Eckhart Tolle es uno de los expositores espirituales más reconocidos de la última década. Afirma haber experimentado un despertar espiritual a los 29 años, después de padecer largos períodos de depresión. Su libro “El Poder del Ahora” enfatiza la importancia de ser consciente del momento presente para no perderse en los pensamientos.
Tolle expone que el presente es la puerta de acceso a una elevada sensación de paz. Afirma que “ser ahora” conlleva una conciencia que está más allá de la mente, una conciencia que ayuda a trascender el “cuerpo del dolor” que es creado por la identificación con la mente y el ego.
En uno de sus escritos, afirma que dependemos de la Naturaleza no sólo para la supervivencia física. También necesitamos de la Naturaleza para que nos enseñe el camino a casa. El camino de salida de la prisión de nuestras mentes.
Nos hemos perdido, dice, en el hacer, en el pensar, en el recordar, en el anticipar: estamos perdidos en un complejo laberinto, en un mundo de problemas. Hemos olvidado lo que las rocas, las plantas y los animales ya saben. Nos hemos olvidado de ser. De ser nosotros mismos, de estar en silencio, estar donde la vida está: aquí y ahora, aconseja Tolle.
Llevar tu atención a una piedra, a un árbol o a un animal no significa pensar en ellos, sino percibirlos, darte cuenta de ellos, afirma el autor. Al darte cuenta de ello, tú también entras en un lugar de profundo reposo dentro de ti mismo.
Cuando camines o descanses en la Naturaleza, honra ese reino permaneciendo allí plenamente. Serénate. Mira. Escucha. Observa cómo cada planta y animal son completamente ellos mismos.
A diferencia de los humanos, no están divididos en dos. No viven a través de imágenes mentales de sí mismos, y por eso no tienen que preocuparse de proteger y potenciar esas imágenes, apunta Eckhart Tolle.
Todas las cosas naturales además de estar unificadas consigo mismas, están unificadas con la totalidad. No se han apartado del entramado de la totalidad, reclamando una existencia separada “yo”, el gran creador de conflictos, nos recuerda el autor de “El Poder del Ahora”.
Tú no creaste tu cuerpo, dice, y tampoco eres capaz de controlar las funciones corporales. En tu cuerpo opera una inteligencia mayor que la mente humana. Es la misma inteligencia que lo sustenta todo en la Naturaleza. Para acercarte al máximo a esa inteligencia, sé consciente de tu propio campo energético interno, siente la vida, la presencia que anima el organismo.
Observa, siente un animal, una flor, un árbol y mira cómo descansan en el ser. Cada uno de ellos es él mismo. Tienen una enorme dignidad, inocencia, santidad. En el momento que miras más allá de las etiquetas mentales, sientes la dimensión inefable de la naturaleza, que no puede ser comprendida por el pensamiento.
El aire que respiras es natural como el propio proceso de respirar. Dirige la atención a tu respiración y date cuenta de que no eres quien respira. La respiración es natural. Conéctate con la naturaleza del modo más íntimo e interno, percibiendo tu propia respiración y aprendiendo a mantener tu atención en ella, aconseja el autor.
Esta es una práctica muy curativa y energizante. Produce un cambio de conciencia que te permite pasar del mundo conceptual del pensamiento al ramo de la conciencia incondicionada. Necesitas que la Naturaleza te enseñe y ayude a reconectar con tu ser. No estás separado de la Naturaleza. Todos somos parte de la vida. Una que se manifiesta en incontables formas en todo el universo, formas que están todas ellas, interconectadas, afirma.
Cuando reconoces la santidad, la belleza, la increíble quietud y dignidad en que una flor o un árbol existen, tú añades algo a esa flor o ese árbol, reflexiona el gurú espiritual. Pensar es una etapa en la evolución de la vida. La Naturaleza existe en la quietud inocente que es anterior a la aparición del pensamiento. Cuando los seres humanos se aquietan, van más allá del pensamiento. La quietud está más allá del pensamiento, contiene una dimensión añadida de conocimiento de conciencia. La naturaleza puede llevarte a la quietud. Ese es el regalo para ti, dice.
Cuando percibes a la Naturaleza y te unes a ella en el campo de la quietud, ésta se llena de tu conciencia. Ese es tu regalo a la Naturaleza. A través de ti, la Naturaleza toma conciencia de sí misma. Es como si la Naturaleza te hubiera estado esperando durante millones de años.
Al centrar la atención y preocupación en crear y mantener una falsa imagen llamada ego o máscara social, literalmente nos drenamos de energía al tratar de “ser” algo que realmente no somos. Así, la propuesta es reconocer, en la quietud de la meditación, la oración, la reflexión, quién realmente somos y lo que verdaderamente queremos; es re-conocerse a uno mismo en un espacio de silencio, saludando la verdadera Naturaleza.
jueves, 11 de octubre de 2012
La condena de la lectura
“Leer te condena a muchas cosas terribles, sobre todo a la lucidez; te acerca más a las cosas en su esencia, que a menudo es desagradable, pero también te da los mecanismos analgésicos y compensatorios para enfrentarte a ellas”. Arturo Pérez-Reverte Gutiérrez, un novelista y periodista español.
Muchos dicen que leer un libro es muy fácil, pues desde pequeños lo estamos haciendo a nuestra manera. Pero no es tan fácil saber cómo podemos sacar más provecho del libro, leyendo más rápidamente y disfrutando más de su lectura. La primera compañía en el mundo en ofrecer libros en español en el Internet fue SDB (Spanish Book Distributor), que ha estado promoviendo desde 1988 la pasión por la lectura en español, a través de bibliotecas, escuelas y vendedores de libros. En su blog “El Libro y su Mundo” (El Mundo de Libros en Español), ofrecen seis consejos y estrategias para leer más efectivamente, basados en la experiencia personal de lectores a quienes se les ha preguntado lo que recomendarían a sus amigos y también en la lectura de muchos libros sobre el tema:
1. Aumentar la rapidez y eficacia de lectura. Hay muy buenos libros escritos sobre este tema, tanto para adultos como para niños, así como cursos y páginas de Internet donde podrán aprender cuestiones básicas muy importantes. Es cuestión de elegir un buen método y practicar hasta conseguir los objetivos deseados de velocidad y comprensión.
2. Mejorar la concentración. Para ello hay que evitar las distracciones externas e internas, localizar un lugar adecuado; eliminar las interrupciones planteadas; eliminar las distracciones sonoras como ruidos o música con canciones; encontrar el momento adecuado; marcar objetivos de cuando empezar, interrumpir y terminar; controlar las inquietudes mentales; descansar periódicamente 10 minutos cada 50 de lectura.
3. Establecer el ambiente adecuado. Se puede lograr con una buena iluminación que incluya luz natural proveniente desde la espalda o luz artificial halógena o fluorescente sin oscilaciones. Que ambas den directamente en el libro sin que nos den en los ojos; y con un sillón cómodo.
4. Dedicarle el tiempo estipulado. Se debe calcular que un lector promedio lee una página de 400 palabras en aproximadamente dos minutos, pues lee a una velocidad promedio, contando los retrocesos, de 200 palabras por minuto. Con media hora diaria puede leer un libro de 200 páginas en 15 días aproximadamente. Uno o dos libros al mes es una buena meta para disfrutar y aumentar el conocimiento.
5. Cuidar la vista. Tenga mucha precaución con los libros que sean de papel brillante, pues le pudieran reflejar iluminaciones perjudiciales para la vista. La distancia entre el libro y los ojos nos indicará la necesidad o no de tener que usar lentes correctores. La distancia correcta deberá ser de aproximadamente 45 centímetros (18 pulgadas).
El cansancio después de un tiempo de lectura también nos lo indicará. Pestañee de vez en cuando, ya que los ojos necesitan hacerlo entre 12 y 15 veces por minuto y cuando se lee esta cantidad se reduce y se puede producir sequedad, tensión, fatiga ocular y visión borrosa.
Use una luz de trasfondo o iluminación suplementaria. De vez en cuando ejercite los ojos mirando a un sitio más allá del libro y enfocándolos en algún objeto que esté a mayor distancia que el libro. Hay muchos más y mejores ejercicios para el cuidado de la vista que debe de consultar con los doctores sobre todo en cuanto sienta la más mínima incomodidad.
6. Tener en cuenta las expectativas del libro. Cuando hemos elegido el libro tenemos ya hecho un criterio sobre éste antes de comenzar a leerlo. Subjetivamente u objetivamente va a determinar en gran parte cuánto lo disfrutamos, así como el provecho que le saquemos. Por eso es necesario entender qué es lo que esperamos del libro:
* Distraernos, aprender o las dos cosas a la vez.
* Recrear la época y el lugar donde se desarrolla.
* Evaluar la descripción de los personajes, sus sentimientos y conversaciones.
* Analizar el argumento, trama, ritmo y resolución del libro.
* Contabilizar lo que le sobra y lo que le falta.
Crear un buen hábito es cuestión de práctica y de hacer un análisis de las costumbres que uno tiene sobre la lectura. Poniéndolos en práctica seguro que su lectura irá mejorando poco a poco.
Muchos dicen que leer un libro es muy fácil, pues desde pequeños lo estamos haciendo a nuestra manera. Pero no es tan fácil saber cómo podemos sacar más provecho del libro, leyendo más rápidamente y disfrutando más de su lectura. La primera compañía en el mundo en ofrecer libros en español en el Internet fue SDB (Spanish Book Distributor), que ha estado promoviendo desde 1988 la pasión por la lectura en español, a través de bibliotecas, escuelas y vendedores de libros. En su blog “El Libro y su Mundo” (El Mundo de Libros en Español), ofrecen seis consejos y estrategias para leer más efectivamente, basados en la experiencia personal de lectores a quienes se les ha preguntado lo que recomendarían a sus amigos y también en la lectura de muchos libros sobre el tema:
1. Aumentar la rapidez y eficacia de lectura. Hay muy buenos libros escritos sobre este tema, tanto para adultos como para niños, así como cursos y páginas de Internet donde podrán aprender cuestiones básicas muy importantes. Es cuestión de elegir un buen método y practicar hasta conseguir los objetivos deseados de velocidad y comprensión.
2. Mejorar la concentración. Para ello hay que evitar las distracciones externas e internas, localizar un lugar adecuado; eliminar las interrupciones planteadas; eliminar las distracciones sonoras como ruidos o música con canciones; encontrar el momento adecuado; marcar objetivos de cuando empezar, interrumpir y terminar; controlar las inquietudes mentales; descansar periódicamente 10 minutos cada 50 de lectura.
3. Establecer el ambiente adecuado. Se puede lograr con una buena iluminación que incluya luz natural proveniente desde la espalda o luz artificial halógena o fluorescente sin oscilaciones. Que ambas den directamente en el libro sin que nos den en los ojos; y con un sillón cómodo.
4. Dedicarle el tiempo estipulado. Se debe calcular que un lector promedio lee una página de 400 palabras en aproximadamente dos minutos, pues lee a una velocidad promedio, contando los retrocesos, de 200 palabras por minuto. Con media hora diaria puede leer un libro de 200 páginas en 15 días aproximadamente. Uno o dos libros al mes es una buena meta para disfrutar y aumentar el conocimiento.
5. Cuidar la vista. Tenga mucha precaución con los libros que sean de papel brillante, pues le pudieran reflejar iluminaciones perjudiciales para la vista. La distancia entre el libro y los ojos nos indicará la necesidad o no de tener que usar lentes correctores. La distancia correcta deberá ser de aproximadamente 45 centímetros (18 pulgadas).
El cansancio después de un tiempo de lectura también nos lo indicará. Pestañee de vez en cuando, ya que los ojos necesitan hacerlo entre 12 y 15 veces por minuto y cuando se lee esta cantidad se reduce y se puede producir sequedad, tensión, fatiga ocular y visión borrosa.
Use una luz de trasfondo o iluminación suplementaria. De vez en cuando ejercite los ojos mirando a un sitio más allá del libro y enfocándolos en algún objeto que esté a mayor distancia que el libro. Hay muchos más y mejores ejercicios para el cuidado de la vista que debe de consultar con los doctores sobre todo en cuanto sienta la más mínima incomodidad.
6. Tener en cuenta las expectativas del libro. Cuando hemos elegido el libro tenemos ya hecho un criterio sobre éste antes de comenzar a leerlo. Subjetivamente u objetivamente va a determinar en gran parte cuánto lo disfrutamos, así como el provecho que le saquemos. Por eso es necesario entender qué es lo que esperamos del libro:
* Distraernos, aprender o las dos cosas a la vez.
* Recrear la época y el lugar donde se desarrolla.
* Evaluar la descripción de los personajes, sus sentimientos y conversaciones.
* Analizar el argumento, trama, ritmo y resolución del libro.
* Contabilizar lo que le sobra y lo que le falta.
Crear un buen hábito es cuestión de práctica y de hacer un análisis de las costumbres que uno tiene sobre la lectura. Poniéndolos en práctica seguro que su lectura irá mejorando poco a poco.
La paradoja de la Adversidad
¡Soy la Adversidad y siempre que se habla de mí se hace referencia a una situación desgraciada! Produzco efectos muy diversos en los seres humanos: desde preocupaciones agudas hasta tristezas infinitas
Sé que cuando aparezco causo una desdicha y un infortunio que ensombrecen el alma del que las sufre. El infortunado que recibe mi golpe se desconcierta, pues quisiera la ayuda y compañía de sus amigos, pero por desgracia, encuentra a la mayoría de ellos, dormidos: no acuden en su ayuda.
No se ha hecho un estudio de los efectos que produzco, ya que no siempre destruyo como se piensa; de hecho, se me soporta con más facilidad que a la propia felicidad. Cuando la dicha se apodera de una persona puede producirle males mayores que cuando yo me presento. La felicidad y el éxito se roban el ama y es tanta la luz que producen, que por lo general deslumbran y ciegan al que se pensaba que era un afortunado. Pocos pueden manejar la felicidad y el éxito, y en cambio a mí, la Adversidad, pueden manejarme y soportarme la mayoría de los hombres.
¿Quiénes me han derrotado? Se los voy a decir, pues no soy siempre tan malvada como parezco: me han derrotado los osados, los audaces y atrevidos. A los que se quedan en medio de su infortunio los detesto y más me ensaño con ellos: al verlos acobardados se incrementa mi ira, e incito a nuevas desgracias para que incrementen su inicial daño. Y en cambio temo a los que toman soluciones arriesgadísimas y extremas.
Envidio a los audaces y atrevidos, y me causan tal miedo que disminuyo la fuerza de mis golpes, dejo de invitar a otras adversidades, y con frecuencia huyo y me retiro.
No saben los hombres que no hay peor Adversidad que no haber sufrido ninguna. A quien nunca la ha padecido, lo ataco y lo tomo por sorpresa y lo hago fácilmente mi presa, pues nunca ha tenido la experiencia del infortunio y la desdicha.
Los seres humanos ignoran que soy la mejor fuente de la sabiduría. Los conocimientos de la historia y de los escritores más sabios de la humanidad empalidecen ante el inmenso poder de mis enseñanzas. Los humanos no saben que lo mejor del conocimiento de sí mismo y de la sabiduría sólo lo da el intenso sufrimiento. El dolor si es prolongado crea la sabiduría y hace a las personas más sabias, prudentes y sensatas. La vida cómoda y sin sufrimiento nunca ha producido a seres superiores y a valientes que sepan enfrentar las crudezas de la existencia.
Imposible que una persona pueda conocerse a sí, si yo no acudo a su vida. En mi presencia, el hombre deja de ser niño para convertirse en un adulto sabio: por vez primera se dará plenamente cuenta de que su narcisista y loca idea de su “invulnerabilidad” solamente era un mito guardado en su cabecita de ingenuo y de niño.
Como Adversidad que soy, no puedo negar que la prosperidad enseña y es un buen maestro, pero yo soy una maestra impar: meto a los que les pego, hasta el tuétano de la existencia; no sólo perforo su piel y músculos, sino que también les estrujo el corazón. Los aprendizajes que doy, si están alertas, le son muchísimo más útiles que las enseñanzas de las muchas veces, “vana victoria”. Yo no solamente enseño, sino que educo, y en este sentido mi educación transforma actitudes, pensamientos, sentimientos y conductas. Al que golpeo fuerte jamás volverá a ser la misma persona: si aprende de mí, será mejor en todos los sentidos.
Como adversidad, mi primer y gran consejo que puedo darles a los que no han sufrido grandes adversidades, es decirles que la vida es difícil, pero una vez que han aceptado en su corazón que la vida es difícil y que va a ser extremadamente difícil en ciertas circunstancias, no se sorprenderán cuando llegue a visitarlos.
Y algo más quiero decirles: la prosperidad y una vida sin adversidades no es propicia para despertar los talentos; en cambio, el infortunio los despierta y aviva. ¿Qué no recuerdan el sabio refrán?: “La necesidad es la madre de todas las ciencias”.
Ante el infortunio, ningún recurso es mejor que nuestra bravura. La buena suerte, quizá por ser mujer, es seducida por los atrevidos y valientes.
¡Seamos sensatos!: si contamos los días de brumas y de infortunios, siempre serán menos que los días de sol. ¡Ante la Adversidad dos posturas podemos asumir!: someternos a ella, empalidecer y temblar; o bien, retarla y enfrentarla con coraje. Un corazón osado produce milagros.
Jacinto Faya Viesca
Sé que cuando aparezco causo una desdicha y un infortunio que ensombrecen el alma del que las sufre. El infortunado que recibe mi golpe se desconcierta, pues quisiera la ayuda y compañía de sus amigos, pero por desgracia, encuentra a la mayoría de ellos, dormidos: no acuden en su ayuda.
No se ha hecho un estudio de los efectos que produzco, ya que no siempre destruyo como se piensa; de hecho, se me soporta con más facilidad que a la propia felicidad. Cuando la dicha se apodera de una persona puede producirle males mayores que cuando yo me presento. La felicidad y el éxito se roban el ama y es tanta la luz que producen, que por lo general deslumbran y ciegan al que se pensaba que era un afortunado. Pocos pueden manejar la felicidad y el éxito, y en cambio a mí, la Adversidad, pueden manejarme y soportarme la mayoría de los hombres.
¿Quiénes me han derrotado? Se los voy a decir, pues no soy siempre tan malvada como parezco: me han derrotado los osados, los audaces y atrevidos. A los que se quedan en medio de su infortunio los detesto y más me ensaño con ellos: al verlos acobardados se incrementa mi ira, e incito a nuevas desgracias para que incrementen su inicial daño. Y en cambio temo a los que toman soluciones arriesgadísimas y extremas.
Envidio a los audaces y atrevidos, y me causan tal miedo que disminuyo la fuerza de mis golpes, dejo de invitar a otras adversidades, y con frecuencia huyo y me retiro.
No saben los hombres que no hay peor Adversidad que no haber sufrido ninguna. A quien nunca la ha padecido, lo ataco y lo tomo por sorpresa y lo hago fácilmente mi presa, pues nunca ha tenido la experiencia del infortunio y la desdicha.
Los seres humanos ignoran que soy la mejor fuente de la sabiduría. Los conocimientos de la historia y de los escritores más sabios de la humanidad empalidecen ante el inmenso poder de mis enseñanzas. Los humanos no saben que lo mejor del conocimiento de sí mismo y de la sabiduría sólo lo da el intenso sufrimiento. El dolor si es prolongado crea la sabiduría y hace a las personas más sabias, prudentes y sensatas. La vida cómoda y sin sufrimiento nunca ha producido a seres superiores y a valientes que sepan enfrentar las crudezas de la existencia.
Imposible que una persona pueda conocerse a sí, si yo no acudo a su vida. En mi presencia, el hombre deja de ser niño para convertirse en un adulto sabio: por vez primera se dará plenamente cuenta de que su narcisista y loca idea de su “invulnerabilidad” solamente era un mito guardado en su cabecita de ingenuo y de niño.
Como Adversidad que soy, no puedo negar que la prosperidad enseña y es un buen maestro, pero yo soy una maestra impar: meto a los que les pego, hasta el tuétano de la existencia; no sólo perforo su piel y músculos, sino que también les estrujo el corazón. Los aprendizajes que doy, si están alertas, le son muchísimo más útiles que las enseñanzas de las muchas veces, “vana victoria”. Yo no solamente enseño, sino que educo, y en este sentido mi educación transforma actitudes, pensamientos, sentimientos y conductas. Al que golpeo fuerte jamás volverá a ser la misma persona: si aprende de mí, será mejor en todos los sentidos.
Como adversidad, mi primer y gran consejo que puedo darles a los que no han sufrido grandes adversidades, es decirles que la vida es difícil, pero una vez que han aceptado en su corazón que la vida es difícil y que va a ser extremadamente difícil en ciertas circunstancias, no se sorprenderán cuando llegue a visitarlos.
Y algo más quiero decirles: la prosperidad y una vida sin adversidades no es propicia para despertar los talentos; en cambio, el infortunio los despierta y aviva. ¿Qué no recuerdan el sabio refrán?: “La necesidad es la madre de todas las ciencias”.
Ante el infortunio, ningún recurso es mejor que nuestra bravura. La buena suerte, quizá por ser mujer, es seducida por los atrevidos y valientes.
¡Seamos sensatos!: si contamos los días de brumas y de infortunios, siempre serán menos que los días de sol. ¡Ante la Adversidad dos posturas podemos asumir!: someternos a ella, empalidecer y temblar; o bien, retarla y enfrentarla con coraje. Un corazón osado produce milagros.
Jacinto Faya Viesca
El Sagaz y el Ingenuo
Ya habíamos platicado anteriormente –le dijo el Sagaz al Ingenuo–, de la extrema importancia de añadir a muchos de nuestros actos y palabras una dosis de arte, de belleza; de decir y de presentar bien las cosas. Por ejemplo: si vamos a tener una entrevista, es indispensable ayudar a nuestra naturaleza vistiendo con sencillez, pero respetando la limpieza y el buen gusto.
También –continuo hablando el Sagaz–, nada nos cuesta que nuestras ideas no se manchen con malas palabras, pues ello no solamente es de pésimo gusto, sino que desmerece la fuerza de nuestra inteligencia y de nuestro mensaje. Añadirle una dosis de belleza a lo que hacemos o decimos, es no dejar a nuestra naturaleza sola, sino ayudarla. El hablar y obrar con una dosis de belleza, es decir, de arte, produce verdaderos milagros. Igual que conducirnos con grosería, descuido y fealdad, es no respetar a los otros, y esto produce monstruosidades
¡Muy bien –le contesto el Ingenuo! ¿Y qué me dices del dicho tan popular de que el “modo” como digamos y hagamos las cosas es muy importante? Mira –le respondió el Sagaz: la realidad es lo que las cosas son en sí, mientras que el “modo” es la forma. ¡Veamos!: cuando das un regalo, el fondo es el regalo y el modo o forma es cómo lo entregas. El regalo puede ser algo sencillo y lo puedes entregar sin ninguna envoltura ni delicadeza. El modo y la forma son la envoltura del regalo y tu buena actitud y cortesía con que lo entregas.
Una persona –siguió hablando el Sagaz–, puede negar un favor que alguien le pida, y lo negará de tal modo, que la persona se retirara satisfecha y hasta halagada. En cambio podemos conceder lo que se nos pide, y al dar podremos ofender por el mal modo, la pésima forma como nos negamos. Es decir: que alguien negando, deja contento al que se le negó; mientras que otra persona, concediendo, deja ofendido al que recibió. ¿Vez la inmensa diferencia? Solamente por esta reflexión nos dice Gracián, Cleóbulo, pensador de la Roma Antigua, mereció ser considerado como el mejor de los sabios.
Si nos comportamos con malos modos –continuó razonando el Sagaz–, cualquier persona estará dispuesta a negarnos lo que por justicia nos corresponde, y a contrariar nuestro acertado juicio. Y es que nuestros malos modos, nuestra descuidada y pésima forma, resulta insultante al otro. Sin un buen modo, todo lo bello nos parece feo, lo inteligente lo calificamos como tonto, y nuestro corazón se cierra para no conceder. Y es que un mal modo produce desastres, mientras que un buen modo obra milagros. ¡Excelente enseñanza –dijo el Ingenuo!
¡Otra cuestión importante –dijo el Sagaz: la verdad muchas veces resulta amarga y repugnante! Pero si es necesario que digamos verdades amargas, y las decimos con humildad, delicadeza, dulzura y buena intención, podemos salir bien librados. Y si la verdad amarga la decimos con frialdad y de mal modo, siempre obtendremos enemigos y daños seguros. Y es que el buen modo lo suple casi todo y nos abre las puertas.
No estamos hablando de la adulación, que es algo muy distinto, sino de la “forma” como hacemos y decimos las cosas. La buena forma, el buen modo, hace que otros nos dispensen nuestras carencias y desaciertos, y que ellos mismos suplan nuestras deficiencias. Y es que un buen modo le da al otro fuerza y disposición de corazón para ayudarnos, mientras que un mal modo lo forzará a ver carencias y desaciertos donde no los hay. El buen modo nos salva, y el mal modo nos condena y arruina. ¡Esta reflexión será una de las más importantes de mi vida –le contestó el Ingenuo!
Como tu empiezas a caminar por la vida y cuentas con muy poca experiencia –le dijo el Sagaz a su amigo el Ingenuo–, te voy a dar un consejo que yo lo aprendí de los más grandes hombres de la antigüedad de Roma y Grecia. Si estudias detenidamente la vida de los grandes hombres del pasado y también la de grandes triunfadores del presente, vas a encontrar una cualidad de la que gozaron y ejercieron estas relevantes personas.
Todos ellos –siguió hablando el Sagaz–, tuvieron la habilidad de aprovecharse de la sabiduría y experiencia de muchas personas superiores a ellos en las materias que los consultaban. Durante todas sus vidas pidieron consejo y ayuda en materias que desconocían. Si tenían algún problema serio, acudían al experto a que lucharan por ellos. Si requerían el sabio consejo en una materia delicada, no pretendían estudiarla, sino acudir al conocedor.
De esta manera –continuó el Sagaz–, contaban a su disposición de muchas personas sabias y experimentadas. No sé por qué razón, pero cuando alguien acude por nuestro consejo, se despierta en nosotros un deseo de servir. La persona sagaz conoce de ésta debilidad del corazón, y acude con todo tipo de expertos. Y de esta manera, aprovecha de manera magnifica los conocimientos, experiencia y sabiduría de tantas personas como a las que él quiera a solicitar su ayuda. ¡Qué desperdicio en nuestras vidas – le contesto el Ingenuo–, al contar con tantas personas superiores a nosotros que podrían ayudarnos con sus consejos, y que nosotros no tomamos en cuenta!
De poner en práctica estos consejos las oportunidades de nuestras vidas se verían beneficiadas en muy alto grado.
También –continuo hablando el Sagaz–, nada nos cuesta que nuestras ideas no se manchen con malas palabras, pues ello no solamente es de pésimo gusto, sino que desmerece la fuerza de nuestra inteligencia y de nuestro mensaje. Añadirle una dosis de belleza a lo que hacemos o decimos, es no dejar a nuestra naturaleza sola, sino ayudarla. El hablar y obrar con una dosis de belleza, es decir, de arte, produce verdaderos milagros. Igual que conducirnos con grosería, descuido y fealdad, es no respetar a los otros, y esto produce monstruosidades
¡Muy bien –le contesto el Ingenuo! ¿Y qué me dices del dicho tan popular de que el “modo” como digamos y hagamos las cosas es muy importante? Mira –le respondió el Sagaz: la realidad es lo que las cosas son en sí, mientras que el “modo” es la forma. ¡Veamos!: cuando das un regalo, el fondo es el regalo y el modo o forma es cómo lo entregas. El regalo puede ser algo sencillo y lo puedes entregar sin ninguna envoltura ni delicadeza. El modo y la forma son la envoltura del regalo y tu buena actitud y cortesía con que lo entregas.
Una persona –siguió hablando el Sagaz–, puede negar un favor que alguien le pida, y lo negará de tal modo, que la persona se retirara satisfecha y hasta halagada. En cambio podemos conceder lo que se nos pide, y al dar podremos ofender por el mal modo, la pésima forma como nos negamos. Es decir: que alguien negando, deja contento al que se le negó; mientras que otra persona, concediendo, deja ofendido al que recibió. ¿Vez la inmensa diferencia? Solamente por esta reflexión nos dice Gracián, Cleóbulo, pensador de la Roma Antigua, mereció ser considerado como el mejor de los sabios.
Si nos comportamos con malos modos –continuó razonando el Sagaz–, cualquier persona estará dispuesta a negarnos lo que por justicia nos corresponde, y a contrariar nuestro acertado juicio. Y es que nuestros malos modos, nuestra descuidada y pésima forma, resulta insultante al otro. Sin un buen modo, todo lo bello nos parece feo, lo inteligente lo calificamos como tonto, y nuestro corazón se cierra para no conceder. Y es que un mal modo produce desastres, mientras que un buen modo obra milagros. ¡Excelente enseñanza –dijo el Ingenuo!
¡Otra cuestión importante –dijo el Sagaz: la verdad muchas veces resulta amarga y repugnante! Pero si es necesario que digamos verdades amargas, y las decimos con humildad, delicadeza, dulzura y buena intención, podemos salir bien librados. Y si la verdad amarga la decimos con frialdad y de mal modo, siempre obtendremos enemigos y daños seguros. Y es que el buen modo lo suple casi todo y nos abre las puertas.
No estamos hablando de la adulación, que es algo muy distinto, sino de la “forma” como hacemos y decimos las cosas. La buena forma, el buen modo, hace que otros nos dispensen nuestras carencias y desaciertos, y que ellos mismos suplan nuestras deficiencias. Y es que un buen modo le da al otro fuerza y disposición de corazón para ayudarnos, mientras que un mal modo lo forzará a ver carencias y desaciertos donde no los hay. El buen modo nos salva, y el mal modo nos condena y arruina. ¡Esta reflexión será una de las más importantes de mi vida –le contestó el Ingenuo!
Como tu empiezas a caminar por la vida y cuentas con muy poca experiencia –le dijo el Sagaz a su amigo el Ingenuo–, te voy a dar un consejo que yo lo aprendí de los más grandes hombres de la antigüedad de Roma y Grecia. Si estudias detenidamente la vida de los grandes hombres del pasado y también la de grandes triunfadores del presente, vas a encontrar una cualidad de la que gozaron y ejercieron estas relevantes personas.
Todos ellos –siguió hablando el Sagaz–, tuvieron la habilidad de aprovecharse de la sabiduría y experiencia de muchas personas superiores a ellos en las materias que los consultaban. Durante todas sus vidas pidieron consejo y ayuda en materias que desconocían. Si tenían algún problema serio, acudían al experto a que lucharan por ellos. Si requerían el sabio consejo en una materia delicada, no pretendían estudiarla, sino acudir al conocedor.
De esta manera –continuó el Sagaz–, contaban a su disposición de muchas personas sabias y experimentadas. No sé por qué razón, pero cuando alguien acude por nuestro consejo, se despierta en nosotros un deseo de servir. La persona sagaz conoce de ésta debilidad del corazón, y acude con todo tipo de expertos. Y de esta manera, aprovecha de manera magnifica los conocimientos, experiencia y sabiduría de tantas personas como a las que él quiera a solicitar su ayuda. ¡Qué desperdicio en nuestras vidas – le contesto el Ingenuo–, al contar con tantas personas superiores a nosotros que podrían ayudarnos con sus consejos, y que nosotros no tomamos en cuenta!
De poner en práctica estos consejos las oportunidades de nuestras vidas se verían beneficiadas en muy alto grado.
Diálogo entre la Dificultad y la Facilidad
¡Me acusas de no ser esforzada, de gustarme la comodidad, de ser ligera, simplista, de elegir los caminos más sencillos – le dijo la Facilidad a la Dificultad!
¡No te acuso de algo que no sea cierto – le replicó la Dificultad! Si fueras comerciante, no te esforzarías por hacer ventas de contado, pero como eres comodina, pregonas tus artículos a precios bajos y “fáciles abonos”.
Los seres humanos – siguió hablando la Dificultad -, tienden a lo fácil, al menor esfuerzo, y no a recorrer el camino completo, sino a tomar atajos chapuceros. Y esta es una de las más grandes desgracias de las personas. Y tú, Facilidad, te empeñas aun, en facilitarles las cosas.
Si pudieran verte – continuó la Dificultad -, te darías cuenta que tu nombre está escrito con azúcar, que a todos gustas, pues a todos engañas con tus promesas de hacer las cosas “fáciles”. No soportas vivir en la realidad, y por ello, tu lenguaje está siempre lleno de miel, pintas todo de color de rosa, y tus tres mejores amigas son: la ingenuidad, la inocencia, y la falsa esperanza. Si te hubieran corregido, si de niña hubieras vivido entre los espartanos de hace 2 mil años, verías las cosas de manera diferente. Pero no: se te hizo vivir en las nubes, y desde entonces, no te bajas de ellas.
Creo que me tienes envidia – le respondió la Facilidad -, pues tú tienes que vivir permanentemente entre las adversidades, y ello, como bien sabes -, no es una vida “color de rosa”. Pudiera ser, que te guste lo difícil porque sólo la gloria se alcanza después de grandes trabajos. Y si fuera así, tu problema consistiría en tu gran ambición, que no te permite disfrutar de “las pequeñas grandes cosas de la vida”.
¡Creo – continuo hablando la Facilidad, que uno de tus más grandes problemas comenzó cuando te diste cuenta, que podías hacer muchas de las cosas que te propusieras! Tus esfuerzos, luchas y desvelos, empezaron a dar sus frutos, pero como eres muy ambiciosa, querías todo: el triunfo, la gloria, fama, riquezas; y a la vez, anhelabas el descanso y la paz. Sin duda, fuiste más ingenua que yo. Yo me conformé con el color rosa y con el corazón de una paloma. Pero tú, quisiste siempre tener el corazón de un gavilán, y solo los colores estridentes y fuertes como el rojo, llamaban la atención de tus ambiciosos ojos.
¡Defiéndete como quieras – le respondió la Dificultad! Pero la verdad, es que la vida es difícil. Nacemos soltando el llanto, y morimos en un espantoso silencio. Los caminos del bien no son los que están flanqueados por las más hermosas flores, sino los pedregosos, los llenos de espinas, los que van cuesta arriba. La vida está llena de obstáculos, inconvenientes, de altas barreras, de callejones y laberintos sin salida. Estamos siempre, entre la espada y la pared.
Este mar de dificultades – siguió hablando la Dificultad -, sólo podremos navegarlo con prudencia, coraje, esfuerzos enormes y constantes. Si creemos que las rugientes y espumosas olas del mar son nuestras cariñosas amigas, nos iremos a pique. ¡Ya me imagino a ti, ingenua Facilidad, metiéndote entre las espadas de bandos contrarios, hablándoles de paz y de ternura! ¡Tú sabes, que no sobrevivirías ni un minuto!
Nuestro mundo – dijo la Dificultad -, requiere de mucha mayor prudencia, disciplina, esfuerzos perseverantes, y de un ánimo heroico. El mundo no nos ha puesto un banquete a base de purés de manzana y de otros blandos alimentos. Las dificultades de nuestra existencia nos exigen dientes y colmillos fuertes y muelas trituradoras. No es que estemos en guerra todos contra todos, sino que la complejidad creciente de todas las condiciones de nuestra existencia, nos reclama a una constante acción en todos los campos de la vida.
¡Debemos de estar muy alertas – dijo la Dificultad! Caer en la cuenta, que en toda empresa y acción que iniciemos, las dificultades van aumentando en la medida en que nos vamos acercando al fin de esa acción o empresa. Por desgracia, creemos lo contrario: si el principio y el medio han sido exitosos, descuidamos el tramo final. Y tampoco debemos caer en la ingenuidad de que son previsibles todo tipo de dificultades. A las dificultades les gustan las sorpresas, de ahí, que surjan donde nadie las espera.
Observemos que la Facilidad, hizo su cama entre algodones de nubes, luego tomó un pedazo de fino y delgado celaje de color rosa naranja, y se dispuso a dormir, con la firme creencia, de que las estrellas del bellísimo firmamento, cuidarían su sueño. Y la Dificultad, antes de dormir, preparó sus instrumentos de trabajo para emprender con ánimo resuelto un nuevo día, dispuesta a luchar con todas las dificultades que se le presentaran.
¡No te acuso de algo que no sea cierto – le replicó la Dificultad! Si fueras comerciante, no te esforzarías por hacer ventas de contado, pero como eres comodina, pregonas tus artículos a precios bajos y “fáciles abonos”.
Los seres humanos – siguió hablando la Dificultad -, tienden a lo fácil, al menor esfuerzo, y no a recorrer el camino completo, sino a tomar atajos chapuceros. Y esta es una de las más grandes desgracias de las personas. Y tú, Facilidad, te empeñas aun, en facilitarles las cosas.
Si pudieran verte – continuó la Dificultad -, te darías cuenta que tu nombre está escrito con azúcar, que a todos gustas, pues a todos engañas con tus promesas de hacer las cosas “fáciles”. No soportas vivir en la realidad, y por ello, tu lenguaje está siempre lleno de miel, pintas todo de color de rosa, y tus tres mejores amigas son: la ingenuidad, la inocencia, y la falsa esperanza. Si te hubieran corregido, si de niña hubieras vivido entre los espartanos de hace 2 mil años, verías las cosas de manera diferente. Pero no: se te hizo vivir en las nubes, y desde entonces, no te bajas de ellas.
Creo que me tienes envidia – le respondió la Facilidad -, pues tú tienes que vivir permanentemente entre las adversidades, y ello, como bien sabes -, no es una vida “color de rosa”. Pudiera ser, que te guste lo difícil porque sólo la gloria se alcanza después de grandes trabajos. Y si fuera así, tu problema consistiría en tu gran ambición, que no te permite disfrutar de “las pequeñas grandes cosas de la vida”.
¡Creo – continuo hablando la Facilidad, que uno de tus más grandes problemas comenzó cuando te diste cuenta, que podías hacer muchas de las cosas que te propusieras! Tus esfuerzos, luchas y desvelos, empezaron a dar sus frutos, pero como eres muy ambiciosa, querías todo: el triunfo, la gloria, fama, riquezas; y a la vez, anhelabas el descanso y la paz. Sin duda, fuiste más ingenua que yo. Yo me conformé con el color rosa y con el corazón de una paloma. Pero tú, quisiste siempre tener el corazón de un gavilán, y solo los colores estridentes y fuertes como el rojo, llamaban la atención de tus ambiciosos ojos.
¡Defiéndete como quieras – le respondió la Dificultad! Pero la verdad, es que la vida es difícil. Nacemos soltando el llanto, y morimos en un espantoso silencio. Los caminos del bien no son los que están flanqueados por las más hermosas flores, sino los pedregosos, los llenos de espinas, los que van cuesta arriba. La vida está llena de obstáculos, inconvenientes, de altas barreras, de callejones y laberintos sin salida. Estamos siempre, entre la espada y la pared.
Este mar de dificultades – siguió hablando la Dificultad -, sólo podremos navegarlo con prudencia, coraje, esfuerzos enormes y constantes. Si creemos que las rugientes y espumosas olas del mar son nuestras cariñosas amigas, nos iremos a pique. ¡Ya me imagino a ti, ingenua Facilidad, metiéndote entre las espadas de bandos contrarios, hablándoles de paz y de ternura! ¡Tú sabes, que no sobrevivirías ni un minuto!
Nuestro mundo – dijo la Dificultad -, requiere de mucha mayor prudencia, disciplina, esfuerzos perseverantes, y de un ánimo heroico. El mundo no nos ha puesto un banquete a base de purés de manzana y de otros blandos alimentos. Las dificultades de nuestra existencia nos exigen dientes y colmillos fuertes y muelas trituradoras. No es que estemos en guerra todos contra todos, sino que la complejidad creciente de todas las condiciones de nuestra existencia, nos reclama a una constante acción en todos los campos de la vida.
¡Debemos de estar muy alertas – dijo la Dificultad! Caer en la cuenta, que en toda empresa y acción que iniciemos, las dificultades van aumentando en la medida en que nos vamos acercando al fin de esa acción o empresa. Por desgracia, creemos lo contrario: si el principio y el medio han sido exitosos, descuidamos el tramo final. Y tampoco debemos caer en la ingenuidad de que son previsibles todo tipo de dificultades. A las dificultades les gustan las sorpresas, de ahí, que surjan donde nadie las espera.
Observemos que la Facilidad, hizo su cama entre algodones de nubes, luego tomó un pedazo de fino y delgado celaje de color rosa naranja, y se dispuso a dormir, con la firme creencia, de que las estrellas del bellísimo firmamento, cuidarían su sueño. Y la Dificultad, antes de dormir, preparó sus instrumentos de trabajo para emprender con ánimo resuelto un nuevo día, dispuesta a luchar con todas las dificultades que se le presentaran.
miércoles, 10 de octubre de 2012
La dicha personal
La dicha personal
¿Cómo podemos manejar nuestras vidas si no nos guía la racionalidad y el juicio crítico?
El “juicio crítico” es la capacidad que tenemos todas las personas para analizar una determinada situación, conductas, y opiniones. Pero desafortunadamente, la sociedad de consumo enloquecida de nuestros días, nos ha impedido en gran parte, ejercer esta capacidad.
Sin juicio crítico, somos como niños pequeños que se deslumbran con sonajas, espejitos y juguetes. Y lo verdaderamente peligroso, es que la ausencia de juicio crítico, nos ha alejado de una cabal comprensión de lo que está pasando en nuestra sociedad, en la vida de nuestros hijos y cónyuges, y en nuestras propias vidas. Sin el ejercicio de análisis racional de situaciones y personas, somos como marionetas movidas por las modas y los mitos colectivos.
No nos hemos dado cuenta de que nuestra dicha depende en gran parte de que sepamos precisar el valor de cada cosa, y de saber cuáles son los factores reales que configuran a nuestra sociedad. Por ejemplo: No nos hemos percatado que la cultura y las ciencias han sido construidas por la racionalidad de los seres humanos, mientras que el manejo de esta cultura y ciencias dependen en muchas ocasiones, de la irracionalidad y caprichos de los poderosos de nuestra sociedad ultra capitalista.
Hoy en día, ya no tenemos un concepto unificado y con sentido racional, de la técnica, la economía, las ciencias, y la política. Ahora, cada uno de estos campos ha logrado, por desgracia, su autonomía e independencia. Se puede ser científico sin tener la más mínima idea de los altos fines de la política, o pontificar sobre la economía sin entender los mínimos principios de la sociología.
Y a tal grado está fragmentada la concepción de la vida humana, que las ciencias, la economía, la técnica y la política, ya nada tienen que ver con la ética pública y privada.
Por ello, ¿qué importa que se vendan una enorme variedad de artículos y servicios, si existen bancos que nos prestan por codicia, y compañías que nos entregan la mercancía a plazos, con la sola ilusión de lucro? Si la economía está creciendo asombrosamente, ¿importa que los bancos especulen sin control alguno? Si no sabemos que la especulación y las grandes ofertas tienen como motores a la codicia sin freno, es lógico que lo racional de la economía se desplome ante la irracionalidad de especuladores y de gobernantes deslumbrados por el aparente éxito económico.
Si la moral pública y privada hubiera sido considerada como la principal directriz de la economía y de las políticas gubernamentales, no estaría ahora el mundo sufriendo por la peor crisis económica de los Estados Unidos, que arrastró en su codicia a casi todos los países del mundo.
Y precisamente, las personas, en particular, por no haber ejercido nuestro juicio crítico, nos atragantamos de todo lo que nos venda una sociedad manipulada por unos cuantos que manejan la economía, los gobiernos y las modas.
La moda y el mito es consumir cada vez más, a fin de ser felices, aun y cuando el consumo indiscriminado nos deje en la ruina financiera y nos robe nuestra libertad personal.
Y es que, ¿cómo podemos ser realmente libres y manejar nuestras vidas si no nos guía la racionalidad y el juicio crítico? ¿Cómo podemos valorar el ser arrastrados por modas y codicias, si la ética, no es la estrella polar que orienta nuestras vidas?
Ya sabemos, que los mitos colectivos, entre otros, son: Persigue el éxito económico, ten mucho para que valgas mucho, si no consumes lo que está de moda es que eres un mediocre, guíate por la técnica y las ciencias, si la televisión lo dijo es que es cierto, si tu situación económica es boyante tú serás más feliz, las personas realizadas viven con lujos, y mucho mitos colectivos más.
¿Y la ética forma parte de estos mitos colectivos? La ética no forma parte de ninguno de éstos mitos. Los valores espirituales son mal vistos por una sociedad de consumo desenfrenada y enloquecida.
Debemos pensar seriamente sobre los grandes mitos colectivos que dominan en nuestra sociedad: La moda en infinidad de artículos y de servicios, invertir en la bolsa de valores aun y cuando perdamos hasta la camisa, la creencia de una buena política cuando lo políticos son irracionales y están apartados de la ética privada y pública.
¿Cómo podemos manejar nuestras vidas si no nos guía la racionalidad y el juicio crítico?
El “juicio crítico” es la capacidad que tenemos todas las personas para analizar una determinada situación, conductas, y opiniones. Pero desafortunadamente, la sociedad de consumo enloquecida de nuestros días, nos ha impedido en gran parte, ejercer esta capacidad.
Sin juicio crítico, somos como niños pequeños que se deslumbran con sonajas, espejitos y juguetes. Y lo verdaderamente peligroso, es que la ausencia de juicio crítico, nos ha alejado de una cabal comprensión de lo que está pasando en nuestra sociedad, en la vida de nuestros hijos y cónyuges, y en nuestras propias vidas. Sin el ejercicio de análisis racional de situaciones y personas, somos como marionetas movidas por las modas y los mitos colectivos.
No nos hemos dado cuenta de que nuestra dicha depende en gran parte de que sepamos precisar el valor de cada cosa, y de saber cuáles son los factores reales que configuran a nuestra sociedad. Por ejemplo: No nos hemos percatado que la cultura y las ciencias han sido construidas por la racionalidad de los seres humanos, mientras que el manejo de esta cultura y ciencias dependen en muchas ocasiones, de la irracionalidad y caprichos de los poderosos de nuestra sociedad ultra capitalista.
Hoy en día, ya no tenemos un concepto unificado y con sentido racional, de la técnica, la economía, las ciencias, y la política. Ahora, cada uno de estos campos ha logrado, por desgracia, su autonomía e independencia. Se puede ser científico sin tener la más mínima idea de los altos fines de la política, o pontificar sobre la economía sin entender los mínimos principios de la sociología.
Y a tal grado está fragmentada la concepción de la vida humana, que las ciencias, la economía, la técnica y la política, ya nada tienen que ver con la ética pública y privada.
Por ello, ¿qué importa que se vendan una enorme variedad de artículos y servicios, si existen bancos que nos prestan por codicia, y compañías que nos entregan la mercancía a plazos, con la sola ilusión de lucro? Si la economía está creciendo asombrosamente, ¿importa que los bancos especulen sin control alguno? Si no sabemos que la especulación y las grandes ofertas tienen como motores a la codicia sin freno, es lógico que lo racional de la economía se desplome ante la irracionalidad de especuladores y de gobernantes deslumbrados por el aparente éxito económico.
Si la moral pública y privada hubiera sido considerada como la principal directriz de la economía y de las políticas gubernamentales, no estaría ahora el mundo sufriendo por la peor crisis económica de los Estados Unidos, que arrastró en su codicia a casi todos los países del mundo.
Y precisamente, las personas, en particular, por no haber ejercido nuestro juicio crítico, nos atragantamos de todo lo que nos venda una sociedad manipulada por unos cuantos que manejan la economía, los gobiernos y las modas.
La moda y el mito es consumir cada vez más, a fin de ser felices, aun y cuando el consumo indiscriminado nos deje en la ruina financiera y nos robe nuestra libertad personal.
Y es que, ¿cómo podemos ser realmente libres y manejar nuestras vidas si no nos guía la racionalidad y el juicio crítico? ¿Cómo podemos valorar el ser arrastrados por modas y codicias, si la ética, no es la estrella polar que orienta nuestras vidas?
Ya sabemos, que los mitos colectivos, entre otros, son: Persigue el éxito económico, ten mucho para que valgas mucho, si no consumes lo que está de moda es que eres un mediocre, guíate por la técnica y las ciencias, si la televisión lo dijo es que es cierto, si tu situación económica es boyante tú serás más feliz, las personas realizadas viven con lujos, y mucho mitos colectivos más.
¿Y la ética forma parte de estos mitos colectivos? La ética no forma parte de ninguno de éstos mitos. Los valores espirituales son mal vistos por una sociedad de consumo desenfrenada y enloquecida.
Debemos pensar seriamente sobre los grandes mitos colectivos que dominan en nuestra sociedad: La moda en infinidad de artículos y de servicios, invertir en la bolsa de valores aun y cuando perdamos hasta la camisa, la creencia de una buena política cuando lo políticos son irracionales y están apartados de la ética privada y pública.
El Sabio y el Aprendiz 2
El Sabio y el Aprendiz
Me doy cuenta de que muchas personas triunfan sin que estén dotados de mucha inteligencia o instrucción, y no sé la causa de sus éxitos –le dijo el Aprendiz al Sabio.
¡Préstame mucha atención -le dijo el Sabio a su amigo-, y te diré una de esas causas! Estas personas triunfadoras a las que te refieres, aun sin gozar de grandes capacidades o de una elevada educación escolar, aplican uno de los más importantes secretos del éxito: “deciden lo que quieren hacer, y perseveran en su decisión”.
Muy seguramente –siguió hablando el Sabio-, éste sea una de las dos o tres claves más grandes del éxito en todos los propósitos de los seres humanos. Cuando una persona se decide con todas las fuerzas de su alma a dedicarse a una actividad determinada, todo su sistema cerebral se orienta a realizar ese propósito. Es muy similar al hecho de que con una gran lupa concentramos los rayos del sol en un solo rayo, que es tan poderoso, que prendemos fuego con él. Lo mismo sucede con nuestro cerebro: cuando nos avocamos a una tarea, nuestras redes neuronales se concentran poderosamente en ese objetivo.
Por ello –le siguió diciendo el Sabio a su amigo-, aun en las tareas más sencillas, se dan grandes triunfos, pues ese cerebro de estas personas no trabajan difusamente, sino de manera concentrada, y con esa concentración cerebral se producen muchos descubrimientos, ideas, innovaciones, que al final traen grandes resultados.
Además, amigo –continuó el Sabio-, si a esa decisión ya tomada y puesta en acción, se le añade la perseverancia, el efecto no es doble, como pudiéramos suponer. El efecto productivo puede elevarse a siete o a doscientos, dado su “efecto sinérgico”. De hecho, la manera más fácil de fracasar en nuestros propósitos, consiste en estar cambiando constantemente de objetivo. Éste cambio constante de decisiones impide el “efecto sinérgico”, y siguiendo el ejemplo de la lupa, es como si concentráramos en ella los rayos del sol, y al no quemar de manera inmediata el objeto propuesto, enfocamos la lupa a otro objeto. Para que los rayos enciendan esa hoja seca, se necesita de cierta cantidad de segundo. Estos segundos indispensables son la “perseverancia” en las decisiones tomadas. ¡De acuerdo, amigo!
¡Me sorprende lo que me dices –le contestó el Aprendiz!, y ahora comprendo la fuerza de la perseverancia sobre un trabajo o propósito. Y la comprendo en su cabalidad, porque yo siempre había pensado que la decisión era una parte, y la perseverancia otra, sumando en total un dos. Pero ahora sé que esto no es así, sino que el “efecto sinérgico” puede ser veinte o trescientos, pues la decisión potencia y fortalece a la perseverancia, y ésta a su vez, fortalece a la decisión, por lo que la suma de las dos se multiplica. ¡Lo entendiste muy bien –le dijo su amigo!
Hay algo que me mantiene muy ansioso desde hace mucho tiempo –le confesó el Aprendiz al Sabio. He acudido a la ayuda profesional médica, y aun así, mis ansiedades no han cesado. Bien sé que mi ansiedad me causa un estado de malestar, pues cada día me parece eterno. Y más me perturbo al observar a personas de todas las clases sociales, que realmente permanecen calmadas y alegres, y mi perturbación emocional crece, cuando me dicen que el día se les va “como agua”, es decir, muy rápido.
Mira, le dijo el Sabio a su amigo: existen muchos factores que disparan la ansiedad en las personas. Pero como tú ya consultaste a profesionales de la salud mental y no has obtenido resultados, te propongo lo siguiente: escoge una actividad que te guste, que estés dotado para realizarla, y que te cause algún provecho del cual necesites.
Una vez que ya has determinado esa actividad o trabajo –le siguió aconsejando el Sabio-, toma la firmísima decisión de ocupar todo tu día laborable en ello. En la medida en que empieces a disfrutar y a obtener frutos de esa actividad, estarás tan metido en ella, que las horas se te pasarán “volando”. Si esto llegara a ser así, te aseguro que el día te parecerá corto, y tu ansiedad desaparecerá como milagro. ¡Lo haré de inmediato, y me gusta mucho tu consejo!-, le contestó al Aprendiz.
Démonos cuenta cómo en decisiones sencillas y en actividades a nuestro gusto, radica una cantera riquísima para nuestra dicha y nuestro provecho. Y no estamos hablando de decisiones “grandiosas”, ni de actividades propias de los muy dotados, sino de tareas comunes a la casi totalidad de las personas. Y es que en la sencillez de propósitos y en las actividades simples pero satisfactorias, podremos llenar nuestras vidas de un valioso sentido y de un gran provecho práctico.
Me doy cuenta de que muchas personas triunfan sin que estén dotados de mucha inteligencia o instrucción, y no sé la causa de sus éxitos –le dijo el Aprendiz al Sabio.
¡Préstame mucha atención -le dijo el Sabio a su amigo-, y te diré una de esas causas! Estas personas triunfadoras a las que te refieres, aun sin gozar de grandes capacidades o de una elevada educación escolar, aplican uno de los más importantes secretos del éxito: “deciden lo que quieren hacer, y perseveran en su decisión”.
Muy seguramente –siguió hablando el Sabio-, éste sea una de las dos o tres claves más grandes del éxito en todos los propósitos de los seres humanos. Cuando una persona se decide con todas las fuerzas de su alma a dedicarse a una actividad determinada, todo su sistema cerebral se orienta a realizar ese propósito. Es muy similar al hecho de que con una gran lupa concentramos los rayos del sol en un solo rayo, que es tan poderoso, que prendemos fuego con él. Lo mismo sucede con nuestro cerebro: cuando nos avocamos a una tarea, nuestras redes neuronales se concentran poderosamente en ese objetivo.
Por ello –le siguió diciendo el Sabio a su amigo-, aun en las tareas más sencillas, se dan grandes triunfos, pues ese cerebro de estas personas no trabajan difusamente, sino de manera concentrada, y con esa concentración cerebral se producen muchos descubrimientos, ideas, innovaciones, que al final traen grandes resultados.
Además, amigo –continuó el Sabio-, si a esa decisión ya tomada y puesta en acción, se le añade la perseverancia, el efecto no es doble, como pudiéramos suponer. El efecto productivo puede elevarse a siete o a doscientos, dado su “efecto sinérgico”. De hecho, la manera más fácil de fracasar en nuestros propósitos, consiste en estar cambiando constantemente de objetivo. Éste cambio constante de decisiones impide el “efecto sinérgico”, y siguiendo el ejemplo de la lupa, es como si concentráramos en ella los rayos del sol, y al no quemar de manera inmediata el objeto propuesto, enfocamos la lupa a otro objeto. Para que los rayos enciendan esa hoja seca, se necesita de cierta cantidad de segundo. Estos segundos indispensables son la “perseverancia” en las decisiones tomadas. ¡De acuerdo, amigo!
¡Me sorprende lo que me dices –le contestó el Aprendiz!, y ahora comprendo la fuerza de la perseverancia sobre un trabajo o propósito. Y la comprendo en su cabalidad, porque yo siempre había pensado que la decisión era una parte, y la perseverancia otra, sumando en total un dos. Pero ahora sé que esto no es así, sino que el “efecto sinérgico” puede ser veinte o trescientos, pues la decisión potencia y fortalece a la perseverancia, y ésta a su vez, fortalece a la decisión, por lo que la suma de las dos se multiplica. ¡Lo entendiste muy bien –le dijo su amigo!
Hay algo que me mantiene muy ansioso desde hace mucho tiempo –le confesó el Aprendiz al Sabio. He acudido a la ayuda profesional médica, y aun así, mis ansiedades no han cesado. Bien sé que mi ansiedad me causa un estado de malestar, pues cada día me parece eterno. Y más me perturbo al observar a personas de todas las clases sociales, que realmente permanecen calmadas y alegres, y mi perturbación emocional crece, cuando me dicen que el día se les va “como agua”, es decir, muy rápido.
Mira, le dijo el Sabio a su amigo: existen muchos factores que disparan la ansiedad en las personas. Pero como tú ya consultaste a profesionales de la salud mental y no has obtenido resultados, te propongo lo siguiente: escoge una actividad que te guste, que estés dotado para realizarla, y que te cause algún provecho del cual necesites.
Una vez que ya has determinado esa actividad o trabajo –le siguió aconsejando el Sabio-, toma la firmísima decisión de ocupar todo tu día laborable en ello. En la medida en que empieces a disfrutar y a obtener frutos de esa actividad, estarás tan metido en ella, que las horas se te pasarán “volando”. Si esto llegara a ser así, te aseguro que el día te parecerá corto, y tu ansiedad desaparecerá como milagro. ¡Lo haré de inmediato, y me gusta mucho tu consejo!-, le contestó al Aprendiz.
Démonos cuenta cómo en decisiones sencillas y en actividades a nuestro gusto, radica una cantera riquísima para nuestra dicha y nuestro provecho. Y no estamos hablando de decisiones “grandiosas”, ni de actividades propias de los muy dotados, sino de tareas comunes a la casi totalidad de las personas. Y es que en la sencillez de propósitos y en las actividades simples pero satisfactorias, podremos llenar nuestras vidas de un valioso sentido y de un gran provecho práctico.
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