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domingo, 13 de noviembre de 2016

ZAPALINAMÉ, LA LEYENDA

Zapalinamé, cuenta la leyenda…
A propósito del muro verde que se está “construyendo” para proteger la sierra Zapalinamé, nuestro gigante dormido representa mucho para Saltillo y el sureste de Coahuila, no sólo desde el punto de vista ecológico, sino incluso histórico y mitológico, dado lo que cuenta la leyenda, recopilada por don Juan Marino Oyervides Aguirre en su libro Relatos y Leyendas del Saltillo Antiguo, aquí se las dejo:
Zapalinamé
A la montaña al oriente del Valle de Saltillo, la voz del pueblo le ha dado varios nombres: del Cuatro, del Muerto o del Dormido; no obstante los antiguos originalmente lo conocieron e identificaron como de Zapalinamé en honor al caudillo de la tribu regional de los huachichiles que dieron batalla a los fundadores de la Villa de Santiago a fines del siglo XVI.
La colonización española en la comarca nunca fue fácil, los historiadores hablan de que incluso algunas veces Saltillo fue abandonado, la resistencia que opusieron los huachichiles y borrados, parcialidades chichimecas fue denodada, muy a su manera, y en ocasiones sin dar ni pedir cuartel.
Guardando las proporciones, aquí también se dieron caudillos que, como Cuauhtémoc, “El Águila que Cae”, prefirieron luchar, o al menos mantener la libertad antes que rendirse a los blancos. Maquisaco, Maquemachichihuac, Cilapán y por último Zapalinamé fueron, entre otros, los que lo hicieron, y si bien aquí no se dieron épicas batallas o lances heroicos en comparación con los que sucedieron en el Valle de México, la gallardía de los caudillos mencionados, por un lado, y el arrojo y la valentía de don Francisco de Urdiñola por el otro, están probados por lo que consignan las crónicas del pasado.
Los alzamientos de los huachichiles y borrados en la región fueron periódicos, entre los que destacan los de 1580 y 1586, en este último año, Zapalinamé y Cilapán asolaron el valle y de plano desbordaron la escasa guarnición de la villa. Después dieron otra batalla en las cercanías, en la que la victoria quedó indecisa y el poblado en gran peligro.
En esos lances se dice que llegaron a destruir un convento franciscano de reciente creación; hay que anotar que la actitud de los indígenas estaba bien justificada, pues los españoles eran muy inclinados a tomarlos como esclavos. Después de aquellos sucesos, don Francisco de Urdiñola y don Diego de Aguirre decidieron partir de Saltillo a abatir a los caudillos, siendo tan dura y difícil la refriega que, aunque el triunfo correspondió a los castellanos, Urdiñola decidió hacer un llamado diplomático y conciliador para los arreglos de la paz, sabedor el hispano de que les había ganado una batalla, mas no la guerra. Los caudillos aceptaron, no obstante Zapalinamé sabía por experiencia que concertar la paz con los blancos era una circunstancia muy volátil, y que así como se acordaba un día, se esfumaba los subsecuentes.
Después del tratado, el líder de los aborígenes trató de vivir en Saltillo a petición de Urdiñola, pero no se acomodaba a la cultura y tradición castellanas por un lado, y por el otro también empezó a ver cómo los españoles tendían a maltratar a su gente, así como a los indígenas de otras parcialidades chichimecas, como los pachos y rayados.
Otro aspecto que no era muy de su agrado era el ver cómo los habitantes del poblado hispano se apoderaban del agua cuyos manantiales regaban y hacían fértil la flora y fauna del valle, y todo eso aparte de alterar la ecología circundante, iba en detrimento de los suyos, pues conocedor del medio, sabía que en adelante las piezas de caza se retirarían haciendo aún difícil la vida a los huachichiles y borrados.
Viendo todo aquello y reflexionando que le era imposible acabar con el poblado de los intrusos, el caudillo un día organizó a los suyos por la noche y con sigilo abandonaron la villa, remontándose de nuevo a las serranías más próximas, prefiriendo vivir libres el resto de sus días en lo agreste de las montañas del oriente de Saltillo.
Cuenta la leyenda que unos años después murió el caudillo en la cima de una de ellas, y que los suyos lo tendieron con la cara al sol, como fue su actitud ante las adversidades, y entonces sucedió un fenómeno particular fantástico: viendo los elementos la gallardía y el orgullo que mostró ante la vida aquel indio, en su honor agigantaron su figura tomando sus formas la montaña cubriéndolo de rocas, de tal manera que aún se aprecian su penacho, su cabeza, su amplio pecho, su brazo derecho, sus pies, en fin, todo su cuerpo tendido; quedando así acompañándonos por los siglos de los siglos, hasta la consumación de los tiempos.

sábado, 25 de julio de 2015

SALTILLO - Así llegamos al 438

SALTILLO - Así llegamos al 438
Hoy comienzan los festejos por un aniversario más de nuestra ciudad. Los eventos que se realizarán en los próximos días prometen traer un buen espectáculo a los habitantes de la capital, los discursos no se harán esperar y los negocios tienen la esperanza de obtener buenas ventas.

Dejando a un lado todo el júbilo y la alegría de las fiestas, de manera seria y objetiva nos hemos puesto a reflexionar en cómo hemos llegado a este aniversario y en qué se ha convertido nuestra ciudad. Por ello lanzamos la pregunta: ¿Es la ciudad en la que queríamos que se convirtiera?

Con los años, la mancha urbana se ha ido extendiendo cada vez más; las colonias que se encuentran en la periferia resultan desconocidas para la mayoría, por su lejanía; comúnmente escuchamos frases como “el sur de la ciudad, es otra ciudad”, “hay que salir con tiempo, está lejos”, y “no conozco por esos rumbos”.

Algunos piensan que deberíamos alegrarnos por tener una ciudad grande, que es sinónimo de modernidad y progreso; sin embargo, al hacer números, la mayoría de las personas que vive en Saltillo viene de fuera, y poco a poco nuestra cultura y hábitos han ido cambiando. Esto no es malo, la diversidad nos hace crecer, pero hay un error fatal en el crecimiento… Es demasiado para tan poco tiempo.

La Región Sureste de Coahuila se ha caracterizado por el gran impulso que ha dado al país en el ramo manufacturero y automotriz, somos motivo de orgullo, y claro, Saltillo es hogar de muchos de los trabajadores que día con día consolidan dicho progreso.

Las nuevas colonias tuvieron que surgir para dar abasto a la necesidad de vivienda, sin embargo, ahora el abasto de agua se ha vuelto tema que nos preocupa; nos dicen que está garantizada para los próximos tres o cuatro años, ¿y después?

Los empleos creados se encuentran sumamente lejos de los hogares de los trabajadores, algunos tardan hasta una hora o más en llegar a su destino. Las horas pico se han vuelto cada vez más largas y complicadas y cada vez vemos a menos personas caminar por las calles: se ha vuelto una ciudad de carros.

La visión de nuestra ciudad para quienes conocimos el Saltillo antes del boom industrial es como una película de ficción, pareciera que viajamos siglos en el tiempo y nos encontráramos en un lugar completamente diferente, ya no encontramos con frecuencia a nuestros conocidos y vivimos rodeados de nuevos hábitos. Es un mundo acelerado de nuevos negocios y productos por doquier.

Las prisas se han vuelto algo de todos los días: personas tratando de llegar a tiempo al trabajo y a dejar a sus hijos en la escuela, embotellamientos que hacen olvidar la cultura vial y uno que otro estacionado en doble fila. Nos atrevemos a decir que el estrés y la agresividad al volante parecen estar muy relacionados.

La competencia se ha vuelto voraz, las tiendas de autoservicio, clubes y supermercados con ofertas al por mayor, cuyo objetivo es convertirse en el preferido, inundan el mercado con productos cada vez más baratos para hacer quebrar a los demás (dumping). Ya han acabado con muchos negocios tradicionales; la competencia es buena, pero no a tal grado.

Hoy la mayoría de las personas vive estresada, los problemas de las grandes ciudades han llegado a nuestro Saltillo y nos queda preguntarnos: ¿Esto es bueno? ¿O estaríamos mejor siendo una ciudad pequeña? Quizá el problema fue que crecimos demasiado rápido y superamos la capacidad que tenía nuestra ciudad. En fin, un año más debe alegrarnos y motivarnos a mejorar, pese a las dificultades.


El santo cristo del ojo de agua

El santo cristo del ojo de agua
La fundación de Saltillo está relacionada con el ojo de agua donde hoy está la iglesia del Santo Cristo, del barrio más tradicional y antiguo llamado Ojo de Agua. Se afirma que existen fuentes fidedignas y documentos muy verosímiles de que la fundación de la ciudad de Saltillo fue en el ojo de agua”. 

El párroco de la iglesia, José Luis del Río y Santiago, afirma: “Tengo en mi poder documentos que fueron sacados del Archivo General de la Nación (AGN), donde se consta que un 25 de julio de 1555, Urdiñola fundó lo que él llamó presidio de Santiago del Saltillo del Ojo de Agua”.
 

Sigue: “Urdiñola había recibido la orden del virrey de España de fundar presidios y colonias en esta zona norte de la República porque había mucha inseguridad para el paso de las expediciones hacia el norte, ya que eran atacados por los indios.
 

Por lo que ordenó pacificar esa zona con la fundación de presidios y colonias”.
 

La construcción de la parroquia se inició por 1894 y aunque se le han hecho algunas restauraciones, ha adquirido en más de cien años una gran notoriedad, se ha convertido en un espacio histórico.
 

La iglesia del Santo Cristo del Ojo de Agua se remodeló en 1947, en 1957 y en el 2000, en este último año con un gran arco conmemorativo para festejar el año santo milenario y la fundación de Saltillo, desafiando la polémica del año de fundación, luciendo 1555, en lugar de 1577, además, una gran cruz atrial que mide 12 metros de altura, así como la restauración del templo totalmente tanto en lo exterior como el interior y el mismo campanario, desde entonces ya no se le ha hecho nada.
 

El padre Del Río y Santiago afirma que el templo del Ojo de Agua está registrado como monumento nacional, por razón de la fundación de la ciudad en el manantial del ojo de agua, que yace ahí perfectamente cuidado y que está dentro del atrio de la parroquia, manantial que se bendice dos veces al año.
 

El agua brota del interior de la tierra proveniente de la sierra y es agua potable”. En 1926 dos feligreses de la parroquia, viajaron a Roma y en una casa de artículos religiosos de Rosa Caucarelli, hicieron el pedido por escrito de un Cristo de tamaño natural, muerto, artísticamente esculpido y con maderas finas de Los Alpes.
 

El costo fue de unas tres mil liras. Fue recibido en el puerto de Veracruz en el navío “Vilorio Benetto”, y un 25 de septiembre de 1927 lo trajeron al Ojo de Agua.
 

Quien llega a subir al templo del Ojo de Agua sabe que su cansancio no es en balde.


LOS TLAXCALTECAS DE SALTILLO

Los Tlaxcaltecas de Saltillo
El capitán don Francisco de Urdiñola dio posesión el 13 de septiembre de 1591, a los tlaxcaltecas que se decían nietos y descendientes de Xicoténcatl “el viejo”, de los terrenos que los españoles habían cedido para ellos y fundaran San Esteban de la Nueva Tlaxcala, a un costado de la villa de Santiago del Saltillo. 

Fueron testigos de elegir el sitio más adecuado para edificar la nueva población: El jefe tlaxcalteca don Buenaventura de Paz, el gobernador de los colonos tlaxcaltecas don Joaquín de Velasco, el instructor religioso fray Juan Terrones y su compañero fray Cristóbal de Espinoza, jefes de los colonos tlaxcaltecas y las autoridades de la villa del Saltillo.
 

Acordaron que la fundación se hiciese al poniente de esta última villa, calle de por medio, señalando lugar para plaza, casas reales, iglesia, convento, huertas y anexos en el terreno comprendido entre las calles de Victoria al sur, Manuel Pérez Treviño al norte, Allende al oriente y Manuel Acuña al poniente.
 

En el acto de fundación se echaron al vuelo las campanas, único rastro que quedaba del destruido convento del padre Gavira y se plantó la cruz de la fundación del lugar, que después se conoció como laza de la cruz, que hoy ocupa un conocido Banco.
 

El día 17, Urdiñola dio posesión a los religiosos del terreno de la fundación y a 71 indios casados y 16 solteros, de terrenos para casa y huertas; tres leguas de tierra con sus aguas y 20 caballerías, de tierra de labor.
 

Sus nuevas autoridades fueron nombradas, recayendo los nombramientos en don Buenaventura de la Paz como jefe principal; don Joaquín de Velasco como gobernador; don Antonio de Naveda como alcalde; regidor, Gaspar Cleofas; alguacil mayor, Lorenzo de Aquino; y como fiscal de la iglesia y regimiento, Tomás de Aquino.
 

La llegada de los tlaxcaltecas, expertos agricultores y hábiles artesanos, tuvo una gran influencia en la villa del Saltillo; los montes y pastizales se convirtieron en laboríos y huertas, apaciguando a los grupos chichimecas de la región que se dedicaban a la guerra y el pillaje.
 

Los colonos tlaxcaltecas fueron muy bien recibidos por los españoles de Saltillo, quienes habían cedido espontáneamente sus mejores tierras y suficiente agua, convirtiéndolas en un emporio de producción.
 

Fray Agustín de Morfi, en su obra Crónica de Nuevo México y Viaje de Indios, dice que al llegar a Saltillo se dio cuenta de que “gracias a la actividad de los tlaxcaltecas, no existía un palmo de tierra improductiva sin cultivo.
 

Las frutas, las legumbres, la leche, los huevos que se consumían en la villa, eran productos de la colonia tlaxcalteca”. (Las Cosas de Coahuila, columna periodística de Álvaro Canales Santos)
La Cultura Tlaxcalteca
La religión de los tlaxcaltecas era muy semejante a la de los aztecas. Tenían un Dios principal: Camaxti, equivalente a Huitzilopochtili y era el dios de la guerra y la caza.

Su culto no era tan cruel como el de los aztecas, ya que los sacrificios se realizaban en voluntarios o con prisioneros de guerra y con mucha frecuencia los inmolados eran animales. Su idioma era el náhuatl, que hablaban con más corrección que ningún otro grupo nahaloide.
 

La familia se formaba por el padre, la madre y la prole. Normalmente el individuo era monógamo y solo los señores podían tener una esposa y varias concubinas, aunque a los hijos de todas se les consideraba legales.
 

Las reglas morales eran muy estrictas, el hombre debía casarse antes de los 22 años o era rapado y expuesto al escarnio público.
 

El robo, el adulterio y la mentira, al igual que la embriaguez y las faltas a la moral, eran castigados severamente.
 

Los hijos a partir de los 5 y 6 años eran educados en el hogar con estricto apego a la moral.
 

Una vez pasada la infancia eran enviados a colegios para ser educados por asesores y sacerdotes en distintas disciplinas. A los hijos de los nobles se les enviaba al Calmecac y a los plebeyos al Tepochcalli.
 

Había colegios para mujeres en donde se les enseñaba la educación moral, las artes, la cocina, el tejido, etcétera, tratando siempre que fueran agradables y útiles a sus esposos.
 

La base de su alimentación era el maíz, complementada con el frijol, el chile, la calabaza, algunas legumbres, tubérculos, flores, frutos y semillas.
 

El maguey le proporcionaba el agua miel y el pulque.
 

Sus pencas cocidas en barbacoa le proporcionaba el mezcale, que al fermentarse producía el mezcal.
 

La tuna del nopal se comía seca y cruda durante la temporada, la baya del mezquite les servía para fabricar el mexquitamal o panes de gran poder nutricional. Consumían carne producto de la cacería y de animales domésticos como el pavo o perrillos, que eran criados para servir de alimentos, engordados y sacrificados para las grandes ocasiones.

La cocina típica del noreste conserva en sus principales platillos la herencia tlaxcalteca: las tortillas, las chalupas y las gorditas pellizcadas nos recuerdan la palabra tlaxcalteca, significa comedor de maíz o de pan de maíz.
 

Los chicales, el atole de masa, los tamales tienen el mismo origen; el mole, el pipián, el pan de pulque, el esquite, la calabaza con elote y el pulque, no pueden negar que son herencia de la colonización tlaxcalteca.
Los conquistadores Tlaxcaltecas
El virrey de la Nueva España, don Luis de Velasco decidió enviar colonias indígenas para que defendieran los nuevos poblados, en particular el pueblo tlaxcalteca, excelentes guerreros, el principal aliado de los españoles durante la conquista y la mayor parte de ellos se habían convertido en cristianos. 

Se realizaron negociaciones con don Gregorio Nanciaceno, jefe de los tlaxcaltecas, quien acordó proporcionar 400 hombres casados, con sus familias para colonizar la zona chichimeca.
 

Ellos serían considerados como conquistadores, caballeros e hidalgos, tendrían el derecho de anteponer el título de “don” a su nombre, podrían montar a caballo y portar armas, estarían exentos de tributo, servicio personal y alcabalas, sus poblados estarían separados de los españoles, de los chichimecas y de otros indígenas, además de tener su propio gobierno, excluyendo de él a los españoles.
 

Solo dependerían de la real audiencia de Guadalajara en lo religioso y en lo judicial, en lo político y en lo militar exclusivamente del virreinato: Serían dotados de tierras y solares para labrar y edificar, tendrían derecho sobre estancias, ríos, pesquerías y salinas, además de construir molinos.
 

Sus mercados o “tianguis” estarían exentos de impuestos durante 30 años y durante dos, se les proporcionarían alimentos, arados e implementos agrícolas.
 

Estas concesiones jamás dadas a otros pobladores por los conquistadores, se desprende el elevado concepto que el Gobierno español tenía del pueblo tlaxcalteca.
 

Que fuertes y valerosos, se caracterizaban por su amor al orden y a la paz, por su elevada moral y respeto a las leyes, tenían un alto grado de cultura, eran amantes de las ciencias y las artes y fieles cumplidores de los preceptos cristianos.
 

En Tololán se reunieron 104 hombres, 90 mujeres y 46 niños del señorío de Ocotelulco; 90 hombres, 80 mujeres y 29 niños del señorío de Quiahiztlán; 100 hombres, 84 mujeres y 9 niños del señorío de Tepetícpac y 90 hombres, 80 mujeres y 59 niños del señorío de Tizatlán.
 

Estos ultimo se ufanaban de ser nietos y descendientes de Xicoténcaltl, “el viejo”. Iniciaron su viaje en 109 carretas el 6 de julio de 1591 para cruzar la altiplanicie mexicana.
 

La primera colonia que fundaron fue Tlaxcalilla en San Luis Potosí, luego la de Colotlán, luego se regresaron un poco al sur en Cuezillos, donde acordaron que los provenientes de Tizatlán, los que se decían descendientes de Xicoténcatl, fueran a fundar una colonia junto a la Villa de Santiago del Saltillo, que luego fue San Esteban de la Nueva Tlaxcala.
 


FUNDACIÓN DE SALTILLO

Saltillo –I parte, su fundación-
Desde el reino de la Nueva Vizcaya llegó un grupo de españoles encabezados por el joven capitán Alberto del Canto. 

Según un informe que hizo el cosmógrafo real a Felipe II, aparece el nombre de Saltillo al final de una lista de poblaciones fundadas antes de 1574.
 

Por otra parte, muchos aceptan el año de 1577 como el de la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo del Ojo de Agua, por ser el año en que llegó Alberto del Canto y como el 25 de Julio, es el día de Santiago Apóstol, el santo más venerado en España, donde se asegura que en el momento de la fundación don Francisco de Urdiñola mandó plantar una cruz en el sitio que juzgó idóneo para crear la villa, una costumbre que tenían los españoles al establecer un poblado.

No se especifica el día ni el mes en que llegó Alberto del Canto a la villa de Santiago, solo que fue en 1577.
 

Lo que sÍ se sabe es que el grupo estaba constituido por 16 familias, que llegaron con sus hijos, sus sirvientes y sus esclavos, aunque algunos estiman que eran un centenar de personas.
 

En 1951, el historiador W. Jiménez Moreno halló en el archivo del Parral, Chihuahua, que fue también capital de la Nueva Vizcaya, el expediente relativo a un pleito sobre límites entre aquella provincia y el Nuevo Reino de León, promovido en 1643.
 

En este litigio, conocido como “documento del Parral”, se dice que el capitán Alberto del Canto, comisionado por el gobernador Martín López de Ibarra fundó, en 1577, la villa de Santiago del Saltillo. Se expresa también que el mismo Capitán avanzó hacia el noreste descubriendo el Valle de la Extremadura, donde hoy está Monterrey y que estableció, en el mismo año, un lugar que llamó Santa Lucía.
 

Como de este suceso existe solo la referencia habría que considerar esa fundación sólo como un asentamiento.
 

En 1976, el gobernador Óscar Flores Tapia pidió a un grupo de historiadores estudiar el documento de Parral, quienes establecieron que los datos eran fidedignos, entonces se determina como oficial el 25 de julio de 1577, como el de la fundación de Saltillo.
 

Los primeros pobladores de Saltillo se dedicaban a la agricultura y a la ganadería menor.
 

Durante varias décadas Saltillo se constituyó como la puerta del avance español al noreste.
 

Sin embargo, los nuevos pobladores fueron atacados por los indios que habitaban en los alrededores y la villa estuvo a punto de desaparecer; en 1581 varias familias se refugiaron en Mazapil y en Durango.
 
Saltillo –II parte, Los Tlaxcaltecas-
Debido al lento avance de la villa y al temor de que los indios comenzaran a causar molestias a los pobladores españoles, se decidió traer a la comunidad un grupo de tlaxcaltecas para que cultivaran las tierras del valle y sirvieran de ejemplo a los nómadas de la región. 

El 2 de septiembre de 1591 llegaron a la villa de Santiago de Saltillo, 245 personas que formaban 71 familias procedentes de Tlaxcala, entre ellas 102 hombres y 85 mujeres, 38 niños y 20 niñas.
 

Fueron asentados en un área separada de los españoles, para lo cual se fundó el pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala.
 

Recibieron tierra, ganado e instrumentos de labranza y permiso de portar armas.
 

Sembraron trigo y maíz, huertos de manzanos, duraznos, membrillo y nogales.

Introdujeron la cría de borregos y con su lana fabricaron frazadas y nacieron los famosos sarapes.
 

En 1592 edificaron la iglesia más antigua que existe en la ciudad, la de San Esteban.
 

La villa de Santiago del Saltillo y el pueblo de San Esteban estaban separados por una acequia que corría por donde ahora existe la calle de Allende y eran independientes en sus autoridades civiles y en las religiosas, aunque estaban unidas en la defensa contra los nómadas, la comercialización de sus productos y las fiestas importantes.
 

El crecimiento fue acelerado y hubo frecuentes conflictos por las tierras y agostaderos entre los españoles y los tlaxcaltecas.
 

Muchos de ellos, tlaxcaltecas y españoles, salieron de Saltillo para fundar y consolidar otras poblaciones como Parras, Viesca, Monclova, Nava, Nadadores y Candela en Coahuila; Monterrey, Guadalupe, Bustamante y Villa Aldama en Nuevo León e incluso San Antonio en Texas.
 

La riqueza de la región propició la feria del Saltillo, una de las más famosas de la Nueva España durante la época colonial que se celebraba en octubre de cada año.
 

En el último cuarto del siglo XVIII se construyó la actual Catedral y la capilla del Santo Cristo con piedra sedimentaria y cantera blanca.
 

Este monumento integra corrientes del barroco, el salomónico, el estípite y el anástilo y fue concluida en 1800. Su torre, de estilo neoclásico, fue terminada en 1897.
 

A finales del siglo XVIII, casi simultáneamente a la catedral, se edificaron los templos San Francisco, una capilla anterior a la actual San Juan y una ermita donde ahora se ubica el Santuario de Guadalupe; además de la Capilla de Landín y el templo El Calvario.
Saltillo –III parte–
En octubre de 1810 los arrieros que llegaron a la famosa feria de Saltillo e informaron a los vecinos del levantamiento de armas del cura Hidalgo contra el Gobierno español. 

España reaccionó al movimiento de independencia y creó las Cortes de Cádiz para permitir la participación de sus colonias en asuntos legales y administrativos.
 

Saltillo envió al padre Miguel Ramos Arizpe como representante de su distrito.
 

En 1821, tres meses antes que se hiciera el acto oficial de independencia en la Ciudad de México, el Cabildo de Saltillo declaró la independencia, ovacionada con gritos del pueblo en la plaza de armas.
 

Después de la independencia, la villa de Santiago del Saltillo fue bautizada como Leona Vicario con la categoría de ciudad, y el pueblo de San Esteban cambió su nombre por el de Villalongín, en honor a un insurgente michoacano. Sin embargo, los nombres no prevalecieron y en 1827 se integraron como una sola población con el nombre de Saltillo.
 

En ese año la Capital de Coahuila se trasladó de Monclova a Saltillo y desde entonces tienen aquí su sede los poderes ejecutivo, legislativo y el judicial.
 

En 1835 Texas se levantó en armas para independizarse de México.
 

El general Antonio López de Santa Anna, al frente del ejército nacional pasó por Saltillo rumbo a San Antonio.
 

Durante su estancia en Saltillo decretó la creación de la hoy famosísima Alameda.
 

En 1867 se creó el Ateneo Fuente una de las primeras instituciones de educación superior en el norte del país.
 

Años después, se creó la Escuela Normal del Estado para maestros.
 

La vida de la ciudad cambió bruscamente al arribar el ferrocarril en 1880, después la electricidad, el telégrafo, el teléfono y el automóvil. Hacia 1923 se fundó la actual Universidad Agraria Antonio Narro.
 

En los años cincuenta se creó el Instituto Tecnológico de Saltillo y la Universidad Autónoma de Coahuila.
 

Y dos décadas más tarde, la Universidad Autónoma del Noreste y el campus Saltillo del Tecnológico de Monterrey.
 

La vida agrícola de Saltillo en la segunda mitad del siglo XX se fue transformando rápidamente hacia la actividad industrial; las enormes huertas desaparecieron y las industrias dominan el paisaje de hoy.
 

Saltillo tiene ya 438 años de existencia, pero Saltillo es hoy por hoy, una de las mejores ciudades de México, conocida por su bella arquitectura y la calidad de sus instituciones educativas como la Atenas del Norte o la Atenas de México.


viernes, 24 de julio de 2015

La Diócesis De Saltillo


La Diócesis De Saltillo

El territorio que hoy ocupa el estado de Coahuila fue agregado al obispado de Guadalajara, que había sido creado el 13 de julio de 1548, teniendo como cabecera la catedral de La Asunción de María Santísima de la ciudad de Guadalajara. 

Así se fueron agregando paulatinamente las misiones que se fueron fundando. Como su extensión era inmensa, se solicitó a Roma su división.
 

El 28 de septiembre de 1620 se creó la Diócesis de Durango, que tiene como cabecera la catedral de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Durango y la parte sur de Coahuila pasó a formar parte de ésta, mientras que las partes del centro y norte, siguió perteneciendo a la de Guadalajara.
 

El Papa Pío VI, erigió el obispado de Linares el 15 de diciembre de 1777, que tenía como sede la catedral de San Felipe Apóstol de la ciudad de Linares, Nuevo León y comprendía los actuales estado de Tamaulipas y Nuevo León.
 

El 30 de octubre de 1891 se erige la nueva Diócesis de Saltillo formada por parroquias que fueron separadas de las Diócesis de Linares, Durango y Zacatecas.
 

De Linares: las de Santiago y San Esteban de Saltillo y las de Arteaga, Ramos Arizpe, Candela, Monclova, San Buenaventura, Nadadores, Cuatrociénegas, Santa Rosa, San Fernando, Nava, Piedras Negras, Río Grande, Progreso y la recién erigida de Sierra Mojada. De Durango: Álamo (Viesca), Matamoros de la Laguna y Parras. De Zacatecas: La de Encarnación, Tanque de la Vaca, La Ventura y San Carlos.
 

La parroquia de Santiago de la ciudad de Saltillo fue erigida catedral y como administrador apostólico a don Santiago de la Garza Zambrano, que fue luego convertido en el primer obispo de la Diócesis de Saltillo el 19 de julio de 1893, y se mantuvo en el cargo hasta el 17 de febrero de 1898, en que fue cambiado a la Diócesis de León.
 

En 1895, la Diócesis tenía la catedral, un seminario y 23 parroquias: San Esteban en Saltillo, San Nicolás Tolentino de Ramos Arizpe, San Isidro Labrador de las Palomas de Arteaga, San Francisco de Asís de General Cepeda, La Asunción de Santa María de las Parras de Parras, la de la ex hacienda El Rosario, municipio de Parras, Nuestra Señora del Refugio de Matamoros, San Pedro Apóstol de San Pedro, San Miguel del Porvenir de la ex hacienda del Porvenir (municipio de Francisco I. Madero), Nuestra Señora de Guadalupe de Torreón, Nuestra Señora del Refugio de Sierra Mojada, Nuestra Señora de Guadalupe de Monclova, San Vicente Ferrer de Abasolo, Santo Patrono de San Buenaventura de San Buenaventura, Nuestra Señora de las Victorias de Nadadores, San José de Cuatrociénegas, San Carlos Borromeo de Romero Rubio (Candela), San José de Progreso, Santa Rosa de Lima de Múzquiz, San Fernando de Rosas de Zaragoza, Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras) y Dulce Nombre de Jesús de Rosales (Villa Unión).
 

La sede episcopal estaba en el Colegio de San Juan Nepomuceno. Don José María Portugal y Serratos tomó posesión como el segundo obispo de la Diócesis de Saltillo el 4 de abril de 1898, llegó procedente de la Diócesis de Sinaloa donde fue obispo.
 

Fue un místico, orador, filósofo, teólogo y escritor. De su pluma emanaron 28 obras editadas por la imprenta de E. Subirana, en Barcelona, España.
 

Mañana, la continuación de esta semblanza.

(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo. 1990)

La Diócesis De Saltillo -II parte-

Continuando con la historia de la Diócesis de Saltillo, el 16 de julio de 1902 el Papa León XIII, cambió al que fue su segundo obispo, don José María Portugal y Serratos a la Diócesis de Aguascalientes, quedando como administrador apostólico el arzobispo de Linares, que ya tenía su sede en Monterrey, N. L. don Santiago de la Garza Zambrano. 

En ese momento el número de parroquias había descendido de 29 a 23, con el mismo número de sacerdotes, el Seminario conciliar tuvo que ser cerrado al no tener aspirantes.
 

El Papa Pío X nombró a Jesús María Echavarría como el tercer obispo, llegó procedente de la Diócesis de Sinaloa, quien recibió el cargo el 12 de febrero de 1905, tomando posesión hasta el 27 de febrero.
 

Como primera medida restauró el Seminario Diocesano, inaugurando la sede el 1 de octubre de ese año con 3 sacerdotes y 14 alumnos.
 

Le correspondió lidiar con el sentimiento antirreligioso de la revolución mexicana.
 

La nueva reglamentación de 1918 le redujo el número de ministros de culto: Para Saltillo 12 de cualquier religión, para Torreón 5, para Piedras Negras, Monclova, Parras y San Pedro 3 en cada sitio, para Matamoros 2 y para el resto sólo uno.
 

Cuando Francisco Villa tomó Saltillo ordenó fueran detenidos todos los sacerdotes de la ciudad, entre ellos: Los eudistas Luis Lajois y Alberto Lagrée; los jesuitas Ignacio León, Martín Macías, José Kubicza, Francisco Pichardo y Josué Ancira, el benedictinos Juan de Diego, del clero secular Félix Morales José Robles, Esteban Suárez Francisco Recio Marcelino Guzmán y Francisco Militello, y pidió un millón de pesos para liberarlos, pero solo lograron reunir 14,000 pesos en plata y otros bilimbiques y Villa al recibir sentado sobre un petate el dinero exclamó: “Y decían los padrecitos que no tenían…”
 

Antes de abandonar la ciudad los villistas llevaron a los sacerdotes a una casa situada en el callejón del Turco, ahora Ildefonso Vázquez donde hicieron un simulacro de ahorcamiento, fueron llevados de uno en uno a otra habitación, en donde les tallaban el cuello con un cabresto hasta que se desmayaban, al caer disparaban al aire, los sacaban arrastrándolos y llamaban a otro sacerdote.
 

Este simulacro no lo hicieron con todos, al final de la “broma”, el Gral. Rodolfo Fierro amenazó: “Cuidadito con lo que van a decir”.
 

En la Alameda estaba el tren que transportaría a los villistas y en el carro inmediato al cabús estaban los sacerdotes del clero regular, hasta donde acuden los seminaristas para despedirse de sus maestros, Villa sujeto del barandal del cabús les preguntó: ¿“Qué quieren?” y ellos respondieron: “Ya se van, queremos verlos”, Villa les pregunta: “¿Quieren irse con ellos?”, el sacerdote José Ávila respondió: “Somos mexicanos y aquí nos queremos quedar”, Villa finalizó: “¡Lárguense y que no los vuelva a ver!”.
 

La revolución destruyó obras de la Diócesis: El Seminario, colegios, escuelas, asilos y en 1914 los seminaristas emigran a Castroville, Texas, para terminar sus estudios.
 

Luego vino la persecución religiosa, aunque en Coahuila no tan enconada como en el resto del país. El gobernador del estado, Carlos Garza Castro multó el 12 de mayo de 1924 con 500 pesos al obispo Echevarría por haber violado el artículo 130 de la Constitución, el obispo refutó la acusación por escrito negando los hechos, así como también a pagar la multa por no tener ese dinero, invitando al gobernador a enviarlo a la cárcel el tiempo que se considere necesario.
 

(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo. 1990)

La Diócesis De Saltillo –III parte-

Como consecuencia de la persecución religiosa en Coahuila que inició en 1924, fueron expulsados 25 sacerdotes extranjeros de la Diócesis de Saltillo, incluyendo al obispo, que fue llevado preso el 14 de septiembre de 1926 a la Ciudad de México, su abogado solicitó un amparo y también fue encarcelado.

Al día siguiente el Secretario de Gobernación declaró no haber motivos para ser privado de su libertad, solicitándole un fiador mientras permaneciera en la capital del país.
 

El 21 de abril de 1927 fue aprehendido de nuevo junto con otros jerarcas de la Iglesia y desterrado, saliendo del país por Nuevo Laredo, el día 23, pasando a concentrarse en San Antonio, Texas.
 

El 11 de junio de 1929 el presidente Portes Gil declaró finalizado el conflicto religioso y el 7 de julio todo volvió a la normalidad.

El 1 de agosto de 1934, un decreto del gobernador Jesús Valdés Sánchez limitó a un ministro religioso para atender varios municipios, los cuales tendrían que registrarse ante la Secretaría de Gobierno, que emitiría un permiso para poder ejercer, quedando registrados sólo 10, incluyendo al obispo. Jesús Ma. García Siller atendía Saltillo; José Jáuregui en Arteaga, Ramos Arizpe y General Cepeda; Rafael Soto en Parras y Viesca; Samuel Ginori en Torreón y Sierra Mojada; Benjamín Morales en San Pedro y Matamoros; Román Blanco en Castaños, Candela, Monclova, Frontera, San Buenaventura, Sacramento, Lamadrid, Nadadores, Cuatro Ciénegas y Ocampo; José Quezada en Múzquiz, San Juan de Sabinas, Juárez, Progreso, Escobedo y Abasolo; Santiago Ulloa en Acuña, Jiménez, Zaragoza, Allende, Morelos y Nava y Martiniano Ruiz en Piedras Negras, Guerrero, Hidalgo y Villa Unión.
 

Este decreto fue modificado el 30 de marzo de 1936, agregando 9 sacerdotes auxiliares en los municipios que ellos eligieran. En 1943 ya había 30 parroquias y 2 viceparroquias.
 

El 27 de diciembre de 1949, el obispo Echavarría, enfermo y ya anciano, recibe al obispo coadjutor Luis Guízar Barragán, con derecho de sucesión, que llegó procedente de la Diócesis de Campeche en donde era el obispo titular.
 

El 5 de abril de 1954, muere don José Ma. Echavarría y de inmediato Luis Guízar se convierte en el cuarto obispo.
 

El Papa Pío XII separa cinco municipios de la Diócesis de Saltillo: Matamoros, Viesca, Francisco I. Madero, San Pedro y Torreón, para formar la Diócesis de Torreón, nombrando al rector del Seminario de Saltillo Fernando Romo Gutiérrez como su primer obispo.
 

En 1973, la Diócesis estaba formada por 4 Foranías y una Vicaría episcopal, con 39 parroquias atendidas por 72 sacerdotes. Al obispo Luis Guízar Barragán se le aceptó su renuncia al cargo el 21 de junio de 1970 y falleció en Saltillo el 27 de octubre de 1981.
 

Francisco Raúl Villalobos Padilla se convirtió en el quinto obispo el 4 de mayo de 1971, tomando posesión el 29 de octubre de 1975.
 

En 1979 la Diócesis estaba dividida en 5 Vicarías: Episcopal de las regiones Áridas con 3 parroquias, Urbana con 12 parroquias en Saltillo, Foránea de la Región Siderúrgica con 5 parroquias en Monclova y 4 limítrofes, Foránea de la Región Carbonífera con 3 parroquias en Nueva Rosita y 5 parroquias limítrofes y la Foránea de la Región Fronteriza con 2 parroquias en Piedras Negras y 6 limítrofes.
 

La Diócesis de Saltillo -IV parte-
Continuando con la historia de la Diócesis de Saltillo, el quinto obispo de Saltillo, Francisco Raúl Villalobos Padilla, nativo de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, y miembro de una familia de vocación religiosa, que recibió su Diaconado en Roma en 1948, y ordenado Presbítero un año después por el Papa Pío XII. Obtuvo licenciatura y doctorado en Historia eclesiástica en la Pontificia Universidad Gregoriana. 

Su desempeño sacerdotal lo inició en el seminario de Guadalajara como prefecto de Latinos, luego como director del Instituto de Vocaciones Tardías y director de la revista Apóstol.
 

Fue responsable de las cátedras de Historia, Eclesiástica, Patrología, Francés, e Historia Universal.
 

En 1968 fue nombrado Vice-rector del seminario y en 1971, ordenado obispo de Saltillo, aunque tomó posesión hasta 1975 a la renuncia de Luis Guízar Barragán.
 

En 1979 participó en la III Conferencia del Episcopado latinoamericano, por elección representó a los obispos de México en la VI Asamblea Nacional del Sínodo en 1984.
 

Fortaleció el Seminario Menor, impulsó el trabajo de la Pastoral Vocacional.
 
Instituyó y realizó la fundación y construcción del seminario mayor. Sentó las bases para la creación de la Diócesis de Piedras Negras, fundando el seminario Auxiliar en esta ciudad. Creó rectorías y un gran número de parroquias en la Diócesis.
 

El 26 de julio de 1996 celebró sus bodas de plata episcopales. El Papa Juan Pablo II le aceptó su renuncia al obispo Francisco Raúl Villalobos Padilla, el 31 de diciembre de 1999, quedando como obispo emérito y administrador apostólico diocesano y el Papa nombró como su sucesor a fray José Raúl Vera López, que se desempeñaba como obispo coadjutor en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Tomando posesión el 20 de marzo de 2000.
 

El 8 de enero de 2003, el Papa Juan Pablo II separa los municipios de Acuña, Allende, Guerrero, Hidalgo, Jiménez, Juárez, Morelos, Múzquiz, Nava, Piedras Negras, Progreso, Sabinas, San Juan de Sabinas, Villa Unión, Zaragoza y parte de Ocampo para crear la Diócesis de Piedras Negras y el templo de Mártires de Cristo Rey de Piedras Negras como su catedral, nombrando como su primer Obispo a Alonso Gerardo Garza Treviño.
 

La Diócesis de Saltillo actualmente está dividida en 7 Vicarías: Juan Pablo II (Noreste) con 8 parroquias 14 capillas y 3 rectorías en Saltillo y Arteaga; Fray Juan de Larios (Noroeste) con 8 parroquias, 20 capillas, y 2 rectorías en Saltillo y Ramos Arizpe; Santo Cristo de la Capilla (Centro) con 1 catedral, 5 parroquias, 11 capillas y 8 rectorías en Saltillo; Patricio Quinn (Sureste) con 7 parroquias, 36 capillas y 2 rectorías en Saltillo; Carlos Dávila (Suroeste) con 10 parroquias, 35 capillas y 1 rectoría en Saltillo, General Cepeda y Parras; Nuestra Señora de Guadalupe (Siderúrgica) con 15 parroquias, 74 capillas, 1 rectoría y 1 cuasiparroquia en Candela, Castaños, Frontera, Monclova y Escobedo y Sagrada familia (Desértica) con 6 Parroquias y 16 Capillas.
 

En Cuatro Ciénegas, Ocampo, Nadadores, Lamadrid, Sacramento, San Buenaventura y Sierra Mojada. Fray Raúl Vera López es muy conocido por su actitud en pro de los derechos humanos y que sigue como obispo de la Diócesis de Saltillo, que mantiene 123 años de existencia y que en 2015 cumplirá 124.

(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo. 1990).