martes, 31 de mayo de 2011

La videopolítica y videodemocracia

El maestro Sartori en su obra denominada “Ingeniera constitucional” hace referencia a una serie de factores que pueden llegar incluso hacer que dejemos de hablar del ser humano como homo sapiens (que piensa) para migrar a ser un homo videns (que sólo ve).

La médula de la transición de esto, está básicamente en la información que recibe ahora el ser humano y para situarnos en los tiempos electorales el ciudadano en los distintos medios de comunicación, con especial énfasis la televisión. Incluso menciona que este adelanto tecnológico, está en proceso de hace cambiar nuestra forma de vida.

Habla de que el homo sapiens realiza sus propios juicios y sintetiza la información que día a día va aprendiendo y observando mediante el quehacer cotidiano de cada una de sus actividades.

Mientras que el homo videns es un producto de la televisión y que ahora solo sigue sus impulsos no mediante el razonamiento de las cosas que suceden o sucedían, sino que ahora solo se guía por las imágenes y la información que recibe por los distintos medios de comunicación, limitando su horizonte a las que estos le proyectan.

Sabemos que en nuestra Entidad Federativa tiene verificativo el proceso para elegir Gobernador del Estado y Diputados Locales, y es por esto que hago alusión a los distintos tipos de electores en los que nos podemos convertir sino observamos y somos críticos con lo que pasa a nuestro alrededor. Pero sobre todo sino buscamos informarnos y solo nos quedamos con lo que los medios de comunicación deciden pasarnos, o valga la redundancia informarnos.


Creo que es fundamental darnos el tiempo para no solo ver los spots publicitarios de uno u otro candidato. Sino más bien porque no tomarnos un poco de nuestro valioso tiempo y visitar las páginas de los distintos contendientes a Gobernador y Diputados Locales, o bien la del propio Instituto Electoral y Participación Ciudadana del Estado, para efecto de poder ver las plataformas políticas y/o propuestas de campañas y así decidir por quien y a quién votaremos.

Recordemos que estas plataformas a la postre de quien resulte ganador se convertirá en el proyecto de gobierno a desarrollar en nuestro Estado por lo menos los siguientes seis años. Como vemos. Creo que es mejor dedicarle un espacio de 20 a 30 minutos en leer lo que cada uno de ellos propone, o bien hacerlo en intervalos de un candidato por noche. Que por favor no nos subestimen con campañas negras sin contenido ni propuestas. Definitivamente hay que estar a la expectativa de todo lo que pase en este periodo de campaña, pero yo preferiría que observemos lo que realmente vale. Que si usted es madre de familia, pues vea quien conviene más para efectos de que sus hijos tengan más y mejores oportunidades de estudiar, de esparcimiento y de crecimiento integral. Que si usted es un apasionado por el arte, pues vea quien cumple con sus expectativas. Pero sobre todo que si usted está decidido a votar pues vea de manera amplia lo que mejor convenga para Coahuila y las próximas generaciones.

Les digo esto, porque por ejemplo en los sistemas de gobierno parlamentario, el proyecto de gobierno propuesto en la campaña, es importantísimo para efectos de que los presidentes o primeros ministros según sea el caso, puedan seguir gobernando. Ya que de abandonar el plan de gobierno por el que fueron elegidos, la propia oposición puede tramitar una figura que por lo menos en términos de derecho español, se llama “pérdida de la confianza” la cual puede llevar a cavar con los gobiernos de manera anticipada. Sobra decir que nuestro sistema no funciona así, pero la idea es tratar de hacer conciencia de lo que importa es la materia gris y el contenido. Y no solo los proyectos si se puede llamar así que solo buscan destruir, más nunca proponer.

Exijamos como cuerpo electoral que se hagan procesos electorales de altura. Lo cual solo conseguiremos de dos formas. Una no dejando de ejercer nuestro derecho fundamental de votar; y dos haciéndolo de manera racionalizada. Recuerde que esta oportunidad solo la tendrá nuevamente dentro de seis años.

El autor es integrante de la Fundación Trascender, A.C./Vínculo de Profesionistas.www.trascender.org.mx

Divulgando nuestro pensamiento, como forma de creer en la libertad

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.
Miguel de Cervantes Saavedra.

Es de llamar la atención las diversas reacciones que está provocando la reciente suspensión comercial del documental “Presunto Culpable”. Cada día se eleva la cantidad de personas que desea verlo, ya sea por interés en conocer los problemas de nuestro país en relación al sistema judicial, por curiosidad a la censura o por cualquier otra causa, y es de tomar en cuenta entre quienes lo hemos visto, que la mayoría sentimos indignación ante lo sucede en nuestro país.

No podemos negar que, el que la medida judicial de suspender para su exhibición comercial “Presunto Culpable” le otorga un tinte nuevo y diferente, y una publicidad que no hubiera conseguido jamás, por consiguiente, las reacciones que provoca son mas enfáticas y determinantes, tanto las dirigidas a todos aquellos que intervienen en procesos judiciales en materia Penal, como incluso dirigidas hacia quienes no permiten su exhibición.

Ahora bien, la prohibición comercial no deviene de la trama del documental, como en principio se pensaría, sino de una demanda interpuesta en contra de la Dirección General de Radio Televisión y Cinematografía, debido a que algunos de los “actores” del mismo no expresaron su consentimiento para ser grabados y menos aún transmitir su imagen. Es difícil saber las verdaderas intenciones de quienes hoy se oponen a su comercialización, puede incluso pensarse que existe un trasfondo político-social para no dar a conocer a la ciudadanía lo que sucede en este país en muchos aspectos.

Lo más rescatable del asunto es que la Secretaría de Gobernación, a través de la Dirección General de RTC, emitió un comunicado en el que establece que cumplimentará en tiempo y forma, y en el ámbito de sus atribuciones, el procedimiento judicial correspondiente para acreditar la legalidad de las actuaciones, y que como ya lo hemos mencionado su censura provocó entonces una mayor potencial audiencia.

Eso es en cuanto a la forma, sin embargo, en cuanto al fondo del asunto que versa nuestro documental su apreciación nos permite determinar que en México, por regla general, se detiene en supuesta flagrancia, se acusa sin pruebas confiables y se condena en la mayoría de los casos en juicios prácticamente secretos. Este patrón, sumado al hecho de que las instituciones de justicia son especialmente permeables a la corrupción, explica nuestra alta tasa de impunidad y de probabilidad de condenar inocentes. Por lo tanto, la injusticia afecta tanto a víctimas como a acusados.

“Presunto Culpable” demuestra la necesidad de que en México haya juicios orales, la importancia de contar con un procedimiento judicial público, auditable por los ciudadanos, y de igual manera elevar la calidad de la investigación policial. Es increíble el poder que en nuestro país se le da a un testigo ocular de un delito, como lo deja muy claro este filme, por lo tanto necesitamos como sociedad y Gobierno reclamar a las autoridades encargadas de impartir justicia una mayor preparación de quienes llevan a cabo estos procedimientos de rutina, la Policía, los investigadores, los agentes del Ministerio Público y más aún los jueces que dictan las sentencias

Los creadores, productores, actores y todos aquellos que intervienen en “Presunto Culpable”, manifiestan que el filme es un reclamo de rendición de cuentas y que el terreno emocional que maneja ha permitido que gran parte de la ciudadanía mexicana se sume a estas peticiones, lo cual, a título personal, arroja grandes esperanzas.

El autor es integrante del Círculo Editorial de la Fundación Trascender, A.C./Vínculo de Profesionistas.www.trascender.org.mx

Vivir… un camino a la felicidad

Respira, me dijo….

Una mente en conflicto es peor que un desvelo sin motivo. Existen personas que son reconocidas e incluso admiradas por su claridad mental, poner en orden el intelecto no es tarea fácil, sin embargo es un ineludible acto de estabilidad emocional. Aquel que se mantiene firme idealmente ante los cambios de la vida, merece tranquilidad como premio a dicha madurez mental.

El equilibrio interior debe manifestarse en acciones que produzcan bienestar, más aún felicidad en la gente que vive a tu lado, en ese ser que conoces y quieres, este es el fin de todo individuo, crear y repartir felicidad en el camino propio y en el de aquellos que acompañaran su vida.

Ser feliz exige de ti mismo discernir y buscar la madurez emocional, lo cual sin duda en nuestros tiempos es difícil de conseguir. Día a día escuchamos frases que pueden causarnos verdaderos conflictos interiores, discursos sin sentido, dichas por políticos que provocan incluso un verdadero odio hacia el arte de gobernar, sermones que no comulgan con tus ideales, dictados por religiosos que provocan incluso rechazo con tu verdadera espiritualidad; palabras que te hacen dudar de tus acciones, expresadas por aquellas personas cercanas a ti, por lo tanto esa felicidad podría parecer nada fácil de conseguir, sin embargo allí está, sólo es cuestión de permitirle acompañar tu caminar.

Ser una víctima invisible no encuentra razón de ser en ningún caso, al contrario, buscar y alcanzar con el tiempo tu plenitud, es saber disfrutar la vida en vez de lamentarte de ella. En la vida encontramos un sinfín de situaciones, muchas de ellas difíciles de superar, pero que invariablemente ofrecen dos caminos, una dualidad que consiste en: saber aprovechar un error o sufrimiento, para transformarlo en experiencia, o por otro lado, lamentar por siempre una acción o reacción y otórgale un sufrimiento desmerecido y por lo mismo no superarlo jamás.

Encontrar personas que te permitan ser feliz, es parte de una búsqueda que debe ser inalcanzable, el alma que llevas dentro lo requiere. Sin afán de pecar de feminista el alma que tiene cara de mujer, es siempre una ventana que busca expresarse, manifestarse y entregar amor, quizá por lo tanto “nosotras” tengamos un poco más de responsabilidad al ir al encuentro de la plenitud, tanto personal como la de nuestros seres queridos, sobre todo si son del sexo opuesto, podemos tomar en nuestras manos ese compromiso, o hacer caso omiso de esa importante carga, dejarla en el olvido es una cuestión de decisión.

Sueña, planea, actúa, busca y alcanza es decir vive.

El autor es inegrante del Círculo Editorial de la Fundación Trascender, A.C./Vínculo de Profesionistas. http://www.trascender.org.mx

Exceso sólo de virtudes

Decimos que hay abundancia cuando se da un excedente de lo absolutamente necesario. Cuando se da una abundancia de buenos estados anímicos, de conocimientos, de buenos amigos, el concepto de la abundancia es algo bueno y positivo; en cambio, la idea de abundancia puede tener un carácter negativo, como por ejemplo, en el caso en que nos sobra el dinero y lo malgastamos.

La idea de saciedad tiene sus raíces en el significado de disgusto, fastidio y aburrimiento, y también, en la idea de provocar asco y repugnancia, como bien lo advierte el psicoanalista Erich Fromm.

Las palabras y sus significados se han formado a través del tiempo y de una conciencia colectiva que acepta esos significados. “Ya podemos preguntarnos – nos dice Fromm – si el lenguaje no está señalándonos que la abundancia superflua lleva al fastidio, al asco y al odio”. Luego tendríamos que preguntarnos: ¿vivimos en la abundancia? Al decir ‘vivimos’ me refiero a la sociedad industrial contemporánea, tal como se ha desarrollado en los Estados Unidos, Canadá y Europa Occidental. ¿Vivimos en la abundancia? ¿Quién vive en la abundancia en nuestra sociedad y de qué clase de abundancia se trata: de sobreabundancia o de abundancia superflua? Digámoslo en términos muy simples: ¿se trata de buena abundancia o de mala abundancia? ¿Nuestra abundancia lleva a la saciedad? ¿La abundancia debe llevar a la saciedad? Y, ¿qué aspecto tiene entonces la abundancia buena en que rebosamos de bienes, la que nos lleva a la saciedad? Partamos de un hecho contundente: A inicios del año 2008, habitábamos el planeta un poco más seis mil seiscientos millones de seres humanos. De esta población, según organismos internacionales, más de mil doscientos millones vivían en la pobreza, y de estos mil 200 millones, 800 millones padecían cada día de hambre.

Cuando hablamos de la posición económica de una persona, es lícita la aspiración personal a una ocupación productiva y suficiente para su bienestar personal y familiar. En los países ricos de América, Europa y Asia, se da una autosuficiencia generalizada, y a su vez, se dan dos problemas: que aún en medio de una gran mayoría que viven en la buena abundancia económica, hay un porcentaje variable en cada país de estos Continentes de personas que viven en la más completa pobreza. Inclusive, en los Estados Unidos de Norteamérica, viven más de 30 millones de personas en la más degradante miseria; y segundo problema: que en esos países ricos, existen grupos de personas que concentran descomunales cantidades de riqueza.

La hambruna, la pobreza y la concentración de la riqueza, constituyen gravísimos males para sus naciones. Estos males atentan contra la igualdad, la justicia, la dignidad, la moral pública y la moral privada.

Pero hay en las naciones desarrolladas un alto porcentaje de personas que no están contentas con su estado económico de buena abundancia, y que persiguen con una viciosa avidez, alcanzar un estado personal de superabundancia que sería, por supuesto, una abundancia mala y dañina, pues de muchas maneras estarían esa personas mostrando una nula solidaridad con la pobreza de su Nación. Además, la avidez por la abundancia mala o superabundancia, estaría ensanchando una sociedad malsana.

Toda saciedad nos lleva al hastío, al aburrimiento y a tratar de llenar un vacío existencial, que por lo pronto mitiga ese vacío, pero en el fondo, ese excedente de riqueza no resuelve ni uno solo de nuestros problemas.

Aspiremos a la abundancia buena y rechacemos toda avidez por la superabundancia, que de alcanzarla, siempre nos sería dañina. Nos dañaría en nuestras vidas, pues la avidez por aspirar a esa superabundancia, estaría reforzando nuestros miedos a la vida y nos impediría resolver de raíz los problemas que causan nuestro “vacío existencial”. El gusto por la vida, el mejoramiento de nuestra relaciones con nuestro hijos y pareja sentimental, una ocupación productiva y agradable, la calidad de las relaciones con nuestro amigos, el amor a la virtudes, el aumento de nuestra capacidad de asombro, entre otros, no se dependen de tener más dinero, sino que complican los problemas y nos impiden atacar de raíz nuestro malestares existenciales.

Evitar la dispersión a toda costa

El filósofo Danés Kierkegaard, afirmó: “Pureza de corazón es querer una sola cosa”. De una manera consciente o inconsciente, todos queremos al menos llegar a alcanzar algo más que la medianía, ya sea en el trabajo, destrezas naturales para pintar, vender, administrar, etc. Aún, para alcanzar un buen nivel en el “arte de vivir”, es necesario que nos dediquemos a una sola cosa.

La dispersión es uno de nuestros peores enemigos para el éxito de cualquier cosa que emprendamos; en cambio, la concentración es uno de nuestros aliados más poderosos. Napoleón se distinguía por su hábito de concentrarse solamente en la tarea que estaba desempeñando. Ya sabemos de las enormes proezas de inventores como Edison, Darwin; de artistas, escritores, empresarios; todos ellos pudieron lograr lo que lograron, en gran parte, a sus hábitos de concentrarse, en hacer una tarea a la vez, y en evitar la dispersión a toda costa.

“Yo, soy yo quien lo ha hecho”, escribió el poeta Virgilio, orgulloso de sus geniales creaciones. El poeta Ovidio expresó: “He acabado un monumento perenne como el bronce”, refiriéndose a la conclusión de uno de sus libros. Cuando tenemos muchos objetivos, no sabemos por lo general cuál es el más importante, y aún sabiéndolo, no le damos la atención debida, pues la multiplicidad de objetivos puede extraviarnos, sucediéndonos lo que dijo Séneca: “No hay viento favorable para él que no sabe a dónde va”.

Finalmente las cosas estarán a nuestro favor, tal y como lo pensó el genial Ensayista francés, Montaigne, quien escribió: “Mil rutas se apartan del fin elegido, pero hay una que llega a él”. El gran psicoanalista Erich Fromm, en uno de sus escritos, así reflexionó sobre la importancia de dedicarse a un solo objetivo:

“Cuando la energías se dividen entre varios objetivos, no sólo se dedica menos a cada uno, sino que también merma el total de energía, por los constantes choques que se producen entre ellos. Sirva de ejemplo la neurosis obsesiva. Quien duda de si hacer una cosa o la contraria y mantiene una actividad contradictoria frente a las personas más importantes de su vida, puede verse impedido para tomar una decisión y, finalmente, para actuar de algún modo. En el caso “normal”, cuando los objetivos no son tan ferozmente contradictorios, se pierde menos energía; pero, de todos modos, disminuye mucho la capacidad de alcanzar un objetivo. En realidad, no importa cuál sea el objetivo: material o espiritual, moral o inmoral.

El atracador de un banco necesita tanto querer una sola cosa como el científico y el violinista, si es que quieren hacer perfectamente, o por lo menos bien, lo que están haciendo. La despreocupación lleva a uno a la cárcel, a otro ser un profesor improductivo y aburrido y, al tercero, a tocar en una orquesta de segunda. La cosa es distinta sí solo se pretende categoría de aficionado: el atracador, probablemente, se meterá en un lío, y el científico se sentirá frustrado, mientras que el violinista disfrutará por el mismo valor de su actividad, suponiendo que no aspire a la perfección”.

El Premio Nobel de Medicina, el Español Santiago Ramón y Cajal, en una utilísima obra titulada “Tónicos de la Voluntad”, prescribe una serie de consejos para toda persona que quiera destacar en alguna actividad. Ramón y Cajal dice que uno de los caminos más directos y de una excepcional eficacia para el éxito propuesto, consiste en enfocarnos en un solo objetivo, y aplicar en él toda nuestra concentración y disciplina.

Santiago Ramón y Cajal obtuvo el Premio Nobel, gracias a sus descubrimientos en el campo de la neurología. Este excepcional médico, en otra de sus obras nos relata que él gozó de una inteligencia normal y nada sobresaliente, y que recordaba que solamente entre sus compañeros de salón en la escuela de medicina, había muchos que los superaban por mucho en inteligencia. Ramón y Cajal nos sigue diciendo que sus grandes éxitos en los descubrimientos neurológicos se debió al hecho de haberse enfocado a un objetivo y al haberse concentrado en él durante mucho tiempo.

Edison, el inventor más prolífico que ha dado la humanidad, al igual que Napoleón, inventores, empresarios, artistas, han triunfado por haberse enfocado solamente a un objetivo. Es el caso también, del gran escultor francés Rodin, quien parecía desconectarse del espacio y del tiempo cuando estaba esculpiendo, que fue siempre su actividad.

Arrepentimiento y remordimiento

Jacinto Faya Viesca
¡Cómo quisiéramos no haber empezado aquello de lo que después nos arrepentimos! ¡Nuestros remordimientos atenazan nuestra alma con suplicios!

El arrepentimiento es el pesar que sentimos por haber hecho alguna cosa o por haber dejado de hacer aquello que nuestra conciencia nos dictaba que hiciéramos. El remordimiento, hermano del arrepentimiento, es el desasosiego y culpa que nos queda después de haber ejecutado una mala acción, o por la omisión de no haber actuado de una determinada manera.

El acusador arrepentimiento y el persecutor y pertinaz remordimiento, ensombrecen nuestra alma, disparan su veneno de tristeza y cobardía en nuestros corazones y nos marchitan la sabia más rica de nuestra vitalidad. De una conciencia clara y limpia, hacen un lodazal; de un corazón recto y fuerte hacen un corazón de laberintos y tan fuerte como un débil pétalo. Es tal la fuerza destructiva de la culpa, que basta para enloquecer a una persona, mantenerla desasosegada y temblorosa toda su vida o arrojarla a la negrura del suicidio.

Generalmente pensamos que el corrompido no se arrepiente, pero esto no siempre es así. El corrompido es un vicioso que estraga, pervierte e impurifica; lo es siempre con plena conciencia de su perversión y del mal que causa. No se trata de un loco que no sabe lo que hace, sino de una persona que perfectamente distingue el bien del mal, pero su deformación moral y psicológica lo hace pensar, sentir y actuar de la peor manera. Shakespeare, con su genialidad inmensa, nos pinta la plena conciencia del corrompido: “He sido, señora, una criatura corrompida”, y después afirma: “y por Dios que me arrepiento”. Shakespeare no se equivoca: el corrompido tiene plena conciencia de lo que es, y también que es susceptible y capaz de arrepentirse.

La maldad de una persona no impide el reconocimiento de su maldad, como tampoco impide que un sólo pliegue de los cientos que tiene su corazón, pueda estar sano y capaz de arrepentirse.

En la obra de Shakespeare, “El Rey Lear”, el personaje Gloucester expresa: “No sigo camino, por tanto no necesito ojos. Tropecé cuando veía”.

Gloucester reconoce que caminó sin rumbo, sin dirección, es decir, que no conocía sus objetivos y que carecía de claras finalidades. Si caminaba sin rumbo, cualquier dirección significaba lo mismo. Quien en la vida se deja llevar por la corriente, si sólo actúa por lo que le dicta el momento pero jamás tiene finalidades ni metas, es igual que el ciego que dejado sólo en un paraje desconocido, lo mismo le da caminar por cualquier lado.

Gloucester reconoce con amargura que cuando conocía las circunstancias y los hechos, se equivocó en sus decisiones, eligió mal y actuó equivocadamente. Por ello, de una manera metafórica expresa su arrepentimiento: “Tropecé cuando veía”. Es decir que cuando sabía del peso de las circunstancias, actuó erróneamente, al igual que en un sitio desconocido quien carece de ojos no puede pisar con firmeza.

Como podemos ver, para que puedan darse el arrepentimiento y el remordimiento, la persona tiene que haber sido consciente de lo que hacía o de lo que dejaba de hacer. Y por lo contrario, un gran número de personas se arrepienten y les acusa con remordimientos su conciencia, cuando esto no debería ser así, pues no vieron con claridad, no tuvieron plena conciencia de su acción o de su omisión. Aquí, la escrupulosa culpa acusa a la conciencia de algo de lo que no es culpable.

El quisquilloso arrepentido, con su arrepentimiento da nacimiento a nuevas e injustificadas culpas y éstas a su vez, fortalecen a un arrepentimiento que nunca debió haber nacido.

En Macbeth, obra también de Shakespeare, el personaje Macbeth dice: “¿Podría todo el océano del gran Neptuno lavar esta sangre de mi mano? No, más bien esta mano mía encarnará el más populoso, haciendo rojo el verde”.

En la mitología, Neptuno es el Rey de los mares. Macbet sufre de tal arrepentimiento, que lo compara con la imposibilidad de lavar su grave culpa, como pasaría si toda el agua de los mares no pudiera lavar la sangre de su mano. Es tanto su arrepentimiento, que es más fácil que su mano ensangrentada encarne el mar y cambie el color del agua del océano.

El arrepentimiento y el remordimiento ensangrientan el alma que fue blanca y pura, y chupan la sangre del corazón hasta dejarlo sin vida. Por ello, nos resulta indispensable conocer a fondo los resortes, motivaciones y consecuencias de toda lacerante culpa, pues sin culpa moral y emocional no podría darse el arrepentimiento y el remordimiento. Recordemos, que una culpa no curada, pude llevar al suicidio. Y también, que un alto porcentaje de las culpas son falsas culpas, por lo que una persona que sienta su alma ensombrecida por alguna culpa, lo mejor que pude hacer, es ponerse de inmediato en manos de un psiquiatra o psicólogo competente.

Las catástrofes del siglo 20

Del año 1900 al 1913, profetas de toda clase anunciaban al siglo 20 como un tiempo de las grandes construcciones del conocimiento, la política, y la construcción de un mundo mejor para todos.

Todos estos profetas se equivocaron: el siglo 20 resultó ser una era de las grandes rupturas, desengaños y frustraciones. Cien años en que los grandes proyectos de unidad mundial se desmoronaban, y, a la vez, se hacían añicos los más importantes valores de una tradición probada de la Antigua Grecia.

La Primera Guerra Mundial estalla en 1914, sin ningún esfuerzo por impedirla por parte de las naciones más poderosas. Por vez primera, el mundo fue testigo de la crueldad humana a una escala que jamás se había visto.

La Segunda Guerra Mundial, en la que perdieron la vida más de 50 millones de personas, y en la que quedaron heridas y mutiladas más de 200 millones, ofreció al mundo un espectáculo dantesco: las invasiones de Alemania a países débiles y sin armamento, con la consecuente mortandad de millones de seres humanos; hambrunas en países invadidos por los nazis; el surgimiento del Fascismo; la destrucción de puentes, carreteras, centrales eléctricas y ciudades enteras; el Holocausto, vergüenza de la humanidad con más de 6 millones de judíos asesinados.

Y para ponerle la cereza al pastel de muerte, el genocida presidente Truman, lanza en 1946 sendas bombas atómicas a Hiroshima y Nagasaki. Japón, materialmente, estaba destruido y rendido, pero la infinita soberbia de Truman y de su gobierno anhelaban la humillación de Japón con su rendición expresa. El siglo 20 no aprendía de sus errores y crueldades: la colonización explotadora de naciones europeas devastaban a países de África y Asia.

Tanta confusión y desconcierto explotó en la década de los 60. En París, el Movimiento Estudiantil de 1968 expulsó del poder a su gran héroe nacional: al presidente Charles De Gaulle. Los estudiantes protestan en la avanzada Universidad de Berkeley California, y en Praga, capital de la hoy República Checa. En México el Movimiento Estudiantil de 1968 cambió el curso de nuestra historia.

La codicia demente de dominación por parte de los Estados Unidos y de la Antigua Unión Soviética mantuvieron a la población mundial en un permanente estado de terror, temiéndose que en cualquier momento se desataría la tercera guerra mundial.

Esta tercera guerra no apareció en el siglo pasado, pero sí se dio una guerra del terror, desde la victoria de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, terminada en 1946, hasta el derrumbe del Muro de Berlín en 1989. A esta guerra se le conoció con el nombre de la Guerra Fría.

En Yalta, Roosevelt, Stalin y Churchill se reparten el mundo. Pero no obstante esto, la antigua Unión Soviética quedó resentida y temerosa, dándose lugar a permanentes hostilidades durante toda la Guerra Fría (1946-1998), por parte de los antiguos aliados: Rusia y los Estados Unidos.

La arrogancia de este país no entendió ni le interesó comprender las distintas opciones para el crecimiento económico y la distribución justa de la riqueza. Este país impone en la economía mundial un “capitalismo salvaje”, sin importar que las grandes especulaciones financieras en las bolsas de valores, y los acuerdos económicos decididos en Washington, empobrecieran a la gran mayoría de las personas que eran alcanzadas por estas políticas unilaterales.

La inmensa concentración de la riqueza en los privilegiados grupos de interés no se hizo esperar: surgieron riquísimas empresas, se fabricaron multimillonarios, se privilegió al capital; y, por otra parte, aumentó el número de pobres, aun en los Estados Unidos.

Este modelo económico fracturó al mundo en el siglo 20: de una población de 7 mil millones de personas, más de mil 400 millones padecen de hambre cada día y más de 2 mil 200 millones se debaten entre la miseria extrema y la pobreza.

La inercia del capitalismo salvaje de los últimos 30 años del siglo pasado, tomó desprevenido a su principal promotor: en el año 2007 se derrumba la economía de los Estados Unidos, con una crisis de extensión mundial, y de peores consecuencias que la Gran Depresión del año de 1929. La crisis del 2007 derrumbó a la economía norteamericana, y causó la quiebra económica de naciones atadas al modelo explotador de la libre empresa sin restricciones ni límite alguno.

A nosotros nos corresponde estudiar con gran cuidado, el abandono que el siglo 20 hizo de los grandes valores del hombre y de la rica herencia de las más importantes aportaciones de la cultura Occidental.

Los hombres y mujeres del año 2011, en un alto porcentaje, estamos confundidos y aterrorizados de lo que heredamos del siglo pasado: crueldad, hambrunas, desempleo, racismo, discriminación de todo tipo, heridas graves a nuestro planeta tanto en su clima como en sus recursos. ¡Necesitamos ir escribiendo el Código Ético que guíe a nuestras naciones! ¡Nada mejor que rescatar los grandes valores de nuestra tradición occidental!