La Diócesis De Saltillo
El territorio que hoy ocupa el estado de Coahuila
fue agregado al obispado de Guadalajara, que había sido creado el 13 de julio
de 1548, teniendo como cabecera la catedral de La Asunción de María Santísima
de la ciudad de Guadalajara.
Así se fueron agregando paulatinamente las misiones que se fueron fundando.
Como su extensión era inmensa, se solicitó a Roma su división.
El 28 de septiembre de 1620 se creó la Diócesis de Durango, que tiene como
cabecera la catedral de la Inmaculada Concepción de la ciudad de Durango y la
parte sur de Coahuila pasó a formar parte de ésta, mientras que las partes del
centro y norte, siguió perteneciendo a la de Guadalajara.
El Papa Pío VI, erigió el obispado de Linares el 15 de diciembre de 1777, que
tenía como sede la catedral de San Felipe Apóstol de la ciudad de Linares,
Nuevo León y comprendía los actuales estado de Tamaulipas y Nuevo León.
El 30 de octubre de 1891 se erige la nueva Diócesis de Saltillo formada por
parroquias que fueron separadas de las Diócesis de Linares, Durango y
Zacatecas.
De Linares: las de Santiago y San Esteban de Saltillo y las de Arteaga, Ramos
Arizpe, Candela, Monclova, San Buenaventura, Nadadores, Cuatrociénegas, Santa
Rosa, San Fernando, Nava, Piedras Negras, Río Grande, Progreso y la recién
erigida de Sierra Mojada. De Durango: Álamo (Viesca), Matamoros de la Laguna y
Parras. De Zacatecas: La de Encarnación, Tanque de la Vaca, La Ventura y San
Carlos.
La parroquia de Santiago de la ciudad de Saltillo fue erigida catedral y como
administrador apostólico a don Santiago de la Garza Zambrano, que fue luego
convertido en el primer obispo de la Diócesis de Saltillo el 19 de julio de
1893, y se mantuvo en el cargo hasta el 17 de febrero de 1898, en que fue
cambiado a la Diócesis de León.
En 1895, la Diócesis tenía la catedral, un seminario y 23 parroquias: San
Esteban en Saltillo, San Nicolás Tolentino de Ramos Arizpe, San Isidro Labrador
de las Palomas de Arteaga, San Francisco de Asís de General Cepeda, La Asunción
de Santa María de las Parras de Parras, la de la ex hacienda El Rosario,
municipio de Parras, Nuestra Señora del Refugio de Matamoros, San Pedro Apóstol
de San Pedro, San Miguel del Porvenir de la ex hacienda del Porvenir (municipio
de Francisco I. Madero), Nuestra Señora de Guadalupe de Torreón, Nuestra Señora
del Refugio de Sierra Mojada, Nuestra Señora de Guadalupe de Monclova, San
Vicente Ferrer de Abasolo, Santo Patrono de San Buenaventura de San
Buenaventura, Nuestra Señora de las Victorias de Nadadores, San José de
Cuatrociénegas, San Carlos Borromeo de Romero Rubio (Candela), San José de
Progreso, Santa Rosa de Lima de Múzquiz, San Fernando de Rosas de Zaragoza,
Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras) y Dulce
Nombre de Jesús de Rosales (Villa Unión).
La sede episcopal estaba en el Colegio de San Juan Nepomuceno. Don José María
Portugal y Serratos tomó posesión como el segundo obispo de la Diócesis de
Saltillo el 4 de abril de 1898, llegó procedente de la Diócesis de Sinaloa
donde fue obispo.
Fue un místico, orador, filósofo, teólogo y escritor. De su pluma emanaron 28
obras editadas por la imprenta de E. Subirana, en Barcelona, España.
Mañana, la continuación de esta semblanza.
(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo.
1990)
La Diócesis De Saltillo -II parte-
Continuando con la historia de la Diócesis de
Saltillo, el 16 de julio de 1902 el Papa León XIII, cambió al que fue su
segundo obispo, don José María Portugal y Serratos a la Diócesis de
Aguascalientes, quedando como administrador apostólico el arzobispo de Linares,
que ya tenía su sede en Monterrey, N. L. don Santiago de la Garza Zambrano.
En ese momento el número de parroquias había descendido de 29 a 23, con el
mismo número de sacerdotes, el Seminario conciliar tuvo que ser cerrado al no
tener aspirantes.
El Papa Pío X nombró a Jesús María Echavarría como el tercer obispo, llegó
procedente de la Diócesis de Sinaloa, quien recibió el cargo el 12 de febrero
de 1905, tomando posesión hasta el 27 de febrero.
Como primera medida restauró el Seminario Diocesano, inaugurando la sede el 1
de octubre de ese año con 3 sacerdotes y 14 alumnos.
Le correspondió lidiar con el sentimiento antirreligioso de la revolución
mexicana.
La nueva reglamentación de 1918 le redujo el número de ministros de culto: Para
Saltillo 12 de cualquier religión, para Torreón 5, para Piedras Negras,
Monclova, Parras y San Pedro 3 en cada sitio, para Matamoros 2 y para el resto
sólo uno.
Cuando Francisco Villa tomó Saltillo ordenó fueran detenidos todos los
sacerdotes de la ciudad, entre ellos: Los eudistas Luis Lajois y Alberto
Lagrée; los jesuitas Ignacio León, Martín Macías, José Kubicza, Francisco
Pichardo y Josué Ancira, el benedictinos Juan de Diego, del clero secular Félix
Morales José Robles, Esteban Suárez Francisco Recio Marcelino Guzmán y
Francisco Militello, y pidió un millón de pesos para liberarlos, pero solo
lograron reunir 14,000 pesos en plata y otros bilimbiques y Villa al recibir
sentado sobre un petate el dinero exclamó: “Y decían los padrecitos que no
tenían…”
Antes de abandonar la ciudad los villistas llevaron a los sacerdotes a una casa
situada en el callejón del Turco, ahora Ildefonso Vázquez donde hicieron un
simulacro de ahorcamiento, fueron llevados de uno en uno a otra habitación, en
donde les tallaban el cuello con un cabresto hasta que se desmayaban, al caer
disparaban al aire, los sacaban arrastrándolos y llamaban a otro sacerdote.
Este simulacro no lo hicieron con todos, al final de la “broma”, el Gral.
Rodolfo Fierro amenazó: “Cuidadito con lo que van a decir”.
En la Alameda estaba el tren que transportaría a los villistas y en el carro
inmediato al cabús estaban los sacerdotes del clero regular, hasta donde acuden
los seminaristas para despedirse de sus maestros, Villa sujeto del barandal del
cabús les preguntó: ¿“Qué quieren?” y ellos respondieron: “Ya se van, queremos
verlos”, Villa les pregunta: “¿Quieren irse con ellos?”, el sacerdote José
Ávila respondió: “Somos mexicanos y aquí nos queremos quedar”, Villa finalizó:
“¡Lárguense y que no los vuelva a ver!”.
La revolución destruyó obras de la Diócesis: El Seminario, colegios, escuelas,
asilos y en 1914 los seminaristas emigran a Castroville, Texas, para terminar
sus estudios.
Luego vino la persecución religiosa, aunque en Coahuila no tan enconada como en
el resto del país. El gobernador del estado, Carlos Garza Castro multó el 12 de
mayo de 1924 con 500 pesos al obispo Echevarría por haber violado el artículo
130 de la Constitución, el obispo refutó la acusación por escrito negando los
hechos, así como también a pagar la multa por no tener ese dinero, invitando al
gobernador a enviarlo a la cárcel el tiempo que se considere necesario.
(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo.
1990)
La Diócesis De Saltillo –III parte-
Como consecuencia de la persecución religiosa en
Coahuila que inició en 1924, fueron expulsados 25 sacerdotes extranjeros de la
Diócesis de Saltillo, incluyendo al obispo, que fue llevado preso el 14 de
septiembre de 1926 a la Ciudad de México, su abogado solicitó un amparo y
también fue encarcelado.
Al día siguiente el Secretario de Gobernación declaró no haber motivos para ser
privado de su libertad, solicitándole un fiador mientras permaneciera en la
capital del país.
El 21 de abril de 1927 fue aprehendido de nuevo junto con otros jerarcas de la
Iglesia y desterrado, saliendo del país por Nuevo Laredo, el día 23, pasando a
concentrarse en San Antonio, Texas.
El 11 de junio de 1929 el presidente Portes Gil declaró finalizado el conflicto
religioso y el 7 de julio todo volvió a la normalidad.
El 1 de agosto de 1934, un decreto del gobernador Jesús Valdés Sánchez limitó a
un ministro religioso para atender varios municipios, los cuales tendrían que
registrarse ante la Secretaría de Gobierno, que emitiría un permiso para poder
ejercer, quedando registrados sólo 10, incluyendo al obispo. Jesús Ma. García
Siller atendía Saltillo; José Jáuregui en Arteaga, Ramos Arizpe y General
Cepeda; Rafael Soto en Parras y Viesca; Samuel Ginori en Torreón y Sierra
Mojada; Benjamín Morales en San Pedro y Matamoros; Román Blanco en Castaños,
Candela, Monclova, Frontera, San Buenaventura, Sacramento, Lamadrid, Nadadores,
Cuatro Ciénegas y Ocampo; José Quezada en Múzquiz, San Juan de Sabinas, Juárez,
Progreso, Escobedo y Abasolo; Santiago Ulloa en Acuña, Jiménez, Zaragoza,
Allende, Morelos y Nava y Martiniano Ruiz en Piedras Negras, Guerrero, Hidalgo
y Villa Unión.
Este decreto fue modificado el 30 de marzo de 1936, agregando 9 sacerdotes
auxiliares en los municipios que ellos eligieran. En 1943 ya había 30
parroquias y 2 viceparroquias.
El 27 de diciembre de 1949, el obispo Echavarría, enfermo y ya anciano, recibe
al obispo coadjutor Luis Guízar Barragán, con derecho de sucesión, que llegó
procedente de la Diócesis de Campeche en donde era el obispo titular.
El 5 de abril de 1954, muere don José Ma. Echavarría y de inmediato Luis Guízar
se convierte en el cuarto obispo.
El Papa Pío XII separa cinco municipios de la Diócesis de Saltillo: Matamoros,
Viesca, Francisco I. Madero, San Pedro y Torreón, para formar la Diócesis de
Torreón, nombrando al rector del Seminario de Saltillo Fernando Romo Gutiérrez
como su primer obispo.
En 1973, la Diócesis estaba formada por 4 Foranías y una Vicaría episcopal, con
39 parroquias atendidas por 72 sacerdotes. Al obispo Luis Guízar Barragán se le
aceptó su renuncia al cargo el 21 de junio de 1970 y falleció en Saltillo el 27
de octubre de 1981.
Francisco Raúl Villalobos Padilla se convirtió en el quinto obispo el 4 de mayo
de 1971, tomando posesión el 29 de octubre de 1975.
En 1979 la Diócesis estaba dividida en 5 Vicarías: Episcopal de las regiones
Áridas con 3 parroquias, Urbana con 12 parroquias en Saltillo, Foránea de la
Región Siderúrgica con 5 parroquias en Monclova y 4 limítrofes, Foránea de la
Región Carbonífera con 3 parroquias en Nueva Rosita y 5 parroquias limítrofes y
la Foránea de la Región Fronteriza con 2 parroquias en Piedras Negras y 6
limítrofes.
La Diócesis de Saltillo -IV parte-
Continuando con la historia de la Diócesis de Saltillo, el quinto obispo
de Saltillo, Francisco Raúl Villalobos Padilla, nativo de la ciudad de
Guadalajara, Jalisco, y miembro de una familia de vocación religiosa, que
recibió su Diaconado en Roma en 1948, y ordenado Presbítero un año después por
el Papa Pío XII. Obtuvo licenciatura y doctorado en Historia eclesiástica en la
Pontificia Universidad Gregoriana.
Su desempeño sacerdotal lo inició en el seminario de Guadalajara como prefecto
de Latinos, luego como director del Instituto de Vocaciones Tardías y director
de la revista Apóstol.
Fue responsable de las cátedras de Historia, Eclesiástica, Patrología, Francés,
e Historia Universal.
En 1968 fue nombrado Vice-rector del seminario y en 1971, ordenado obispo de
Saltillo, aunque tomó posesión hasta 1975 a la renuncia de Luis Guízar
Barragán.
En 1979 participó en la III Conferencia del Episcopado latinoamericano, por
elección representó a los obispos de México en la VI Asamblea Nacional del
Sínodo en 1984.
Fortaleció el Seminario Menor, impulsó el trabajo de la Pastoral Vocacional.
Instituyó y realizó la fundación y construcción del seminario mayor. Sentó las
bases para la creación de la Diócesis de Piedras Negras, fundando el seminario
Auxiliar en esta ciudad. Creó rectorías y un gran número de parroquias en la
Diócesis.
El 26 de julio de 1996 celebró sus bodas de plata episcopales. El Papa Juan
Pablo II le aceptó su renuncia al obispo Francisco Raúl Villalobos Padilla, el
31 de diciembre de 1999, quedando como obispo emérito y administrador
apostólico diocesano y el Papa nombró como su sucesor a fray José Raúl Vera
López, que se desempeñaba como obispo coadjutor en la Diócesis de San Cristóbal
de las Casas, Chiapas. Tomando posesión el 20 de marzo de 2000.
El 8 de enero de 2003, el Papa Juan Pablo II separa los municipios de Acuña,
Allende, Guerrero, Hidalgo, Jiménez, Juárez, Morelos, Múzquiz, Nava, Piedras
Negras, Progreso, Sabinas, San Juan de Sabinas, Villa Unión, Zaragoza y parte
de Ocampo para crear la Diócesis de Piedras Negras y el templo de Mártires de
Cristo Rey de Piedras Negras como su catedral, nombrando como su primer Obispo
a Alonso Gerardo Garza Treviño.
La Diócesis de Saltillo actualmente está dividida en 7 Vicarías: Juan Pablo II
(Noreste) con 8 parroquias 14 capillas y 3 rectorías en Saltillo y Arteaga;
Fray Juan de Larios (Noroeste) con 8 parroquias, 20 capillas, y 2 rectorías en
Saltillo y Ramos Arizpe; Santo Cristo de la Capilla (Centro) con 1 catedral, 5
parroquias, 11 capillas y 8 rectorías en Saltillo; Patricio Quinn (Sureste) con
7 parroquias, 36 capillas y 2 rectorías en Saltillo; Carlos Dávila (Suroeste)
con 10 parroquias, 35 capillas y 1 rectoría en Saltillo, General Cepeda y
Parras; Nuestra Señora de Guadalupe (Siderúrgica) con 15 parroquias, 74
capillas, 1 rectoría y 1 cuasiparroquia en Candela, Castaños, Frontera,
Monclova y Escobedo y Sagrada familia (Desértica) con 6 Parroquias y 16 Capillas.
En Cuatro Ciénegas, Ocampo, Nadadores, Lamadrid, Sacramento, San Buenaventura y
Sierra Mojada. Fray Raúl Vera López es muy conocido por su actitud en pro de
los derechos humanos y que sigue como obispo de la Diócesis de Saltillo, que
mantiene 123 años de existencia y que en 2015 cumplirá 124.
(Tomado de “Diócesis de Saltillo 1891-1991, 100 años”, de P. Rodolfo Escobedo.
1990).