jueves, 23 de septiembre de 2010

Los Niños Héroes

Otto Schober
La historia registra que los norteamericanos nos invadieron por la vieja frontera norte a Nuevo México y California, al igual que a Mazatlán, Sinaloa. De Santa Fe, Nuevo México hacia El Paso, Chihuahua y Saltillo.

De San Antonio, Texas, invadieron Guerrero, Monclova y Saltillo. Por Corpus Christi, Texas, a Matamoros, Linares y Monterrey; a Cd. Victoria y Tampico, a donde llegaron por mar, al igual que al puerto de Veracruz, donde el Gral. Scott llegó el 9 de marzo de 1947, tomó Cerro Gordo el 18 de abril, Puebla el 7 de agosto y la ciudad de México en septiembre.

Al Gral. Scott le interesaba tomar el castillo de Chapultepec, una insignificante fortificación y mal defendida, porque su captura significaba ganar la Ciudad de México.

En esa batalla tomaron parte 8 mil de los 13 mil que conformaba el ejército de los norteamericanos y el Gral. Nicolás Bravo, disponía de 832 mexicanos, incluyendo el décimo de infantería, los batallones de Querétaro, Mina, Belem, de la Patria y los alumnos del Colegio Militar.

El combate se inició el 12 de septiembre y los mexicanos detuvieron al enemigo a pesar del intenso bombardeo y de las bajas. El día 13, el bombardeo se reanudó y se inició la invasión del castillo a donde no se enviaron refuerzos.

El enemigo con tres columnas ocupó el bosque y subieron sin encontrar resistencia, sólo la que opuso el teniente coronel Santiago Xicoténcatl, un tlaxcalteca que fue sacrificado al frente de su glorioso batallón de San Blas, rescató su bandera ocultándola en su chaquetín, muriendo de 30 impactos de bala, siguió peleando hasta caer desangrado.

Los últimos en defender la posición fueron los cadetes del colegio, que aturdidos, fatigados, desvelados y hambrientos se batieron a bayoneta. La madrugada del 14 de septiembre, se enarboló la bandera norteamericana finalizando la batalla de Chapultepec. Según el notable historiador Enrique Plasencia de la Parra, indica que la tradición señala que unos cadetes del Colegio Militar fueron los últimos defensores del castillo, se les atribuyen hechos portentosos como el atravesar a bayonetazos a los asaltantes; el proseguir la lucha aun estando heridos y la defensa heroica del pabellón nacional.

Cuentan, que uno de ellos, viendo que todo un regimiento estadounidense estaba por apoderarse de la bandera mexicana, se envolvió en ella y se tiró al precipicio, estrellándose contra las peñas del cerro. Otra discrepancia con la tradición son los hechos de valentía atribuidos a los seis cadetes.

Según los testimonios verídicos, están bien documentadas las participaciones de Agustín Melgar, Vicente Suárez y Francisco Montes de Oca. Algo distinto ocurre con Juan de la Barrera, el mayor del grupo y egresado del colegio; con Juan Escutia, del que sólo conocemos la fe de bautismo, y con Francisco Márquez, personaje poco conocido.

Lo curioso, es que de quien menos información se tiene es de Escutia, del que dicen, se arrojó envuelto en la bandera, hazaña que se atribuyó primero a Melgar y después a Montes de Oca.
De lo que no hay duda, es de la valentía de los cadetes, que combatían cuando la gran mayoría de la tropa desertaba. Los testimonios de los invasores así lo consignaron.

La primera obra histórica sobre la guerra Apuntes para la Historia de la guerra entre México y los Estados Unidos, publicada en 1848, contiene relatos pormenorizadas de hechos de valentía de los alumnos del Colegio Militar, y sólo se describe la subida de los estadounidenses a lo alto del castillo.

El 17 de septiembre de 1849, se recordó a los que murieron defendiendo al país dos años atrás, realizando una procesión llevando los restos de cuatro héroes al cementerio de Santa Paula: Frontera, Cano, Pérez y el del bravísimo Xicoténcatl.

El 13 de septiembre de 1871, se formó una asociación de ex-cadetes del Colegio Militar, para reivindicar el prestigio del colegio, presidida por el general Fernando Poucel, que combatió como teniente y cayó prisionero, y los cadetes: José Tomás Cuéllar, que luego fue un notable escritor y poeta; Antonio Sola, que fue presidente de la ciudad de México; Santiago Hernández, autor de los únicos 6 retratos de los cadetes; entre otros.

En los cuatro años siguientes, la ceremonia se efectuó en el gran ahuehuete de Moctezuma, donde el Presidente de la República enarbolaba la bandera del batallón de San Blas que rescató Xicoténcatl. Porfirio Díaz la efectuó en el sitio en donde murieron. El primer monumento fue un obelisco, inaugurado el 13 de septiembre de 1882. El 3 de marzo de 1884, se estableció el pase de lista. En 1921, se celebró por primera vez un 13 de septiembre.

En 1938 se agregaron a la lista los nombres de los cadetes navales José Azueta y Virgilio Uribe. El pase de lista se hizo costumbre a partir de 1941. El 13 de septiembre de 1947 se colocó la primera piedra del hemiciclo. En la víspera del centenario se descubrieron seis cráneos en los ahuehuetes de Miramón, que pertenecían a cinco esqueletos masculinos jóvenes y a uno adulto. Los dictámenes se dieron por buenos, aunque dejaron mucho que desear por la duda de autenticidad y se les rindió tributo de honor por vez primera.

Lo curioso es que si los investigadores sabían el sitio desde decenas de años antes, tuvieron que pasar 100 años para desenterrarlos. El 14 de septiembre de 1947, en la plaza de la Constitución, se levantó un túmulo con seis urnas de plata con los presuntos restos de los Niños Héroes.

A partir de 1953, todas las celebraciones se realizan en este monumento; cada 13 de septiembre se refrenda la tradición con hechos comprobados y de otros que no lo son, aunque estos últimos no son mera fantasía, porque encuentran sus raíces en hazañas auténticas como la del intrépido coronel Xicoténcatl, hoy olvidado en las ceremonias, pero la tradición de la celebración continua llenando de admiración a los niños mexicanos, aunque sea una hermosa leyenda.

La reivindicación de la Güera Rodríguez

Otto Schober
Extractamos de Norte Sur/La Güera Rodríguez reivindicada de Salvador Barros, que a María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio, conocida como la “Güera” Rodríguez, le salvó su lengua venenosa y bien informada cuando se defendió en la sede de la Santa Inquisición el 22 de marzo de 1811, acusada de herejía por haber “mantenido trato con el cura renegado, apóstata y excomulgado de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, en voz del inquisidor Juan Sáenz de Mañozca, quien agregó su conocida y amoral inclinación al adulterio, a la mancebía y a la bigamia”.

La “Güera” Rodríguez le cuestionó que cómo le hablaba de moralidad, si él tenía relaciones de sodomía con un efebo de no más de 16 años, novicio en el convento de San Francisco, según lo afirma Adolfo Arrioja Vizcaíno en su obra, El Águila en la Alcoba. Lógicamente le levantaron los cargos de herejía porque no se “pudieron probar”. Para Arrioja Vizcaíno, la güera fue la primera mujer que ejerció el poder en México a través de Iturbide sin haber sido electa.

Fue el enlace entre Iturbide, el virrey Apodaca y unos emisarios secretos que llegaron de España para negociar la independencia de México. Tuvo acceso a documentos confidenciales de la época y actuó como consejera política de Iturbide, tenía mucha experiencia en los juegos de poder que adquirió en la corte de los virreyes. Según la terminología de la época, era una “mujer notoria”. Pero de todas las amantes de Iturbide fue la única que realmente influyó políticamente sobre él.

Fue temida y condenada, al igual que su hija, quien tuvo una relación erótica con Guadalupe Victoria, el primer presidente de México. En ese entonces, la opción de las mujeres era la casa o el convento.

No solían andar metidas en la vida social y mucho menos en la política. La condena pública de la “Güera”, hizo que luego de su muerte sus descendientes destruyeran mucha de la documentación que ella guardaba. Los escándalos amorosos son ciertos, pero la “Güera” tuvo la inteligencia de usar su capacidad de seducción para intervenir en la vida política del país.

Uno de los documentos importantes que tuvo en sus manos, fue la carta que el rey de España, Fernando VII, envió al virrey Apodaca en 1820, donde le propone conseguir a un caudillo con fuerza y popularidad en el Ejército para que hiciera tratos con los insurgentes. El virrey le da la carta a la “Güera” para que se la muestre a Iturbide. Luego éste se la regresa a la “Güera”, seguramente para deshacerse de un documento tan comprometedor.

Heroínas de la Independecia: La Guera Rodriguez y Luisa Martínez

Otto Schober
Sin la osadía y arrojo de mujeres dispuestas a sacrificarse en defensa de la libertad, y sin su intervención, no hubiese sido lo mismo la guerra de independencia. Los ejemplos más conocidos son mujeres de la talla de Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario o Gertrudis Bocanegra.

Ellas al igual que otras mujeres arriesgaron valientemente su vida por la causa; un buen número se encuentra en el anonimato y algunas quedan en el recuerdo. Por ejemplo: María Ignacia Rodríguez apodada “la Güera Rodríguez”, mujer decidida, irreverente y rebelde, se divorció de su marido quien salvajemente la golpeaba, que a pesar de ser una mujer golpeada salvajemente por su primer marido, casó dos veces más procreando siete hijos.

Fue una mujer famosa en la Ciudad de México por su hermosura y su manera de hablar, rápida e ingeniosa. Aprovechando que entraba en los salones más elegantes, mandaba noticias o las estrategias que iba a hacer el ejército realista. Fascinó a hombres como el Barón de Humbolt, Simón Bolívar e Iturbide.
Hablaba a favor de los insurgentes en las grandes fiestas, que llegó a oídos del Santo Oficio, quienes la citaron. Ese día se vistió mejor que nunca, se enjoyó y perfumó. Cuentan que cuando llegó a la sala donde se encontraban los obispos que la iban a interrogar, entró con garbo y donaire y como no le ofrecieron sentarse, ella lo hizo con desparpajo y con coquetería, se arregló los pliegues de la falda y con suma delicadeza se compuso sus bucles rubios; mirándolos con inocencia y sensualidad les preguntó que para qué se le necesitaba. Hombres recios, fuertes, por menos que eso se encogían ante estos hombres todos vestidos de morado con bonetes altos y miradas torvas y siniestras, en una sala media oscura y donde se sabía que el que entraba no salía.

Ella juguetonamente los saludó y cuando leyeron sus supuestos crímenes, con su desparpajo acostumbrado les dijo a cada uno de ellos sus secretos mejor guardados y dónde se veía con sus amantes, incluso a uno de ellos le reclamó que la cortejara apasionadamente. Así como entró salió con dignidad y orgullo. El Santo Oficio jamás volvió a molestarla. Otro ejemplo es el de Luisa Martínez, esposa de un guerrillero apodado “el Jaranero”.

Estuvo junto a su marido peleando, hasta que en Erongarícuaro (Michoacán) perdieron la batalla y junto con los hombres fue hecha prisionera. En el cementerio del pueblo los fusilaron. Cuando le tocó su turno gritó: “Como mexicana tengo el derecho de defender a mi patria”. Desplomándose abatida luego por las balas. (Tomado del Diario de Jalapa, publicado el 13 de septiembre de 2007)

MIGUEL RAMOS ARIZPE 1

Otto Schober
Miguel Ramos Arizpe (I)
Considerado como el padre del federalismo y consumador de la independencia, nació en San Nicolás de la Capellanía, en el Valle de las Labores, hoy Ramos Arizpe, el 15 de febrero de 1775. Fue el menor de ocho hermanos procreados por Juan Ignacio Ramos de Arreola y González y de Lucía Arizpe.

Le apodaban “el chato”, las primeras letras las aprendió en el colegio de San Juan Nepomuceno de Saltillo, luego en el seminario de Monterrey, obteniendo el grado de bachiller en filosofía y los menores de cánones y leyes en Guadalajara. Al iniciar su sacerdocio fue protegido por el obispo de Linares, Primo Feliciano Marín de Porras, por su extraordinaria inteligencia, misma que luego fue un obstáculo por el celo del obispo por su talento, reciedumbre de carácter y sus conceptos sobre la libertad y lo envió a un humilde curato en Santa María de Aguayo para quitárselo de encima. Aún así, en la Universidad de Guadalajara en 1808, se tituló como licenciado y doctor en cánones con las mejores calificaciones.

Vuelve a Monterrey y concursa para obtener una vacante en la diócesis, la que gana, pero el obispo Marín de Porras determina enviarlo a una insignificante aldehuela. Vuelve a concursar para ocupar una vacante en la catedral de Monterrey, vuelve a ganar, pero el incómodo obispo lo regresó al mismo curato.
En 1810 obtiene el título de doctor en leyes con todos los honores. Cuando la junta de Sevilla convocó a las corte de Cádiz en 1810, donde estarían representadas las colonias americanas del reino, el ayuntamiento de Saltillo eligió como su representante y diputado al Lic. Miguel Ramos Arizpe.

El 1 de septiembre de 1810 se alistó para asistir a la corte, embarcándose desde el puerto de Veracruz el 28 de diciembre en el navío inglés “El Implacable”. En la larga travesía estuvo a punto de morir de fiebre amarilla, llega a España en febrero de 1811 y en marzo es admitido en la corte, donde de inmediato expuso la problemática de la provincia y propuso la creación de villas, apertura de colegios, diputados provinciales, municipios libres y ayuntamientos electos por sus habitantes, solicitando además un proyecto para crear una constitución para España.

Esto provocó el cierre de las cortes por el rey Fernando VII, utilizando el soborno para los legisladores, como Ramos Arizpe no aceptó el soborno del rey y éste lo calumnió de ser el autor de las insurrecciones en América y de aliarse con países enemigos de la monarquía, fue enviado a prisión en 1814, donde adquirió una rara enfermedad en la piel, fue liberado hasta 1820, regresando a las cortes, ahora como líder indiscutible del congreso, su voz era ley, exigiendo la independencia de México del gobierno español.

Fraguó los planes de la independencia total, logrando que se nombrara virrey a Juan O’Donojú, que vino a México con instrucciones de consumarla. Ramos Arizpe regresa a México en 1821, para informar a los saltillenses de su encomienda, con su dignidad incólume y su patria independiente.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Sueño improbable

- José Cueli
Los ‘ninis’ mexicanos son jóvenes condenados

En el Panorama de la educación 2010, informe elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se señala, como estadística espantosa, que “el 45 por ciento de los pobres de entre 15 y 19 años en México no estudian ni trabajan”.

El doctor José Narro Robles, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), convertido en auténtico portavoz de los universitarios, declaró al respecto: “Es una vergüenza que tengamos 7.5 millones de jóvenes en esta situación, fundamentalmente porque no hay oportunidades para ellos”.

Los “ninis” mexicanos son en efecto, jóvenes condenados, casi desde la cuna, a una existencia difícil, y muchas veces, miserable; jóvenes que se han acostumbrado a la violencia de mil rostros desde la más tierna infancia; jóvenes que piensan que la vida apenas es ira contenida sin llanto; jóvenes que no cuentan siquiera con una débil rendija de esperanza; jóvenes para quienes el tiempo es tan sólo una bala que conspira contra ellos; jóvenes que únicamente esperan que algún día se les entierre de forma gratuita.

Hace poco tuve la oportunidad y el placer de leer la conferencia que pronunció José Saramago en octubre de 2005 durante la inauguración del Foro Complutense. En este opúsculo (Democracia y Universidad, Editorial Complutense, Madrid, 2010) está la palabra viva, sincera y honrada del Nobel portugués, quien siempre hechiza a sus lectores.

Saramago advierte que “no hay solución para la Universidad, para sus problemas, si no se encuentran soluciones antes a los problemas de la enseñanza primaria y media... a la Universidad tendrían que llegar alumnos instruidos y educados.

“La función de la Universidad es algo más que enseñar un oficio”. El objetivo principal de la universidad es dar sentido de universalidad a los seres humanos que entran a sus aulas.

“La Universidad es el último tramo formativo en el que el estudiante se puede convertir, con plena conciencia, en ciudadano, es el lugar de debate donde, por definición, el espíritu crítico debe florecer.

“La Universidad necesita algo más que buenos profesionales porque debe educar efectivamente en los valores cívicos”. “No se trata sólo de instruir, sino de educar. Y, desde dentro, repercutir en la sociedad. Aprendizaje de la ciudadanía, eso es lo que creo sinceramente que falta. Porque, queramos o no, la democracia está enferma, gravemente enferma, y no es que yo lo diga, basta mirar el mundo”.

Después de escuchar a Saramago, estoy convencido de que los mexicanos debemos reflexionar continuamente en los problemas más graves que nos aquejan, y uno de los más urgentes es, sin lugar a dudas, la situación educativa nacional en todos los niveles.

Es necesario que las autoridades federales aumenten el presupuesto para educación, ciencia y tecnología. Si se invierten más recursos en estos renglones es posible promover el desarrollo individual y colectivo, y cambiar el presente sombrío de la patria. Sabemos que no van a desaparecer los agiotistas inmorales e inmisericordes de siempre, pero necesitamos todos un cambio de mentalidad.

Héroes de la independencia en Saltillo

José González Gómez | Saltillo, Coah.- Saltillo en los primeros años de la segunda década del siglo 19, en lo que hoy es la zona conurbada Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, contaba con 22 mil 600 habitantes entre españoles, americanos, europeos, indios, mestizos y de las demás castas. Se tenía una villa, 16 haciendas, 34 ranchos y una subdelegación.

En lo eclesiástico contaba con una capilla, 8 parroquias particulares, no contaba con ermitas. Respecto a lo secular tenía 4 curas, 4 tenientes, 4 capellanes, un sacristán, 5 acólitos, 3 sirvientes y 8 demandantes, según el padrón del 13 de octubre de 1813.

La población de Saltillo, el 23 de septiembre, se entera con certeza de la lucha popular que inició el cura Miguel Hidalgo y Costilla el 15 de septiembre de 1810 en Guanajuato, y de los acontecimientos de las diferentes batallas en el centro del país, al principio con la victoria para el Ejército de Hidalgo.

Al perder los insurgentes la batalla del Puente de Calderón se vieron en la necesidad de replegarse a Zacatecas, es en esta población que deciden viajar a la frontera norte de la Nueva España. Posteriormente viajan a San Luis Potosí, en esa población se encuentra don José Mariano Jiménez, acompañado de los coroneles Juan Bautista Carrasco, Luis Gonzaga Mereles y Luis Malo.

» AVANZANDO HACIA EL NORTE

El primer insurgente en avanzar al norte fue don José Mariano Jiménez, de San Luis a Charcas, en este lugar se reúne con fray Juan de Villerías, quien está al frente de las tropas y la artillería sacada de San Luis.

Don José Mariano Jiménez sale para Matehuala el 10 de diciembre y posteriormente el día 28 sale rumbo a Saltillo con 7 mil hombres y 28 piezas de artillería.

En su recorrido entra a Coahuila por el sur del municipio de Saltillo, pasando por los poblados La Ventura, José María, Tanque de las Vacas (hoy Gómez Farías) y Puerto Piñones.

El día 6 de enero llega a puerto de Carneros y tiene un enfrentamiento con las tropas presidiales de Monclova, La Babia, Agua Verde y San Juan Bautista de Río Grande, que anteriormente reunió el gobernador de Coahuila Antonio Cordero. Estas tropas se replegaron a la población de Agua Nueva y el 7 de enero las tropas de Cordero son derrotadas por las de Jiménez. Cordero huye y los soldados presidiales se unen a los insurgentes. El día 8 llega don José Mariano Jiménez como triunfador a Saltillo, ese día le entregan a Cordero como prisionero.

En los siguientes días, José Mariano Jiménez procede activamente a propagar el movimiento insurgente enviando al brigadier Pedro Aranda como gobernador de Monclova, con mil hombres; al coronel Juan Bautista Carrasco lo manda como gobernador de Monterrey con 500 hombres y 4 cañones.

Por el hecho de que el intendente del Nuevo Reino de León, don Manuel Santa María, se declaró insurgente, a Parras le envió al coronel Luis Gonzaga Mereles, con 500 hombres; al presidio de Río Grande envió 2 mil fusileros con 6 cañones para interceptar al tesorero Royuela junto con el ayudante de Cordero, de nombre Adán, quienes conducían el tesoro de las casas reales en numerario y barras de plata.

» TERRITORIO INSURGENTE

Don José Mariano Jiménez continuó con la actividad militar. El 20 de enero traba combate en Puerto Carneros con el realista Manuel Ochoa, quien, derrotado, se replegó hacia la Hacienda de Patos. En San Antonio Béjar, el capitán de Milicias, Juan Bautista Casas, se apoderó de esta población y con ella de todo el territorio tejano. En esos días la zona que se extendía de San Luis Potosí, Coahuila, Nuevo Reino de León y Texas a la frontera de los Estados Unidos obedecía a los insurgentes.

El segundo caudillo insurgente en llegar a Saltillo es don Ignacio Allende, acompañado de 100 hombres, de su hijo y de la familia de don José Mariano Jiménez. Salieron de Matehuala el día 18 de febrero hacia Saltillo, donde fue recibido el día 24 con fuertes manifestaciones de regocijo por las fuerzas de Jiménez, del clero y del Ayuntamiento. En esta población Ignacio Allende se alojó en las casas reales.

Don Miguel Hidalgo y Costilla, acompañado del Ejército insurgente y de los jefes militares Arias, Iriarte, Abasolo, Ignacio Rayón y José María Liceaga salen del poblado de Charcas, San Luis Potosí, rumbo a Saltillo, el 19 de febrero.

Cuenta la crónica de don Pedro García –incuestionable testigo de los hechos, que describe en su crónica del actuar día con día activamente al lado del “Padre de la Patria”–, que al partir de Charcas la caravana de Hidalgo el clima fue de frío y con temperaturas muy bajas, y por el día pocas horas de sol, y así siguen hacia el norte por el camino que había allanado don José Mariano Jiménez.

» RECHAZA HIDALGO FESTIVIDAD

En la Hacienda de Buenavista lo esperaba fray Gregorio de la Concepción con un escuadrón para conducirlo a la entrada de la Villa de Santiago del Saltillo. La crónica de don Pedro García dice que el cura Hidalgo pidió que no se le diera ningún recibimiento festivo. Su arribo a la Villa de Santiago del Saltillo fue a las 3 de la mañana entre los días 26 y 27 de febrero; cuenta que llegó enfermo.

Permanecían en lo que hoy es la Plaza Félix U. Gómez, Ignacio Allende, Aldama y otros jefes militares a la espera de Hidalgo para conducirlo a su alojamiento, recorriendo la calle de Huizache, hoy Morelos. En esa época la calle de Huizache fue de gran importancia por estar al sur los mesones que servían de hospedaje a las caravanas de comerciantes. Por la misma calle, en la esquina de Morelos y Ramos Arizpe, existía el mesón de más calidad de la población, a él llegaba la diligencia y en el mismo edificio estaba la oficina de correo.

Un hecho que reviste la importancia de esta calle es que fue la primera en tener alumbrado público; se instalaron 150 farolas de gas en el año 1835, en la administración del gobernador Eca y Múzquiz.

» LA VIDA EN LA PLAZA

Los caudillos y los integrantes del Ejército insurgente, en su estancia, vieron un Saltillo de buen trazo, la Plaza de Armas de costados uniformes, buenos edificios, y había ánimo en la población. En las noches los insurgentes en pequeñas tertulias cantaban o leían sus boleras con música de jarabe, tocada por la vihuela –las boleras son el antecedente a las composiciones de los actuales boleros, y la vihuela es el instrumento antecedente a la guitarra–; la población de Saltillo acompañaba a los insurgentes en estas tertulias.

El segundo día en Saltillo, don Miguel Hidalgo y Costilla presenta su renuncia como jefe del Ejército insurgente a una junta oficial de jefes militares, quedando aprobada; después se nombra por unanimidad como jefe del Ejército insurgente a Ignacio Allende, sin que perdiera el cura Hidalgo el trato de generalísimo.

En seguida se convoca al pueblo a la plaza para celebrar este acontecimiento, realizándose en los balcones de las casas reales una ceremonia en la cual se arroja a la multitud 6 mil pesos fuertes. Se anuncian tres días de festejos con misa de gracia y por las noches iluminaciones –fuegos artificiales–; se corren toros por tres días –éstas son las últimas fiestas taurinas que ve don Miguel Hidalgo, ya que como taurino de buena cepa sabía torear, fue ganadero de toros bravos y organizador de festejos taurinos.

» LA PROPOSICIÓN DE INDULTO

El día 28 de febrero se recibió la proposición de indulto programada por el virrey Francisco Xavier Venegas. Don Miguel Hidalgo e Ignacio Allende acordaron no acogerse al indulto, el documento de respuesta es noble por su valentía y patriotismo. Y como protesta contra la dominación española, en el escrito se plasmó la frase “El indulto es para los criminales, no para los defensores de la patria”, en el que se habla por primera vez de nación mexicana. Este documento se firmó el 1 de marzo de 1811.

El día 16 de marzo los insurgentes salen de Saltillo rumbo a Monclova. Hidalgo fue el primero en partir muy de madrugada, acompañado de fray Gregorio de la Concepción y una escolta de 200 hombres de caballería pasa por el poblado de Capellanía a las 10 de la mañana; hizo su arribo a la casa de don Mariano Alcocer, dueño de la hacienda de Santa María, en la cual el Ejército rindió jornada. Ignacio Allende con su tropel de caballos, cañones, carruajes, carretas, mulas de carga, arrieros, soldados, eclesiásticos, frailes y mujeres llegan a la hacienda de Santa María a las oraciones de la noche. Al día siguiente salen de la hacienda de Santa María rumbo a la hacienda Mesillas; cruzando la pesada Cuesta del Cabrito llegan a Mesillas. Luego del descanso salen al día siguiente, llegando el día 18 a la hacienda de Anaelo, hoy Anhelo, último punto geográfico de Saltillo. Descansan el resto del día y se quedan el día 19 por ser el día de San José.

‘AUTORIDADES NI HACEN, NI DEJAN HACER’
Edith Mendoza

La apatía por parte de las autoridades encargadas de la preservación del patrimonio histórico de la nación pone en riesgo valiosas piezas, consideró Miguel Luna Pequeño, buscador de tesoros.

“La gente involucrada no le presta interés y es lo que te decepciona”, dijo refiriéndose a uno de los hallazgos más importantes que ha tenido en su carrera como buscador de tesoros, en la que lleva unos 15 años.

El documento cuenta con número de foja, por lo que se supone esté dado de alta en México. Tiene por fecha enero 20 de 1891 y la firma de Don Porfirio Díaz. Se trata de una escritura donde el dictador cede todo lo que hoy es la zona urbana de Ramos Arizpe a una señora.

Los años no han pasado en balde sobre el documento de valía histórica, y no ha sido sometido a ningún tratamiento y es resguardado en una carpeta amarilla de papel que al mismo tiempo es guardado en un sobre de plástico trasparente azul.

“Así como lo encontré, así lo tengo”, dijo.

Comentó que hace unos tres años el documento fue valuado, en una exhibición de antigüedades, en unos 3 a 4 millones de pesos. Está pidiendo 700 mil pesos por él, por lo que ha publicado el hallazgo en internet en varias ocasiones.

Dijo que se ha contactado con la autoridad municipal, pero no mostró interés en el tema. Lo cierto es que la autoridad obligada para la atención de estos sucesos es el Instituto de Antropología e Historia (INAH).

Lo encontró junto a una especie de recibo de pago del Casino de Saltillo, dentro de un veliz pequeño enterrado a unos 15 centímetros de profundidad.

Al invertir tiempo, dinero y esfuerzo se busca una compensación.

Luego de un hallazgo, cuando acuden a museos, organismo gubernamentales, les indican que la actividad que se realiza es altruista y, en todo caso, el paso a seguir es la donación de las piezas.

En la exposición sólo tendrá como recompensa una placa con un agradecimiento. “Uno invierte mucho en esto y también quiere obtener algo de ganancia. Los que te quieren comprar te compran muy baratas las piezas”, comentó.

Dijo que uno de los principales impedimentos frente a los que se topa al desarrollar su labor, está precisamente en las autoridades federales. “Dicen que todos los documentos históricos son propiedad de la nación”, externó.

Comentó que cuenta con unas espadas españolas que datan de 1800 y que mediante anticuarios le quieren pagar mil o mil 200 pesos por pieza, cuando “yo sé que tiene más valor, por eso a veces uno prefiere quedarse las piezas, a malbaratarlas”.

Consideró que el saqueo que se da cuando se trata de piezas arqueológicas o paleontológicas es un tema serio, con el que se topa muy frecuentemente.

“Lo que hacemos es denunciar, pero desgraciadamente no te hacen caso. Yo he tratado de ponerme en contacto con los del Museo de Desierto porque hicimos el hallazgo de un mamut en un lugar donde andábamos, pero nos dijeron ‘pues si lo quieres traer…’ todavía se alcanzaba a ver parte de los colmillos, pero como no tenemos conocimiento de la extracción, pues lo echamos a perder”, subrayó.

El arte de buscar tesoros

* Las historias de su abuela, originaria de San Luis, sobre pobladores en la época de la revolución que enterraba cosas, sembró la semilla de la inquietud sobre los tesoros.

* Con el paso del tiempo, desempeñándose como ingeniero mecánico administrador, optó por ir tras el pasado oculto. Ser un buscador de tesoros no es fácil, y mucho menos económicamente.

* En sus inicios, hace 15 años, comenzó con un detector de metales pequeño y viejo. En una búsqueda en Reynosa, esta actividad se torna más en serio.

* A lo largo de este tiempo ha tenido importantes hallazgos, igual económicos como de documentos, armas y fósiles.

* Al dejar su trabajo y dedicarse de lleno a la exploración y búsqueda de tesoros, hace unos 10 años tuvieron un hallazgo en Zacatecas. Encontraron dinero enterrado.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

México y Estados Unidos en la lucha por el petróleo 7

Por supuesto que los memoranda más importantes estaban relacionados con el subsuelo y la cuestión agraria. El primero al que me referiré será el número 8: "Sobre el régimen constitucional del subsuelo", que obviamente fue escrito para cumplir con las objeciones de los petroleros estadounidenses y sus amigos de la administración Harding. Aunque era fuerte, mostraba bastante más flexibilidad que su complemento, el número 3, "Sobre la cuestión agraria". Los dos se escribieron en la misma máquina y, pienso yo, no es exagerado suponer que fueron elaborados por Pani o, por lo menos, con su cercana supervisión.

El primer punto enfatizaba que "Todos los países principales del mundo aceptan el principio establecido por el artículo 27", y daba ejemplos particulares: Inglaterra tenía una ley referente al petróleo y, en el caso del carbón, la tendencia legislativa había sido hacia la nacionalización. Holanda reclamaba los derechos sobre el subsuelo para el Estado respecto a sus posesiones en Oceanía.

En Guatemala estaba vigente una ley de nacionalización. Rumania, Francia, Irlanda, Alemania y Yugoslavia contaban con legislaciones o disposiciones constitucionales que otorgaban al Estado derechos especiales sobre el subsuelo. Obviamente, nadie esperaba que esos argumentos fueran decisivos ante los negociadores estadounidenses. No obstante, quien escribía el "memo" colocaba a México en un lugar seguro dentro de la tendencia principal de las políticas de Estado en el mundo.

El segundo punto insistía en que "En nuestro caso no ha habido confiscación, ni se ha pretendido hacerla, sino solamente un ajuste o un sistema de legislación". De nuevo aquí, obviamente, el escritor nadaba contra la corriente, y los estadounidenses claramente no rechazarían tal afirmación en primera instancia. No obstante, el argumento era fundamental para los negociadores mexicanos, ya que el ajuste que se solicitaba restablecería el principio de concesiones del gobierno en contraposición a los derechos absolutos de los propietarios o arrendatarios.

Los derechos adquiridos, el tercer punto que se abordaba, nunca habían sido afectados: "Nunca se ha pretendido perjudicar al que tenía un derecho adquirido". Si bien el gobierno del presidente Venustiano Carranza había mostrado preferencias por los propietarios de la superficie respecto a los del subsuelo, les había dado permiso de perforar incluso cuando no habían presentado oficialmente una reclamación de los recursos del subsuelo.

Una ley recientemente aprobada por el Senado también había otorgado derechos preferenciales a los dueños de la superficie. La Suprema Corte mexicana había establecido en varias ocasiones que donde se hubieran hecho inversiones o donde hubiera habido pruebas formales de que el subsuelo se explotaría, se protegerían los derechos correspondientes.

Aún más, la Cámara de Diputados recientemente había aprobado otra serie de reglamentaciones que protegerían con mayor seguridad a cualquier persona con derechos adquiridos. El documento continuaba con la afirmación de que a pesar de que la legislación sobre las minas en ese tiempo era mucho menos liberal que la del petróleo, había protegido plenamente a los inversionistas y no se había prestado a ningún tipo de controversia internacional.

La misma ley de ninguna manera se salía de la tradición legal mexicana o española; incluso en las Filipinas, según la tradición de las leyes españolas, recientemente se había determinado que el subsuelo pertenecía a la nación y no a los dueños de la superficie.

La ley de 1884 que de acuerdo con este documento otorgaba a los dueños de la superficie los derechos sobre el subsuelo era "una ley dada contra la Constitución", en la que la Legislatura no tenía el poder de permitir la separación del control del Estado sobre el subsuelo.

Continuaba, "las reglas del Soberano no podían ser transladadas (sic) en dominio absoluto". Incluso en la ley de la minería sólo se le daba preferencia a los propietarios de la superficie sobre los concesionarios individuales, y por lo general el no explotar los recursos del subsuelo ocasionaba la pérdida de los derechos.

Sin embargo la afirmación más enérgica aseguraba que la retroactividad de la ley no estaba a discusión "cuando solamente se atacan esperanzas y no derechos completamente adquiridos". La legislación mexicana sobre la materia, afirmaba, sólo hacía referencia a casos en los que no había habido ninguna inversión financiera ni explotación formal, "dejando a salvo todos los casos en que hubiere derecho adquirido o producción adecuada".

Mientras que otros puntos recordaban a los negociadores que Estados Unidos no había sido completamente congruente respecto a los derechos del subsuelo, a la toma de propiedades y su correspondiente indemnización (de nuevo se mencionaba la prohibición estadounidense), estas discusiones no se completaron con detalle. Enseguida se expuso una enérgica argumentación a favor de las ventajas del control del Estado sobre el manejo de los recursos del subsuelo.

La dirección del Estado permitiría una forma justa y racional de explotación del subsuelo, evitaría prolongados litigios entre compañías, aclararía problemas de títulos de propiedad, ofrecería una legislación uniforme, y haría que la autoridad federal evitara "excesos fiscales" de los estados individuales donde se localizaran las propiedades.

En ningún caso se insinuaba que el gobierno mexicano quisiera desalentar la producción de petróleo de inversionistas extranjeros. Más bien el escritor parece haber asumido que si bien el gobierno mexicano aún deseaba controlar los términos de esa producción, por el momento existía una gran necesidad de que siguiera adelante.

Por lo tanto, mientras que confirmaba los derechos y la justicia, junto con el principio de que los derechos del subsuelo residían en la nación, el "memo" deja claro que el gobierno quería mantener a los productores de petróleo invirtiendo y produciendo en el país. En realidad, al volver a leer este memorandum pienso que mediante alguna comunicación el escritor ya había tenido una suerte de confirmación de que la base de la resolución ya existía.

De hecho el 14 de mayo, cuando las discusiones comenzaron, el tema de los derechos del subsuelo se resolvió con relativa rapidez. Para el 1º de junio, sólo dos semanas después, los negociadores ya estaban pasando al asunto de la reforma agraria y la compensación por las tierras expropiadas. Lo relativo al subsuelo parece haber surgido durante estas discusiones, pero los puntos principales quizá ya se habían acordado. Por el contrario, la cuestión agraria se llevó seis semanas de negociaciones.

Por lo tanto el memorandum número 3 acerca de la cuestión agraria resulta de interés especial. La primera parte era una vigorosa defensa de la legitimidad de la retro actividad de la ley. Aseguraba que no había ningún "obstáculo a la retroactividad de la ley. Nuestro derecho colonial y del México independiente señalan innumerables casos de leyes retroactivas".

Si los negociadores estadounidenses hubieran visto esta firme declaración, sin duda los habría asustado. La segunda recordaba una vez más que "Los mismos Estados Unidos se han visto obligados a atacar derechos adquiridos sin pagar indemnización" en los casos de la abolición y prohibición de la esclavitud y otros. Aquí se citaban varios casos específicos.

Además, en el tercer punto toral se afirmaba que Estados Unidos había reconocido la importancia de la ley colonial española respecto a los ejidos en territorios adquiridos después de 1847, de nuevo haciendo referencia a varios casos legales. Proseguía denunciando que "La Ley Agraria no es más que la aplicación del derecho tradicional de México".

El punto IV insistía en que los países europeos estaban estableciendo una legislación agraria mucho más rigurosa que la de México: Polonia y Rumania habían llevado a cabo expropiaciones, ya fuera sin compensación o con una en bonos de 40 años. Italia estaba a favor del campesino sobre el dueño de la tierra, y Francia había aceptado la siembra libre de las tierras no cultivadas. El punto V afirmaba que el problema agrario había estado presente desde el periodo colonial y esto se podía mostrar claramente al comparar el número de señores con el de peones, los niveles de salarios y los precios existentes dentro del país. Lo anterior implicaba que por simple justicia se necesitaban grandes ajustes.

El punto VI contenía una amenaza implícita. Mencionaba que los precios de la tierra de todas maneras estaban bajando por las terribles condiciones económicas del país. Afirmaba que el gobierno había procedido de la manera más sutil restableciendo ejidos, pero que contaba con medidas mucho más enérgicas. Las grandes propiedades podían ser destruidas por políticas gubernamentales que permitieran la libre importación de granos y mediante la imposición de tarifas bajas para los ferrocarriles.

Luego entonces, "la grande agricultura" se volvería no redituable, lo que forzaría a los dueños de la tierra a abandonar sus propiedades en manos de los campesinos para su explotación directa, como había sucedido durante el periodo de las guerras de independencia. El punto VII de este "memo" sobre la cuestión agraria recordaba a los negociadores que el gobierno había ofrecido pagar con bonos, ya que ésta era la única manera en que las generaciones futuras podrían solventar este cambio económico.

La enorme importancia que el escritor del "memo" daba a los asuntos agrarios se refleja en su lenguaje, ya que se refiere al proceso como "esta gran transformación que está sufriendo el país". El escritor continuaba diciendo, con la misma fuerza, que "como la solución de la cuestión agraria es inaplazable, sería necesario establecer fuertísimas contribuciones que no podrían soportar ni la agricultura ni la industria". El punto VIII refutaba que hubiera alguna razón para negarse a aceptar bonos, porque el gobierno mexicano ya había logrado la renegociación de su deuda demostrando su confiabilidad.

Terminaba con el punto IX, una vigorosa declaración de lo que pensaba el gobierno mexicano, o por lo menos quien escribió este documento: "Las transformaciones sociales afectan siempre a la economía general del país que las sufre, por lo mismo, afectan también a los negocios. Esto es inevitable y la mejor manera de llegar a un estado de equilibrio es no oponerse de manera abierta a la transformación, sino facilitarla para prevenir nuevos conflictos y establecer una paz orgánica".

Estas últimas palabras tienen el sello distintivo de las declaraciones hechas por el presidente Obregón durante su mandato, y si no fueron escritas por él, ciertamente contaron con su aprobación.

Por lo tanto, en asuntos agrarios los negociadores no se retractaban. Estaban seguros de donde estaban parados, tanto dentro de su propia tradición legal como dentro de las necesidades políticas y económicas de su país, que se encontraba en condiciones difíciles.

El hecho de que México estuviera sufriendo en términos políticos, económicos y sociales después de la gran guerra civil, es algo que por lo general niegan los académicos y analistas. Este sufrimiento fue un factor de peso en el pensamiento de todos los diseñadores de política de la época. El único recurso económico importante con que se podía contar para la reconstrucción era el petróleo; en tanto se mantuviera el principio de control nacional del subsuelo sería posible hacer concesiones temporales que favorecieran la inversión y participación extranjeras en ese sector. Por el contrario, sobre el asunto de la reforma agraria no había concesiones.

Ellos no concebían la idea de retractarse en los aspectos sociales, económicos ni políticos. Aunque tardarían dos décadas en llevar a cabo los cambios en la tenencia de la tierra que tenían en mente, ya se habían tomado decisiones para realizar transformaciones avasalladoras en el campo. Mientras tanto la inversión extranjera en el sector petrolero podía ser tolerada como una medida temporal.

El hecho de que tales concesiones, como estaban planteadas, fueran eliminadas casi inmediatamente durante la presidencia de Plutarco Elías Calles confirmó su naturaleza temporal y táctica. Estas concesiones no eran extensivas. Básicamente lo que la administración de Obregón había acordado aquí era que los propietarios extranjeros de los derechos del subsuelo que presentaran una queja razonable serían tratados con justicia, y los permisos de perforar irían principalmente a las compañías e individuos que tuvieran contratos o fueran dueños de la superficie antes de que el artículo 27 cobrara vigencia.

Ambos gobiernos habían soportado fuertes presiones antes y durante el curso de las negociaciones, y en el caso de la administración de Obregón, con las consecuencias correspondientes. La Asociación de Productores de Petróleo en México, la organización de los petroleros estadounidenses más intransigentes había consultado con el secretario de Estado Hughes antes de las reuniones para insistir sobre "el derecho independiente, libre y perpetuo a todo el petróleo" extraído de las tierras sobre las que pensaban que tenían derecho.

La organización se puso en contacto con los negociadores en ciertos momentos durante las reuniones, y Charles Warren aparentemente le pidió algunas aclaraciones sobre temas específicos. Después de las reuniones se observó que varios problemas, incluyendo el de las regalías, habían quedado sin resolverse, y estos petroleros consideraron tal falta de solución tan problemática que se pusieron en contacto inmediato con el secretario de Estado Hughes, mientras que los negociadores seguían sesionando al final de la reunión.13

La administración de Obregón había obtenido la mayor parte de lo que pretendía de los acuerdos de Bucareli: el reconocimiento formal, la aceptación de únicamente los derechos preferenciales de los dueños de la superficie y no cualquier tipo de derechos absolutos al subsuelo, y la reservación del derecho de la nación al subsuelo cuando no se hubieran realizado acciones positivas.

Cuando se habían exigido derechos de propiedad absolutos, se había reconocido el principio de las concesiones del gobierno. El costo era mínimo, básicamente la ampliación de la definición de "acciones positivas", incluyendo una que fijara un precio alto por la tierra y que indicara el valor de los recursos del subsuelo esperados. También estaban considerados los contratos que implicaban pagos. No obstante hubo que pagar un precio político en México.

Adolfo de la Huerta lo reconoció cuando dijo que la rebelión de diciembre de 1923 fue una reacción contra el gobierno de México por haber vendido sus derechos en Bucareli.14 Su comentario resulta casi ridículo, dada la incapacidad que había mostrado al manejar las negociaciones con los banqueros internacionales el año anterior; sin embargo aún resulta provocador, aunque sea ocasionalmente, entre los historiadores.

Los negociadores mexicanos habían salido relativamente bien librados: la producción petrolera continuaría durante algún tiempo y el mensaje enviado sobre la reforma agraria había quedado claro. La rebelión de De la Huerta seguramente hubiera ocurrido independientemente de lo que se hubiese decidido en Bucareli; pero después de las negociaciones, los capitalistas y los diseñadores de la política estadounidense no le otorgaron un apoyo considerable. Por el contrario, la ayuda que llegó a México fue para Obregón.

El gobierno de Estados Unidos se había manifestado a favor de la estabilidad política de su vecino del sur y en contra de la fuerza, y los mexicanos habían aprovechado las circunstancias para obtener lo que necesitaban en ese momento. Aunque el petróleo resurgiría como un tema importante durante la administración de Calles, por el momento el gobierno mexicano había obtenido la mayor parte de lo que deseaba.