Consiga usted 8 millones de dólares, junte a un director creativo y a un conductor de televisión ingenioso y agresivo, cuente con el beneplácito de la Fundación Televisa, trabaje tres años en la producción, diseñe un ingenioso sistema de publicidad para su producto y tendrá “¡De Panzazo!”.
Dice la publicidad que “¡De Panzazo!” refleja la realidad de la educación en México y que, además, pone en evidencia que la sociedad mexicana pasa “de panzazo” en un sistema excluyente en el que no se logran aprendizajes para la vida. Pero éste es un criterio demasiado radical, que busca más el impacto propagandístico que reflejar fielmente una realidad que al final se le escapa de las manos y aunque la película sí muestra algunos problemas reales, no logra demostrar mucho que digamos.
Este documental sin duda alguna está muy bien hecho y logra su intención de alarmar al espectador. Mantiene la atención casi de manera constante a lo largo de los 80 minutos que dura la proyección, lo que es una virtud que pocos documentales mexicanos consiguen. El director, Juan Carlos Rulfo, hijo del escritor Juan Rulfo, y su codirector y guionista, Carlos Loret de Mola, conductor de noticias de Televisa, hicieron bien su trabajo. Impresionan y ponen a pensar al auditorio. Pero exageran los problemas y esconden los logros del sistema educativo, porque aunque usted no lo crea, sí los hay.
“De Panzazo” no es una película de investigación científica, ni la divulgación de una investigación educativa. Es un trabajo periodístico que adolece de defectos metodológicos tan evidentes, que el buen ritmo del argumento no alcanza a disfrazarlos. En cuanto a la metodología cualitativa, diremos que la cámara es invasiva en las escuelas y obliga a los participantes a actuar. Además, algunas de las entrevistas son tendenciosas o siguieren la respuesta. El focus group con estudiantes, dirigido por Loret de Mola, está mal conducido: de entrada, hay una respuesta que se antojaba interesante, pero es inhibida por el conductor, según su estilo. La selección de los informantes clave está comprometida al guión, y no el guión a los informantes clave. El norte del país no está representado, porque Ciudad Juárez no es representativa, por su situación actual, del perfil tipo. Si bien seleccionan una muestra de conveniencia, esto lo caracteriza como un estudio de caso más que como una muestra nacional.
En cuanto a la metodología cuantitativa, las escenas de búsqueda de datos de la cantidad de maestros que existen en México están sobredramatizadas, pero si de lo que se trataba era evidenciar la ignorancia de las autoridades de la SEP y del SNTE, se logró de manera alarmante. Las comparaciones entre Corea y México son artificiosas y no representan la realidad, por faltar indicadores importantes de estructura económica, política y cultural que determinan la diferencia existente en ambos países, más allá de lo educativo. Algunas informaciones de la OCDE están mal expresadas: por ejemplo, el gasto público en educación debe tomarse por la inversión en términos del porcentaje del PIB nacional asignado, que en el caso de nuestro país es 5.7%, cantidad menor a la fijada en los acuerdos internacionales. De acuerdo con el reporte “Panorama de la Educación 2010” de la OCDE, el gasto de México por cada estudiante en educación básica es de 2 mil 173 dólares, cuando el promedio de la OCDE es de 7 mil 504 dólares. Pero la información que más impacta es aquella que se refiere al tiempo en que, según los realizadores, tardará nuestro país para alcanzar a los punteros de la OCDE: más de 300 años; pero la realidad no avanza en línea recta, sino en espiral y a saltos cualitativos. Pueden ser 300, 30 o 3 años. Nadie lo sabe con seguridad. Para muestra está el ejemplo de Polonia, que en menos de 10 años, de estar en los últimos lugares, pasa de ser de los primeros.
Al final se menciona la necesidad de asumir una educación que no esté basada en la transferencia de la información, sino en la construcción del conocimiento, pero no se dice que es precisamente lo que propone la actual Reforma Integral de la Educación Básica. Se toma a la educación mexicana como un conjunto homogéneo, en donde todas las escuelas funcionarían de la misma forma, siendo que la diversidad es una característica fundamental de nuestro país. Se intuye que “¡De Panzazo!” encierra una propuesta política y educativa diferente a la actual, pero se queda sin plantear, aunque es obvia la intención de formar una corriente de opinión contraria a los programas vigentes. Una buena película que hay que ver, pero deberemos tomar su información con muchas reservas.
miércoles, 4 de abril de 2012
Hoy se nos perdió una hora
Este domingo, cuando a las 02:00 de la madrugada, usted estaba saliendo del antro o del club, si se fijó en su reloj, se dio cuenta de que ya eran las 03:00 horas, y con el temor de la multa se fue rápidamente a su casa. Pero no fue por una trampa ni un engaño que le tendieron los dueños de los establecimientos en donde se venden licores. Y tampoco es que el efecto de éstos lo haya desorientado. Es el cambio del horario de invierno al de verano, por el cual todos tenemos que adelantar una hora los relojes. Lo curioso es que este día tiene solo 23 horas, y esa hora que nos quitan la notará sobre todo el lunes por la mañana, porque nos obligarán a madrugar más.
Cambiamos de horario y nuestros relojes lo único que tuvieron que hacer es adelantarse, pero usted se está preguntando si nuestro reloj biológico puede acoplarse con tanta facilidad como nuestros relojes físicos, esos que vemos en la pared, que llevamos en la muñeca, en el celular o en la computadora. Porque aún existe la duda en la mayoría de las personas de que el cambio orgánico sea tan fácil de adaptar como el cambio físico. Y la pregunta de todos es ¿será realmente útil la pérdida de una hora, no sólo de sueño, sino de hábitos y de ritmos circadianos?
Parece ser que la respuesta que da la mayoría de los expertos va en el sentido de que sí es útil y además, que no es realmente significativo para nuestro organismo este avance de una hora que obligamos a hacer en nuestros relojes internos. En cuanto al ahorro de energía eléctrica, ya no hay mucha incertidumbre en sus efectos económicos positivos, pues según dice la Secretaría de Energía la medida representa un ahorro de electricidad de 18 mil 419 Gigawatts/hora y de 40.63 millones de barriles de petróleo, con lo que se dejarán de emitir 24.32 millones de toneladas de bióxido de carbono a la atmósfera. Por lo menos eso dice la tal Secretaría y ojalá que sea cierto, para que valga la pena el esfuerzo.
Pero la verdadera buena noticia es que parece ser que tampoco existe mucho problema en cuanto al supuesto daño físico. Las investigaciones indican que, en organismos sanos, la hora perdida se recupera en cuatro o máximo cinco días, siendo sus consecuencias muy leves en el ciclo del sueño y de la alimentación.
En los adultos las consecuencias se manifiestan con un leve aumento en la accidentalidad y mayor irritabilidad en los días posteriores del cambio. En los mayores de 50 años se presentará, además, leves trastornos del sueño. En los niños, además de irritabilidad y de la alteración en los hábitos en la alimentación, se presentarán problemas para dormir por la noche y, por lo tanto, para despertarse. En la escuela, en las primeras horas de clase, la atención estará un poco mas dispersa y la conducta será de mayor dificultad en la concentración, sobre todo en materias que exijan abstracción, como las matemáticas. Y es que con la somnolencia disminuye esa capacidad de vigilancia que nos permite estar atentos y aprender a resolver problemas. Esta semana, como usted comprenderá, no será la mejor para aplicar exámenes de ningún tipo.
Pero las personas que ya tienen conflictos para dormir o que no tienen sueño de calidad pueden llegar a tener consecuencias muy negativas si no ponen atención a la corrección de los hábitos de dormir. Está comprobado que el déficit crónico de sueño es un factor que contribuye al desarrollo de la obesidad y a los trastornos metabólicos relacionados con la insulina. Un sueño insuficiente o de mala calidad condiciona la mala calidad de vida y el bajo rendimiento físico e intelectual.
Por todo ello, es importante que pongamos atención en la adaptación al nuevo horario. La buena disposición que tengamos para corregir nuestras costumbres cotidianas va a ser el factor fundamental que nos permitirá no sufrir los efectos negativos de este cambio de horario.
Parece curioso, pero entre menos nos quejemos del cambio de horario y mejor disposición tengamos para aceptarlo, mas pronto vamos a adaptarnos a él.
Cambiamos de horario y nuestros relojes lo único que tuvieron que hacer es adelantarse, pero usted se está preguntando si nuestro reloj biológico puede acoplarse con tanta facilidad como nuestros relojes físicos, esos que vemos en la pared, que llevamos en la muñeca, en el celular o en la computadora. Porque aún existe la duda en la mayoría de las personas de que el cambio orgánico sea tan fácil de adaptar como el cambio físico. Y la pregunta de todos es ¿será realmente útil la pérdida de una hora, no sólo de sueño, sino de hábitos y de ritmos circadianos?
Parece ser que la respuesta que da la mayoría de los expertos va en el sentido de que sí es útil y además, que no es realmente significativo para nuestro organismo este avance de una hora que obligamos a hacer en nuestros relojes internos. En cuanto al ahorro de energía eléctrica, ya no hay mucha incertidumbre en sus efectos económicos positivos, pues según dice la Secretaría de Energía la medida representa un ahorro de electricidad de 18 mil 419 Gigawatts/hora y de 40.63 millones de barriles de petróleo, con lo que se dejarán de emitir 24.32 millones de toneladas de bióxido de carbono a la atmósfera. Por lo menos eso dice la tal Secretaría y ojalá que sea cierto, para que valga la pena el esfuerzo.
Pero la verdadera buena noticia es que parece ser que tampoco existe mucho problema en cuanto al supuesto daño físico. Las investigaciones indican que, en organismos sanos, la hora perdida se recupera en cuatro o máximo cinco días, siendo sus consecuencias muy leves en el ciclo del sueño y de la alimentación.
En los adultos las consecuencias se manifiestan con un leve aumento en la accidentalidad y mayor irritabilidad en los días posteriores del cambio. En los mayores de 50 años se presentará, además, leves trastornos del sueño. En los niños, además de irritabilidad y de la alteración en los hábitos en la alimentación, se presentarán problemas para dormir por la noche y, por lo tanto, para despertarse. En la escuela, en las primeras horas de clase, la atención estará un poco mas dispersa y la conducta será de mayor dificultad en la concentración, sobre todo en materias que exijan abstracción, como las matemáticas. Y es que con la somnolencia disminuye esa capacidad de vigilancia que nos permite estar atentos y aprender a resolver problemas. Esta semana, como usted comprenderá, no será la mejor para aplicar exámenes de ningún tipo.
Pero las personas que ya tienen conflictos para dormir o que no tienen sueño de calidad pueden llegar a tener consecuencias muy negativas si no ponen atención a la corrección de los hábitos de dormir. Está comprobado que el déficit crónico de sueño es un factor que contribuye al desarrollo de la obesidad y a los trastornos metabólicos relacionados con la insulina. Un sueño insuficiente o de mala calidad condiciona la mala calidad de vida y el bajo rendimiento físico e intelectual.
Por todo ello, es importante que pongamos atención en la adaptación al nuevo horario. La buena disposición que tengamos para corregir nuestras costumbres cotidianas va a ser el factor fundamental que nos permitirá no sufrir los efectos negativos de este cambio de horario.
Parece curioso, pero entre menos nos quejemos del cambio de horario y mejor disposición tengamos para aceptarlo, mas pronto vamos a adaptarnos a él.
Los Jinetes del Nuevo Apocalipsis
La furia y el miedo son los sentimientos predominantes en todo el mundo, a excepción de Asia, declara el sociólogo francés Moisi. Vivimos la Edad de la Furia, dice el New York Times. ¿El capitalismo del Siglo XX le está fallando a la sociedad del Siglo XXI?
En Suiza, en el Foro Económico Mundial 2012 la pregunta aún no ha sido contestada. Desempleo, desorden climático, desigualdad e inseguridad son los jinetes del nuevo Apocalipsis, según Davos. La edición del 2012 comenzó con la difusión del documento sobre los riesgos para el mundo. “Se acabó la era de los alimentos baratos”, sentenció el presidente mundial de Unilever, quien llamó a la creación de un fondo multimillonario para el desarrollo de soluciones alimentarias en el que participarían gobiernos, empresas y organismos multilaterales.
El tema del Fondo Económico Mundial 2012 es ‘La Gran Transformación: Creando Nuevos Modelos’; modelos de crecimiento y empleo; liderazgo e innovación, sostenibilidad y desarrollo, así como modelos sociales y tecnológicos. El economista alemán Klaus Schwab sorprendió al auditorio al convocar a la comunidad mundial a reflexionar sobre la necesidad urgente de una transformación del capitalismo. ¿Por qué urge transformar el capitalismo? Porque según el propio Foro Económico Mundial en su informe de riesgos Globales 2012 se considera que la creciente desigualdad social será “una de las mayores amenazas para la economía mundial en los años por venir”. Éste es el gran reto que hay que atender en estos momentos en que se vislumbra el riesgo de una nueva recesión económica mundial.
En el mundo de la economía en el pasado se consideró que los mercados siempre funcionaban perfectamente y no deberían ser regulados. Oferta y demanda. Hoy los nuevos economistas de un mundo globalizado sostienen que los mercados están peligrosamente amenazados de ser controlados por intereses particulares de los grandes capitalistas, quienes buscan protección de la competencia, inclusive utilizando la acción gubernamental.
Un mercado global ideal sería aquél en que no impere la Ley de la Selva, sino que el juego sea parejo, con reglas conocidas y transparentes donde todos tengan la posibilidad de participar y ganar. La falta de reglas provoca que los mercados sean imperfectos por la imposición del más fuerte (el capitalista), o el hecho de que existan reglas inadecuadas que impongan barreras a la competencia que por lo general afecta a los países en desventaja.
Nuestro mundo se estremece ante las constantes manifestaciones ciudadanas de inconformidad y nos lleva a preguntar: ¿Por qué tanto malestar, tanta pobreza, tanta desesperanza, tanta violencia? ¿Por qué tanto dolor? El dolor se esparce en el mundo entero, tanto en los países del primer mundo como aquellos en desarrollo. El libre mercado y la tecnología parecían resolver las carencias en los países menos privilegiados y hoy se dan las movilizaciones con mayor frecuencia y mayor furia. Los economistas advierten que en la raíz del malestar está la disonancia entre la realidad y las expectativas.
No es casualidad que uno de los puntos más críticos sea la educación, y las movilizaciones que se generan en torno a ella. El cuestionamiento a la calidad de la educación y particularmente su relación con la inequidad en todo tipo de transacciones comerciales produce la cruda e incómoda sensación de que, en efecto, las expectativas distan bastante de la realidad.
El desempleo a nivel mundial, el desorden climático ocasionado en gran medida por el descuido del medio ambiente, la desigualdad provocada particularmente por una ecuación injusta de trabajo y capital, y la inseguridad social que se origina por la profunda insatisfacción de muchos por la actuación de unos cuantos, son planteamientos que se discutirán en los próximos días en el Foro Económico Mundial 2012. Klaus Schwab, presidente y fundador del Foro declaró: “El Capitalismo, en su forma actual, no se adapta ya al mundo a nuestro alrededor. Hemos fracasado en aprender las lecciones de la crisis de 2009. Se necesita urgentemente una transformación global y debe empezar con establecer un sentido global de responsabilidad social”.
La Gran Transformación: un grito de guerra para encontrar nuevas soluciones duraderas a los problemas del mundo.
En Suiza, en el Foro Económico Mundial 2012 la pregunta aún no ha sido contestada. Desempleo, desorden climático, desigualdad e inseguridad son los jinetes del nuevo Apocalipsis, según Davos. La edición del 2012 comenzó con la difusión del documento sobre los riesgos para el mundo. “Se acabó la era de los alimentos baratos”, sentenció el presidente mundial de Unilever, quien llamó a la creación de un fondo multimillonario para el desarrollo de soluciones alimentarias en el que participarían gobiernos, empresas y organismos multilaterales.
El tema del Fondo Económico Mundial 2012 es ‘La Gran Transformación: Creando Nuevos Modelos’; modelos de crecimiento y empleo; liderazgo e innovación, sostenibilidad y desarrollo, así como modelos sociales y tecnológicos. El economista alemán Klaus Schwab sorprendió al auditorio al convocar a la comunidad mundial a reflexionar sobre la necesidad urgente de una transformación del capitalismo. ¿Por qué urge transformar el capitalismo? Porque según el propio Foro Económico Mundial en su informe de riesgos Globales 2012 se considera que la creciente desigualdad social será “una de las mayores amenazas para la economía mundial en los años por venir”. Éste es el gran reto que hay que atender en estos momentos en que se vislumbra el riesgo de una nueva recesión económica mundial.
En el mundo de la economía en el pasado se consideró que los mercados siempre funcionaban perfectamente y no deberían ser regulados. Oferta y demanda. Hoy los nuevos economistas de un mundo globalizado sostienen que los mercados están peligrosamente amenazados de ser controlados por intereses particulares de los grandes capitalistas, quienes buscan protección de la competencia, inclusive utilizando la acción gubernamental.
Un mercado global ideal sería aquél en que no impere la Ley de la Selva, sino que el juego sea parejo, con reglas conocidas y transparentes donde todos tengan la posibilidad de participar y ganar. La falta de reglas provoca que los mercados sean imperfectos por la imposición del más fuerte (el capitalista), o el hecho de que existan reglas inadecuadas que impongan barreras a la competencia que por lo general afecta a los países en desventaja.
Nuestro mundo se estremece ante las constantes manifestaciones ciudadanas de inconformidad y nos lleva a preguntar: ¿Por qué tanto malestar, tanta pobreza, tanta desesperanza, tanta violencia? ¿Por qué tanto dolor? El dolor se esparce en el mundo entero, tanto en los países del primer mundo como aquellos en desarrollo. El libre mercado y la tecnología parecían resolver las carencias en los países menos privilegiados y hoy se dan las movilizaciones con mayor frecuencia y mayor furia. Los economistas advierten que en la raíz del malestar está la disonancia entre la realidad y las expectativas.
No es casualidad que uno de los puntos más críticos sea la educación, y las movilizaciones que se generan en torno a ella. El cuestionamiento a la calidad de la educación y particularmente su relación con la inequidad en todo tipo de transacciones comerciales produce la cruda e incómoda sensación de que, en efecto, las expectativas distan bastante de la realidad.
El desempleo a nivel mundial, el desorden climático ocasionado en gran medida por el descuido del medio ambiente, la desigualdad provocada particularmente por una ecuación injusta de trabajo y capital, y la inseguridad social que se origina por la profunda insatisfacción de muchos por la actuación de unos cuantos, son planteamientos que se discutirán en los próximos días en el Foro Económico Mundial 2012. Klaus Schwab, presidente y fundador del Foro declaró: “El Capitalismo, en su forma actual, no se adapta ya al mundo a nuestro alrededor. Hemos fracasado en aprender las lecciones de la crisis de 2009. Se necesita urgentemente una transformación global y debe empezar con establecer un sentido global de responsabilidad social”.
La Gran Transformación: un grito de guerra para encontrar nuevas soluciones duraderas a los problemas del mundo.
El Internet y nuestros hijos
¿Por qué esta magnífica tecnología científica, que ahorra trabajo y nos hace la vida más fácil, nos aporta tan poca felicidad? La repuesta es ésta, simplemente: porque aún no hemos aprendido a usarla con tino: ‘Frases de Albert Einstein’
Los niños y niñas en la actualidad, nacen en un contexto distinto al que a usted y a mí nos tocó vivir. Los teléfonos celulares, las computadoras y el internet son parte de la vida diaria y muchas de las actividades que se realizan hoy día dependen de las nuevas tecnologías.
En prácticamente todas las instituciones del país, se cuenta con computadoras y las tecnologías de la información (TIC`s) constituyen una herramienta que tanto a alumnos como a profesores les permite tener un proceso enseñanza-aprendizaje más completo.
De acuerdo con datos del Censo 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en nuestro país existen 28.6 millones de niños en edad escolar, quienes de manera directa o indirecta tienen acceso a las nuevas tecnologías de la información.
Sin embargo, debemos considerar que el acceso a Internet no se limita a los aspectos académicos, sino sociales, principalmente a través de redes como Facebook o Twitter.
Aunque en apariencia estas redes no encierran ningún peligro, lo cierto es que nuestros hijos pudieran compartir información personal o relacionarse con personas desconocidas, lo que se convierte en un peligro latente que puede afectar no sólo a niñas, niños y adolescentes sino a sus familias.
De acuerdo con un estudio de la Asociación Mexicana de Internet, en México hay 35 millones de usuarios de Internet de los cuales el 10% (3.5 millones) tiene entre 6 y 10 años y el 27% (10 millones) entre 12 y 17 años, de los cuales el 34% usa las redes sociales para relacionarse con personas desconocidas.
De acuerdo con este estudio, el 49% de los usuarios considera que no es peligroso chatear con gente que no conoce; el 43 % no considera peligroso ir a una cita con una persona que conoció en la red; el 56% ya se encontró con amigos virtuales y el 65% fueron al encuentro solos.
Al publicar sus datos y relacionarse con personas desconocidas, las niñas, niños y adolescentes pueden ser objeto de delitos de índole sexual o trata de persona, así como vincularse a conductas como el bullying, bulimia o anorexia, lo que sin duda impactará su vida y su normal desarrollo.
Por tal motivo, la semana pasada presenté en la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud, con la finalidad de que uno de los objetivos de la educación en México sea fomentar la cultura sobre el uso responsable y seguro de las nuevas tecnologías de la información, así como difundir la importancia del derecho a la protección de los datos personales y al de la vida privada.
Con esa reforma, todos los planteles del país estarán obligados no sólo a enseñar a nuestros hijos el manejo de una computadora o del Internet, sino a utilizar de manera responsable estos medios de información y a formarse bajo una cultura donde la información personal sea resguardada.
Una vez aprobada impactará los libros de texto, en cuyos contenidos deberá incluirse el manejo responsable del Internet, de las redes sociales y de la información personal.
Los avances tecnológicos pueden facilitar nuestras vidas, pero nuestros hijos deben tener las herramientas necesarias para desarrollarse en un mundo virtual donde no siempre se puede conocer qué persona se encuentra del otro lado del monitor.
Los niños y niñas en la actualidad, nacen en un contexto distinto al que a usted y a mí nos tocó vivir. Los teléfonos celulares, las computadoras y el internet son parte de la vida diaria y muchas de las actividades que se realizan hoy día dependen de las nuevas tecnologías.
En prácticamente todas las instituciones del país, se cuenta con computadoras y las tecnologías de la información (TIC`s) constituyen una herramienta que tanto a alumnos como a profesores les permite tener un proceso enseñanza-aprendizaje más completo.
De acuerdo con datos del Censo 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en nuestro país existen 28.6 millones de niños en edad escolar, quienes de manera directa o indirecta tienen acceso a las nuevas tecnologías de la información.
Sin embargo, debemos considerar que el acceso a Internet no se limita a los aspectos académicos, sino sociales, principalmente a través de redes como Facebook o Twitter.
Aunque en apariencia estas redes no encierran ningún peligro, lo cierto es que nuestros hijos pudieran compartir información personal o relacionarse con personas desconocidas, lo que se convierte en un peligro latente que puede afectar no sólo a niñas, niños y adolescentes sino a sus familias.
De acuerdo con un estudio de la Asociación Mexicana de Internet, en México hay 35 millones de usuarios de Internet de los cuales el 10% (3.5 millones) tiene entre 6 y 10 años y el 27% (10 millones) entre 12 y 17 años, de los cuales el 34% usa las redes sociales para relacionarse con personas desconocidas.
De acuerdo con este estudio, el 49% de los usuarios considera que no es peligroso chatear con gente que no conoce; el 43 % no considera peligroso ir a una cita con una persona que conoció en la red; el 56% ya se encontró con amigos virtuales y el 65% fueron al encuentro solos.
Al publicar sus datos y relacionarse con personas desconocidas, las niñas, niños y adolescentes pueden ser objeto de delitos de índole sexual o trata de persona, así como vincularse a conductas como el bullying, bulimia o anorexia, lo que sin duda impactará su vida y su normal desarrollo.
Por tal motivo, la semana pasada presenté en la Cámara de Diputados una iniciativa de reforma a la Ley General de Salud, con la finalidad de que uno de los objetivos de la educación en México sea fomentar la cultura sobre el uso responsable y seguro de las nuevas tecnologías de la información, así como difundir la importancia del derecho a la protección de los datos personales y al de la vida privada.
Con esa reforma, todos los planteles del país estarán obligados no sólo a enseñar a nuestros hijos el manejo de una computadora o del Internet, sino a utilizar de manera responsable estos medios de información y a formarse bajo una cultura donde la información personal sea resguardada.
Una vez aprobada impactará los libros de texto, en cuyos contenidos deberá incluirse el manejo responsable del Internet, de las redes sociales y de la información personal.
Los avances tecnológicos pueden facilitar nuestras vidas, pero nuestros hijos deben tener las herramientas necesarias para desarrollarse en un mundo virtual donde no siempre se puede conocer qué persona se encuentra del otro lado del monitor.
Benito Juárez y el estado laico
Benito Juárez y el estado laico
Alma Carolina Viggiano
“La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”. Benito Juárez
Este 21 de marzo los mexicanos conmemoramos el natalicio de una de las figuras más significativas de nuestra historia, Benito Pablo Juárez García, quien dedicó su vida a crear y transformar las instituciones públicas y a lograr el reconocimiento de las libertades y derechos ciudadanos.
Juárez sentó las bases para la consolidación de nuestra nación como república y a través de la expedición de las leyes de reforma incorporó principios democráticos que rigen al país hasta la fecha, tales como el principio de separación iglesia estado.
Seguramente esta semana Usted escuchará en los medios hablar acerca de la reforma al artículo 24 constitucional aprobada por el pleno de la Cámara de Diputados y que en comisiones del Senado de la República fue aprobada la semana pasada.
Hay quienes afirman que esta reforma atenta contra el principio de separación iglesia estado, que va en contra del estado laico y que ahora las religiones podrán intervenir en los asuntos del país o que se enseñará religión en las escuelas públicas, nada más lejos de la realidad.
Para entender esta reforma es importante separar dos temas, por una parte el estado laico y por otra la libertad de religión.
Un estado es laico cuando ningún organismo religioso puede intervenir en los asuntos públicos, sin que ello signifique que los ciudadanos no puedan profesar la religión que sea de su agrado. Es decir, el estado laico y la libertad de religión no están peleados.
La reforma al artículo 24 de la Constitución no atenta contra el estado laico, sino por el contrario, lo reafirma y amplía el reconocimiento de la libertad de religión, la cual incluye el derecho de participar individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de alguna religión.
Hablar de profesar la religión de manera colectiva y pública no se refiere a que en espacios públicos como en las escuelas se vaya a enseñar de religión, sino que todo ciudadano tiene la libertad de profesar cualquier religión en todos los ámbitos de su vida. Por ejemplo, cuando una persona acude a una ceremonia en un templo, profesa públicamente su fe y la ejerce de manera colectiva y cuando esa misma persona hace una oración en la intimidad de su hogar, está ejerciendo su derecho en lo privado y de manera individual.
Esta reforma sólo abunda en los derechos que todos los mexicanos tenemos, pues incluso están contenidos en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos o la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Cuántas veces no conocemos de alguien que profesa una religión diferente a la de la mayoría de su comunidad y por ese solo hecho es discriminada o incluso afectada en sus libertades, por ello la Constitución debe reconocer de manera amplia el derecho que todos tenemos a profesar o a no profesar alguna religión.
El estado mexicano no dejará de ser laico con esta reforma, ni las religiones tendrán más libertades que las que siempre han ejercido, la diferencia es que los derechos humanos de los ciudadanos serán garantizados por nuestra Constitución de manera más puntual y efectiva.
Alma Carolina Viggiano
“La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”. Benito Juárez
Este 21 de marzo los mexicanos conmemoramos el natalicio de una de las figuras más significativas de nuestra historia, Benito Pablo Juárez García, quien dedicó su vida a crear y transformar las instituciones públicas y a lograr el reconocimiento de las libertades y derechos ciudadanos.
Juárez sentó las bases para la consolidación de nuestra nación como república y a través de la expedición de las leyes de reforma incorporó principios democráticos que rigen al país hasta la fecha, tales como el principio de separación iglesia estado.
Seguramente esta semana Usted escuchará en los medios hablar acerca de la reforma al artículo 24 constitucional aprobada por el pleno de la Cámara de Diputados y que en comisiones del Senado de la República fue aprobada la semana pasada.
Hay quienes afirman que esta reforma atenta contra el principio de separación iglesia estado, que va en contra del estado laico y que ahora las religiones podrán intervenir en los asuntos del país o que se enseñará religión en las escuelas públicas, nada más lejos de la realidad.
Para entender esta reforma es importante separar dos temas, por una parte el estado laico y por otra la libertad de religión.
Un estado es laico cuando ningún organismo religioso puede intervenir en los asuntos públicos, sin que ello signifique que los ciudadanos no puedan profesar la religión que sea de su agrado. Es decir, el estado laico y la libertad de religión no están peleados.
La reforma al artículo 24 de la Constitución no atenta contra el estado laico, sino por el contrario, lo reafirma y amplía el reconocimiento de la libertad de religión, la cual incluye el derecho de participar individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos de alguna religión.
Hablar de profesar la religión de manera colectiva y pública no se refiere a que en espacios públicos como en las escuelas se vaya a enseñar de religión, sino que todo ciudadano tiene la libertad de profesar cualquier religión en todos los ámbitos de su vida. Por ejemplo, cuando una persona acude a una ceremonia en un templo, profesa públicamente su fe y la ejerce de manera colectiva y cuando esa misma persona hace una oración en la intimidad de su hogar, está ejerciendo su derecho en lo privado y de manera individual.
Esta reforma sólo abunda en los derechos que todos los mexicanos tenemos, pues incluso están contenidos en instrumentos internacionales como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos o la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Cuántas veces no conocemos de alguien que profesa una religión diferente a la de la mayoría de su comunidad y por ese solo hecho es discriminada o incluso afectada en sus libertades, por ello la Constitución debe reconocer de manera amplia el derecho que todos tenemos a profesar o a no profesar alguna religión.
El estado mexicano no dejará de ser laico con esta reforma, ni las religiones tendrán más libertades que las que siempre han ejercido, la diferencia es que los derechos humanos de los ciudadanos serán garantizados por nuestra Constitución de manera más puntual y efectiva.
Sensibilidad al dolor ajeno
¡No se trata que asumamos una visión catastrófica del mundo, como tampoco adoptar una visión optimista infundada que solo nos revele lo que queremos ver y no lo que es!
La única visión del mundo que nos puede centrar y otorgar una visión clara, es ver con “realismo” lo que sucede en nuestro planeta.
El realismo nos aclara la visión y nos induce a saber que la población mundial padece de gravísimos problemas. No obstante tanta tragedia humana, ¿es lícito, justo, sensato, moral, que Usted, amable lector, que yo, y que miles de millones de seres humanos aspiremos a ser felices?
La infelicidad de seres muy queridos que nos rodean, y la infelicidad de millones de personas, no se extingue si añadimos nuestra infelicidad personal. Los males no se curan añadiendo otros males. ¿Y dónde queda pues, la “solidaridad” como una esencial virtud personal y un vínculo social de ayuda y comprensión, indispensable ante tanto egoísmo personal?
El sociólogo Herbert Spencer en su obra, “Estados sociales”, escribió: “Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos sean libres; nadie perfectamente moral hasta que todos sean morales; nadie perfectamente feliz hasta que todos sean felices”.
Desde el punto de vista de un estado de “perfección”, Herbert Spencer tiene la razón. Carece de ella, en tanto que dada nuestra imperfección y precariedad de nuestra naturaleza humana, jamás podrá ser posible la exigencia de perfección que Spencer condiciona para poder hablar de una “real solidaridad”.
La solidaridad debemos imponerla como una suprema virtud personal, cívica y social, pero aun sabiendo que jamás podremos alcanzar la perfección de ésta virtud, debemos luchar siempre por imponerla.
Esta virtud de la solidaridad en nada se opone en que cada uno de nosotros luche por alcanzar los mayores niveles de felicidad. Hay impedimentos que obstaculizan en lo absoluto, que podamos ser felices, como son los intensos y permanentes dolores físicos y los sufrimientos morales no superados.
Podemos ser felices siempre y cuando nuestros dolores físicos no sean tan intensos, si gozamos de una mediana salud, y si nuestro espíritu puede al menos gozar de cierta paz espiritual.
Para el sabio de la Grecia Antigua, Epicuro, la carne no quiere gritar de dolor. Pues también, nuestro espíritu detesta el sufrimiento moral y emocional, y desea ardientemente gozar de tranquilidad mental, de sosiego y paz.
Y volviendo a la idea inicial, podemos afirmar que a pesar de tanto dolor físico y tanto sufrimiento moral que padecen cientos o miles de millones de personas en todo el mundo, tenemos el derecho de arrancarle a la vida todo lo que podamos de momentos felices y de gozos físicos, que nos sea posible.
¿Por qué no, pensar y anhelar que es posible la luminosa frase del más grande poeta de la Roma Antigua, Virgilio: “¡ Oh hombre tres y cuatro veces feliz!”. Y también la sentencia de Cátulo, al escribir: “¿Qué cosa pueden darnos los dioses más apetecible que una hora de felicidad?”.
En vez de estar embarcados en la lucha de fortalecer nuestra “autoestima” y de agrandar nuestro “amor propio”, vayamos en busca de todas las delicias físicas que podamos, sin dañar a nadie, combatir nuestros dolores físicos y reducir al máximo nuestros sufrimientos morales. El inmenso Epicuro, siempre nos invita a evitar el dolor físico y el sufrimiento moral, como base de nuestra felicidad, aun y cuando no podamos añadir ningún placer. Solo que Epicuro se quedó corto, ya que la Naturaleza, el arte, la ciencia, las obras cumbres de la literatura, los placeres físicos sencillos, nos ofrecen incontables oportunidades para complacer a nuestra carne, sentidos, inteligencia, y espíritu.
El genial filósofo holandés, Spinoza, dice en su “Ética”, que la alegría y el contento con nosotros mismos es lo mejor a que podemos aspirar. El filósofo alemán, Shopenhauer, escribió un pequeño tratado sobre “El arte de ser feliz”. En éste escrito, y prácticamente permea en toda su obra, la idea de que el bien más importante en nuestra vida, es la “alegría”. Nos dice, que la alegría tiene su recompensa en sí misma, y que en la medida que podamos experimentar más momentos de alegría, en esa medida seremos más felices.
Sobre estas ideas, voy a transcribir un largo párrafo del doctor en medicina, psiquiatra y psicoanalista español, Rogeli Armengol, de su excepcional y lúcida obra, “Felicidad y Dolor”, publicada por la editorial Ariel, de España. Dice este impresionante psiquiatra:
“Es sabio el que ha aprendido a recoger los frutos que la vida ofrece, pocos o muchos, sabe gozar de ellos y puede compartirlos. Es sabio quien no espera mucho y, de este modo, puede acceder al sumo gozo que proporciona la alegría, pero para mantenerla hay que aprender a renunciar. Por el contrario, quien espera demasiado suele caer en la amargura. El amargado propende al egoísmo, desea todo y no sabe renunciar. Es sabio quien aun deseando mucho ha aprendido a reusar a una parte de lo deseado”.
Recordemos que toda elección nuestra implica una renuncia. Elegimos algo a costa de renunciar a otra cosa. ¡Pero está en cada uno de nosotros, tratar de elegir lo mejor!
La única visión del mundo que nos puede centrar y otorgar una visión clara, es ver con “realismo” lo que sucede en nuestro planeta.
El realismo nos aclara la visión y nos induce a saber que la población mundial padece de gravísimos problemas. No obstante tanta tragedia humana, ¿es lícito, justo, sensato, moral, que Usted, amable lector, que yo, y que miles de millones de seres humanos aspiremos a ser felices?
La infelicidad de seres muy queridos que nos rodean, y la infelicidad de millones de personas, no se extingue si añadimos nuestra infelicidad personal. Los males no se curan añadiendo otros males. ¿Y dónde queda pues, la “solidaridad” como una esencial virtud personal y un vínculo social de ayuda y comprensión, indispensable ante tanto egoísmo personal?
El sociólogo Herbert Spencer en su obra, “Estados sociales”, escribió: “Nadie puede ser perfectamente libre hasta que todos sean libres; nadie perfectamente moral hasta que todos sean morales; nadie perfectamente feliz hasta que todos sean felices”.
Desde el punto de vista de un estado de “perfección”, Herbert Spencer tiene la razón. Carece de ella, en tanto que dada nuestra imperfección y precariedad de nuestra naturaleza humana, jamás podrá ser posible la exigencia de perfección que Spencer condiciona para poder hablar de una “real solidaridad”.
La solidaridad debemos imponerla como una suprema virtud personal, cívica y social, pero aun sabiendo que jamás podremos alcanzar la perfección de ésta virtud, debemos luchar siempre por imponerla.
Esta virtud de la solidaridad en nada se opone en que cada uno de nosotros luche por alcanzar los mayores niveles de felicidad. Hay impedimentos que obstaculizan en lo absoluto, que podamos ser felices, como son los intensos y permanentes dolores físicos y los sufrimientos morales no superados.
Podemos ser felices siempre y cuando nuestros dolores físicos no sean tan intensos, si gozamos de una mediana salud, y si nuestro espíritu puede al menos gozar de cierta paz espiritual.
Para el sabio de la Grecia Antigua, Epicuro, la carne no quiere gritar de dolor. Pues también, nuestro espíritu detesta el sufrimiento moral y emocional, y desea ardientemente gozar de tranquilidad mental, de sosiego y paz.
Y volviendo a la idea inicial, podemos afirmar que a pesar de tanto dolor físico y tanto sufrimiento moral que padecen cientos o miles de millones de personas en todo el mundo, tenemos el derecho de arrancarle a la vida todo lo que podamos de momentos felices y de gozos físicos, que nos sea posible.
¿Por qué no, pensar y anhelar que es posible la luminosa frase del más grande poeta de la Roma Antigua, Virgilio: “¡ Oh hombre tres y cuatro veces feliz!”. Y también la sentencia de Cátulo, al escribir: “¿Qué cosa pueden darnos los dioses más apetecible que una hora de felicidad?”.
En vez de estar embarcados en la lucha de fortalecer nuestra “autoestima” y de agrandar nuestro “amor propio”, vayamos en busca de todas las delicias físicas que podamos, sin dañar a nadie, combatir nuestros dolores físicos y reducir al máximo nuestros sufrimientos morales. El inmenso Epicuro, siempre nos invita a evitar el dolor físico y el sufrimiento moral, como base de nuestra felicidad, aun y cuando no podamos añadir ningún placer. Solo que Epicuro se quedó corto, ya que la Naturaleza, el arte, la ciencia, las obras cumbres de la literatura, los placeres físicos sencillos, nos ofrecen incontables oportunidades para complacer a nuestra carne, sentidos, inteligencia, y espíritu.
El genial filósofo holandés, Spinoza, dice en su “Ética”, que la alegría y el contento con nosotros mismos es lo mejor a que podemos aspirar. El filósofo alemán, Shopenhauer, escribió un pequeño tratado sobre “El arte de ser feliz”. En éste escrito, y prácticamente permea en toda su obra, la idea de que el bien más importante en nuestra vida, es la “alegría”. Nos dice, que la alegría tiene su recompensa en sí misma, y que en la medida que podamos experimentar más momentos de alegría, en esa medida seremos más felices.
Sobre estas ideas, voy a transcribir un largo párrafo del doctor en medicina, psiquiatra y psicoanalista español, Rogeli Armengol, de su excepcional y lúcida obra, “Felicidad y Dolor”, publicada por la editorial Ariel, de España. Dice este impresionante psiquiatra:
“Es sabio el que ha aprendido a recoger los frutos que la vida ofrece, pocos o muchos, sabe gozar de ellos y puede compartirlos. Es sabio quien no espera mucho y, de este modo, puede acceder al sumo gozo que proporciona la alegría, pero para mantenerla hay que aprender a renunciar. Por el contrario, quien espera demasiado suele caer en la amargura. El amargado propende al egoísmo, desea todo y no sabe renunciar. Es sabio quien aun deseando mucho ha aprendido a reusar a una parte de lo deseado”.
Recordemos que toda elección nuestra implica una renuncia. Elegimos algo a costa de renunciar a otra cosa. ¡Pero está en cada uno de nosotros, tratar de elegir lo mejor!
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EL ARTE DE VIVIR LA VERDAD
El Asombrado
Jacinto Faya Viesca En una columna de hace semanas, presenté a mi personaje llamado el Asombrado.
Así se presenta él y así le llaman, ya que todo lo que ve en la Tierra le asombra. El Asombrado fue rescatado de una tribu pequeña en un país selvático, tribu en la que todos murieron, menos él. Sólo hablaba su lengua o dialecto, pero después de haber viajado este joven por todo el mundo, ahora habla varios idiomas y siempre está intensamente ansioso por aprender del mundo, de la vida y de los seres humanos.
Un buen día, caminaba por la ciudad de Roma, y le sorprendió una frase que consideró de altísima sabiduría: en una pared de mármol de un edificio, estaba grabada con gran arte esta frase: “Medio hay en las cosas; tú no vayas por los extremos”, y estaba grabado el nombre del autor de esta frase, que respondía al nombre de Horacio.
¿Quién es este Horacio, y por qué razón destacan con tanta belleza el grabado de esta frase y el nombre de su autor?, le preguntó a varias personas que estaban reunidas cerca de él platicando. Los del grupo animaron al más anciano de ellos, diciéndole al Asombrado que gozaba éste anciano de la fama de ser un gran sabio.
El anciano le dijo al Asombrado: si las personas practicáramos esta sentencia de Horacio, el mundo se evitaría de muchos crímenes, conflictos entre naciones, pleitos entre padres e hijos, rompimientos de amistades; en fin, cada uno de nosotros sería más feliz.
¿Y por qué razón?, le preguntó el Asombrado al anciano. Debes de recordar que el inmenso filósofo de la Grecia Clásica, Aristóteles, en sus obras, “Ética a Nicómaco” y “Ética a Eudemo”, y en otros escritos suyos nos dice lo siguiente: que la virtud no la encontramos en los “extremos”, sino en medio de estos. Por ejemplo –dice Aristóteles–, en un extremo tenemos a la cobardía y en el extremo opuesto a la temeridad. Las dos son posiciones, actitudes o conductas viciosas: la cobardía es la falta total de valentía; y la temeridad (su opuesto) no es exceso de valentía, ya que el temerario no experimenta, no siente el menor temor. En medio de los dos extremos se encuentra la virtud de la valentía. El valiente siente el temor, pero éste no lo acobarda; siente miedo, pero lo vence. Este vencimiento de la cobardía y alejamiento de la temeridad lo hace “valiente”.
Ahora entiendo, le dijo el Asombrado al anciano, el consejo que un rey le dio a su hijo el príncipe, antes de empezar un torneo de carreras de carrozas con caballos. El príncipe, lleno de orgullo, quería tomar el carril de adentro, el más pegado a la barda.
El rey, sabiendo lo orgulloso y ventajista de su hijo el príncipe, se acercó a la carroza y le dijo: “No tomes el carril de adentro ni el de afuera; corre en el carril de en medio y correrás seguro”.
Ahora recuerdo muy bien, le dijo el Asombrado al anciano: cuando trabajaba en un barco y desembarcamos en Grecia, en la ciudad de Atenas encontré hermosamente grabado, aun cuando habían pasado más de 2000 años, una sentencia de un sabio griego llamado Cleobulo y que decía: “Nada en demasía”.
Como no solamente me asombro, sino que además reflexiono profundamente en lo que me parece malo – para no hacerlo–, y en lo bueno –para practicarlo–, creo, le dijo al anciano, que hay un hilo conductor que enebra las siguientes reflexiones: “Medio hay en las cosas; tú no vayas por los extremos”. El hilo enebra la anterior reflexión con el consejo del rey a su hijo: “No tomes el carril de adentro ni el de afuera; corre en el carril de en medio y correrás seguro”. Y este hilo une esta máxima: “Nada en demasía”.
¡Excelente! –le dijo el anciano al Asombrado–. Has entendido perfectamente que estas dos máximas, más el consejo del rey, más la explicación de Aristóteles, que encuentra la virtud en el medio de los extremos opuestos, tratan de enseñarnos que la conducta más inteligente, prudente y sabia consiste en evitar los extremos y la desmesura.
Los extremos –siguió hablando el anciano– son hermanos de la intolerancia, la codicia, el todo o nada, la temeridad, el riesgo innecesario y todo tipo de atropellamientos, tropezones e insensateces.
Aun así amigo –le dijo el Asombrado al anciano– cuando visité España, me hacían referencia a unas máximas de un autor llamado Quevedo, que goza de la fama de haber poseído una inteligencia impresionante. Me platican que Quevedo aconsejaba, que cuando nos encontráramos en un extremo peligro nada peor que quedarnos en “medio”; que en estos casos deberíamos elegir un extremo.
Y el otro consejo que daba Quevedo consistía que ante los problemas gravísimos nada mejor que los consejos arriesgadísimos.
¡Sabes bien –le dijo el anciano–, que toda regla tiene su excepción! ¡Estoy absolutamente de acuerdo! –le dijo el anciano al Asombrado– pero con esta salvedad: como regla general en nuestra vida, la mesura, huir de los extremos, siempre será lo más conveniente. ¡Pero cuando estemos ante un grave peligro inminente, nada mejor que elegir un extremo, que tomar acciones arriesgadísimas y osadas!
Ahora sí –dijo el Asombrado–, me queda todo muy claro: si padezco de un tumor muy peligroso, nada mejor que arriesgarme a una operación quirúrgica muy riesgosa, que es lo único que podría remediar mi mal.
Si me asaltan varias personas, nada peor que quedarme en medio. En este caso, luchar con todas mis fuerzas es lo único que podría salvarme. ¡Muy bien!, le contesto el anciano.
¡Este mundo maravilloso no deja de asombrarme!
Así se presenta él y así le llaman, ya que todo lo que ve en la Tierra le asombra. El Asombrado fue rescatado de una tribu pequeña en un país selvático, tribu en la que todos murieron, menos él. Sólo hablaba su lengua o dialecto, pero después de haber viajado este joven por todo el mundo, ahora habla varios idiomas y siempre está intensamente ansioso por aprender del mundo, de la vida y de los seres humanos.
Un buen día, caminaba por la ciudad de Roma, y le sorprendió una frase que consideró de altísima sabiduría: en una pared de mármol de un edificio, estaba grabada con gran arte esta frase: “Medio hay en las cosas; tú no vayas por los extremos”, y estaba grabado el nombre del autor de esta frase, que respondía al nombre de Horacio.
¿Quién es este Horacio, y por qué razón destacan con tanta belleza el grabado de esta frase y el nombre de su autor?, le preguntó a varias personas que estaban reunidas cerca de él platicando. Los del grupo animaron al más anciano de ellos, diciéndole al Asombrado que gozaba éste anciano de la fama de ser un gran sabio.
El anciano le dijo al Asombrado: si las personas practicáramos esta sentencia de Horacio, el mundo se evitaría de muchos crímenes, conflictos entre naciones, pleitos entre padres e hijos, rompimientos de amistades; en fin, cada uno de nosotros sería más feliz.
¿Y por qué razón?, le preguntó el Asombrado al anciano. Debes de recordar que el inmenso filósofo de la Grecia Clásica, Aristóteles, en sus obras, “Ética a Nicómaco” y “Ética a Eudemo”, y en otros escritos suyos nos dice lo siguiente: que la virtud no la encontramos en los “extremos”, sino en medio de estos. Por ejemplo –dice Aristóteles–, en un extremo tenemos a la cobardía y en el extremo opuesto a la temeridad. Las dos son posiciones, actitudes o conductas viciosas: la cobardía es la falta total de valentía; y la temeridad (su opuesto) no es exceso de valentía, ya que el temerario no experimenta, no siente el menor temor. En medio de los dos extremos se encuentra la virtud de la valentía. El valiente siente el temor, pero éste no lo acobarda; siente miedo, pero lo vence. Este vencimiento de la cobardía y alejamiento de la temeridad lo hace “valiente”.
Ahora entiendo, le dijo el Asombrado al anciano, el consejo que un rey le dio a su hijo el príncipe, antes de empezar un torneo de carreras de carrozas con caballos. El príncipe, lleno de orgullo, quería tomar el carril de adentro, el más pegado a la barda.
El rey, sabiendo lo orgulloso y ventajista de su hijo el príncipe, se acercó a la carroza y le dijo: “No tomes el carril de adentro ni el de afuera; corre en el carril de en medio y correrás seguro”.
Ahora recuerdo muy bien, le dijo el Asombrado al anciano: cuando trabajaba en un barco y desembarcamos en Grecia, en la ciudad de Atenas encontré hermosamente grabado, aun cuando habían pasado más de 2000 años, una sentencia de un sabio griego llamado Cleobulo y que decía: “Nada en demasía”.
Como no solamente me asombro, sino que además reflexiono profundamente en lo que me parece malo – para no hacerlo–, y en lo bueno –para practicarlo–, creo, le dijo al anciano, que hay un hilo conductor que enebra las siguientes reflexiones: “Medio hay en las cosas; tú no vayas por los extremos”. El hilo enebra la anterior reflexión con el consejo del rey a su hijo: “No tomes el carril de adentro ni el de afuera; corre en el carril de en medio y correrás seguro”. Y este hilo une esta máxima: “Nada en demasía”.
¡Excelente! –le dijo el anciano al Asombrado–. Has entendido perfectamente que estas dos máximas, más el consejo del rey, más la explicación de Aristóteles, que encuentra la virtud en el medio de los extremos opuestos, tratan de enseñarnos que la conducta más inteligente, prudente y sabia consiste en evitar los extremos y la desmesura.
Los extremos –siguió hablando el anciano– son hermanos de la intolerancia, la codicia, el todo o nada, la temeridad, el riesgo innecesario y todo tipo de atropellamientos, tropezones e insensateces.
Aun así amigo –le dijo el Asombrado al anciano– cuando visité España, me hacían referencia a unas máximas de un autor llamado Quevedo, que goza de la fama de haber poseído una inteligencia impresionante. Me platican que Quevedo aconsejaba, que cuando nos encontráramos en un extremo peligro nada peor que quedarnos en “medio”; que en estos casos deberíamos elegir un extremo.
Y el otro consejo que daba Quevedo consistía que ante los problemas gravísimos nada mejor que los consejos arriesgadísimos.
¡Sabes bien –le dijo el anciano–, que toda regla tiene su excepción! ¡Estoy absolutamente de acuerdo! –le dijo el anciano al Asombrado– pero con esta salvedad: como regla general en nuestra vida, la mesura, huir de los extremos, siempre será lo más conveniente. ¡Pero cuando estemos ante un grave peligro inminente, nada mejor que elegir un extremo, que tomar acciones arriesgadísimas y osadas!
Ahora sí –dijo el Asombrado–, me queda todo muy claro: si padezco de un tumor muy peligroso, nada mejor que arriesgarme a una operación quirúrgica muy riesgosa, que es lo único que podría remediar mi mal.
Si me asaltan varias personas, nada peor que quedarme en medio. En este caso, luchar con todas mis fuerzas es lo único que podría salvarme. ¡Muy bien!, le contesto el anciano.
¡Este mundo maravilloso no deja de asombrarme!
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