viernes, 24 de julio de 2015

Ignacio Zaragoza


Ignacio Zaragoza
Nació en Bahía de Espíritu Santo, hoy Goliad, en la provincia de Coahuila y Texas, que entonces formaba parte de México, el 4 de febrero de 1829. 

Fue el segundo hijo del capitán Miguel Zaragoza Valdez y de María de Jesús Seguín. Cuando se perdió Texas, la familia Zaragoza se trasladó a Matamoros, radicando por la hoy avenida Tamaulipas, a la orilla del río Bravo.
 

En Matamoros, donde residió 9 años de su corta existencia de 33, recibió su educación primaria. Su padre es comisionado en 1845 como ayudante en la comisaría de Nuevo León en Monterrey y en 1846 la familia llega a Zacatecas, donde es testigo de la invasión norteamericana.
 

El joven Zaragoza se reclutó como cadete en el regimiento de húsares, pero no fue llamado para incorporarse al ejército. Su padre muere en Monterrey y se alista para formar parte de la Guardia Nacional en Monterrey, donde por elección de sus compañeros es nombrado capitán de la primera compañía de fusileros en 1851.
 

Estando de servicio en ciudad Victoria, su madre le pide que no forme parte del ejército de Santa Anna y con sus 113 efectivos se une a las fuerzas de Santiago Vidaurri en Monterrey en 1855, arrasando con el santannista Guitrán en el rancho de Las Varas, que le valió el ascenso a coronel.
 

En 1857 contrae matrimonio con Rafaela Padilla. De regreso de la Ciudad de México en donde cumplía una comisión de Vidaurri, su diligencia fue asaltada por bandidos, a los que Zaragoza se les enfrentó matando a uno de ellos y el resto fue obligado a huir.
 

En Monterrey toma el mando de la primera división del norte donde fue invencible, con su espíritu de disciplina y lealtad a la ley, obedece órdenes del general Degollado y despoja del mando a su ex jefe Santiago Vidaurri.
 

Siguió su gran cadena de triunfos al lado de los republicanos, entrando junto con el general Ortega a la Ciudad de México el 25 de diciembre de 1860, ya con el grado de general, dando fin a la guerra de reforma. Benito Juárez lo nombra ministro de guerra y marina en 1861, puesto al que renunció para encabezar la defensa del territorio nacional en contra de la invasión francesa, donde en Puebla logra su máxima proeza a vencerlos el 5 de mayo de 1862. Su invicta marcha es frenada por el tifo que acaba con su vida el 8 de septiembre de ese año.
 

Por decreto del gobierno, el general Ignacio Zaragoza es nombrado benemérito de la patria en grado heroico y a la ciudad de Puebla se le agrega “de Zaragoza”.
 
Coahuila también lleva el nombre del invicto general, cuya nacionalidad sigue siendo objeto de disputa, entre Estados Unidos y México.

LA ANGOSTURA


El puerto de la angostura

La Angostura es el paso natural de la salida que comunica Saltillo con la ciudad de Zacatecas. En el año 1847 era la única salida hacia el sur del país. 

Sitio en donde lo abrupto del terreno forma una serie de lomas, que encajonadas entre dos brazos paralelos de las vertientes de la sierra, cortan perpendicularmente el camino que iba de San Luis Potosí a Saltillo.
 

El puerto de la Angostura formó, el día 22 de febrero de 1847, una fortificación natural para el ejército norteamericano, encabezado por el general Zacarías Taylor; ahí decidió esperar al Ejército Mexicano, que era conducido torpemente por el general Antonio López de Santa Anna.
 

El ejército invasor estaba formidablemente acampado y fortificado, aprovechándose de lomas que constituían reductos naturales ante fosos que improvisaban pantanos profundos, en el fondo de ásperos barrancos.
 

Habían emplazado los norteamericanos sus baterías con numerosos cañones ligeros, que con su fuego cruzado debían batir el camino y sus flancos, por donde deberían iniciar el asalto las fuerzas mexicanas.
 

Los mexicanos llegaron a la Angostura jadeantes y fatigados después de recorrer casi 80 kilómetros en un día, ante un ejército descansado y fuertemente defendido por el terreno.
 

El general Miñón acampaba en Los Cerritos, en la retaguardia del ejército norteamericano, esperando las órdenes del general Santa Anna para atacar al enemigo en este punto.
 

Miñón disponía de 1,200 jinetes fuertemente armados y descansados.
 

Desde el día 21 los invasores habían elegido como punto principal de su defensa la loma más alta de las que atraviesan perpendicularmente la carretera de Saltillo, construyendo durante la noche dos parapetos con sus fosos, además de haber cavado otras cortaduras sobre el camino.
 

El general Taylor colocó en formación de combate ocho compañías del regimiento de Illinois a la derecha.
 

En las crestas de la izquierda y al centro, se colocó al segundo regimiento de Kentucky y los voluntarios de Texas, la extrema izquierda fue protegida por los regimientos de Arkansas y Kentucky.
 

La reserva estaba formada por la brigada de Indiana, los rifleros de Mississipi y algunas baterías de artillería.
 

Con estas fuerzas se presentó un buen orden de batalla.
 

Santa Anna por su parte tendió su ejército sobre la derecha del camino, frente a la izquierda enemiga, que era la parte débil, el plan de general mexicano era apoderarse de un alto cerro en el extremo izquierdo enemigo y desde ahí batir sus posiciones para descender luego sobre la retaguardia de aquella ala. (Álvaro Canales)

La batalla de la Angostura
Continuando con la batalla de la Angostura, acaecida en 1847, ya emplazados los dos ejércitos contendientes, con gran superioridad de los norteamericanos sobre el ejército de Santa Anna.

Se tomó la posición a pesar de los refuerzos que le llegaron a los norteños y al morir la tarde, un clarín anunció el triunfo de las brigadas que se habían apoderado del cerro.
 

Hizo un frío espantoso durante las noches del 22 y del 23 de febrero. Ambos contendientes permanecieron en silencio sin luces y sin fogatas.
 

Esa noche el general Taylor viajó a Saltillo para organizar la defensa de la ciudad, ya que presentía la derrota al ver el decidido empuje de los mexicanos y al regresar llevó refuerzos para tratar de sostener sus líneas.
 

Santa Anna se ocupó en reforzar y extender su derecha, amagando la izquierda del invasor.
 

Disponía de 9 mil elementos de infantería, 3 mil de caballería, apoyados por 22 cañones de buen calibre, pero casi todos mal emplazados.
 

Los invasores tenían 7 mil elementos, pero superior en artillería, en calidad y en cantidad de piezas, con 26 cañones de diversos calibres y con la ventaja de tener soldados descansados y en excelente posición sobre lomas dominantes, ante terrenos escabrosos, triplicaba su número.

Antes de romper el alba del 23 de febrero, principió la batalla en el extremo derecho de la línea mexicana. Taylor envió reforzar esa línea con nuevas tropas de manera escalonada.
 

Mientras se disputaban esa posición, Santa Anna organizó un ataque por el centro, recibiendo un intenso fuego de artillería enemiga y no obstante los estragos que hicieron en los mexicanos, estos siguieron adelante, forzando el paso de las barrancas, arrollando a los destacamentos invasores.
 

El combate también se generalizó por el lado derecho, llegando a su apogeo al filo de las 8 de la mañana.
 

Los mexicanos empezaron a imponerse a los invasores, cuya resistencia empezó a desmoronarse con la carga a bayoneta de los mexicanos.
 

Esa carga puso en fuga a la infantería norteamericanos hasta la hacienda Buenavista, en donde se hizo una gran resistencia.
 

Los invasores sostuvieron su caballería, mientras que Santa Anna, no avisó al general Miñón para que su caballería diera el golpe final.
 

Las fuerzas mexicanas destrozaron al enemigo en todos sus frentes, estos últimos retrocedieron el día 23.
 

El 24 por la mañana, los mexicanos comprendieron que tendría que darse otra batalla para destruir al enemigo por completo, pero Santa Anna ordenó la retirada.
 

Hubo sorpresa, cólera y amargura entre el ejército mexicano, al conocer la orden de Santa Anna de retirarse, después de los horrores de la batalla y de su histórico triunfo del día anterior. Algo que nadie supo entender. (Álvaro Canales)

Asesinato de Madero


Asesinato de Madero

El día 22 de febrero se recuerda el sacrificio estoico del hombre más generoso, más idealista y más puro que ha tenido México: Don Francisco I. Madero, quien inició su vida política enfrentándose a un presidente municipal arbitrario, después, renunciando a su bienestar y sus comodidades, apoyó la candidatura de don Venustiano Carranza, al gobierno de Coahuila, que terminaron en fracasos. 

Dio a conocer sus ideas en su libro La Sucesión Presidencial, causando sensación su entereza con que proclama sus verdades y por la valiente exhortación que hacía al pueblo para que cumpliera con sus deberes cívicos. Madero se hizo popularísimo y logró encarnar el ideal libertario y democrático de nuestro pueblo.
 

Al efectuarse la convención antireeleccionista de febrero de 1910, Madero, como abanderado de la misma y como jefe de la oposición, se constituyó en el dirigente nato del movimiento de renovación político–social.
 

Ante la resistencia presentada por los enemigos de la libertad y de la justicia, vino la lucha y la revolución encabezada por Madero.
 

La dictadura se derrumbó y los que gozaban de privilegios y de prerrogativas se escudaron en los llamados tratados de Ciudad Juárez, para seguir gozando de ellos, al amparo de un gobierno de transición.
 

Al llegar Madero a la presidencia de la República, tuvo un gobierno breve y azaroso, preñado de peligros, por las constantes insurrecciones que le provocaron, pero nunca dejó de ser modelo de honestidad y de buena intención.
 

Madero fue llamado el presidente blanco, porque su gobierno fue una página blanca en el libro de nuestra historia.
 

Sus enemigos no le permitieron realizar su obra ni lo comprendieron, dejó para el futuro una orientación política social que recogió Venustiano Carranza para realizar a su tiempo, las más valiosas conquistas de la revolución.
 

Al desencadenar sus enemigos sobre su gobierno con la tormenta de la decena trágica, Madero pudo evitar la muerte, pero prefirió mantenerse en su puesto hasta el final.
 

Y el hombre más valiente y justo que no sintió odio jamás contra sus enemigos, que vivió con el pensamiento de hacer el bien de los demás, fue traicionado y sacrificado bárbaramente por sus adversarios, a quienes él había perdonado.
 

Madero, por cumplir con su deber y por la lealtad a sus ideales, encontró la muerte.
 

Este evento seguramente será recordado en Piedras Negras, en donde la figura de Madero es gigante, aunque no se le ha hecho la correcta justicia, Madero tuvo a Piedras Negras muy cerca de su corazón como lo tuvieron nuestros paisanos de aquella época, pero los de ahora pocos lo quieren reconocer, sólo una escuela primaria lleva su nombre y una gran colonia, tan grande, que prefieren llamarla Mundo Nuevo, el segundo puente internacional estuvo a punto de llamarse Francisco I. Madero, pero prevaleció el de Coahuila 2000, ¿es suficiente para hacerle justicia al llamado apóstol de la democracia?

DÍA DE LA BANDERA


Día de la bandera

Hernán Cortés utilizó un estandarte rojo e insertó la costumbre de honrar al símbolo de lo que llamó el paseo del pendón. 

El cabildo de la ciudad de México lo cambió por uno de color verde y rojo, para finalizar la ocupación con el estandarte virreinal. Miguel Hidalgo enarboló el estandarte de la Virgen de Guadalupe el 16 de septiembre de 1810.
 

Morelos tuvo su bandera, de color azul pálido, formando un cuadrilongo, con el águila coronada casi de perfil sobre un nopal y las iniciales de Viva la Virgen María entre los arcos del acueducto.
 

La de los insurgentes era rectangular con tres franjas verticales, blanco, azul y rojo, en este orden; el blanco y el azul simbolizaban la casa de Moctezuma y el rojo el de Castilla.
 

El abrazo de Acatempam entre Vicente Guerrero por los insurgentes y por el realista, Agustín de Iturbide, el 24 de febrero de 1821, provocó el nacimiento de nuestra Bandera.
 

Un lábaro que portaba los tres colores tradicionales en diagonal: Blanco, verde y rojo.
 

El blanco significaba la pureza de la religión católica, el verde la independencia y el rojo la unión con los españoles; bandera llamada de las Tres Garantías o Bandera Trigarante, donde resaltaban tres estrellas amarillas de cinco puntas, una en cada color.
 

Iturbide ordenó como emperador de México cambiar los tres colores para colocarlos en forma vertical en el orden que hoy conocemos y en el centro del color blanco, un águila sola, de frente, con ambas garras sobre un nopal, con las alas abiertas, ciñendo una corona imperial.
 

Muerto el efímero Imperio, el águila se le representó de acuerdo a la tradición indígena: De perfil, sin la corona, devorando una serpiente, con ramas de encino y laurel.
 

En 1825, el águila es presentada de frente con las alas extendidas y por primera vez, aparecen el nopal y la peña.
 

En 1834, se dispuso que la bandera se izara en los edificios públicos en las fechas en que se celebraran ceremonias cívicas oficiales.
 

El 24 de febrero de 1837, se conmemoró por primera vez el Día de la Bandera, ante la estatua de don Vicente Guerrero.
 

Maximiliano le colocó una vez más la corona imperial sobre la cabeza del águila.
 
Benito Juárez portó la bandera llamada Supremos Poderes, con el águila de frente y las alas desplegadas devorando una serpiente.
 

Porfirio Díaz la despojó de todo símbolo monárquico y le agregó laureles alrededor del águila, que sostenía en su pico y en la garra derecha una serpiente, todo sobre un nopal en un trozo de tierra en el centro de un lago.
 

En 1916, vuelve el águila de perfil y se le agregó una rama de laurel y otra de encina, ambas entrelazadas en su base por una cinta tricolor, según diseño de don Antonio Gómez.
 

El 5 de febrero de 1934, se dispuso que las guirnaldas de encino y laurel cerraran el escudo nacional en forma de círculo y a partir de 1940, todos los mexicanos honramos nuestra bandera cada 24 de febrero.
 

En 1968, conforme al diseño de Francisco Eppens Helguera, se representa el águila tal como le conocemos en la actualidad.

SAN PEDRO DE LAS COLONIAS


La villa de San Pedro
San Pedro de las Colonias se denominó en sus orígenes San Pedro de la Laguna y después de estar despoblado pasó a ser propiedad de los marqueses de Aguayo, que la habían adquirido por herencia del conde de San Pedro del Álamo, don José Valdivieso, que había contraído a su vez matrimonio con la heredera del marquesado de Aguayo, al morir Valdivieso le hereda sus extensas propiedades a su hijo don Pedro Ignacio, el que a su vez le hereda a su primogénito don José María. 

Después empieza la decadencia del Marquesado y sus extensas tierras son vendidas a una compañía deslindadora extranjera, pero la operación de venta fue nulificada por la nación, lo que propició un largo litigio, que vino a concluir con la venta total del latifundio del marquesado de Aguayo a la familia Sánchez-Navarro, latifundistas del área de Monclova, la operación se cerró en 1841.
 

Al triunfo de los juaristas y como los Sánchez-Navarro se habían manifestado partidistas y colaboradores del imperio de Maximiliano, el Gobierno mexicano les expropió su extenso latifundio y la mayoría de sus tierras son repartidas a los veteranos de las guerras de reforma y del segundo imperio, y un grupo de ellos solicita una dotación de tierras de San Pedro en 1868.
 

El historiador López Portillo hace referencia en su Anuario Coahuilense de 1886, sin citar sus fuentes, que “los primeros habitantes de la comarca (sic) vinieron en 1869 y se establecieron en un punto situado a dos kilómetros al noreste de la villa y en 1874 se trasladaron a donde hoy esta situada, no muy lejos de la antigua misión de San Pedro.
 

El primer presidente fue Juan Gómez, persona muy activa y a quien por sus disposiciones acertadas y enérgicas, se le debe en gran parte la pronta formación y engrandecimiento de la población”.
 

Don Cosme Garza García en su Prontuario de Leyes y Decretos del Estado de Coahuila y en el que toma datos del Congreso del Estado, cita que: Decreto número 83 del 20 de enero de 1870.
 

Se facilitó al ejecutivo para poner en marcha la medición y deslinde de los terrenos de la colonia de San Pedro, poniendo en posesión de sus habitantes y para fijar el punto más conveniente el establecimiento de la población.
 

En el decreto 123 del 24 de febrero de 1871, se erige en villa con la denominación de San Pedro la congregación del mismo nombre, formada conforme al decreto número 83, en el distrito de Parras, con los ranchos de Las Habas, Mayrán, San Nicolás y Cerro Bola. Estos son los antecedentes de San Pedro. (Álvaro Canales Santos)
 

LAS CARRETAS


Las carretas


Aún se observan carretas en el ámbito rural de Coahuila. Fueron el medio de transporte más utilizado para el transporte de mercancías. 

Era tal su importancia, que se llegó a dar el caso de que el dueño de una línea de transporte impartía sus órdenes y casi era el dueño de la población donde operaba, porque traficaba a su libre arbitrio las mercancías que transportaba.
 

Desempeñaron un rol importantísimo para la fundación de las poblaciones de Coahuila hasta que apareció el ferrocarril a finales del siglo XIX.
 

No solo se utilizaban para el transporte de mercancías, minerales y dinero, sino para llevar pasajeros. Las carretas eran estiradas regularmente por yunta de bueyes y en ocasiones por cuatro mulas o machos, como se les decían a los animales híbridos resultante de la cruza de burro y yegua.
 

Es conocido lo mal hablados que eran los carreteros conductores de estos vehículos, ya que cuanto mas empinados y difíciles eran los caminos, más violentos eran sus juramentos.
 

Arrieros y carreteros, maldecían cuando hacían el camino, mencionando su alma, renegando de quienes les habían engendrado y del día en que nacieron, sin olvidar maldecir el día en que se hicieron carreteros.
 

El cuerpo de la carreta era angosto, medían cerca de dos veces lo que tenía de ancho y era protegida por una franja de aros; tenían un techo como protección que los cubría del sol, agua y viento, construido de lona gruesa, de pieles o simplemente de hojas de palma.
 

Tenían cuatro grandes ruedas de construcción pesada y resistente; estas eran altas, porque tenían que cruzar ríos y arroyos muy cargados de agua en tiempos de lluvia.
 

El gobierno colonial de la Nueva España reglamentó la construcción de carretas en todo el país. Existe un comunicado extraído del archivo de Santa Rosa, hoy Melchor Múzquiz, que fue enviado desde Cuatro Ciénegas el 2 de septiembre de 1808, que decía: “Al Señor Justicia Mayor del Real Presidio de Santa Rosa del Sacramento.
 

Por disposición superior pasa para ese Real Presidio el Ingeniero Carretero Don Francisco Morales, a fin de que, reuniéndose con los principales vecinos de ese lugar, proceda a instruirlos en el modo de fabricar las carretas de ruedas, para la cual, hará Usted que se trasladen a los bosques del Río Sabinas, donde cortarán las maderas necesarias, procurando no cortar árboles jóvenes, que más tarde harán falta a la riqueza pública.
 

Concluido este trabajo, pasará el citado Ingeniero Don Francisco Morales al Real Presidio de San Fernando de Austria -actual Zaragoza-, para lo cual la autoridad real del digno cargo de Usted, dará la escolta bastante y hará que se le guarden el respeto y las atenciones a su rango”.
 

Mi amigo Homero Flores, inquieto historiador saltillense, se ha dado a la tarea de reproducir a rigurosa escala con algunos colaboradores, las carretas de la época, utilizando los materiales genuinos de aquella época, que ahora son parte de la historia, de las cuales me obsequió dos verdaderas joyas artesanales, que resguardo con admiración y respeto. (A. Canales Santos)

MIGUEL GREGORIO HIALGO


Hidalgo viaja a baján

Según versión de Álvaro Canales Santos, el 16 de marzo de 1811, empezó a salir el ejército insurgente de Saltillo, caminando hacia lo desconocido. Ignacio Allende inició la marcha con sus caballos, acémilas, carruajes, arrieros, carretas, soldados, artillería, parque, religiosos y algunas mujeres. 

La primera jornada se rindió en la hacienda de Santa María del Rosario, que hoy pertenece a Ramos Arizpe, a 24 kilómetros al norte de Saltillo.
 

El 17 de marzo, Hidalgo salió de Saltillo en la madrugada, acompañado de fray Gregorio de la Concepción y una escolta de 200 hombres de caballería, llegando a Santa María a las 10 de la mañana.
 

En ese lugar se presentó a ofrecer sus servicios el Sr. Bernardo Gutiérrez de Lara, al que se le otorgó el grado de teniente coronel, comisionándolo para trasladarse a Washington a gestionar ayuda para la revolución.
 

En la hacienda se buscó aumentar la impedimenta y como el cruce del desierto iba a ser muy largo, se le agregaron 12 carretas de rastrojo, 4 de maíz y 4 atajos de mulas cargadas con barriles conteniendo agua.
 

Para el día 18 siguieron su marcha los insurgentes a través del desierto, que se fue haciendo insoportable por el intenso calor y el polvo, en este cruce no se encontró ninguna sombra o un aguaje para mitigar la sed.
 

Se internaron por una región de alturas y barrancas, arribando casi al oscurecer a la hacienda de Mesillas, en el municipio de Ramos Arizpe.
 

En aquella ocasión Mesillas era un reducto formado por una gran plaza y cercada de construcciones almenadas, con la ventaja de estar situada al pie de unos cerros de cumbres planas que servirían para los vigías de la marcha.
 

Ese mismo día 18, después de un reparador descanso se dispuso el Ejército a cubrir otra jornada, pasaron el arroyo que riega Mesillas, traspusieron una cordillera y debieron de hacer alto para tomar algún alimento y dar pienso a las bestias en la entonces hacienda de Paredón, por la tarde llegaron a la hacienda de Anahelo, nombre indígena que se ha castellanizado como Anhelo.
 

En este lugar se alojaron los jefes en la casa grande de la hacienda, las familias bajo los techos y la tropa se tendió al aire libre, teniendo que soportar el sereno y el rocío, que los debió de refrescar del día tan caluroso.

Esa noche hubo derroche de buen humor, menudearon los chistes y las bromas, se escucharon el rasgar de las guitarras y canciones.
 

El que más les levantaba el ánimo era don Juan Aldama, que siempre fue dicharachero y dado a las bromas y los albures.
 

El día 20 continuaron su marcha, el desierto era implacable en esos días, caminaron por un desfiladero formado por la Sierra de Anhelo y por unas rocas denominadas El Espinazo de Ambrosio, se hicieron algunos altos para tomar agua y alimentos pernoctando en La Joya.
 

El 21 muy temprano empezaron a salir hacia el norte el grueso de la columna y para las 9 de la mañana se avistó el pueblecito de Baján, donde los jefes no tuvieron la precaución de enviar a su fuerza exploradora y ahí, como todos sabemos, los esperaba la prisión y la muerte.


 

El último viaje de Hidalgo


Miguel Hidalgo intentó reagruparse después de su derrota en el puente de Calderón y se dirigió al norte. Sale de Saltillo rumbo a Monclova el 17 de marzo de 1811, con poco más de mil soldados, bagajes entre los que iban más de 500 mil pesos, barras de plata en catorce coches escoltados en la retaguardia y la mayoría de los caudillos. 

Confiando en la lealtad del capitán Ignacio Elizondo, que abrazó la contra revolución, Hidalgo pasa por Santa María, Anhelo y el Espinazo del Diablo, con muchas penurias, fatigados y la falta de agua, son sorprendidos en una loma de Acatita de Baján, el 21 de marzo de ese año, cayendo prisioneros, la vanguardia, los catorce coches y el grueso del ejército.
 

Cayendo prisioneros: Miguel Hidalgo, Allende, Abasolo, Aldama, Jiménez, Camargo, Balleza y José Santos Villa, además de don Mariano Hidalgo, clérigos religiosos y demás seculares.
 

Ahí murió el hijo de Ignacio Allende que hizo frente a los traidores. Elizondo, con la ayuda de un grupo de indios lipanes que comandaba el capitán Menchaca, se apoderaron del tesoro y un total de 800 prisioneros, que fueron conducidos hasta Monclova, donde son insultados y amenazados por la muchedumbre exaltada y encarcelados en una celda de la cárcel.
 

El día 26 de marzo, encadenados, son conducidos hasta Chihuahua, custodiados por el teniente coronel Manuel Salcedo y en El Álamo, hoy Viesca, Coahuila, los eclesiásticos prisioneros, exceptuando a Hidalgo, son llevados a Durango.
 

A su paso por la Laguna, Hidalgo se sombreó en un majestuoso árbol en el centro del parián, del que hoy queda sólo un tronco seco, como testigo fiel de haber cobijado por última vez a Hidalgo en la población de Viesca.
 

Aún permanece en pie en esta villa, la casa en donde estuvo prisionero el caudillo, el 3 de abril de 1811. Atravesaron luego La Laguna rumbo a Mapimí, en donde permanecieron recluidos en una casa frente a la plazuela y al lado sur de la iglesia.
 

De ahí salieron a Chihuahua en donde fueron concentrados en el Real Hospital de la ciudad, donde Hidalgo fue degradado en su calidad de eclesiástico el 29 de junio y al día siguiente fue fusilado, donde un indio mezcalero de la población Nombre de Dios, Durango, le cortó de un tajo la cabeza.
 

El cuerpo de Hidalgo fue amortajado con una sotana y expuesto al público durante días, hasta que fue sepultado en la capilla de San Antonio y su cabeza, junto con las de Aldama, Jiménez y Allende, fueron llevadas a Guanajuato por un toreador de profesión y colocadas en las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en jaulas de hierro.

 

 

Arenga de Hidalgo en Saltillo

En pleno Bicentenario de la Independencia recordamos el 14 de marzo de 1811 y sin la presencia de Hidalgo, los principales jefes del movimiento insurgente efectuaron un consejo de guerra, en el que acordaron dirigirse a los Estados Unidos a efecto de conseguir armas, sin embargo, otros autores dicen que sólo pensaban llegar a San Antonio, Texas, desde donde pondrían en ejecución sus planes, debiendo regresar después para continuar la lucha por la independencia. 

También se acordó que Ignacio López Rayón se quedara en Saltillo, con una parte del Ejército. Un día antes de marchar al norte, pasaron revista general de las tropas, que presenciaron Hidalgo y Allende y después de la inspección de las armas, Hidalgo les habló a las tropas de López Rayón que se quedarían en Saltillo: “Soldados de la patria y compañeros de armas: No ignoréis nuestras desgracias en la batalla de Calderón, hemos perdido grandes recursos, adquiridos con tanto afán y constancia y con todo no hemos perdido, en fin, sino un poco de tiempo que sabremos reparar.
 

No nos ha vencido el enemigo, bien lo sabéis, sino ciertas circunstancias que aún no están a vuestro alcance.
 

Aunque nuestra causa es santa, para seguirla defendiendo necesitamos el auxilio de nuestros buenos amigos que la aman tanto como nosotros. A éstos vengo buscando, tengo grandes esperanzas y por eso me dirijo a Coahuila (refiriéndose a Monclova), y Béjar (San Antonio, Texas).
 

Es grande la distancia que nos separa de nuestros deudos y amigos, pero no será por mucho tiempo.
 

Volveremos sí, volveremos a combatir por nuestros derechos, por nuestra independencia y libertad.
 

El que tenga voluntad en seguirme, tendrá que conformarse con penalidades y fatigas; después seréis recompensados con usura, con una moneda que vale más que el oro, pues antes está la buena acción de combatir por la patria, defendiéndola de tanta humillación y tiranía.
 

Así pues, el que se resuelva acompañarme de un paso al frente”.
 

Después de estas palabras, se desprendieron de la formación unos 100 hombres y dos oficiales.
 

A esta tropa le dirigió nuevamente la palabra Hidalgo, diciéndoles: “Militantes y buenos mexicanos, soy testigo de vuestro valor y experimentos, el desastre de Calderón nos ha arrojado a gran distancia del teatro de la guerra.
 

Ya se que éste y sus consecuencias no os asustan, puesto que están tan distantes de los más caros objetos que abandonaron por seguir la bandera nacional, pero, como podrá haber algunos que tengan fuertes razones que les impidan pasar adelante, podrán demostrarlo dando un paso al frente, sin que este hecho se tenga en esta población”.
 

Hubo un momento de silencio. Ninguno salió de su formación y al mismo tiempo se escucharon vivas al generalísimo, a la nación y su independencia.

Se tocaron dianas y después se retiró la tropa.
 

Los jefes se ocuparon de los preparativos para la marcha hacia el norte, se pidieron informes acerca del camino y de las dificultades.

Era el 15 de marzo de 1811 y estaban por abandonar Saltillo. (Tomado de Las Cosas de Coahuila de Álvaro Canales Santos).