En su epístola 104, párrafo 26, Séneca nos da ésta reflexión: “No porque sean difíciles no nos atrevemos a algunas cosas, sino que son difíciles porque no nos atrevemos a ellas”. Quisiera, que por favor amigo, me explicaras esta reflexión de Séneca.
-¡Con gusto!, le contestó el sabio. Estamos en presencia de uno de los temas más importantes para todos los seres humanos: el saber por qué algunos se atreven y otros no, a iniciar una acción. Te voy a recordar una frase del príncipe de los poetas latinos, Virgilio, frase que ha servido de base para que una gran cantidad de escritores hayan redactado libros de autoayuda.
Me refiero, amigo, a ésta frase de Virgilio: “Pueden, porque creen que pueden”. La diferencia entre el triunfo y la derrota –siguió hablando el Sabio-, en muchas ocasiones depende solamente de que una persona sea haya “atrevido” a actuar, o bien, de que se haya paralizado por miedo, vergüenza, y en consecuencia, no haya actuado.
-¿Pero qué sucede en la mente y las emociones del que se atreve, y del que renuncia a atreverse?, le preguntó el Aprendiz. A ciencia cierta, nadie lo sabe, le contestó el Sabio. Solamente conocemos los resultados. El que se atreve actúa, y abandona la inacción. Aristóteles decía hace más de 2 mil 400 años, que “El principio es más de la mitad del todo”. Cuantitativamente, el principio no puede ser más de la mitad. Pero metafóricamente, sí lo es, pues el que ya arrancó, ya hizo lo más difícil: empezar, despegarse del lugar de la salida, renunciar a la dejadez, vencer el miedo para actuar, etc.
-¡Sí, tienes razón!, le contestó el Aprendiz, ¿pero qué hacer para romper esas cadenas de la inacción, que nos detienen? El príncipe de los poetas liricos de la Grecia Antigua, Píndaro, daba un consejo más valioso que todas las doctrinas psicológicas. A los temerosos de actuar, les decía: “Atrévete, atrévete más, atrévete aun más, pero no demasiado”. Un poeta romano lo dijo de otra manera: “Actúa con un prudente atrevimiento”.
Pienso –siguió hablando el Sabio-, que cuando queremos emprender un negocio, visitar a determinada persona que nos impone mucho, pero que necesitamos de ella; ejecutar una decisión sobre nuestra salud, enfrentarnos a un serio problema en donde tenemos que actuar, lo mejor es olvidarnos de las causas psicológicas que nos detienen, y, ¡actuar!. “Actuar con un prudente atrevimiento”.
Recuerda, amigo, lo que siempre Goethe recomendaba a todos y que llegó a escribirlo con una bellísima expresión: “La audacia tiene genio, poder y magia”. ¡Fíjate muy bien en estos dos ejemplos!: una persona está en las orillas de un lago con sus aguas tranquilas. Solo lo contempla, y de esa contemplación no surge nada. Luego, llega otra persona y avienta al centro del lago una piedra. De inmediato, en el lago aparecen ondas en forma de círculos que se expanden hacia las orillas. El que actúa, transforma una parte de su realidad. Su acción empieza a influir en personas y circunstancias, al igual que la piedra en el lago produce ondas expansivas. ¡Ésta es la magia de la acción! Produce resultados sorprendentes. De la inacción no obtendremos nada. De la acción, podremos esperarlo todo. ¡Atrévete!
En verdad, tienes razón, le dijo el Aprendiz. Desgraciadamente, el pensar mucho sobre lo que deseamos hacer, nos puede llevar a no actuar en definitiva.
-Así es: las cosas hay que pensarlas, pero hasta cierto punto, ya que la reflexión excesiva no es más que un mecanismo emocional de defensa, o una serie de pensamientos añadidos para no actuar, sino para justificar nuestros miedos ante nosotros mismos. Por ello, hay que actuar, como lo aconseja Goethe, o bien, pensar sólo un poco las cosas, que es el mensaje final del poeta de la Roma Antigua: “Actúa con un prudente atrevimiento”.
¿Entonces, –le preguntó el Aprendiz-, me recomiendas que siempre es mejor actuar? No siempre, por supuesto, pero cuando te detenga el miedo, sin contemplación alguna, ¡actúa, atrévete! El fabulista francés, Jean de La Fontaine, escribió: “La ciega fortuna sigue al ciego atrevimiento”. Y parece ser, que la Fortuna, loca como es, veleidosa, injusta y ciega, tiene una real preferencia por los atrevidos. A lo mejor, como la Fortuna es mujer, se le conquista más fácil, por el atrevimiento.
Es cierto, le contestó el Aprendiz. Leyendo la inmortal obra, “Eneida”, de Virgilio, en ella nos dice: “La fortuna es de los audaces”. Qué pena, que el tiempo se nos haya terminado-le dijo el Aprendiz a su amigo-, pero como siempre, después de hablar contigo, mi espíritu se eleva y quedo enriquecido.
miércoles, 4 de abril de 2012
La vacuidad de espíritu
La vacuidad de espíritu
Jacinto Faya Viesca
“El futuro –escribió el filósofo alemán, Eugen Bohler–, ejerce una inmensa fascinación sobre el hombre. En él está arraigado todo su anhelo de perfección: todos los modos de su fe en la inmortalidad y en el desarrollo, toda esperanza de prosperidad y toda utopía, todas las formas de su fantasía, toda aspiración moral y toda creencia absoluta en el ámbito de la bondad, la verdad y la belleza”.
¿Y por qué ésta fascinación del hombre, por el futuro? Si reflexionamos cuidadosamente, caeremos en la cuenta que el ser humano se siente muy desilusionado con su presente, pues sus ilusiones de ayer, el futuro tan esperado y ya hecho presente, le ha negado sus ardientes ilusiones.
Como sentimos que no ha habido un aumento vital en nuestra fuerza espiritual, y sí en cambio sentimos una mengua del poder de nuestra alma, solo nos queda una puerta de escape: el futuro, al que le atribuimos el inmenso poder de satisfacernos. E ilusamente, asociamos la esperanza, al futuro. Y lo que es peor, como nos sentimos sin vitalidad espiritual, nada esperamos de los supremos valores, sino que depositamos nuestra confianza en el progreso externo.
Se trata de un progreso económico, de un progreso científico y técnico que venga a resolver los problemas que nuestra codicia no han podido resolvernos. Cambiamos el oro de nuestra alma por los espejitos que el progreso nos traerá en el futuro. Y como estamos tan ansiosos, pagamos por adelantado el oro a nuestra fantasía.
“La esperanza –nos dice Bohler– es una parte del mal que entregaron los dioses a Epimeteo, él “Reflexivo”, en la caja de pandora, como venganza por el robo del fuego. Contra el consejo de Prometeo “el Prudente”, acepto Epimeteo el regalo. Cuando su mujer, llevada de la curiosidad, abrió la caja, se precipitaron los males al mundo. Solo la esperanza quedó dentro, porque pandora pudo cerrar el estuche a tiempo. Así, pues, se incluyó entonces la esperanza entre los males, por ser ella la que los engendra una y otra vez”.
“Cuanta locura de los que se forjaron esperanzas de largo plazo” (Séneca).
“La esperanza es el afecto de todos los humanos que más fácilmente se deja engañar” (Quevedo).
Los hombres no nos hemos dado cuenta de que es absolutamente imposible que el progreso científico y técnico remedie nuestros males. ¿Cómo podemos estar tan confiados en el progreso externo, si ha sido ese progreso el que amenaza la extinción del ser humano?
Los millones de muertos en la Primera Guerra Mundial, se dieron en proporción al progreso técnico del armamento de ese tiempo. Pero décadas después, el progreso técnico propició armamentos tan avanzados, que en la Segunda Guerra Mundial, murieran más de 50 millones de personas.
Y las ambiciones de dominio de los Estado Unidos y de Rusia, en la Guerra Fría, ¿no pudo haber extinguido a la especie humana, con los millares de ojivas nucleares, en caso de un serio error de comunicación?
¡Y qué decir de la tala de bosques en todo el planeta y del incremento del calentamiento global, dada la guerra económica entre las grandes potencias!
La grave deficiencia de los políticos, científicos y futurólogos al tratar de pronosticar el futuro, es ésta: que solamente evalúan los factores matemáticos y la total racionalidad en que está basada la física y las matemáticas, pero en sus pronósticos no incluyen ninguna evaluación de los inmensos factores irracionales de los que están terminando con el planeta.
Me explicaré: todo análisis científico se fundamenta en la lógica, lo comprobable, lo evidente y lo cierto. Y solo así se han podido producir el inmenso arsenal de guerra. ¿Pero han evaluado lo que sucedería si ese arsenal cayera en manos de dirigentes locos, que se comportan con una total irracionalidad? ¿No es lo que sucedió en la invasión de Irak, cuya causa fue la búsqueda de armas biológicas de destrucción masiva? Han muerto en esa invasión más de seiscientos mil iraquíes civiles, y no se ha descubierto la más mínima prueba de armas químicas de destrucción masiva.
El nuevo dios del progreso externo está totalmente desvinculado de la vida. ¿O a caso, éste progreso no ha dañado ya, severamente a nuestro planeta?
Si la ética no es el fundamento del uso y dirección de todo progreso externo, la humanidad se irá identificando cada vez más con la muerte que con la vida. El verdadero progreso es el del alma, y el de los valores supremos del espíritu.
Jacinto Faya Viesca
“El futuro –escribió el filósofo alemán, Eugen Bohler–, ejerce una inmensa fascinación sobre el hombre. En él está arraigado todo su anhelo de perfección: todos los modos de su fe en la inmortalidad y en el desarrollo, toda esperanza de prosperidad y toda utopía, todas las formas de su fantasía, toda aspiración moral y toda creencia absoluta en el ámbito de la bondad, la verdad y la belleza”.
¿Y por qué ésta fascinación del hombre, por el futuro? Si reflexionamos cuidadosamente, caeremos en la cuenta que el ser humano se siente muy desilusionado con su presente, pues sus ilusiones de ayer, el futuro tan esperado y ya hecho presente, le ha negado sus ardientes ilusiones.
Como sentimos que no ha habido un aumento vital en nuestra fuerza espiritual, y sí en cambio sentimos una mengua del poder de nuestra alma, solo nos queda una puerta de escape: el futuro, al que le atribuimos el inmenso poder de satisfacernos. E ilusamente, asociamos la esperanza, al futuro. Y lo que es peor, como nos sentimos sin vitalidad espiritual, nada esperamos de los supremos valores, sino que depositamos nuestra confianza en el progreso externo.
Se trata de un progreso económico, de un progreso científico y técnico que venga a resolver los problemas que nuestra codicia no han podido resolvernos. Cambiamos el oro de nuestra alma por los espejitos que el progreso nos traerá en el futuro. Y como estamos tan ansiosos, pagamos por adelantado el oro a nuestra fantasía.
“La esperanza –nos dice Bohler– es una parte del mal que entregaron los dioses a Epimeteo, él “Reflexivo”, en la caja de pandora, como venganza por el robo del fuego. Contra el consejo de Prometeo “el Prudente”, acepto Epimeteo el regalo. Cuando su mujer, llevada de la curiosidad, abrió la caja, se precipitaron los males al mundo. Solo la esperanza quedó dentro, porque pandora pudo cerrar el estuche a tiempo. Así, pues, se incluyó entonces la esperanza entre los males, por ser ella la que los engendra una y otra vez”.
“Cuanta locura de los que se forjaron esperanzas de largo plazo” (Séneca).
“La esperanza es el afecto de todos los humanos que más fácilmente se deja engañar” (Quevedo).
Los hombres no nos hemos dado cuenta de que es absolutamente imposible que el progreso científico y técnico remedie nuestros males. ¿Cómo podemos estar tan confiados en el progreso externo, si ha sido ese progreso el que amenaza la extinción del ser humano?
Los millones de muertos en la Primera Guerra Mundial, se dieron en proporción al progreso técnico del armamento de ese tiempo. Pero décadas después, el progreso técnico propició armamentos tan avanzados, que en la Segunda Guerra Mundial, murieran más de 50 millones de personas.
Y las ambiciones de dominio de los Estado Unidos y de Rusia, en la Guerra Fría, ¿no pudo haber extinguido a la especie humana, con los millares de ojivas nucleares, en caso de un serio error de comunicación?
¡Y qué decir de la tala de bosques en todo el planeta y del incremento del calentamiento global, dada la guerra económica entre las grandes potencias!
La grave deficiencia de los políticos, científicos y futurólogos al tratar de pronosticar el futuro, es ésta: que solamente evalúan los factores matemáticos y la total racionalidad en que está basada la física y las matemáticas, pero en sus pronósticos no incluyen ninguna evaluación de los inmensos factores irracionales de los que están terminando con el planeta.
Me explicaré: todo análisis científico se fundamenta en la lógica, lo comprobable, lo evidente y lo cierto. Y solo así se han podido producir el inmenso arsenal de guerra. ¿Pero han evaluado lo que sucedería si ese arsenal cayera en manos de dirigentes locos, que se comportan con una total irracionalidad? ¿No es lo que sucedió en la invasión de Irak, cuya causa fue la búsqueda de armas biológicas de destrucción masiva? Han muerto en esa invasión más de seiscientos mil iraquíes civiles, y no se ha descubierto la más mínima prueba de armas químicas de destrucción masiva.
El nuevo dios del progreso externo está totalmente desvinculado de la vida. ¿O a caso, éste progreso no ha dañado ya, severamente a nuestro planeta?
Si la ética no es el fundamento del uso y dirección de todo progreso externo, la humanidad se irá identificando cada vez más con la muerte que con la vida. El verdadero progreso es el del alma, y el de los valores supremos del espíritu.
Etiquetas:
EL ARTE DE VIVIR LA VERDAD
miércoles, 30 de noviembre de 2011
Nuestra tabla de salvación
¿Cuándo se empiezan a perder los valores morales?... ¿Cómo se extravían los valores morales? Con éste cuestionamiento atajó el filósofo español, Fernando Savater, el conocido lugar común en que se han convertido las expresiones sustantivas “valor, valores” y las adjetivas “moral y morales”para endosar la responsabilidad del desorden social y público a las naciones, a los gobiernos, a las iglesias, a la educación, a la seguridad pública, a la irresponsabilidad familiar, a la ineptitud de la ley hecha fuerza, más el largo etcétera que a usted, lector, le pluguiera agregar y pudiese servir para expresar las mismas cuestiones dirigidas al conglomerado genérico que conocemos como “ciudadanos”.
“La crisis de los valores morales. ¿Se acuerda usted de cuando los valores morales estaban en auge y todo mundo hablaba de lo que era la moral? Savater responde con otra pregunta a su primer cuestionador. Y le dice: oriénteme usted sobre cuándo empezamos a perder esos valores morales. Esta pregunta nadie la sabe contestar”, Savater ironizaba, según informaron ayer los diarios.
Este columnista creyó entender que el cuestionamiento del conferencista a su audiencia sólo fue un ancla para enganchar la preocupación general sobre el tema y encauzar a su audiencia rumbo a una pertinente conclusión. He aquí, sin embargo, lo que el filósofo dijo en seguida: “No hay ningún tipo de crisis, salvo que entendamos que la moralidad, (sea) lo que piensan las supersticiones (y) se deba entender que las señoras deberían llevar la falda a tal altura o a ésta otra, que los jueves hay que comer no sé qué, los viernes no sé cuánto; todas esas cosas que son caprichos normalmente folclóricos, pues la moral no tiene, por fortuna, nada que ver con esta concepción”, dijo. “En cambio -añadió Savater- lo que está en crisis no son los valores morales, lo que está en crisis es el civismo, los valores cívicos; eso sí que está en crisis, la consolidación de unos valores cívicos imprescindibles para el funcionamiento de la democracia; que las personas sepan hacer un uso crítico y responsable, a la vez, de las instituciones democráticas, ¡eso sí está en crisis!.”
Savater comentó finalmente que la educación no la dan los medios de comunicación y que “cuando se habla de educar, siempre hay la tendencia a decir: Pobres, hay gente sin educación. Mentira: Nadie se queda sin ser educado, el problema es quien lo educó o lo va a educar a uno: Al que no eduque una familia responsable, unos maestros acreditados y un sistema educativo como es debido, le educará la calle, le educarán los gángsters,le educarán los peores ejemplos de violencia, de corrupción, de vanidad. Eso último nos viene por la televisión”.
Las conclusiones del eminente pensador ibérico, aquí reproducidas, no dan a luz nuevas conceptos; es parte de lo mucho que el autor ha escrito, tanto en sus lúcidos artículos periodísticos como en sus libros y por lo tanto son las mismas a las que otros muchos hemos llegado cuando alguien, en el clima dizque intelectual de las cafeterías, pone sobre la mesa el descuido de la sociedad y de sus gobiernos ante las múltiples realidades factuales; sobre el asesinato consuetudinario de malas y buenas personas, mediante el soslayo de las autoridades en cada uno de los 2,590 municipios de la República frente al creciente alcoholismo de las comunidades; ante la carencia de un mínimo respeto a la vida humana e igualmente el soslayado incremento de la cosecha de vegetales alcaloides y su mezcla y producción con algunas síntesis químicas estimulantes, más la ausencia de horarios de funcionamiento en los llamados “antros” cínicamente planteados por los productores de bebidas etílicas para lograr, pagando publicidad en los medios electrónicos, el fácil secuestro de los jóvenes y en casi todos los casos, con la omisión de una vigilancia eficaz por las autoridades.
Repetir esta ingrata realidad de nuestros tiempos no colabora a extirparla, ni a bajar su tono dramático; ella es, en sí misma, la peste de los tiempos actuales; tampoco es dable que la complejidad de su curación sea una razón para dejar de aplicar la medicina que nos cure de ella. Igual de largo y pesado es el tratamiento contra sus mórbidos orígenes.
Resultaría valioso intentar una reeducación para jóvenes en edades maleables; vale decir susceptibles a la influencia de maestros capacitados y convincentes. No busquemos descubrir el hilo negro, pero sí apliquémonos a la urgencia de comprobar su eficacia terapéutica. Ni las balas, ni las cárceles, ni los ajusticiamientos han dado buenos resultados; sólo han servido para exacerbar pasiones pírricas sin victorias.
¿Por qué no gastar, con un grado de éxito posible, parte de los cuantiosos fondos económicos que ahora se dilapidan en una guerra sin ningún triunfo y pocos sobrevivientes a la vista? ¿Por qué no, desde ahora, reabrir la clase de civismo que el clero y el panismo vía Fox censuraron en las escuelas primarias y secundarias del sistema educativo nacional? Escuchemos a Fernando Savater y a los otros pensadores que han opinado igual; ellos podrían constituir nuestra tabla de salvación para volver a ser una sociedad positiva y laica.
Roberto Orozco Melo
“La crisis de los valores morales. ¿Se acuerda usted de cuando los valores morales estaban en auge y todo mundo hablaba de lo que era la moral? Savater responde con otra pregunta a su primer cuestionador. Y le dice: oriénteme usted sobre cuándo empezamos a perder esos valores morales. Esta pregunta nadie la sabe contestar”, Savater ironizaba, según informaron ayer los diarios.
Este columnista creyó entender que el cuestionamiento del conferencista a su audiencia sólo fue un ancla para enganchar la preocupación general sobre el tema y encauzar a su audiencia rumbo a una pertinente conclusión. He aquí, sin embargo, lo que el filósofo dijo en seguida: “No hay ningún tipo de crisis, salvo que entendamos que la moralidad, (sea) lo que piensan las supersticiones (y) se deba entender que las señoras deberían llevar la falda a tal altura o a ésta otra, que los jueves hay que comer no sé qué, los viernes no sé cuánto; todas esas cosas que son caprichos normalmente folclóricos, pues la moral no tiene, por fortuna, nada que ver con esta concepción”, dijo. “En cambio -añadió Savater- lo que está en crisis no son los valores morales, lo que está en crisis es el civismo, los valores cívicos; eso sí que está en crisis, la consolidación de unos valores cívicos imprescindibles para el funcionamiento de la democracia; que las personas sepan hacer un uso crítico y responsable, a la vez, de las instituciones democráticas, ¡eso sí está en crisis!.”
Savater comentó finalmente que la educación no la dan los medios de comunicación y que “cuando se habla de educar, siempre hay la tendencia a decir: Pobres, hay gente sin educación. Mentira: Nadie se queda sin ser educado, el problema es quien lo educó o lo va a educar a uno: Al que no eduque una familia responsable, unos maestros acreditados y un sistema educativo como es debido, le educará la calle, le educarán los gángsters,le educarán los peores ejemplos de violencia, de corrupción, de vanidad. Eso último nos viene por la televisión”.
Las conclusiones del eminente pensador ibérico, aquí reproducidas, no dan a luz nuevas conceptos; es parte de lo mucho que el autor ha escrito, tanto en sus lúcidos artículos periodísticos como en sus libros y por lo tanto son las mismas a las que otros muchos hemos llegado cuando alguien, en el clima dizque intelectual de las cafeterías, pone sobre la mesa el descuido de la sociedad y de sus gobiernos ante las múltiples realidades factuales; sobre el asesinato consuetudinario de malas y buenas personas, mediante el soslayo de las autoridades en cada uno de los 2,590 municipios de la República frente al creciente alcoholismo de las comunidades; ante la carencia de un mínimo respeto a la vida humana e igualmente el soslayado incremento de la cosecha de vegetales alcaloides y su mezcla y producción con algunas síntesis químicas estimulantes, más la ausencia de horarios de funcionamiento en los llamados “antros” cínicamente planteados por los productores de bebidas etílicas para lograr, pagando publicidad en los medios electrónicos, el fácil secuestro de los jóvenes y en casi todos los casos, con la omisión de una vigilancia eficaz por las autoridades.
Repetir esta ingrata realidad de nuestros tiempos no colabora a extirparla, ni a bajar su tono dramático; ella es, en sí misma, la peste de los tiempos actuales; tampoco es dable que la complejidad de su curación sea una razón para dejar de aplicar la medicina que nos cure de ella. Igual de largo y pesado es el tratamiento contra sus mórbidos orígenes.
Resultaría valioso intentar una reeducación para jóvenes en edades maleables; vale decir susceptibles a la influencia de maestros capacitados y convincentes. No busquemos descubrir el hilo negro, pero sí apliquémonos a la urgencia de comprobar su eficacia terapéutica. Ni las balas, ni las cárceles, ni los ajusticiamientos han dado buenos resultados; sólo han servido para exacerbar pasiones pírricas sin victorias.
¿Por qué no gastar, con un grado de éxito posible, parte de los cuantiosos fondos económicos que ahora se dilapidan en una guerra sin ningún triunfo y pocos sobrevivientes a la vista? ¿Por qué no, desde ahora, reabrir la clase de civismo que el clero y el panismo vía Fox censuraron en las escuelas primarias y secundarias del sistema educativo nacional? Escuchemos a Fernando Savater y a los otros pensadores que han opinado igual; ellos podrían constituir nuestra tabla de salvación para volver a ser una sociedad positiva y laica.
Roberto Orozco Melo
Etiquetas:
EL ARTE DE VIVIR LA VERDAD,
GOBIERNO DE MÉXICO
Un pesimista activo
Hace 20 años Fernando Savater se dio la tarea de explicar la ética a su hijo Amador y, aunque han pasado 20 años, sus enseñanzas siguen vigentes. El escritor español se encuentra en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara (FIL) donde comparte su visión sobre la filosofía, la política y la educación.
Previa a las actividades que tendrá en la FIL, el filósofo y escritor habló ayer con los medios y señaló, entre risas y anécdotas, que el elemento que más ha cambiado a lo largo de las versiones de “Ética para Amador” son los nombres de los futbolistas.
“Es fácil saber qué es un buen futbolista”, sentencia con su característico tono afable y ameno, “en cambio no sabemos qué es un buen ser humano porque los fines específicos de la vida humana no son tan claros como los fines del futbol”.
Savater deja claro que la ética “nunca viene mal” y que es necesaria “porque es una reflexión de los seres humanos sobre su libertad y eso es una cosa que se viene haciendo al menos desde Grecia y, probablemente, desde antes”. Pero, precisa, la ética está en un campo distinto a la política, aunque estén estrechamente relacionados.
“La ética está muy bien para mejorar al vivir, pero la política está hecha para mejorar a la sociedad, entonces no se pueden resolver los problemas políticos a base de ética, cada cosa tiene su espacio”.
Al tocar el tema del narcotráfico, Savater se mantiene fiel a su postura de despenalizar las drogas: “Hay que afrontar el problema que representa el narcotráfico, un problema muy complejo que se debe a la irracional necesidad de perseguir la droga, que es un disparate que ha ido aumentando con el tiempo (…) Hay que acabar de una vez con la cruzada contra las drogas”.
Por otra parte, el español lamentó que la asignatura de Filosofía esté desapareciendo de los planes de educación, pues señala que esta formación es muy importante como una iniciación a la democracia. “La filosofía y la democracia nacen juntas, nacen en el mismo lugar y en el mismo momento, y en cierta forma significan lo mismo; lo que la filosofía es en el terreno intelectual, la autonomía, la crítica, es la democracia para la sociedad”.
Además, señaló que se necesitan una sociedad que demande a sus gobiernos una mejor educación y maestros informados que “no conviertan la filosofía en un libro de autoayuda porque la filosofía está hecha de preguntas más que respuestas. Hay que fomentar el gusto por preguntar y no el simplemente el gusto por dar soluciones”.
Savater ya no tiene planeado agregar un quinto título a sus libros que aproximan la filosofía de manera sencilla y agradable, un acto que realizó “siempre intentando no intimidar, no ofuscar, sino despertar el interés”.
Previa a las actividades que tendrá en la FIL, el filósofo y escritor habló ayer con los medios y señaló, entre risas y anécdotas, que el elemento que más ha cambiado a lo largo de las versiones de “Ética para Amador” son los nombres de los futbolistas.
“Es fácil saber qué es un buen futbolista”, sentencia con su característico tono afable y ameno, “en cambio no sabemos qué es un buen ser humano porque los fines específicos de la vida humana no son tan claros como los fines del futbol”.
Savater deja claro que la ética “nunca viene mal” y que es necesaria “porque es una reflexión de los seres humanos sobre su libertad y eso es una cosa que se viene haciendo al menos desde Grecia y, probablemente, desde antes”. Pero, precisa, la ética está en un campo distinto a la política, aunque estén estrechamente relacionados.
“La ética está muy bien para mejorar al vivir, pero la política está hecha para mejorar a la sociedad, entonces no se pueden resolver los problemas políticos a base de ética, cada cosa tiene su espacio”.
Al tocar el tema del narcotráfico, Savater se mantiene fiel a su postura de despenalizar las drogas: “Hay que afrontar el problema que representa el narcotráfico, un problema muy complejo que se debe a la irracional necesidad de perseguir la droga, que es un disparate que ha ido aumentando con el tiempo (…) Hay que acabar de una vez con la cruzada contra las drogas”.
Por otra parte, el español lamentó que la asignatura de Filosofía esté desapareciendo de los planes de educación, pues señala que esta formación es muy importante como una iniciación a la democracia. “La filosofía y la democracia nacen juntas, nacen en el mismo lugar y en el mismo momento, y en cierta forma significan lo mismo; lo que la filosofía es en el terreno intelectual, la autonomía, la crítica, es la democracia para la sociedad”.
Además, señaló que se necesitan una sociedad que demande a sus gobiernos una mejor educación y maestros informados que “no conviertan la filosofía en un libro de autoayuda porque la filosofía está hecha de preguntas más que respuestas. Hay que fomentar el gusto por preguntar y no el simplemente el gusto por dar soluciones”.
Savater ya no tiene planeado agregar un quinto título a sus libros que aproximan la filosofía de manera sencilla y agradable, un acto que realizó “siempre intentando no intimidar, no ofuscar, sino despertar el interés”.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Envejecer con gracia
El corazón no envejece, es el cuerpo el que fija los límites. Prepararse para la vejez es lo más sensato que debemos hacer. Envejecer es parte de la naturaleza humana. Inicia hoy esa preparación, vive con plenitud cada día cuidando tu salud física y mental.
En la actualidad a veces dudamos que una persona de 80 años sea anciano, pues no es raro que a esta edad se conserve la alegría, la vivacidad, el entusiasmo de vivir y una gran riqueza de intereses. Nadie es realmente viejo si sabe llevar bien sus años, disfrutar tranquilamente lo que la vida le ofrece, si es capaz de relacionarse con los demás, si al llegar la jubilación no la ve con una tragedia, sino como una etapa de la vida que todo hombre o mujer productivos merecen, y si sabe disfrutar actividades que nunca antes había podido realizar.
Todos queremos llegar a viejos, pero con la condición de poder envejecer con calidad. Como se trata de un proceso inevitable, lo menos que podemos hacer es seguir fielmente algunos consejos para retrasarlo al máximo:
a. Evitar comer demasiado. La sobrealimentación conduce a un envejecimiento precoz y a numerosas enfermedades. Por lo tanto desde el comienzo de la edad madura es necesario reducir la cantidad de calorías que se ingieren y cuidar que los alimentos sean saludables.
b. No someter al organismo a un desgaste innecesario. Por ejemplo una excesiva exposición a los rayos solares acelera el envejecimiento de la piel. Es prudente no forzar la vista leyendo impresos con letras muy pequeñas sin usar los lentes adecuados o con luz deficiente.
c. Consultar el especialista con regularidad. En esta etapa es frecuente encontrar padecimientos cardiacos, presión arterial alta, osteoporosis, diabetes, o arteroesclerosis. Esas enfermedades se podrán evitar o al menos controlar bajo supervisión médica.
d. Vivir una sana sexualidad. Es importante continuar una actividad sexual normal, ya que esta proporcionará un mayor equilibrio emocional y físico.
e. Realizar alguna actividad física regularmente. El ejercicio aunque no sea intenso, es indispensable para lograr envejecer saludablemente y con garbo y poder mantenernos activos.
f. Mantener o crear intereses de diferente índole. Esta etapa es la ideal para realizar todas aquellas actividades que alguna vez deseamos hacer y no nos fue posible por falta de tiempo o por atender a nuestros hijos.
h. No descuidar el arreglo personal. Es necesario hacer un esfuerzo para mantener los estándares de higiene y cuidado personal que antes nos caracterizaron.
Envejecer con gracia significa tener la sabiduría que se requiere para vivir, con la convicción de que cada quien es libre de elegir su camino y no creer que la sabiduría significa aleccionar a los demás continuamente, pensando tener siempre la razón.
También significa tener la capacidad de aceptar el final de la vida como algo natural y lógico, a la vez que se alcanza la satisfacción por lo que se realizó.
En la actualidad a veces dudamos que una persona de 80 años sea anciano, pues no es raro que a esta edad se conserve la alegría, la vivacidad, el entusiasmo de vivir y una gran riqueza de intereses. Nadie es realmente viejo si sabe llevar bien sus años, disfrutar tranquilamente lo que la vida le ofrece, si es capaz de relacionarse con los demás, si al llegar la jubilación no la ve con una tragedia, sino como una etapa de la vida que todo hombre o mujer productivos merecen, y si sabe disfrutar actividades que nunca antes había podido realizar.
Todos queremos llegar a viejos, pero con la condición de poder envejecer con calidad. Como se trata de un proceso inevitable, lo menos que podemos hacer es seguir fielmente algunos consejos para retrasarlo al máximo:
a. Evitar comer demasiado. La sobrealimentación conduce a un envejecimiento precoz y a numerosas enfermedades. Por lo tanto desde el comienzo de la edad madura es necesario reducir la cantidad de calorías que se ingieren y cuidar que los alimentos sean saludables.
b. No someter al organismo a un desgaste innecesario. Por ejemplo una excesiva exposición a los rayos solares acelera el envejecimiento de la piel. Es prudente no forzar la vista leyendo impresos con letras muy pequeñas sin usar los lentes adecuados o con luz deficiente.
c. Consultar el especialista con regularidad. En esta etapa es frecuente encontrar padecimientos cardiacos, presión arterial alta, osteoporosis, diabetes, o arteroesclerosis. Esas enfermedades se podrán evitar o al menos controlar bajo supervisión médica.
d. Vivir una sana sexualidad. Es importante continuar una actividad sexual normal, ya que esta proporcionará un mayor equilibrio emocional y físico.
e. Realizar alguna actividad física regularmente. El ejercicio aunque no sea intenso, es indispensable para lograr envejecer saludablemente y con garbo y poder mantenernos activos.
f. Mantener o crear intereses de diferente índole. Esta etapa es la ideal para realizar todas aquellas actividades que alguna vez deseamos hacer y no nos fue posible por falta de tiempo o por atender a nuestros hijos.
h. No descuidar el arreglo personal. Es necesario hacer un esfuerzo para mantener los estándares de higiene y cuidado personal que antes nos caracterizaron.
Envejecer con gracia significa tener la sabiduría que se requiere para vivir, con la convicción de que cada quien es libre de elegir su camino y no creer que la sabiduría significa aleccionar a los demás continuamente, pensando tener siempre la razón.
También significa tener la capacidad de aceptar el final de la vida como algo natural y lógico, a la vez que se alcanza la satisfacción por lo que se realizó.
Etiquetas:
EL ARTE DE VIVIR LA VERDAD
Reflexiones sobre la Revolución Mexicana
Durante el Porfiriato (1877 a 1910) la situación general en la república era muy difícil, en el campo las jornadas eran “de sol a sol”, el pago se esfumaba en las tiendas de raya sin siquiera poder detener la marcha ascendente del crónico adeudo, el abuso patronal se ejemplifica con el inmoral “Derecho de Pernada” que obligaba al contrayente nupcial a ceder su lugar al patrón en la noche de bodas, etcétera; en la ciudad, obreros y empleados eran explotados impunemente, no tenían prácticamente ningún derecho, no podían reunirse para defenderse o exponer sus quejas al patrón, mucho menos para solicitar revisiones salariales o manifestar su desacuerdo con los sistemas de trabajo, no había entidades a las que pudiesen acudir a solicitar apoyo, etcétera; la situación social presentaba también serias limitaciones, no había ni remotamente esperanzas de algún cambio político, el analfabetismo campeaba en la mayoría de la población y el nivel educativo no sobrepasaba el cuarto grado del nivel primario, las condiciones médico-asistenciales eran casi nulas por lo que la esperanza de vida rondaba los 45 años; las viviendas eran de adobe generalmente, muy pocas contaban con servicio de agua entubada y mucho menos con drenaje -la energía eléctrica surgió a finales del siglo 19-, la infraestructura urbana y de comunicaciones de todo tipo era deplorable, en fin, era un cuadro inimaginable, de carencias y dificultades en todos aspectos, cuya solución no se visualizaba de ninguna forma.
Ahora bien, dado que el régimen del presidente Díaz acumulaba 33 años en el poder y sus 80 de edad no auguraban viable el cambio requerido, las ideas democráticas de don Francisco Madero hicieron brillar la luz de la esperanza en un México más justo, con mayores y mejores oportunidades para todos, lo que finalmente hizo realidad el movimiento armado de 1910 a 1921.
Más de un millón de compatriotas, casi todos en edad productiva, perdieron sus vidas, fueron once años que paralizaron la economía lo que indudablemente significó un considerable retroceso en el incipiente desarrollo implementado por don Porfirio y, por supuesto, en el natural avance institucional de la República. Graves pérdidas en vidas, tiempo y recursos que nos obligan a cuestionar: ¿Valió la pena tanto afán?
Sin embargo, debe quedar claro que este movimiento social hizo posible nuestra vigente Carta Magna, ejemplo mundial de apertura sociopolítica en su tiempo, cuyos postulados lograron allanar los senderos hacia una patria más equitativa, donde cada mexicano con deseos de superación encuentra acceso a un porvenir con mejores espectativas. Este solo resultado, opinan especialistas, cubre las esperanzas del cambio anhelado por tanto tiempo.
Estamos conscientes de que aún falta mucho por hacer, que han existido desviaciones que han pretendido alejarnos del objetivo, pero también sabemos de los amplios recursos con que contamos y sobre todo de la calidad de nuestros compatriotas para superar cualquier clase de obstáculos. Ante este escenario que hemos pretendido exponer en forma realista y desapasionada, usted qué opina, estimado lector: ¿Valió la pena la Revolución?
Ahora bien, dado que el régimen del presidente Díaz acumulaba 33 años en el poder y sus 80 de edad no auguraban viable el cambio requerido, las ideas democráticas de don Francisco Madero hicieron brillar la luz de la esperanza en un México más justo, con mayores y mejores oportunidades para todos, lo que finalmente hizo realidad el movimiento armado de 1910 a 1921.
Más de un millón de compatriotas, casi todos en edad productiva, perdieron sus vidas, fueron once años que paralizaron la economía lo que indudablemente significó un considerable retroceso en el incipiente desarrollo implementado por don Porfirio y, por supuesto, en el natural avance institucional de la República. Graves pérdidas en vidas, tiempo y recursos que nos obligan a cuestionar: ¿Valió la pena tanto afán?
Sin embargo, debe quedar claro que este movimiento social hizo posible nuestra vigente Carta Magna, ejemplo mundial de apertura sociopolítica en su tiempo, cuyos postulados lograron allanar los senderos hacia una patria más equitativa, donde cada mexicano con deseos de superación encuentra acceso a un porvenir con mejores espectativas. Este solo resultado, opinan especialistas, cubre las esperanzas del cambio anhelado por tanto tiempo.
Estamos conscientes de que aún falta mucho por hacer, que han existido desviaciones que han pretendido alejarnos del objetivo, pero también sabemos de los amplios recursos con que contamos y sobre todo de la calidad de nuestros compatriotas para superar cualquier clase de obstáculos. Ante este escenario que hemos pretendido exponer en forma realista y desapasionada, usted qué opina, estimado lector: ¿Valió la pena la Revolución?
domingo, 13 de noviembre de 2011
El necio y su necedad
“No hay peor sordo que el que no quiere oír”, decimos comúnmente, y La Biblia en los Salmos dejó escrito: “Tienen oídos y no oirán; tienen narices y no olerán”. Estas frases se aplican a toda persona que por lo general es necia.
Toda conducta necia daña a los necios, pero también daña al círculo más próximo del necio, y en ocasiones, la necedad de un hombre de gran influencia, como el que ostenta la máxima autoridad de un país, afecta a millones de personas.
Algunos de nosotros somos por deformación psicológica, necios, aunque jamás lo admitamos, pues necios sólo son los demás. La necedad es prima de la intolerancia, pues a toda persona que no piense como nosotros, la acusamos de necia, porque no podríamos acusarla de intolerante. En este caso, el intolerante padece de una constante necedad. Dice Cicerón que “es propio de los necios ver los defectos ajenos y olvidarse de los suyos”, y a tal grado es así, que en el caso de los errores, toda persona cuando comete un error, procura no volver a incurrir en él, mientras que el necio, conscientemente, lo vuelve a cometer.
Para Cicerón, la necedad es la madre de todos los males. ¿Cuál es el porcentaje de los necios? En realidad no lo sabemos, pero su número ha de ser considerable si nos atenemos a lo que La Biblia dice en el Eclesiastés: “Infinito el número de los necios”. A excepción de los débiles mentales que padezcan una debilidad orgánica o que haya sufrido lesiones cerebrales severas, la necedad de las personas nada tiene que ver con el grado de inteligencia, sino que es el resultado de una deficiente educación emocional. Generalmente la necedad se da en aquellas personas que sufrieron una educación severa e inflexible en su infancia por parte de sus padres. Padres intolerantes y rígidos, causan trastornos emocionales en sus hijos al estrecharles el campo de sus libres elecciones. Cuando un niño no encuentra un buen abanico de opciones dadas por sus padres, sino solamente caminos únicos, rígidos e inflexibles, el niño ya de joven y de adulto tenderá a comportarse rígidamente, al igual que la madre o el padre dominante.
Por lo general, toda persona necia fue castigada severamente, ya fuera de palabra o de manera física por sus padres.
Toda persona rígida muestra comportamientos nada creativos, pues no cuenta con opciones, ya que fue educado de manera estrecha. La persona necia le tiene un gran miedo y respeto a todo lo que signifique una figura de autoridad, pues estas figuras no son más que meras prolongaciones de la enorme figura de autoridad que fue su padre, madre o ambos.
El necio le tiene un miedo difuso a la vida, pues no ha sido capaz de elaborar para sí una auténtica y genuina ciencia de la vida, de su particular vida y de la manera como interactúa en la vida de los demás. El necio padece de una pobre capacidad para detectar y comprender la realidad, pues su realidad interna tan estrecha siempre, la quiere sobreponer a la realidad real. El necio es amante de las reglas inflexibles, de lo igual, de lo repetido y de los esquemas cerrados.
¿Ante tantos sufrimientos y males que padecen y causan los necios, existe alguna esperanza real a fin de que el necio deje de serlo y llegue a ser una persona sensata y flexible?
Pienso que definitivamente todo necio puede curarse casi por completo, y algunos, completamente. El primer factor para la curación de la necedad, es el más difícil: tomar plena conciencia de que se es necio, al igual que la única manera para que un alcohólico permanezca sobrio, es reconocer precisamente que se es un alcohólico. Si no se da cuenta de esto, si no lo admite, y si no está dispuesto a abandonar su necedad, jamás podrá curarse.
El necio no sabe con certeza quién es y qué es, como tampoco sabe quién es y cómo es su prójimo. Una vez que el necio ha tomado conciencia de su permanente necedad, que lo ha aceptado, y que desea curarse, ha conquistado lo más importante. Posteriormente, deberá estar muy vigilante en su conducta con los demás. No será necesario que pase años investigando su desafortunada niñez, sino que tendrá que abocarse a vigilar día a día su conducta, a fin de caer en la cuenta de las distintas maneras como se comporta neciamente.
ésta será una tarea similar al alcohólico que reconoce que lo es y que se propone no tomar en las próximas 24 horas. Igualmente, el necio deberá proponerse esforzarse al máximo en las próximas 24 horas, de ser tolerante, flexible y renunciar a su loca idea de querer tener siempre la razón.
A medida que el necio se conduzca de manera diferente cada día, empezará a formarse por vez primera, una personal ciencia de la vida. Sólo a partir de conductas contrarias a su necedad, podrá dejar de serlo y además, los frutos muy pronto los empezará a cosechar. ¿En cuánto tiempo empezará a cosecharlos? Los empezará a recolectar desde el primer día, y sorprendentemente, muy pronto verá su vida enormemente fructífera en todos los sentidos de su existencia.
La necedad de una persona implica una sordera para escuchar el punto de vista del prójimo. El necio no se ha dado cuenta de que es absolutamente imposible que siempre pueda tener la razón.
Carlos Delessert escribió en su obra, “El hombre ante el misterio”, que “Nunca hubo necio alguno que se reconociera serlo”. En la mayoria de los casos, la afirmación de éste escritor es cierta. Pero por supuesto, que el necio puede curarse por completo, siempre y cuando advierta que su necedad mucho tiene de miedo y de minusvalía personal.
¡Quien renuncia a su necedad, se abre a una vida nueva!
Toda conducta necia daña a los necios, pero también daña al círculo más próximo del necio, y en ocasiones, la necedad de un hombre de gran influencia, como el que ostenta la máxima autoridad de un país, afecta a millones de personas.
Algunos de nosotros somos por deformación psicológica, necios, aunque jamás lo admitamos, pues necios sólo son los demás. La necedad es prima de la intolerancia, pues a toda persona que no piense como nosotros, la acusamos de necia, porque no podríamos acusarla de intolerante. En este caso, el intolerante padece de una constante necedad. Dice Cicerón que “es propio de los necios ver los defectos ajenos y olvidarse de los suyos”, y a tal grado es así, que en el caso de los errores, toda persona cuando comete un error, procura no volver a incurrir en él, mientras que el necio, conscientemente, lo vuelve a cometer.
Para Cicerón, la necedad es la madre de todos los males. ¿Cuál es el porcentaje de los necios? En realidad no lo sabemos, pero su número ha de ser considerable si nos atenemos a lo que La Biblia dice en el Eclesiastés: “Infinito el número de los necios”. A excepción de los débiles mentales que padezcan una debilidad orgánica o que haya sufrido lesiones cerebrales severas, la necedad de las personas nada tiene que ver con el grado de inteligencia, sino que es el resultado de una deficiente educación emocional. Generalmente la necedad se da en aquellas personas que sufrieron una educación severa e inflexible en su infancia por parte de sus padres. Padres intolerantes y rígidos, causan trastornos emocionales en sus hijos al estrecharles el campo de sus libres elecciones. Cuando un niño no encuentra un buen abanico de opciones dadas por sus padres, sino solamente caminos únicos, rígidos e inflexibles, el niño ya de joven y de adulto tenderá a comportarse rígidamente, al igual que la madre o el padre dominante.
Por lo general, toda persona necia fue castigada severamente, ya fuera de palabra o de manera física por sus padres.
Toda persona rígida muestra comportamientos nada creativos, pues no cuenta con opciones, ya que fue educado de manera estrecha. La persona necia le tiene un gran miedo y respeto a todo lo que signifique una figura de autoridad, pues estas figuras no son más que meras prolongaciones de la enorme figura de autoridad que fue su padre, madre o ambos.
El necio le tiene un miedo difuso a la vida, pues no ha sido capaz de elaborar para sí una auténtica y genuina ciencia de la vida, de su particular vida y de la manera como interactúa en la vida de los demás. El necio padece de una pobre capacidad para detectar y comprender la realidad, pues su realidad interna tan estrecha siempre, la quiere sobreponer a la realidad real. El necio es amante de las reglas inflexibles, de lo igual, de lo repetido y de los esquemas cerrados.
¿Ante tantos sufrimientos y males que padecen y causan los necios, existe alguna esperanza real a fin de que el necio deje de serlo y llegue a ser una persona sensata y flexible?
Pienso que definitivamente todo necio puede curarse casi por completo, y algunos, completamente. El primer factor para la curación de la necedad, es el más difícil: tomar plena conciencia de que se es necio, al igual que la única manera para que un alcohólico permanezca sobrio, es reconocer precisamente que se es un alcohólico. Si no se da cuenta de esto, si no lo admite, y si no está dispuesto a abandonar su necedad, jamás podrá curarse.
El necio no sabe con certeza quién es y qué es, como tampoco sabe quién es y cómo es su prójimo. Una vez que el necio ha tomado conciencia de su permanente necedad, que lo ha aceptado, y que desea curarse, ha conquistado lo más importante. Posteriormente, deberá estar muy vigilante en su conducta con los demás. No será necesario que pase años investigando su desafortunada niñez, sino que tendrá que abocarse a vigilar día a día su conducta, a fin de caer en la cuenta de las distintas maneras como se comporta neciamente.
ésta será una tarea similar al alcohólico que reconoce que lo es y que se propone no tomar en las próximas 24 horas. Igualmente, el necio deberá proponerse esforzarse al máximo en las próximas 24 horas, de ser tolerante, flexible y renunciar a su loca idea de querer tener siempre la razón.
A medida que el necio se conduzca de manera diferente cada día, empezará a formarse por vez primera, una personal ciencia de la vida. Sólo a partir de conductas contrarias a su necedad, podrá dejar de serlo y además, los frutos muy pronto los empezará a cosechar. ¿En cuánto tiempo empezará a cosecharlos? Los empezará a recolectar desde el primer día, y sorprendentemente, muy pronto verá su vida enormemente fructífera en todos los sentidos de su existencia.
La necedad de una persona implica una sordera para escuchar el punto de vista del prójimo. El necio no se ha dado cuenta de que es absolutamente imposible que siempre pueda tener la razón.
Carlos Delessert escribió en su obra, “El hombre ante el misterio”, que “Nunca hubo necio alguno que se reconociera serlo”. En la mayoria de los casos, la afirmación de éste escritor es cierta. Pero por supuesto, que el necio puede curarse por completo, siempre y cuando advierta que su necedad mucho tiene de miedo y de minusvalía personal.
¡Quien renuncia a su necedad, se abre a una vida nueva!
Etiquetas:
EL ARTE DE VIVIR LA VERDAD
Suscribirse a:
Entradas (Atom)