viernes, 31 de diciembre de 2010

La insatisfacción y sus remedios

La insatisfacción y sus remedios
Es causante de la desilusión, el desencanto y la amargura

Sentirnos insatisfechos de nosotros mismos, constituye una real tragedia en nuestras vidas.

Las psicoterapias modernas están orientadas a tratar a las personas como meros seres racionales. En nuestra época, en la que domina el raciocinio, la lógica, la ciencia y la tecnología, no hay espacio para lo más importante: nuestros sentimientos y las expresiones de nuestro espíritu.

Si nos sentimos insatisfechos nada más equivocado que hacer a un lado una serie de sentimientos que tenemos que observar con una profunda delicadeza y cuidado. La insatisfacción personal es el resultado de un conjunto de omisiones y de actos que en la mayoría de los casos dependen de nosotros.

Si por ejemplo tenemos una clara conciencia de ciertas obligaciones que debemos atender y no lo hacemos terminaremos sintiéndonos mal. A veces no cumplimos con esas obligaciones en virtud de que las consideramos poco importantes: poner más atención en nuestros hijos, visitar a nuestros amigos que pasan por una adversidad, visitar más a nuestros padres… ¡No se trata de obligaciones poco importantes, sino de cuestiones esenciales para nuestras vidas!

Con frecuencia nuestras insatisfacciones derivan de no otorgarle a lo que llamamos “las pequeñas cosas de la vida” la enorme importancia que guardan para nuestra dicha personal. El tejido más valioso del que está hecha nuestra existencia es, precisamente, atender con extremo cuidado esas “pequeñas” grandes cosas de nuestra existencia: abrazar a nuestros seres queridos y decirles lo mucho que los queremos; contemplar las bellezas de la Naturaleza, hacer de nuestro hogar uno más bellamente habitable.

En la Antigua Roma, un famoso refrán decía: “Lo pequeño, siendo propio, nos parece grande” y es que nuestras “pequeñas cosas” son en realidad nuestras “grandes cosas”. Si esto llegamos a entenderlo, no con la razón fría, sino con el cálido corazón, nuestras insatisfacciones personales podremos alejarlas para siempre.

Y es que lo “muy poco” cuando lo estimamos y cuidamos con delicadeza se convierte en algo gigantesco. ¡Y no se trata de un autoengaño, sino sólo de atender las cosas que nos hacen sentir bien, cumplir con nuestras obligaciones y contentarnos con lo común y corriente, y ¡no más!

Si la vida sencilla no nos satisface, lo complejo, grande, extravagante y fastuoso menos nos contentará; el lujo, las pretensiones, nos avivarán más la sed; es como darle de beber al sediento, agua salada: incrementará su sed hasta la demencia.

¡Acariciemos con nuestro corazón a nuestras pequeñas grandes cosas! Hagamos de la sencillez un modelo de vida, tal como una máxima de la Roma Antigua lo expresaba: “La naturaleza se complace en cosas sencillas”.

La insatisfacción personal es una tragedia, y es un sentimiento que perturba nuestro equilibrio emocional. Es causante de la desilusión, el desencanto, el enfado crónico y la amargura. Nuestra insatisfacción personal no podemos combatirla con nuestra fingida “autocomplacencia”. La autocomplacencia constituye un engaño, es una tendencia enfermiza que trata de engrandecer nuestro egocentrismo.

En cambio, el trabajar para sentirnos satisfechos nada tiene que ver con nuestros egoísmos o falsos anhelos de superioridad. Se enfoca a mirar con detenimiento los sentimientos, obligaciones y buenos propósitos que hemos descuidado.

La autocomplacencia siempre es efímera, frívola y débil, pues no está conectada con nuestros más genuinos anhelos y sentimientos. En cambio, el luchar por nuestra satisfacción es un noble proyecto para toda la vida.

La autocomplacencia es excluyente, mientras que la satisfacción es incluyente; ésta se da, no como una meta en sí misma, sino como derivación de propósitos nobles: cuidar a una madre enferma, abrazar a nuestros hijos, respetar el entorno ecológico, cumplir con nuestras obligaciones, entregarnos a los demás.

Critilo no está de acuerdo con la necesidad de amarnos a nosotros mismos a fin de poder amar a los demás. Hay un porcentaje de personas que sienten una profunda insatisfacción con ellas mismas, y aun así, aman profundamente a sus hijos, pareja y amigos.

Nuestra alma estará contenta cuando nos empeñemos en afianzar nuestras más queridas relaciones sentimentales, y cuando nos esforcemos en atender nuestras reales obligaciones.

¿Atrapados por el nihilismo?

¿Atrapados por el nihilismo?
Las personas se desencantan y dejan de creer en los valores

No podemos negarlo: muchos padres hoy en día se dan por satisfechos si sus hijos no tienen contacto con las drogas y estupefacientes, aun si estos jóvenes no están interesados en los grandes temas de la responsabilidad social y de una libertad responsable.

El “nihilismo” ya atrapó a nuestra sociedad; o más bien, nuestro desinterés por la moral privada y pública, nos precipitó en un nihilismo que muchos no han querido reconocer. El nihilismo es la negación de todo principio esencial político y social. Cuando una sociedad no ha encontrado principios políticos y sociales que den como resultado una real mejoría en la vida de las sociedades, las personas se desencantan y dejan de creer en los valores sociales y políticos fundamentales.

¡Ya no se cree en estos principios! Principios como la democracia, la libertad, la justicia social y el bienestar popular. ¿Y cómo creer, como por ejemplo, en nuestro México, con una población de 112 millones de habitantes, en la que 60 millones viven en la pobreza?

Aun así, en el momento en que una sociedad deja de creer en los fundamentales principios políticos y sociales, se da el reinado del “nihilismo”. Éste reinado conduce a la pérdida individual del sentimiento de “indignación”, y en lo social, está listo el caldo de cultivo para la anarquía y para el primado de los más perversos intereses de personas y grupos privilegiados.

Éste es el principal problema de nuestro país, pues se convierte en el detonante de los más graves problemas potenciales para una nación. El vomito diario de plomo y fuego contra personas e instituciones; un pánico que paraliza al país; una galopante corrupción sin freno alguno; y una impunidad como bandera de triunfo de los violentos.

Estas expresiones del nihilismo tienen que ser atacadas en sus causas y no sólo en sus efectos. Sería asombrosamente cruel no reconocer que el disparador de este nihilismo ha sido nuestra salvaje e inhumana sociedad ultracapitalista, que ha despreciado los más altos valores morales y del espíritu, y que ha convertido al “becerro de oro” en el nuevo dios.

La progresiva muerte de los ideales humanistas, y la progresiva adoración por la tecnología y el hiperconsumo, están sembrando la destrucción de nuestras bases sociales: la inmensa importancia de la familia, el respeto a nuestras tradiciones, el trabajo responsable, la convivencia armoniosa entre las personas, y el respeto a la vida y la dignidad de los demás.

Si a mí se me preguntara, ¿cuál creo que sería una solución a éste nihilismo y ésta destrucción del espíritu?, contestaría del modo siguiente: volver a las fuentes más puras de lo más noble de nuestra civilización occidental. Y estas fuentes están en la “sabiduría antigua”, de la Grecia Clásica y de la Antigua Roma. Las enseñanzas de Platón, Aristóteles, Séneca, Marco Aurelio, los poetas y dramaturgos griegos. Han sido estos pensadores los únicos que pueden hacer que reencontremos el camino perdido.

Hoy en día, Séneca, Platón, Aristóteles, son muy leídos en todos los países de Occidente. Sus lecturas han sido como bocanadas de aire limpio y fresco para sociedades ya casi asfixiadas por tantas creencias baratas y falsas.

La sabiduría Antigua no solamente eliminaría tantos dolores espirituales que padecemos, sino que podría convertirse en la “cura radical” para tantos problemas y enfermedades sociales “terminales”, como la violencia brutal y el desinterés por todo lo que sea humano.

Séneca, legatario de la sabiduría de la Antigua Grecia, escribió en una Epístola a Lucilio, lo siguiente: “Me he alejado no tanto de los hombres cuanto de las cosas y, sobre todo, de mis negocios: me ocupo de los asuntos de la posteridad. Escribo cosas que podrían ayudar; confío consejos saludables a mis escritos, como si fueran recetas útiles de medicina; experimentado la eficacia sobre mis heridas que, aunque no fueran curadas completamente, no obstante, han cesado de extenderse”.

Critilo nos recuerda una parte de otra de sus Epístolas, que dice: “Sin la filosofía el alma está enferma; y el cuerpo, aunque tenga fuerzas está sano como puede estarlo el de un loco o el de un desatinado. Por este motivo, si quieres estar bien, cuida en especial la salud de tu alma y, después, la del cuerpo, lo que no le costará mucho”.

Tenemos que reconstruir a nuestra sociedad mexicana desde sus primeras bases: rescatar los valores supremos de la “sabiduría Antigua”, que nuestra sociedad mexicana incorporó hace mucho tiempo, y que los ha venido perdiendo; sabiduría que defiende los valores supremos del espíritu: la verdad, la bondad, la belleza, la justicia, y la importancia por la dignidad de los demás. Sabiduría que siempre se opuso a la violencia de la sangre a la codicia putrefacta y a los vicios del alma.

Presos del dolor

Presos del dolor
Sanos no entendemos al doliente

El dolor físico es una sensación molesta y aflictiva, más o menos intensa, de una parte del cuerpo por una causa interior o exterior.

Bienaventurados los que sufren porque ellos serán consolados, dijo Jesucristo. Los que sufren, son un buen porcentaje de las poblaciones de todos los países del mundo. En esta columna nos vamos a enfocar a uno de los peores sufrimientos del ser humano: el dolor físico.

Difícilmente no encontraremos en nuestras familias, en nosotros, o en allegados muy cercanos, a hombres y a mujeres, que sufren intensamente de dolores físicos. Dolores intensos a ratos, espaciados por días, intermitentes, o simplemente de manera permanente y crónica.

La persona que sufre físicamente padece de un cansancio crónico, lo que le impide tener paciencia. A estas personas las vemos como “quejumbrosas”, pero es que no comprendemos que el adolorido no puede callar su dolor. Muy probablemente, ningún sufrimiento emocional o espiritual sea más difícil de soportar que el dolor físico.

Cuando estamos sanos y sin dolor es imposible que podamos entender al doliente, pues su dolor no lo expresa con llanto incontrolado, como sucede como quien pasa por un duelo. El doliente físico ha impreso en su cara un rictus de dolor, y como se siente incomprendido, calla lo que le duele, y muy frecuentemente agota a sus seres queridos y destroza sus relaciones.

El que pasa por una pena, miedo o depresión, tiende al aislamiento, aunque un porcentaje de ellos busca la compañía de otros; en cambio, al que le duele intensamente algo no busca la compañía, sino que se aísla y se queda solo con su dolor. El doliente adopta con frecuencia la posición fetal: acerca sus rodillas a su vientre o pecho y se hace un ovillo. No sé si esa posición fetal, en algo aminora su dolor, o si es una respuesta instintiva a la posición en la cual jamás le dolió nada y en la que mejor se sintió: en la matriz de su madre.

El dolo físico al que nos hemos referido, no es el dolor que nos sirve de alarma biológica: aquel que nos indica que algo mal anda en nuestro cuerpo. Sino que nos estamos refiriendo a esos dolores crónicos insoportables: el artrítico reumatoide por una degeneración inflamatoria, el causado por un cáncer de huesos; los dolores de migraña, cuando el doliente siente que tiene partida su cabeza en dos, dolor acompañado de náuseas, vómitos, y una total intolerancia a la luz y al ruido. En este último tipo de dolores, hay personas que prefieren estrellar su cabeza contra las paredes. El dolor del intestino, de los riñones, por traumatismos graves, el quemado con intensidad, todo esto, incapacitando al doliente.

El mundo del dolor físico está reservado exclusivamente para estos seres que son héroes y heroínas; un mundo que nadie comparte con ellos y que nadie los entiende.

El adolorido con intenso dolor crónico o intermitente, y el adolorido incapacitado sufre lo indecible, pues pierde su autonomía y el control de su propio cuerpo. Quiere vivir, pero a la vez, quisiera que el dolor ya terminara, o que su vida llegara a su fin.

Para el médico de la Grecia Antigua, Hipócrates, el médico estaba obligado no sólo a curar, sino también a aliviar el dolor. Es más espectacular la cura de un enfermo grave, pero creo que el contenido de nobleza y espiritualidad sea mayor en el médico preocupado por sus pacientes.

Es cierto, nos dice Critilo, que mucho cuenta en el doliente la actitud que asuma ante su dolor. Incluso, hay quienes se han resignado ante él y han podido llevar una vida satisfactoria. En esto mucho depende la jerarquía de valores del adolorido, la forma como sublimice su dolor.

Lo que debemos entender, es que la gran mayoría de nosotros no comprendemos ni aceptamos al doliente. Como no se está muriendo, y no está padeciendo a veces de una enfermedad grave, tendemos a minimizar su sufrimiento. Con frecuencia, nos incomoda su dolor, lo que aísla más al doliente, sumando a su dolor físico el rechazo que siente intensamente de sus seres más queridos.

Recordemos, que, “Los hombres son más sensibles al dolor que a los placeres”, como lo dijo el historiador romano Tito Livio: sí, pero siempre que nosotros seamos los dolientes.

Pocas actitudes y conductas pueden ser más nobles que cuando comprendamos al doliente y le ayudemos a aliviar su dolor. Sin duda alguna, que aparte de las medicinas y cuidados terapéuticos del adolorido, nuestra comprensión, compañía y aliento constituye la mejor medicina y el mejor regalo de ofrenda que podemos darle a estos dolientes, verdaderos incomprendidos, muchas veces, aún por sus seres más queridos.

Conocer al hombre

Conocer al hombre
El que comprende a los demás goza de una inmensa riqueza

¡Ser buenos conocedores del ser humano constituye una ancha avenida para nuestra dicha! Ser malos conocedores de los demás hunde nuestra existencia en confusiones y empobrece nuestras relaciones interpersonales.

Conocer la “condición humana” es el conocimiento más importante que podemos lograr. Éste incluye un saber amplio sobre los sentimientos, emociones y actitudes de una persona. “El corazón – escribió Pascal – tiene sus razones que la razón no conoce”: conocer a los demás es un conocimiento del corazón.

Para conocer a una persona nos resulta indispensable agudizar nuestro oído interior: captar con claridad los gestos, palabras, tonos, sentimientos y rasgos del carácter de quien queremos conocer. Es a través de las expresiones del espíritu del otro como podremos entrar a su interior. Frecuentemente, cuando anhelamos “realmente” saber cómo es una persona, nos topamos con una fachada que es meramente artificial y que no corresponde a su verdadero ser. Su fachada la usa inconscientemente como un mecanismo de defensa para proteger lo que esa persona considera sus “debilidades”.

Para un mal conocedor del ser humano, esa fachada lo confunde, pues no sabe que la misma persona que la ostenta, cree que así es en la realidad. El buen conocedor de la condición humana rápidamente se da cuenta de que la fachada no es más que eso: una fachada. En una sola plática con esa persona, se dará cuenta de su postura artificial, lo que probablemente no ha podido descubrir ni la misma persona que la padece.

Lo “que” dice una persona es importante, pero más lo es “cómo” lo dice, y también lo que calla. Hay personas a las que hemos tratado durante años y que no conocemos lo más mínimo de su carácter. En cambio –y esto nos ha sucedido a todos– nos puede bastar una sola conversación “íntima”, para conocer en alto grado a una persona.

Decimos, que se dio una “química” entre los dos. Sí, es la química del encuentro en que las pieles de las dos almas se tocaron. Debemos hacer un esfuerzo permanente para conocer intensamente a muchas personas. Solamente teniendo el interés de asomarnos al alma de otros, nos convertirá en buenos conocedores del ser humano. Y ningún otro conocimiento será más importante para nuestra vida.

Los ventajistas, manipuladores, embaucadores, podrán explotar las debilidades de los demás, pero jamás lograrán ser conocedores del corazón humano. Un ventajista y manipulador cuando necesite aconsejar sabiamente a un hijo, amigo, o cualquier persona, será absolutamente incompetente para bridarle su consejo. Sólo puede aconsejar el que conoce los pliegues más sutiles del alma humana.

Con frecuencia, nos encontramos con personas tímidas a las que realmente queremos conocer, pero nos encontramos con una serie de actitudes y comportamientos que podrían confundirnos si no afinamos nuestro “oído interior”, que funcione eficazmente sólo cuando estamos dispuestos a “comprender” los delicados rasgos del tímido. Y en otros sentidos, nos pasa lo mismo cuando queremos adentrarnos en el corazón del colérico o del melancólico, por citar varios ejemplos.

Toda persona tímida cree ciegamente que puede fácilmente ser herida en sus más frágiles sentimientos. Habla en voz baja, prefiere permanecer callada en vez de hablar con firmeza. Su timidez la sonroja con facilidad. De alguna manera, vive su vida de una forma temerosa, pues se siente permanentemente amenazada por el mundo exterior.

“Un análisis más meticuloso- nos dice el psicoanalista Josef Rattner – nos muestra que la persona tímida enfoca por lo general, de una manera equivocada a las personas y a las situaciones. Es propensa a la desconfianza, al pesimismo, duda de la buena intención de los demás, subestima sus propias fuerzas y sobrevalora las exigencias que se le formulan…”.

Critilo nos advierte que con mucha frecuencia las personas tímidas gozan de una finísima sensibilidad y de elevadas cualidades, como el sentido del honor, la lealtad, una intensa generosidad, y grandes capacidades para la responsabilidad y el sacrificio.

Ante una persona tímida, debemos otorgarle confianza, declarar expresamente nuestras buenas intenciones; y de manera muy respetuosa y delicada, alentarla en sus proyectos. Impulsarla a la acción y a tomar riesgos, es saludable en todos sentidos.

El conocedor del ser humano deberá tratar a una persona tímida, con una profunda delicadeza. Solamente así podremos ganarnos su confianza. ¡Veamos ahora, el grave error que cometen los padres con sus hijos tímidos! La violencia que ejercen contra sus hijos crea un desastre en sus relaciones. La timidez debemos tratarla como a una flor delicada: tomarla cálidamente entre nuestras manos, pero no dañar en lo mínimo, ninguno de sus delicados pétalos.

Nuestros sueños

Nuestros sueños
Lo que es cierto para nosotros, lo es para todos los demás

“Creer tu propio pensamiento, creer que lo que es cierto para ti en tu corazón es cierto para todos los hombres, eso es el genio”, escribió el pensador norteamericano Emerson.

¡Nada más trágico que no darle valor alguno a nuestros pensamientos! Tenemos un sueño sobre un proyecto determinado: un pequeño negocio, un cambio de trabajo, nuevos estudios, y abrigamos este sueño con un gusto enorme en nuestro corazón, pero las voces de nuestros familiares, amigos o conocidos se interponen y dudan de nuestros propósitos. ¡Qué lástima: la damos más, mucho más valor, a la opinión ajena que a los cantos de nuestro corazón, y el sueño no pasa de ser eso, sólo un sueño, pero destrozado!

¿Qué acaso no sabemos, que todos los millones de cosas creadas por el hombre, primero parecieron en su imaginación? Debemos defender una de las creencias más validas y poderosas que jamás pueda nuestra mente concebir: que siempre, sí, siempre, lo más intimo de nosotros se convierte en lo más externo. Cuando realmente albergamos un sueño, así le parezca muy grande o poca cosa a los demás, debemos acariciarlo, nutrirlo, y darle cada vez más vida.

¡No importa, que para otros, nuestro sueño sea muy grande o poca cosa! Lo que sí, es que para nosotros representa un seguro logro. Así se trate de crear un modesto negocio o iniciarnos en alguna actividad que nos agrade. Como nuestro sueño nace de lo más íntimo de nuestro espíritu, tenemos todas las probabilidades de hacerlo realidad.

Debemos aprender cuando ese luminoso rayo divino ilumina nuestro interior y nos ordena ver con claridad nuestros propósitos: ese pequeño o grande comercio, esa nueva actividad, no es poca cosa; se trata de las cosas que más queremos hacer. ¿Pero qué es lo que hacemos? Apartamos de nuestro corazón ese divino rayo de luz y nos negamos a creer que nuestros sueños pueden ser realizables. La diferencia entre el genio, los triunfadores, y las personas comunes como nosotros, en una alta medida puede consistir en que todo triunfador le da un alto valor a sus propósitos, y en cambio, nosotros, no. ¿Y cómo le podríamos dar importancia a lo nuestro si no viene de un genio o de un gran triunfador? Admiramos a los otros, pero nos despreciamos a nosotros mismos.

Pensemos detenidamente en lo siguiente: ¿Cuántas veces no nos ha sucedido, que un gran pensamiento, un descubrimiento genial, ideas altamente redituables, todo esto, lo hemos leído con anterioridad en la prensa o en un libro, pero resulta, que desde hace mucho tiempo a nosotros ya se nos había ocurrido, o esas ideas altamente redituables ya las habíamos pensado? Esto nos ha sucedido muchas veces, pero ¿cómo iban a ser certeras, si nosotros ya las habíamos pensado? Hay una inmensa diferencia: aquellas ideas geniales fueron expuestas y llevadas a cabo por hombre y mujeres que si creían en ellos y nosotros las desechamos por ser nuestras; no creímos en ellas. ¡Nada más triste que ver nuestras ideas rechazadas por nosotros, y expuestas y puestas en práctica por otros!

El más prolífico de los inventores, Edison, decía que él había logrado cientos de utilísimos inventos, porque él estaba seguro que las ideas flotaban en el aire y por encima de su cabeza, y que todo consistía en dejar que las ideas penetraran en su cerebro. Y es que la realidad nos indica que la raza humana ha podido sobrevivir por cientos de miles de años, gracias a que siempre ha habido en toda tribu, pequeños pueblos, ciudades y naciones, una gran cantidad de personas que creyeron en sus ideas y mejoraron en alto grado la vida de sus comunidades y las suyas propias.

Tenemos que darnos cuenta de hechos tan increíbles, sorprendentes y desgarradores, como los siguientes: que actualmente en la tierra se produce muchísimo más alimento que el necesario para nutrir a los 6 mil 700 millones de seres humanos que poblamos el planeta, y que no obstante esto, más de mil 200 millones de personas padecen de hambre y viven en la pobreza. El hecho de que contamos con tantos recursos de capitales financieros, que sería posible darle empleo a todos; pero en la realidad, está tan injustamente repartido el dinero, que hay cientos de millones de personas sin empleo en edad de trabajar.

Cientos de millones de personas viviendo en la miseria en un mundo de abundancia en recursos naturales y financieros. Pero hay que saber, que ni un solo alimento nos llegará a la boca si no trabajamos en esos surcos que la naturaleza nos dio: surcos que representan nuestras capacidades, talentos sin usar, oportunidades no aprovechadas; surcos de ideas que no nos atrevemos a exponer, desarrollar y aplicar.

Critilo nos dice que muchos, con frecuencia, nos comportamos como niños avergonzados que no se atreven a actuar; que no somos conscientes de que nuestros propósitos pueden cambiar nuestras vidas con tal y que ¡actuemos con atrevimiento! Y no que nos sintamos como huérfanos abandonados. ¡No hemos visto, que en nuestra misma ciudad, contamos con múltiples oportunidades, pero que jamás podremos aprovecharlas mientras nos sintamos como hospiciarios que tienen que ser ayudados, y no como príncipes de nuestras actividades!

RITUAL AÑO NUEVO

Ritual
EN ÉSTE DÍA CUALQUIER RITUAL, conjuro o merjurge es bueno para revivir la esperanza de una vida mejor....

AQUÍ LA LISTA DE LAS tradiciones más comunes de fin de año para conseguir amor, dinero, salud, tranquilidad y todo lo bueno que necesitamos...

LO QUE NO DEBE FALTAR para recibir el año son las 12 uvas que se consumen una a una al compás de las 12 campañanas y de un deseo y claro sin atragantarse, porque entonces no funciona...

UN RITO QUE LLAMA A la abundancia es, faltando 10 minutos para las 12 de la noche, hay que tomar un puñado de lentejas y colocarlas en los bolsillos, en la cartera y y conservar otro poco en la mano derecha...

PARA VIAJAR Y TENER DINERO, está recibir el año con llaves y dinero en la mano derecha o colocarlo dentro de los zapatos...

PERO SI SU DESEO ES comenzar el Año Nuevo con amor, no olvide la ropa íntima roja, para el dinero no olvide el color amarillo en su lencería y el verde para la salud...

A LA HORA DE ATRAER el amor, según los que saben dicen que no falla darse un baño con frutas, vino rojo o con champaña. Con sal marina en el cuello para alejar las envidias y limpiarte, con manzanilla para limpiar el alma y con azúcar y eucalipto para perdonar...

PERO ¡OJO! SI LO QUE espera es casarse debe sentarse y volverse a parar con cada una de las 12 campanadas...

OTRA POSIBILIDAD ES AGARRAR UNA foto de la persona que quieras que te ame y sujetarla con una cinta roja y dormir con ella debajo de la almohada la noche del 31 de diciembre para que esa persona te de su amor en el año que inicia...

HAY PERSONAS QUE DESEAN CON ansia viajar, por lo que no deben dejar de salir con las valijas de la casa después de las 12 de la noche o bien dar la vuelta a la manzana
con las maletas...

PERO SI SE DESEA REAFIRMAR todo lo anhelado, todas las peticiones se deben realizar debajo de la mesa para que se cumplan con mayor fuerza...

SI LO QUE SE QUIERE es alejar las penas y las lágrimas, a las 12 de la noche se debe tirar un vaso de agua a la calle...

NO OLVIDE BARRER HACIA AFUERA de su casa a las 12 de la noche y barrer hacia adentro algunos billetes o monedas...

LAS VELAS EN LA MESA no deben faltar:

LA DORADA ES PARA ATRAER el dinero...

LA ROJA PARA AVIVAR LA llama del amor...

LA ROSA PARA ENCONTRAR EL amor ideal...

LA AZUL PARA LOGRAR TUS metas profesionales...

LA VERDE PARA LA SALUD...

LA AMARILLA PARA ATRAER LOS negocios...

LA BLANCA PARA SANAR CUALQUIER relación...

LA MORADA PARA ALEJAR LAS energías negativas...

Y AUNQUE LA CENA NO se realice en su casa, ésta debe estar impecable, además se deben poner limones partidos en cuatro, en las esquinas de tu hogar para retirar
las envidias y las malas energías...

CUALQUIERA QUE SEAN SUS CREENCIAS y tradiciones, no olvide hacer lo que mejor considere para recibir ésta noche, el 2011 con energía, amor, paz y armonía...

domingo, 14 de noviembre de 2010

Ecosofía: Actualizar la pedagogía ante el mundo cambiado

Por Leonardo Boff**

Siglos de guerras, de enfrentamientos, de luchas entre pueblos y de conflictos de clase nos están dejando una amarga lección. Este método primario y reduccionista no nos ha hecho más humanos, ni nos aproxima más unos a otros, ni mucho menos nos ha traído la tan ansiada paz.

Vivimos en permanente estado de sitio y llenos de miedo. Hemos alcanzado un estadio histórico que, en palabras de la Carta de la Tierra, “nos convoca a un nuevo comienzo”. Esto requiere una pedagogía, fundada en una nueva conciencia y en una visión incluyente de los problemas económicos, sociales, culturales y espirituales que nos desafían.

Esta nueva conciencia, fruto de la mundialización, de las ciencias de la Tierra y de la vida y también de la ecología nos está mostrando un camino a seguir: entender que todas las cosas son interdependientes y que ni siquiera las oposiciones están fuera de un Todo dinámico y abierto. Por esto, no cabe separar sino integrar, incluir en vez de excluir; reconocer, sí, las diferencias, pero buscar también las convergencias, y en lugar del gana-pierde , buscar el gana-gana.

Tal perspectiva holística está influenciando los procesos educativos. Tenemos un maestro inolvidable, Paulo Freire, que nos enseñó la dialéctica de la inclusión y a poner “y” donde antes poníamos “o”. Debemos aprender a decir “sí” a todo lo que nos hace crecer. Fray Clodovis Boff acumuló mucha experiencia trabajando con los pobres en Acre y en Río de Janeiro.

En la línea de Paulo Freire, nos entregó un librito que se ha convertido en un clásico: Cómo trabajar con el pueblo . Ante los desafíos de la nueva situación del mundo, ha elaborado un pequeño decálogo de lo que podría ser una pedagogía renovada. Vale la pena transcribirlo:


1. Sí al proceso de concientización, al despertar de la conciencia crítica y al uso de la razón analítica (cabeza). Pero sí también a la razón sensible (corazón) donde se enraízan los valores y de donde se alimentan el imaginario y todas las utopías.


2. Sí al ‘sujeto colectivo’ o social, al ‘nosotros’ creador de historia (‘nadie libera a nadie, nos liberamos juntos’). Pero sí también a la subjetividad de cada uno, al ‘yo biográfico’, al ‘sujeto individual’ con sus referencias y sueños.


3. Sí a la ‘praxis política’, transformadora de las estructuras y generadora de nuevas relaciones sociales, de un nuevo ‘sistema’. Y sí también a la ‘práctica cultural’ (simbólica, artística y religiosa), ‘transfiguradora’ del mundo y creadora de nuevos sentidos o, simplemente, de un nuevo ‘mundo vital’.


4. Sí a la acción ‘macro’ o societaria (en particular a la ‘acción revolucionaria’), la que actúa sobre las estructuras. Pero sí también a la acción ‘micro’, local y comunitaria (‘revolución molecular’) como base y punto de partida del proceso estructural.


5. Sí a la articulación de las fuerzas sociales en forma de ‘estructuras unificadoras’ y centralizadas. Pero sí también a la articulación en ‘red’, en la cual por una acción descentralizada, cada nudo se vuelve centro de creación, de iniciativas y de intervenciones.


6. Sí a la ‘crítica’ de los mecanismos de opresión, a la denuncia de las injusticias y al ‘trabajo de lo negativo’. Pero sí también a las propuestas ‘alternativas’, a las acciones positivas que instauran lo ‘nuevo’ y anuncian un futuro diferente.


7. Sí al ‘proyecto histórico’, al ‘programa político’ concreto que apunta hacia una ‘nueva sociedad’. Pero sí también a las ‘utopías’, a los sueños de la ‘fantasía creadora’, a la búsqueda de una vida diferente, en fin, de ‘un mundo nuevo’.


8. Sí a la ‘lucha’, al trabajo, al esfuerzo para progresar, sí a la seriedad del compromiso. Y sí también a la ‘gratuidad’ tal como se manifiesta en el juego, en el tiempo libre, o simplemente, en la alegría de vivir.


9. Sí al ideal de ser ‘ciudadano’, de ser ‘militante’ y ‘luchador’, sí a quien se entrega lleno de entusiasmo y coraje a la causa de la humanización del mundo. Pero también sí a la figura del ‘animador’, del ‘compañero’, del ‘amigo’, en palabras sencillas, sí a quien es rico en humanidad, en libertad y en amor.


10. Sí a una concepción ‘analítica’ y científica de la sociedad y de sus estructuras económicas y políticas. Pero sí también a la visión ‘sistémica’ y ‘holística’ de la realidad, vista como totalidad viva, integrada dialécticamente en sus varias dimensiones: personal, de género, social, ecológica, planetaria, cósmica y trascendente”.