto y dónde será permitida la inversión privada y cuánta será extranjera, lo único que se recoge en prensa es que el Presidente Peña Nieto afirma que la paraestatal no será desmantelada ni privatizada en su totalidad.

¿Qué modelo podría seguirse entonces? Todo apunta que tras la fallida experiencia privatizadora y extranjerizadora del sector energético argentino, bien podría copiarse el modelo aplicado en Brasil con Petrobras.

Significaría que en Otoño próximo, el Presidente Peña Nieto incluiría en su iniciativa la creación de una Agencia Nacional del Petróleo como órgano responsable de la regulación, fiscalización y contratación de las actividades del sector; así como la propuesta de un Consejo Nacional de Política Energética, para formular las políticas públicas de energía.

Aunque Petrobras tiene menos años de existencia que Pemex (fue creada en octubre de 1953) es una empresa que ha logrado mantenerse a la vanguardia.

En el mundo petrolero, la experiencia de Petrobras es vista con éxito. El año de 1997 fue el parteaguas para la petrolera con la Ley 9478. Ese año además Brasil ingresó en el grupo de los 16 países con capacidad para producir más de un millón de barriles de petróleo diarios.

La Ley 9478 asienta que Petrobras es una sociedad de economía mixta vinculada al Ministerio de Minas y Energía, cuyo objeto consiste en realizar la investigación, exploración, refinación, proceso, comercio y transporte de petróleo, de sus derivados, de gas natural y de otros hidrocarburos líquidos.

El nuevo esquema que adoptó Brasil para su industria energética fue muy inteligente y una salida eficiente. Petrobras tiene un carácter mixto con un capital social dividido en acciones ordinarias, con derecho a voto, y acciones preferenciales sin derecho a voto.

En cuanto a la exploración y la explotación de los recursos, el Estado sigue teniendo los derechos en materia de petróleo y gas natural en territorio nacional, incluyendo la parte terrestre, el mar territorial, la plataforma continental y la zona económica exclusiva, quedando su administración bajo la responsabilidad de la Agencia Nacional de Petróleo.

Así es que la agencia tiene un rol fundamental en la política energética de Brasil por qué es el órgano que toma la decisión de las licitaciones, permisos, concesiones o contratos.

La ANP autoriza la exploración de petróleo y gas en territorio brasileño con la restricción de que si la empresa que obtuvo el permiso encuentra petróleo y gas, entonces someterá ante la agencia una serie de planes y proyectos para obtener la aprobación para explotar los recursos. La Agencia Nacional de Petróleo es la que decide si el concesionario pasa o no a la segunda parte, la de la explotación de los recursos.

En actualidad, Petrobras obtiene más de 100 mil millones de dólares de ingresos.

A Colación

Hasta el momento la única duda es cómo irán a despetrolizar las finanzas públicas dependientes de los ingresos fiscales de Petróleos Mexicanos.

De una u otra forma siempre se está dependiendo del llamado “oro negro”. En la década de los ochenta, el petróleo fue el principal atractivo de la balanza comercial del país. En ese entonces el reclamo constante de los analistas fue en el sentido de que México tenía una balanza comercial petrolizada, que descansaba en la monoexportación y monoproducción.

Sin embargo, en la actualidad, después del GATT y el TLCAN, tenemos un gran salto cualitativo y cuantitativo en la balanza comercial que derivó de acelerar la producción manufacturera.

Lo que resta es dar cauce al gran reto de despetrolizar las finanzas públicas o al menos darle una viabilidad a Pemex para que pueda recuperar para su propia administración una parte de lo que ingresa por su actividad. ¿Lo conseguirá Peña Nieto?

viernes, 6 de abril de 2012

¿Qué es la OCDE?

En los últimos años en nuestro país el término de la OCDE se emplea con gran regularidad, de ello dan cuenta la innumerable cantidad de artículos y declaraciones que la citan en aspectos de índole económico y en otros más de tipo educativo; la OCDE es un organismo multinacional que nace a partir del surgimiento de la Organización Europea de Colaboración Económica, misma que se funda en 1947 con el objetivo de poner en practica el Plan Marshall al final de la Segunda Guerra Mundial, a efecto de realizar la reconstrucción de Europa y con ello, además detener el avance comunista en este continente.

Mediante este sistema los distintos países europeos que quedaron fuera de la órbita comunista reconocieron la estrecha interdependencia de sus relaciones económicas y de sus propias economías, principios que permitieron iniciar una nueva etapa de cooperación entre las naciones capitalistas de este continente. Debido al éxito alcanzado y con la perspectiva de desarrollar estos principios de cooperación entre las naciones a escala global, posteriormente, tanto los Estados Unidos como Canadá se adhirieron a los miembros de la OECE, en la suscripción de un nuevo convenio, el de la OCDE, mismo que sería signado el 14 de diciembre de 1960, situación que daría lugar al nacimiento oficial de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el 30 de septiembre de 1961.

Posteriormente otras naciones se unieron a esta organización, como Japón, México, India y Brasil, por citar solo algunas. En la actualidad el secretario general que la preside es el mexicano José Ángel Gurría, 34 estados soberanos forman parte de ella y mediante la colaboración entre los mismos identifican, discuten y analizan las distintas problemáticas que se presentan con el fin de resolverlas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con sede en París, Francia, tiene como misión él promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo y es un espacio en donde los gobiernos trabajan de manera conjunta para compartir experiencias y buscar soluciones a problemas comunes en materias principalmente económicas y sociales.

Dicha organización tiene mÁs de 50 años de existencia y nuestro país forma parte de ella como el miembro número 25, desde el 18 de mayo de 1994. Fue Carlos Salinas de Gortari, durante su Presidencia de la República, quien emitió el decreto de promulgación de la Declaración del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos sobre la aceptación de sus obligaciones como miembro de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos, mismo que fue publicado en el Diario Oficial de la Federación el 5 de julio del mismo año.

Al día de hoy la OCDE se ha establecido en uno de los foros mundiales más prestigiosos, en el que se analizan y se generan orientaciones sobre temáticas de relevancia internacional como economía, educación y medioambiente e invariablemente se quiera o no reconocer se emiten directrices de tipo económicas y políticas a naciones de todo el mundo en beneficio de los grandes capitales financieros.

martes, 19 de abril de 2011

GLOBALIZACIÓN

Globalización
Alejandra Trejo
alejandra.trejo@uadec.edu.mx
Investigadora del CISE.

Es ya muy difundida la idea de la globalización como generadora de nuevas tendencias y relaciones en distintas esferas y niveles de nuestras vidas. Se ha dicho que la globalización implica efectos en aspectos cotidianos de la vida de los individuos y grupos sociales a los que pertenecen, y en el medio en que se desenvuelven. Así, la globalización ha afectado tanto la cultura como la situación económica, no sólo de países sino de individuos. Los patrones de consumo, por ejemplo, están inmersos en procesos dinámicos de transición determinados por fuerzas de carácter transnacional que han arrojado una tendencia de preferencias cambiantes como respuesta a, o como resultado de la misma globalización. Tal dinámica ha sido en parte alimentada por cambios sociales sufridos por los consumidores finales –cambio en los ingresos, creciente urbanización, continua incorporación femenina al mercado de trabajo, etc.- así como por modificaciones en las formas de producción y distribución -publicidad, creación de distintas variedades y presentaciones, etc. Pero además el comercio internacional y la inversión extranjera directa (a través de transnacionales y supermercados globales como Wal-Mart) han sido vehículos fundamentales de implementación y cambio de patrones.

En México, por ejemplo, en las últimas décadas se ha dado una transición en la cual patrones alimentarios tradicionales han sido progresivamente reemplazados por una alimentación más “occidental”. Formas de compra similares a las existentes en Estados Unidos se adoptan crecientemente en nuestro país. Los estados del norte son ejemplo claro donde el consumo de alimentos procesados y/o preparados gana peso relativo. Se generaliza la implantación de una dieta caracterizada por su alto contenido de calorías, alimentos de origen animal, grasas y azúcares, con la hamburguesa, las papas fritas y la soda como menú “moderno” típico. Estas tendencias nos han llevado a la cabeza entre los países con mayores niveles de obesidad adulta e infantil. Se trata de un problema de salud pública que tiene además efectos económicos dada la disminución en la productividad de los trabajadores, el incremento en el ausentismo en el trabajo así como por el creciente gasto que implica a los sistemas de seguridad social atender problemas de salud relacionados con la obesidad.

Un tema relacionado, pero que en México ha tenido relativamente poco impacto, es el establecimiento de formas sustentables de producción y consumo. El sistema productivo se ve ante el problema de mejorar sus niveles de competitividad y mantener, al mismo tiempo, estándares sanitarios y de salud en sus productos y en formas de producción que sean ecológicamente deseables. Los consumidores por su parte, esencialmente aquellos con una mayor educación ecológica y nutricional, también se enfrentan al dilema de adquirir productos baratos o aquellos que, aunque un poco más caros, son producidos de forma sustentable y que además conservan características más deseables en términos sanitarios y nutricionales (productos orgánicos). Éste es un segmento poco explorado y potencialmente importante para los pequeños productores que enfrentan el poder de las grandes transnacionales así como una opción más para los consumidores informados.