domingo, 13 de noviembre de 2011

Actitud

¡Todos queremos tener las mejores actitudes, pues sabemos, que de aplicarlas, nuestras vidas mejorarían enormemente!

Seguramente, adoptar la actitud correcta en los momentos precisos y en las circunstancias apropiadas, constituye uno de los instrumentos más poderosos y eficaces de los seres humanos para aumentar muchísimo nuestra calidad de vida en casi todos los sentidos.

Estoy absolutamente convencido de lo que escribió sobre la actitud, el psicólogo y filósofo estadounidense William James, quien nació en 1842 y falleció en 1910. Este psicólogo, uno de los más importantes, padeció durante mucho tiempo de profundas depresiones nerviosas, prolongadas melancolías, y de todo el abanico de emociones que abaten a una persona.

William James trató de suicidarse varias veces, pero logró estabilizar emocionalmente su vida y hacer importantes aportaciones a la ciencia de la psicología. Durante la vida de James, no existían los antidepresivos ni los fármacos contra la ansiedad.

Lo más probable es que sus graves depresiones obedecieran a un desbalance de su química cerebral y no a problemas psicológicos ni existenciales.

A pesar de no contar con los fármacos que su cerebro necesitaba, James, gracias a su profunda sabiduría, logró llevar una vida enormemente productiva. He leído muchos estudios de éste psicólogo, por lo que creo que sus afirmaciones son muy sabias y profundamente científicas.

Me he extendido en dar a conocer algunos datos de William James, en virtud de que lo más confiable e importante que se ha dicho sobre la actitud se lo debemos a este psicólogo y filósofo estadounidense.

En el siglo 19, William James escribió:

“El descubrimiento más grande de mi generación, es que un ser humano puede modificar su vida cambiando su actitud mental”.

Por “actitud mental”, James entendía tanto las ideas como las emociones. Y aquí podemos empezar a coger el hilo por la punta, a fin de poder conocer de qué se compone toda la madeja de la actitud.

¿Por qué razón no adoptamos ni podemos adoptar la actitud correcta que más nos beneficiaría? ¡Esta es la pregunta que no se han planteado ni los psicólogos científicos ni los escritores de libros de autoayuda!

¡En ningún libro de autoayuda jamás he leído cuál es la “naturaleza” de toda actitud, como tampoco la manera, la forma, las condiciones que debemos seguir para “aplicar” la actitud adecuada o que deseamos!

En primer lugar, deseo transcribir íntegramente un corto ensayo que sobre la actitud escribió Charles Swindoll, y que aparece traducido al español en la obra del doctor Don Colbert, titulada “Emociones que matan”, y editada por Grupo Nelson, en 2011, en Estados Unidos.

Este corto ensayo sobre la actitud es el siguiente:

“Las palabras jamás pueden transmitir adecuadamente el increíble impacto de nuestra actitud hacia la vida. Cuanto más vivo tanto más me convenzo de que la vida es un 10% lo que nos sucede y un 90% el modo en que reaccionamos ante ello.

“Creo que la decisión más importante que puedo tomar día a día es qué actitud tener. Es más importante que mi pasado, mi educación, mi cuenta bancaria, mis éxitos o fracasos, la fama o el dolor, lo que otros piensan o dicen acerca de mí, mis circunstancias o mi posición.

La actitud me permite seguir andando o me impide el progreso. Alimenta mi fuego o ataca mis esperanzas. Cuando mis actitudes son las correctas no hay barrera demasiado alta, ni valle demasiado profundo, ni sueño demasiado extremo, ni desafío demasiado grande para mí”.

La importancia de la actitud sobre la que escribe Charles Swindoll es lo mejor que he leído, pero aun así, este autor nada nos dice sobre la “naturaleza” de la Actitud ni de los mecanismos para su adopción y aplicación.

Empezaremos diciendo que toda actitud es una “disposición de ánimo”, y en tal sentido, su “naturaleza” es de orden emocional, aunque esta naturaleza emocional siempre incluye procesos de nuestra inteligencia: valoraciones, ideas, creencias racionales e irracionales, prejuicios, simpatías y antipatías, etc.

Don Colbert, doctor en Medicina de los Estados Unidos, sobre la actitud opina lo siguiente:

“En cierta medida, todas las emociones fatales derivan de nuestras actitudes. Y las actitudes son algo que podemos controlar. Podemos elegir cómo pensar y cómo sentirnos acerca de cualquier circunstancia, evento o relación en nuestra vida. Podemos elegir en gran medida cómo enfrentamos la pena, el resentimiento, la amargura, la vergüenza, los celos, la culpa, el miedo, la preocupación, la depresión, la ira, la hostilidad, y toda otra situación emocional que dispare una respuesta física”.

Actitud (segunda parte)
La columna pasada es indispensable para la comprensión cabal de la presente columna, por lo que no reiteraré cuestiones fundamentales vistas con anterioridad.

Todas nuestras actitudes: obras, comunicaciones con otras personas, pensamientos y emociones internas que no hemos exteriorizado, están formadas por “disposiciones de nuestro ánimo”, y por “decisiones” (equivocadas o acertadas) que deseamos ejercer. No existe ni una sola Actitud “fría”, es decir, sin componentes emocionales, como: enojo, simpatía, optimismo, pesimismo, odio, amor, etc. Nuestra conducta con otras personas podrá ser muy educada y respetuosa, aun y cuando nuestra disposición de ánimo sea de enojo.

Lo más importante es que tomemos conciencia de qué actitudes nuestras “adecuadas”, nos dan resultados deseados; y qué actitudes inadecuadas sabotean nuestros objetivos.

Una de las más equivocadas concepciones es creer que todas nuestras actitudes deben tener un “ánimo” positivo, calmado y triunfante. ¡No es así! Por ejemplo, si vamos a reclamar un derecho que nos han negado, o si hemos recibido una ofensa injusta, nuestra actitud correcta sería la de mostrar nuestra inconformidad y enojo.

Si una persona asiste al funeral de un familiar muy querido de un amigo, la actitud de llegar al funeral con un ánimo alegre, positivo y festivo, sería una actitud desastrosa. Si vamos a entrevistarnos con un posible cliente que queremos tener, y empezamos a expresarnos con desaliento, desconfianza y un ánimo de derrota anticipada, nuestra actitud será totalmente inadecuada.

Con mucha frecuencia, las actitudes que adoptamos ante los sucesos que nos pasan, no están soportadas o apoyadas por las “disposiciones de ánimo” más adecuadas. ¡No nos damos cuenta de esto, y de ésta inconsciencia se derivan muchos contratiempos y daños en nuestro perjuicio y en perjuicio de otros! Por esto, lo más importante que está bajo nuestro control, es preguntarnos en qué “disposición de ánimo nos encontramos” ante la necesidad de decir algunas cosas o actuar de una determinada manera. Derivado de lo anterior, sí podemos (en la mayoría de los casos) “hacernos cargo de nuestras actitudes”. Y por esto, nada más importante que estarnos planteando permanentemente, la siguiente pregunta: ¿Es éste el modo, la forma, la manera como quiero pensar, sentirme, comunicarme y actuar?

El solo planteamiento de esta pregunta nos conducirá poco a poco, a frenarnos ante nuestro primer impulso. “Frenarnos”, será una palabra clave en lo futuro de nuestra vida (esta palabra la podemos escribir en alguna tarjeta que llevemos siempre, por un tiempo bastante largo, hasta que nos acostumbremos a pensar siempre en la palabra, “frenarnos”).

“Me dejé ir”, “no me pude detener”, “me ganó el coraje, la prisa, etc.”, son frases muy frecuentes en personas que dañaron a otros y que ofendieron sin razón alguna.

“Frenarnos”, es el “stop”, el aviso de que sí está a nuestra disposición durante unos días, horas, minutos o segundos “entre” nuestra reacción emocional y nuestra acción, el detenernos. Esos segundos pueden salvar nuestra vida, llevar a feliz término un negocio, conciliar un conflicto, aun y cuando nuestra “disposición de ánimo” sea de odio, vergüenza, tristeza, pánico, etc.

La española María Moliner, en uno de los mejores diccionarios elaborados en la historia de la lengua española (“Diccionario del uso del Español”, publicado por la editorial Gredos de España), nos da el siguiente catálogo de disposiciones de ánimo relativos a la forma de concretarse una actitud, y que son las siguientes, entre otras:

Ademán, gesto, actitud abierta, absurda, amistosa, arrogante, benévola, clara, comprensiva, confiada, desconfiada, desdeñosa, despectiva, displicente, estúpida, gallarda, hostil, humilde, improcedente, incomprensible, inconveniente, prudente, rebelde, reservada, soberbia, sospechosa, sumisa.

Las anteriores son maneras de estar dispuestos a comportarnos u obrar.

La vida la vivimos a “momentos”, y nuestra existencia puede ser excelente en muchos sentidos, en la medida en que sepamos y estemos dispuestos a adoptar la actitud más adecuada que nos exijan esos “momentos” de nuestra vida. Si queremos llegar a ser más amistosos con las personas, nada mejor que adoptar una actitud de empatía. Esto me recuerda lo que dijo la gran estadista de la India, Indira Gandhi: “Con el puño cerrado no puedo intercambiar un apretón de manos”. Nuestros puños cerrados nos revelan una actitud agresiva y no amistosa. Winston Churchil, el enorme Primer Ministro de Inglaterra, y uno de los estadistas que más luchó contra el nazismo y el fascismo, y defensor de las libertades, una vez, afirmó: “Las actitudes son más importantes que las aptitudes”.

¡Claro que nuestras actitudes son más importantes que nuestras aptitudes, y también, que nuestros conocimientos e inteligencia! ¡Las actitudes son lo principal para mejorar nuestra existencia!

Cool… tura Web

A favor de lo mejor

“¿No es verdad ángel de amor, que en esta pantalla fría, hallaremos una guía para pasárnosla mejor?”.

Uno de los principales problemas al que nos enfrentamos en la actualidad es la falta de “cultura tecnológica”.

¡Cómo! ¡Si todo mundo hoy día vive frente a un monitor y hace uso de cuanto avance tecnológico sale al mercado!

Pues sí, pero confundimos la verdadera utilidad que los medios pueden ofrecernos con convertirnos en “esclavos” de ellos.

¿De qué manera podemos hacer uso de la tecnología, sin que ésta haga uso de nosotros?

Una posible solución es contemplar las nuevas tecnologías sólo como herramientas, y no como la única respuesta a todos los problemas. Sin olvidar la existencia de otras fuentes de consulta (libros, periódicos, etcétera) existe la posibilidad de enriquecernos culturalmente con nuestro monitor.

Si tú disfrutas de los adelantos tecnológicos, te invitamos a que aprendas a explotarlos. Utilízalos, aprovéchalos y conviértelos en un verdadero mediador entre las posibilidades de “cooltura” que el ciberespacio brinda y tu “sed de conocimientos”.

En la red encontrarás opciones sobre música, pintura, danza, escultura, teatro, cine… ¡¡DE TODO!! Pero hay que saber buscar. Explora y conoce la nueva manera de cultivar tus conocimientos y de divertirte en línea, con algo más que “trivialidades cibernéticas”.

Nuestras sugerencias culturales son en su mayoría sitios mexicanos. No te quedes sólo con esto, busca y comparte todas estas opciones con tus amigos y familia.

Visita http://www.observamedios.com sitio de A Favor de lo Mejor, en donde encontrarás páginas seguras y recomendadas por la Asociación para todo tipo de gustos y necesidades.

La Universidad del siglo 21

El nueve de septiembre anterior, con ocasión de cumplirse 125 años de la Universidad de Deusto, en Bilbao, el Superior General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás, impartió en ella la lección inaugural del curso 2011-2012.

Al margen de la investidura de quien impartió la lección, hay en ella elementos que bien pueden servir de referencia para las responsabilidades de toda universidad, especialmente las públicas y laicas, frente a una nueva era en la que todas las coordenadas científicas y sociales parecen haber dado un vuelco. Diez reflexiones propuso sobre la función histórica de las universidades y de sus perspectivas en el futuro.

La primera se refiere al equilibrio que debe buscarse entre las disciplinas científico-técnicas y las humanísticas, así como al necesario fomento de las investigaciones y estudios que exploren las zonas fronterizas entre esos dos campos del saber.

La segunda, a la necesaria salvaguarda que debe tener lugar del “sentido histórico” de toda universidad, que no es otro que la “búsqueda honesta y colectiva” del conocimiento, su preservación y acrecentamiento, para transmitirlo a las generaciones subsecuentes. Ello, a pesar y aun contra las exigencias del mercado.

La tercera, al deber de propiciar vías y maneras de difusión y de acceso al conocimiento que no sólo no incrementen las desigualdades, sino que las combatan, propiciando propuestas concretas para el desarrollo, comunitario e individual, de los más desfavorecidos.

La cuarta, que me parece clave, consiste en destacar el deber universitario de convertirse en puntal en la promoción y aplicación de modelos más justos en la relación económica, tanto entre las personas como entre los países.

La quinta se vincula con el deber de promover un conocimiento transformador de la sociedad, de la opinión pública y de la propia universidad, conforme a principios éticos de referencia (no hay que perder la brújula, se diría coloquialmente).

La sexta, tiene que ver con el diálogo intercultural, que siempre deberá propiciarse abriendo canales efectivos en ella para que aquél tenga lugar libre, respetuosa y creativamente.

En séptimo lugar y para de verdad promover el desarrollo integral de la persona, además de la difusión de conocimientos y adiestramiento de habilidades profesionales, la formación universitaria requiere del cultivo de una inquietud cultural, humanística, que capacite a los alumnos para ser “ciudadanos conscientes y críticos, sensibles a la verdad, a la bondad y a la belleza”, al tiempo que les permita inquirir libremente acerca del mundo y la historia. Es decir, los objetivos fundamentales de la formación integral de los alumnos tres: adquirir conocimientos (saber); entrenar sus capacidades y competencia profesionales (saber hacer); adquirir familiaridad con la cultura, una conciencia ciudadana y global, y aprender valores éticos trascendentes que inviten a transformar el mundo (saber ser, saber estar y saber convivir).

Deberá fomentar en los alumnos el pensamiento autónomo, dice en octavo lugar, de manera que, con sentido crítico, puedan afrontar la avalancha de información característica de todo tiempo presente y futuro, proporcionándoles criterios de solvencia para la búsqueda y creación de fuentes rigurosas, sin sesgos ideológicos o signados por intereses económicos o cualquier otra naturaleza espuria.

Deberá aprovechar las nuevas tecnologías de la comunicación, con creatividad, para desarrollar a partir de ellas mayores y mejores posibilidades formativas y participativas es el noveno punto.

El décimo, tener siempre presente que cada universidad es en sí misma un “proyecto social” y tiene, por tanto, la responsabilidad de insertarse, de integrarse se diría, en el sistema social de su entorno inmediato, pero también en el nivel global, participando activamente en el debate cultural, científico y ético, para iluminarlo y adquirir luz de él.

Más que la ausencia de vida

En un artículo muy interesante el arquitecto, posgraduado en marketing, Paulo Angelim, comenta que estamos acostumbrados a escuchar la palabra muerte sólo como la ausencia de vida. Sin embargo, existen otros tipos de muerte.

Afirma Angelim que la muerte es algo pasajero, una transformación. “No existe planta sin la muerte de la semilla, no existe el embrión sin la muerte del óvulo y del esperma, no existe mariposa sin la muerte de la oruga”.

La muerte no es más que el punto de partida para el inicio de algo nuevo, la frontera entre el pasado y el futuro.

Sí quieres ser buena universitaria, aconseja Angelim, mata dentro de ti a la adolescente que cree que tiene todo el tiempo por delante. ¿Quieres ser un buen profesionista? Entonces mata dentro de ti al universitario que se conforma con estudiar sólo lo suficiente para pasar los exámenes.

¿Quieres tener una buena relación con los demás? Entonces mata dentro de ti a la mujer insegura, al hombre celoso, al joven amargado, al adulto exigente, al padre inmaduro, al hijo egoísta, a la persona individualista que piensa que puede hacer planes solo, yendo por la vida sin compartir, sin servir, sin apoyar, sin agregar valor a las vidas de los demás.

¿Quieres tener buenas amistades? Entonces mata dentro de ti a la persona insatisfecha, mata la voluntad de manipular a las personas de acuerdo con tu conveniencia. Respeta a tus amigos, sirve a tus colegas de trabajo, haz por tus vecinos lo que te gustaría que hicieran por ti; no esperes a que los demás den el primer paso, dalo tú.

En fin todo proceso de evolución, coincide Angelim, exige que matemos a nuestro “yo” pasado, aquel ser de limitaciones, dudas, miedos, que se ve atrapado en un mundo inferior.

¿Y cuál es el riesgo de no actuar así? No evolucionar. Muchas personas no evolucionan porque se quedan atrapadas en lo que eran, no se proyectan para lo que serán o desean ser. Anhelan una nueva etapa, sin cambiar la forma en cómo piensan o actúan. Acaban transformándose, dice Angelim, en proyectos inacabados, híbridos, adultos infantilizados.

Podemos aún actuar, a veces, como cachorros, de tal forma que nos mantenemos con las virtudes de un niño que también son necesarias en los años de adultos, como jugueteos, sonrisas fáciles, vitalidad, creatividad, tolerancia, etcétera.

Más, sí quisiéramos ser adultos, debemos necesariamente matar algunas actitudes infantiles, para pasar a actuar como adultos, para que la inmadurez dé paso a la madurez, para que la oruga muera y nazca la mariposa, que se sabe libre, pero al mismo tiempo comprometida con los demás.

¿Especialistas en todo?

¿Especialistas en todo?
Hace unos 250 años el economista Adam Smith observó que 10 hombres trabajando por su cuenta en una fábrica de alfileres podían producir cada uno 200 piezas al día, pero cuando estos se especializaban en una línea de producción, ¡podían producir 48 mil! Una economía de expertos puede producir más que una de generalistas o “especialistas en todo”. Cuando la gente se especializa, destacan los economistas Robert E. Hall y Marc Lieberman, se reduce el tiempo no-productivo que implica cambiar de actividad, por lo que existe una mayor productividad. Y existe otro argumento a favor de la especialización, que viene de la observación empírica: quien se especializa en su verdadera vocación, además de ser muy productivo, logra un alto grado de satisfacción personal.

Así, quienes suben a la cima de su profesión no sólo lo hacen debido a sus habilidades técnicas, sino porque disfrutan ampliamente lo que hacen. Su grado de especialización está directamente vinculado a su grado de interés en un tema, vocación, tarea o área específica de conocimiento. Un verdadero experto se consolida no por obligación, sino por gusto. Y como consecuencia de su “maestría”, el experto deleita a su público, a sus clientes, a quienes sirve. Cuando alguien nos presenta un producto o servicio terminado hecho de corazón, la obra nos inspira, porque pasa de ser trabajo a ser arte. No sólo por interés económico, sino por salud mental, es importante especializarte en al menos un área. Te recomiendo los siguientes pasos, independientemente de tu situación personal o profesional. Puedes comenzar incluso en un campo nuevo que represente un reto fresco.

1. Identifica tu tema. ¿Cuál es aquel tema, industria, proyecto, sueño, especialidad, vocación, tarea, actividad, arte, o área del conocimiento que no sólo te interesa, sino que te entusiasma? Realiza una lluvia de ideas de todo lo que te gusta, tal como se te vengan a la mente. Define aquel concepto que más te entusiasme, sin juzgar, ni pensar en el cómo lo vas a hacer. Aquí la clave es identificar “lo tuyo”. Ejemplos: tocar el piano, hornear pasteles, aconsejar empresarios, escudriñar el cielo nocturno, dar terapia, manejar coches de carreras, escribir, pintar, bailar, volar, etcétera.

2. Estudia, investiga, practica, juega. Dedícate a investigar y conocer todo lo humanamente posible sobre tu actividad. Al hacerlo te darás cuenta sobre la amplitud de los conocimientos, por lo que quizá elegirás una subespecialidad... esto está bien. Lee todo lo que puedas, busca en Internet, practica, capacítate, pregunta y, sobre todo, pon en práctica tu espíritu de niño, de curiosidad y experimentación. Piensa que al hacer todo esto estás jugando... y en el proceso aprendes. Sugiero que hagas esto por un mínimo de un mes y un máximo de 3 meses (como fase inicial).
¿Especialistas en todo? Parte 2
En la primera parte de este artículo comentamos que una economía de expertos puede producir más que una de generalistas o “especialistas en todo”. Cuando la gente se especializa existe una mayor productividad. Y existe otro argumento a favor de la especialización, que viene de la observación empírica: quien se especializa en su verdadera vocación, además de ser muy productivo, logra un alto grado de satisfacción personal. Continuamos pues con las recomendaciones:

3. Encuentra a quien servir. Ahora sí es el momento de pasar al siguiente nivel de tu experimento. Dado que ya dominas un área mucho mejor que aproximadamente el 90% de la gente que te rodea, tienes cierta autoridad y sobre todo confianza en tus habilidades. Si por ejemplo, llevas 10 pasteles horneados, o cinco recitales, te darás cuenta que, a prueba y error, has aprendido lecciones importantes. Ahora el paso es encontrar a quien servir, con quien compartir tu nuevo “mundo”. Puedes hacerlo de forma gratuita o cobrando, el objetivo es servir.

4. Continúa con el paso 3. Sin darte cuenta, ya iniciaste un negocio, un oficio o simplemente un pasatiempo que puede convertirse, si aún no lo es, en una actividad remunerada. Sigue sirviendo. Tu negocio crecerá a medida que seas recomendado y que activamente, claro, te promuevas. Lo importante es aportar valor a los demás, siempre. Ponte metas cada vez más ambiciosas, que son solamente “experimentos”, pero más grandes. Utiliza siempre tu creatividad para aportar propuestas nuevas y diferenciarte. Con cada paso incrementa el volumen, los alcances. La clave es reconocer lo que funciona y lo que no, y adecuarte cuando sea necesario. Recuerda, el objetivo es siempre servir.

Cuando genuinamente disfrutas lo que haces buscas compartirlo; deseas abrir tu mundo a otras personas. Esta es la forma natural, genuina, de vender, aconsejando, compartiendo algo que reconoces como valioso. Dependiendo de tu grado de excelencia y especialización en lo que hagas, será también la capacidad para servir y ser recompensado. Esto se logra con la dedicación y el paso del tiempo, así que la paciencia es importante.

La economía ideal es aquella en la que conviven una multitud de expertos, dedicados a sus labores no por obligación, sino por vocación.

Funciona porque nos permite a cada uno enfocarnos en nuestra pasión. El resultado no es sólo mayor calidad y eficiencia en los productos y servicios, sino una sociedad de personas felices.

La gente que me gusta

La gente que me gusta
“Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace2. Esta es una de las frases del conocido texto del multicondecorado escritor Mario Benedetti.

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, mejor conocido como Mario Benedetti, fue un escritor y poeta uruguayo. Hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia, quienes lo bautizaron con cinco nombres, siguiendo sus costumbres italianas. Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, Uruguay. Se educó en un colegio alemán y se ganó la vida como taquígrafo, cajero, vendedor, contable, funcionario público, periodista, traductor. De 1945 a 1975 hizo periodismo en el semanario “Marcha”, clausurado en esa fecha por la dictadura. Fue autor de novelas, cuentos, poesía, teatro, ensayos, crítica literaria, crónicas humorísticas, guiones cinematográficos, letras de canciones. Publicó más de 40 libros que han sido traducidos a 18 idiomas. Sus novelas y cuentos fueron adaptados a la radio, la televisión y el cine. Su teatro ha sido representado en más de 10 países.

Su enorme producción literaria abarca todos los géneros, incluyendo famosas canciones, y suma más de 60 obras, entre las que destacan la novela “Gracias por el Fuego” (1965), el ensayo “El Escritor Latinoamericano y la Revolución Posible” (1974), los cuentos de “Con y sin Nostalgia” (1977) y los poemas de “Viento del Exilio” (1981). En 1987 recibió el Premio Llama de Oro de Amnistía Internacional por su novela “Primavera con una Esquina Rota”.

Mario Benedetti, murió víctima de una larga enfermedad el 17 de mayo de 2009. En “La Gente que me Gusta”, Mario Benedetti afirma:

“Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar. Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar. Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría. Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe. Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó. Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a éstos les llamo mis amigos. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido”.

¿Quién lo causó?

¿Quién lo causó?
El reconocido gurú de la productividad y desarrollo personal, Stephen Covey, autor de los “7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva” presenta el principio 90/10. Afirma que sólo el 10% de la vida está relacionado con lo que te sucede, mientras que el 90% de la vida está relacionado por lo forma en cómo reaccionas. Independientemente del grado de control que tengamos sobre los sucesos de la vida, ya sea un auto averiado, un vuelo que se retrasa, un automovilista que obstaculiza el tráfico, o cualquier otro evento, hay ciertas cosas que al presentarse se salen de las manos, y se convierten simplemente en hechos. Pero ahí es donde entra en juego el 90% restante. La reacción ante los hechos. No podrás controlar el semáforo en rojo, dice Covey, pero puedes controlar tu reacción. Covey presenta un ejemplo:

Estás desayunando con tu familia. Tu hija tira una taza de café y chispea tu camisa de trabajo. Tú no tienes control sobre lo que acaba de pasar. Lo siguiente que suceda será determinado por tu reacción. Tú maldices. Regañas severamente a tu hija porque te tiró la taza encima. Ella rompe a llorar. Después de regañarla, te volteas a tu esposa y la criticas por colocar la taza demasiado cerca de la orilla de la mesa. Y sigue una batalla verbal. Tú vociferando subes arriba a cambiarte la camisa. Cuando bajas, encuentras a tu hija demasiado ocupada llorando terminándose el desayuno para estar lista para la escuela. Ella pierde el autobús. Tu esposa debe irse inmediatamente para el trabajo. Tú te apresuras al carro y llevas a tu hija a la escuela. Debido a que tú ya estas atrasado, manejas 40 millas por hora en una velocidad máxima de 30 millas por hora. Después de 15 minutos de retraso y de obtener una multa de tráfico por 60 dólares, llegas a la escuela. Tu hija corre a la escuela sin decirte adiós. Después de llegar a la oficina 20 minutos tarde, te das cuenta que se te olvidó el maletín. Tu día empezó terrible. Y parece que se pondrá cada vez peor. Ansías llegar a tu casa. Cuando lo haces, encuentras un pequeño distanciamiento en tu relación con tu esposa y tu hija. ¿Por qué? Por la forma en la que reaccionaste en la mañana. ¿Por qué tuviste un mal día?

a) ¿el café lo causó? b) ¿tu hija lo causó? c) ¿el policía lo causó? d) ¿tú lo causaste? La respuesta es la “d”. Tu control se escapó del café derramado y se trasladó al plano de tu reacción. La forma en cómo reaccionaste en esos cinco segundos fue lo que causó tu mal día. En cambio, ¿qué pudo haber sucedido?, elabora Covey: El café te chispea. Tú hija está a punto de llorar. Tú gentilmente le dices, “está bien cariño, sólo necesitas tener más cuidado la próxima vez”. Después de agarrar una camisa nueva y tu maletín, regresas abajo y miras a través de la ventana y ves a tu hija tomando el autobús. Ella voltea y te dice adiós con la mano. ¿Notas la diferencia? Dos escenarios diferentes. Ambos empezaron igual. Ambos terminaron diferente.
Steven Covey. Afirma que no tenemos realmente el control sobre el 10% de lo que sucede. El otro 90% se determina por tu reacción.

Aquí están algunas formas de aplicar el principio 90/10. Si alguien te dice algo negativo acerca de ti, no lo tomes muy apecho. Deja que el ataque caiga como el agua sobre el aceite. No dejes que los comentarios negativos te afecten. Reacciona apropiadamente y no arruinará tu día. Una reacción equivocada podría resultar en la pérdida de un amigo, ser despedido, estrés, etcétera.

¿Cómo reaccionar si alguien te interrumpe en el tráfico? ¿Pierdes tu carácter?, ¿golpeas el volante? (a un amigo mío se le desprendió el volante), dice Covey, ¿maldices? ¿Te sube la presión?, ¿por qué dejar que los carros te arruinen el viaje? Recuerda el principio 90/10 y no te preocupes de eso.

Tú has dicho que perdiste el empleo. ¿Por qué perder el sueño y ponerte enojado? No funcionará. Usa la energía de preocupación y el tiempo para encontrar otro trabajo.

El avión está atrasado. Va a arruinar la programación de tu día. ¿Por qué manifestar frustración con el encargado de la aerolínea? Él no tiene control de lo que está pasando. Usa tu tiempo para estudiar, conocer a otros pasajeros, ¿por qué estresarse? Eso hará que las cosas se pongan peor.

Ahora ya conoces el principio 90/10. Aplícalo y quedarás maravillado con los resultados. No perderás nada si lo intentas. El principio 90/10 es increíble. Muy pocos lo conocen y aplican este principio.

¿El resultado? Millones de personas están sufriendo de un estrés que no vale la pena, sufrimientos, problemas y dolores de cabeza. Un ejercicio complementario para lidiar con el estrés que implica tener un diálogo mental inadecuado, ayuda a convertir la “paranoia” en “paranoia inversa”, es muy recomendable:

Por los siguientes 60 minutos imagina que toda persona con la que interactúas tiene una intención positiva hacia ti. Piensa que, durante la siguiente hora, la actitud de cada persona que te rodea es inusualmente buena. Vas a sentir que te están enviando “buena vibra”, y que se acercan a ti con una buena intención, para hacer, decir u ofrecerte algo bueno.

Piensa y siente que toda persona, ya sea en el teléfono, por correo electrónico o que simplemente entra en tus pensamientos, tiene algo bueno para ti. Independiente de la “historia” que tengas con cada persona, harás el esfuerzo consciente de proyectar situaciones positivas. Pensarás por sólo 60 minutos que las personas a tu alrededor son buenas y tienen algo bueno para ti.

Observa lo que sucede. Cuando termines, amplía el ejercicio a dos horas. Si aún puedes mantener esta práctica, amplíalo aún más a seis horas y luego a todo un día. Los resultados te sorprenderán.

El principio 90/10 recuerda que tú, yo, somos cada uno causantes de nuestra propia experiencia... “yo soy responsable de mis resultados, no hay a quien culpar”.