domingo, 28 de octubre de 2012

POR QUE LOS PERROS SE MUEREN PRONTO

Te has preguntado por qué los perros viven menos que las personas??? Aquí la respuesta (por un niño de 6 años).
Siendo un Veterinario, fui llamado para examinar a un Sabueso Irlandés de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro, Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro. Examine a Belker y descubrí que estaba muriendo de Cáncer. Le dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.
Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia.
Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar.

El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el porqué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea mas corta que la de los humanos. Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ''yo sé porqué.''

Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación más reconfortante que ésta. Este momento cambio mi forma de ver la vida. El dijo:

''la gente viene al mundo para poder aprender como vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, verdad?''.''Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.''

La moraleja es :
Si un perro fuera tu maestro, aprenderías:

- Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.

- Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.

- Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro Éxtasis.

- Toma siestas.

- Estírate antes de levantarte.

- Corre, brinca y juega a diario.

- Mejora tu atención y deja que la gente te toque.

- Evita morder cuando un simple gruñido sería suficiente.

- En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto, patas abiertas.

- Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.

- Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.

- Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.

- Sé leal.

- Nunca pretendas ser algo que no eres.

- Si lo que quieres está enterrado, escarba hasta que lo encuentres.

- Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás ahí.

"La felicidad no es una meta sino un camino...disfrútala mientras la recorres"
"Mas vale perder el tiempo con los amigos....Que perder amigos con el tiempo....Por éste dulce motivo, pierdo el tiempo contigo.... Porque NO quiero perderte con el tiempo".... guau!!!

ANIMO....A MOVER LA COLITA!!!!

Saludos....

jueves, 11 de octubre de 2012

Enemigos de los sueños

En el fondo, todos tenemos ideales, sueños de lo que nos gustaría ser, hacer, tener... nos ilusiona pensar en nuestras metas. Pero cuando pasan meses o años con pocos avances, o muy pocos y muy esporádicos, nos desalentamos. ¿Por qué hay ciertas metas que no logramos cumplir? Revisemos algunos de los enemigos más comunes que nos separan de nuestros sueños.
Miedo al qué dirán los demás. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una idea que realmente te emocionó. Quizá fue la idea de lanzar o ser parte de alguna iniciativa o grupo interesante, retomar un pasatiempo, regresar a la escuela, o emprender una nueva vocación. Sin embargo después de entusiasmarte unos momentos, te desanimas al pensar: ¿pero qué pensarán de mí? Aunque es importante vivir con estándares de cortesía y respeto, esto no incluye obtener el visto bueno para cada idea que tú tengas. No es necesario agradar a todo mundo siempre. Guy Kawasaki, escritor y filósofo empresarial, afirma que si lo que haces no molesta a una que otra persona, es porque no estás siendo lo suficientemente atrevido. El punto es que demasiadas ideas buenas, incluso nobles, de servicio desinteresado al prójimo, se quedan sólo como ideas por temor a lo que piensen terceros. Decídete a cruzar esta barrera.
Miedo al fracaso. El fijar metas implica al menos dos riesgos: desilusión y “quedar mal”. Por eso tendemos a “pecar” fijando metas muy bajas; fallar con una meta muy grande implicaría ser objeto de burla. Es otra forma de miedo al qué dirán. “¿Quién se cree que es?, ¿quién le dijo que podía ser o hacer x o y cosa?, ¿quién le dio permiso?, ¿cómo creyó que sería capaz de…?”.
Los expertos de Desarrolla el Cambio afirman que “tenemos miedo de fijarnos metas porque nadie quiere ser un perdedor. Si nos proponemos algo y no lo cumplimos, por la razón que fuera, nos arriesgamos a hacer el ridículo, nos exponemos a la humillación”.
La realidad es que nadie que ha logrado algo verdaderamente valioso se conformó con metas bajas o mediocres. Le tiraron a las estrellas, aunque sólo le dieran a la Luna. Un problema de establecer metas conformistas es que una vez que las cumples te puedes desilusionar pensando: “¿y ahora qué?”.
La clave está entonces en establecer metas que no sean ni imposibles ni muy fáciles, sino que representen un reto. La satisfacción ocurre cuando las personas están absortas en actividades que causan que se olviden de sí mismos, en las que se pierde la noción del tiempo y dejan de preocuparse.
Es un concepto que el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, describió como flujo. Una vida de muchas actividades que produzcan flujo muy probablemente conlleva a una vida de gran satisfacción.
En el fondo, todos tenemos ideales, sueños de lo que nos gustaría ser, hacer, tener... nos ilusiona pensar en nuestras metas. Pero cuando pasan meses o años con pocos avances, o muy pocos y muy esporádicos, nos desalentamos. ¿Por qué hay ciertas metas que no logramos cumplir?
El qué dirán los demás y el miedo al fracaso son dos de los enemigos más comunes. Revisemos otros obstáculos que nos separan de nuestros sueños (continúa de ayer...)
El poder de la costumbre. Los hábitos son como una locomotora de 150 toneladas en movimiento... intenta frenarla y moverla en dirección opuesta. Sabemos que no es fácil dejar un vicio o mala costumbre, incluso si racionalmente entendemos el daño que nos estamos haciendo. El problema es que a nivel cerebral, a fuerza de repetición hemos creado caminos neuronales que se han convertido en la vía de menor resistencia, en el camino más transitado para nuestro cerebro. Este es un hecho fisiológico documentado científicamente. Es nuestra “zona cómoda”.
El estrés se presenta cuando salimos de dicha zona, al pensar, decir o hacer algo que no corresponde con nuestras costumbres. El reto y la solución para cambiar consisten en, paulatinamente, forzarnos a “estirarnos” intencionalmente.
En otras palabras, se trata de hacer el esfuerzo consciente de elegir nuevas acciones, que con el paso del tiempo, se conviertan en hábito. La buena noticia es que nuestro cerebro es “plástico”; el cerebro es considerado un órgano extremadamente dinámico. La neuroplasticidad es una propiedad bien documentada que en pocas palabras nos dice que sí somos capaces de cambiar.
Apatía. El desinterés en la vida, en los proyectos, en uno mismo y en otras personas puede fácilmente llevar a la depresión y/o a la pérdida de voluntad de vida. Es una condición peligrosa si no se trabaja activamente en ella. Es un enemigo acérrimo de los sueños porque puede acabar convenciendo que no hay nada valioso por qué luchar. Si sientes que poco o nada te interesa, hay que despertar y sacudir la conciencia... es hora de “moverse uno mismo el tapete”. Busca activamente nuevos intereses o revive pasatiempos, amistades y/o vocaciones que reaviven la llama de la entrega y dedicación hacia algo, cualquier cosa que te entusiasme.
Finalmente, para ser amigos de nuestros propios sueños, es importante buscar una red de apoyo. Puede ser en tu colonia, iglesia, egresados de tu escuela, y en comunidades en Internet, entre otras muchas. Al encontrar personas que comparten tu entusiasmo, y te apoyan, te sentirás con más energía para realizar tus sueños. Busca quien crea en ti, sin embargo recuerda que finalmente la persona que otorga la autorización, quien “da permiso” eres tú mismo(a). Los demás, aunque bien intencionados, estarán en posición de creer en ti, sólo si tú crees en tus sueños.

Congruencia al pensar y sentir

Uno de los poderes del ser humano es el de la persuasión. ¿Pero qué hace que una persona sea persuasiva y que otra simplemente no tenga ese “ángel”?
La persuasión es una forma de influencia social. Es el proceso de guiar a una o más personas hacia la adopción de una idea, actitud o acción por medios racionales y simbólicos, aunque no siempre lógicos. Es una estrategia para resolver problemas utilizando el “appeal” en lugar de la fuerza. En otras palabras, dado que se asocia más a un proceso subjetivo, en lugar de ser netamente objetivo, la persuasión está más relacionada con la seducción que con el ejercicio lógico.

Roberto Cialdini, conocido psicólogo y autor de importantes libros sobre el tema de la persuasión, actualmente profesor de psicología de la Universidad del Estado de Arizona, EEUU, define seis “armas de influencia’’:

* Reciprocidad. Las personas tienden a devolver favores. Esto explica lo comunes que son las muestras gratis en mercadotecnia. En sus conferencias, Cialdini usa frecuentemente el ejemplo de Etiopía dando miles de dólares de ayuda humanitaria a México tras el terremoto de 1985, retornando favores históricos (hace más de 40 años México había ayudado a Etiopía).

* Compromiso y consistencia. Las personas que hacen un compromiso para lograr algún objetivo, tienden a honrar ese objetivo más frecuentemente. Sin embargo, si la motivación para el compromiso inicial se elimina, las personas tienden a mantener el objetivo. Por ejemplo, en ventas de carros, aumentar el valor de precio súbitamente al final funciona, ya que el comprador ya ha decidido hacer la compra.

* Prueba social. Las personas tienden a replicar comportamientos que ven en otras personas. Por ejemplo, en un experimento, una o más personas comienzan a mirar hacia el cielo, y terminan estimulando a transeúntes a mirar al cielo también.
* Autoridad. Tendencia a obedecer figuras de autoridad, incluso si éstas realizan actos objetables.
* Gusto. La atracción física influye positivamente en el ejercicio de persuasión. Si una persona que resulta agradable para el público presenta una idea, es más factible que dicha idea sea aceptaba que si el presentador tiene un aspecto que para el público resulta desagradable, desaliñado y en general poco atractivo.

* Escasez. La percepción de escasez genera demanda. Explica el uso de ofertas “por tiempo limitado” y su efecto positivo en ventas.
Con esto dicho, hay que recordar que la persuasión más eficiente, la que mejor funciona, es la que se hace de forma genuina, es decir, la que se sale del corazón.

Mejorando el pensamiento crítico

El Centro de Pensamiento Crítico y Crítica Moral y la Fundación para el Pensamiento Crítico, son organizaciones educativas hermanas sin fines de lucro, que trabajan en estrecha colaboración para promover un cambio fundamental en la educación y la sociedad a través del cultivo del pensamiento crítico imparcial.
Afirman que el pensamiento crítico es esencial si queremos llegar a la raíz de nuestros problemas y encontrar soluciones razonables. “Después de todo, la calidad de todo lo que hacemos está determinado por la calidad de nuestro pensamiento”, aseguran Linda Elder, de la Fundación para Pensamiento Crítico y Richard Paul, del Centro para Pensamiento Crítico. En su guía “El Arte de Formular Preguntas Esenciales”, comparten 8 estrategias para pensar críticamente:

1. Cuestionar metas y propósitos. Todo pensamiento refleja una agenda o propósito. Presume que usted no comprende del todo el pensar de una persona (incluyendo el propio) hasta entender la agenda detrás de todo. Las preguntas que enfoca en el propósito del pensar incluyen: ¿Qué tratamos de lograr aquí? ¿Cuál es nuestra meta o tarea principal en esta línea de pensamiento? ¿Cuál es el propósito de esta reunión, capítulo, relación, política, ley?, entre otras.
2. Cuestionar las preguntas. Todo pensamiento responde a una pregunta. Presuma que usted no comprende del todo una idea hasta que entienda la pregunta de donde salió. Las preguntas que enfocan preguntas sobre el pensar incluyen: No estoy seguro sobre exactamente qué pregunta usted hace. ¿Puede explicarla? ¿Debemos hacer la pregunta (problema, asunto) de esta manera... o de ésta..? Desde un punto de vista conservador, la pregunta es...
3. Cuestionar la información, los datos, y la experiencia. Todos los pensamientos presuponen una base de información. Presuma que usted no comprende del todo el pensamiento hasta que comprenda la información de trasfondo (hechos, datos, experiencias) que la apoya o la informa. Las preguntas que enfocan en la información del pensar incluyen: ¿En qué información usted basa su comentario? ¿Qué experiencia le convenció sobre esto? ¿Cómo sabemos que esta información es precisa? ¿Cómo la podemos verificar?
4. Cuestionar inferencias y conclusiones. Todo el pensamiento requiere trazar inferencias, llegar a conclusiones, crear el significado. Presuma que usted no comprende del todo un pensamiento hasta que comprenda las inferencias que lo han formado. Las preguntas que enfocan en las inferencias incluyen: ¿Cómo usted llegó a esa conclusión? ¿Puede explicar su razonamiento? ¿Existe una conclusión alterna que sea posible? Dado los hechos, ¿cuál es la mejor conclusión posible?
5. Cuestionar conceptos e ideas. Todo pensamiento conlleva la aplicación de conceptos. Presuma que usted no comprende del todo un pensamiento hasta que comprenda los conceptos que lo definen y le dan forma. Las preguntas que enfocan en los conceptos del pensamiento incluyen: ¿Cuál es la idea central que usas en tu razonamiento? ¿Estamos usando el concepto apropiado o necesitamos reconceptualizar el problema? ¿Necesitamos más hechos o necesitamos repensar cómo calificamos los hechos? ¿Nuestra pregunta es legal, teológica o ética?


6. Cuestionar suposiciones. Todo pensamiento recae en las suposiciones. Presuma que usted no comprende del todo un pensamiento hasta que comprenda lo que da por hecho. Las preguntas que enfocan las suposiciones incluyen: ¿Exactamente qué da por hecho aquí? ¿Por qué presume eso? Por otro lado, ¿no debemos presumir...? ¿Qué suposiciones sustentan nuestro punto de vista? ¿Qué presunciones alternas podemos formar?
7. Cuestionar implicaciones y consecuencias. Todo el pensamiento va dirigido hacia una dirección. No tan sólo comienza en un lugar (en las suposiciones), sino que también va hacia un lugar (tiene implicaciones y consecuencias). Presuma que usted no comprende del todo un pensamiento hasta que comprenda las implicaciones y consecuencias más importantes que le siguen. Las preguntas que enfocan en las implicaciones del pensamiento incluyen: ¿Qué implica usted cuando dice...? Si hacemos esto, ¿probablemente qué ocurra como resultado? ¿Implica usted que...? ¿Ha considerado las implicaciones de esta política o práctica?
8. Cuestionar puntos de vista y perspectivas. Todo pensamiento toma lugar dentro de un punto de vista o un marco de referencia. Presuma que usted no comprende del todo un pensamiento hasta que comprenda el punto de vista o marco de referencia que lo coloca en un mapa intelectual. Las preguntas que enfocan en el punto de vista en el pensar incluyen: ¿Desde qué punto de vista miramos esto? ¿Existe otro punto de vista que debemos considerar? ¿Cuál de estos puntos de vista tiene más sentido dada la situación?

Sin temer la libertad

Miriam Subirana es una artista excepcional. Más allá de ser doctora, formada en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona, es una artista que ve hacia adentro del ser. Autora de los libros “Vivir en Libertad” y “Atreverse a Vivir”, Subirana coordina numerosos programas, proyectos, seminarios y retiros que tienen por objetivo ayudar a la persona a conocerse, a reencontrar la identidad y disfrutar de una vida más plena. En el artículo “No tengamos miedo a la libertad”, comparte sus reflexiones sobre lo que significa ser verdaderamente libres:
Hay gente que para no arriesgarse al fracaso, al rechazo, a la soledad, intenta acoplarse al grupo, agradar y quedar siempre bien. No es así como nos sentiremos fuertes y tranquilos. “La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo” (Buda).
En todos los ámbitos de la vida tenemos la libertad de utilizar nuestro inmenso poder creativo. La capacidad de escoger qué pensamos y qué sentimos en cada momento y cómo respondemos en cada situación es nuestra fuerza y nuestra libertad. Sin embargo, las creencias nos limitan, el pasado nos condiciona y los miedos nos impiden vivir nuestros sueños.
A lo largo de la historia, la libertad ha sido uno de los valores que el ser humano más se ha afanado en reivindicar. Hemos provocado revoluciones y rebeliones contra la opresión. A pesar de las conquistas, la experiencia de miedo, dolor y soledad ha aumentado. No hemos sabido utilizar la libertad para fortalecernos emocional, mental y espiritualmente. Tenemos hábitos que nos privan de libertad y eludimos afrontar nuestras sombras. Para algunos, la soledad es la huida; para otros, la distracción es estar siempre con alguien.
A veces nos sentimos atrapados en unas relaciones que nos asfixian. Queremos huir y quedarnos al mismo tiempo. Nos sentimos incomprendidos y nos invaden las preocupaciones. Otras veces nos parece que debemos someternos a los deseos de los demás para complacerles. Todo ello nos oprime.
Al sentirnos amenazados por la presencia del otro, llegamos a renunciar a nuestra integridad individual bajo la influencia de los demás y de la sociedad. Buscamos seguridad y dejamos de ser nosotros mismos, adoptando una personalidad que sigue las pautas culturales y sociales. De esta manera desaparece la discrepancia entre el yo y el mundo, y con ella el miedo a la soledad y la impotencia.
Ser nosotros mismos y diferentes de los demás conlleva el riesgo de sentirnos solos. El miedo nos domina. Seguir las pautas sociales, culturales, religiosas o políticas parece ofrecernos más seguridad y alimenta nuestro sentido de pertenencia, al sentir que formamos parte de un grupo, ya sea la familia, un equipo, un partido político o una comunidad.
Así nos disponemos a someternos a nuevas autoridades capaces de ofrecernos seguridad y aliviar nuestra duda. Esa actitud alimenta la dependencia y la pérdida de libertad.
  El caso de Juana es típico. Juana teme la soledad. Siempre intenta agradar y quedar bien. Para no arriesgarse al rechazo, siempre está de acuerdo con los demás. Así se siente aceptada y que forma parte del grupo. Renuncia a ser ella misma por temor a la soledad. Cede su poder a los demás y se convierte en una marioneta que permite que la moldeen según lo que quieren de ella. Vive de fuera adentro, es decir, lo de fuera determina cómo está por dentro.
A veces, el precio por no permitirse el riesgo a ser diferente y a ser tú mismo resulta muy alto. Así estás alejando la felicidad de tu vida. En Europa, cada vez son más las personas que viven solas por elección personal. Quizá la elección de vivir solo viene después de experimentar angustia y decepción en la convivencia. Quizá es la búsqueda de libertad y tranquilidad la que lleva a tomar esta elección.Prevalece el deseo sobre el compromiso, y al más mínimo indicio de insatisfacción cambiamos de pareja, cambiamos de situación o de lugar. Nos es más cómoda la soledad, porque encontramos demasiadas complicaciones en la convivencia.
“La responsabilidad es una cara de la moneda, la otra es la libertad. Si no quieres responsabilidad, no tendrás libertad, y sin libertad no existe el crecimiento” (Osho).

Vivimos en la contradicción de querer estar juntos y separados, de querer una pareja estable y a la vez utilizarla y desecharla después. Mantenemos relaciones dependientes y a la vez buscamos espacios de libertad. Por ese motivo, muchas relaciones son uniones y separaciones transitorias. El amor llega a considerarse una conexión más que una comunicación o un vínculo. Las parejas se convierten en otro objeto de consumo. Aunque estemos juntos, nos sentimos desunidos. Las actitudes de comparación, celos, rabia, analfabetismo emocional, “yo, yo, yo”, nos separan. El ego nos distancia del otro. En la convivencia nos damos cuenta de que nuestros egos colisionan y culpan. Los egos controlan, dominan e irritan. Constantemente desean y están insatisfechos. Nos cuesta asumir la responsabilidad de nuestra propia vida. Nos es más fácil culpar al otro de cómo estamos. Cuando estamos irritados, pensamos que es porque alguien actúa de cierta forma; estamos de mal humor por el tiempo que hace, porque la casa tiene una grieta en el techo, porque el coche no arranca...
  Así estamos siempre quejándonos y frustrados. Pero ¿quiénes son responsables de esa frustración? ¿El coche, el pintor, la casa, el suelo? ¿O somos nosotros los responsables? Asumir plenamente nuestra responsabilidad: ese es el camino hacia la libertad. “En no aferrarse radica la decisión de fluir libremente” (Anthony de Mello)
El miedo, la ira y la tristeza se originan en los hábitos de aferrarse, apegarse y depender. Con ellos, nuestro corazón pierde libertad. La presión que generan estos estados emocionales y la ausencia de libertad nos provocan sufrimiento. Estamos tan acostumbrados a estas formas de sufrir que llegamos a creer que son naturales. Es posible dejar de sufrir estas perturbaciones emocionales si recuperamos nuestro poder interior.
Con el fortalecimiento mental, emocional y espiritual podemos avanzar hacia la libertad asumiendo nuestra soberanía personal y estableciendo espontáneamente nuestra conexión con el mundo en el amor y el trabajo, en la expresión genuina de nuestras facultades emocionales, sensitivas e intelectuales. De este modo nos unimos con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos, sin despojarnos de la integridad e independencia de nuestro yo individual y único.
El verdadero poder interior lo desarrollan quienes conviven y trabajan juntos, no quienes se alejan de los demás. Por los demás hacemos cosas que no haríamos por nosotros mismos. Al relacionarnos ampliamos nuestros límites mentales y agrandamos nuestro corazón.

Al convivir practicamos nuestras cualidades y poderes internos: tolerancia, capacidad para adaptarnos, escuchar, comprender, amoldarnos, perdonar, comunicar, fluir, discernir… Y así aprendemos a ser.
El mensaje de Miriam Subirana nos recuerda la sabiduría milenaria: “cuando tú cambias el mundo cambia”. Si quiero algo más en mi vida, la pregunta es ¿cómo yo puedo serlo primero? Subirana nos recuerda que la clave está en cambiar de víctimas a cocreadores de nuestra realidad.

La libertad no es un regalo que alguien más nos puede conceder. Por el contrario, la libertad es un estado de la mente y el ser, donde dejamos de lado todo lo que no funciona, las excusas, el miedo, y cualquier otra barrera, para buscar la realización plena.

Soñando despiertos

El chileno Roberto Cabrera Olea se autodefine como “diseñador gráfico, maestro de reiki y terapeuta, escritor y profesor de meditación y ‘mago cósmico’”. Es creador de “Automaestría”, filosofía que invita al participante a “encontrar las propias respuestas para crear una propia forma de vida”.
En su escrito “Soñar Despierto”, el oriundo de Valparaíso, Chile, nos comparte reflexiones sobre el grado de conciencia colectivo y sus repercusiones en la humanidad:
“La conciencia colectiva de la humanidad aún se sostiene en el miedo y la sobrevivencia. Y esa energía nos rodea y se permea en nuestra piel si no somos conscientes de lo que queremos vivir y de que somos capaces de crearlo nosotros mismos.
“Esta energía nos dice que no seamos espontáneos, que seamos ‘buenos’ a partir de valores que fomentan el juicio hacia quienes se atreven a ser lo que son, y moverse en libertad. Es una energía que intenta quedarse en nuestra sangre para que nos siga pareciendo normal su presencia adormecedora.
“Es la energía que cree en lo negativo de las personas y por eso se esmera en que saquemos lo ‘positivo’, instalándonos en la idea de que siempre tenemos que ser algo distinto a lo que somos en verdad.

“‘En algún momento seremos mejores de lo que somos ahora’; esta afirmación no nos permite vivir nuestro presente, nuestro ahora, en tranquilidad, aceptación y amor por nosotros mismos, y es de esa forma que esta conciencia colectiva somete nuestro propio empoderamiento.

“Pero es necesario al mismo tiempo, comprender que somos nosotros quienes creamos esa conciencia al aceptarla como válida, por lo tanto somos nosotros quienes podemos transformarla, pero primero hay que reconocerla, abrazarla, agradecerle y permitir que se vaya. Si luchamos contra ella, otorgándole un valor negativo, estaremos en el mismo juego de creer que como estamos viviendo hoy ‘no está bien’.

“Esta energía que se resiste a partir no permite el sueño, no lo fomenta, es más, lo destruye en lógicas tales como: ¿para qué transformar mis creencias si así estoy bien? ¿Para qué creer en un sueño si el mundo está tan mal? ¡No será posible! etcétera, porque pretender crear un sueño en la vida cotidiana requiere responsabilidad, hacerse cargo de las decisiones que se toman y dejar de culpar a los demás de la propias circunstancias de vida…, y eso, por ahora, pocas personas están dispuestas a hacerlo.

“Esa conciencia adormecedora no es algo externo y ajeno a nosotros mismos, se nos pega porque nosotros lo queremos así, porque nos sirve para no tomar las riendas de nuestras vidas. Es por eso que necesitamos saber qué queremos vivir en verdad, si felicidad o penas”.

“Si pretendemos crear un sueño despierto en nuestras vidas para que se manifieste en el mundo y todos vivamos en una conciencia de amor, es necesario entonces optar conscientemente. Reconocer con honestidad qué es lo queremos, a qué le creemos más, y entregarnos a ello con atención y confianza.


“Y no se trata de andar rígidos pensando siempre en no caer en el miedo o el ‘desempoderamiento’, sino todo lo contrario. Respirar, aceptar con amor nuestras circunstancias, soltar nuestros cuerpos y permitir que la energía universal fluya en su inteligencia y cocree con nosotros los más íntimos deseos de amor.
“En definitiva se trata de entregarnos nosotros mismos ese amor que buscamos afuera. Energía de Amor, esa es la clave, eso creará algo nuevo, y este ‘algo nuevo’ parte de lo más pequeño, de cualquier cosa, de lo que aún creemos que es insuficiente porque pensamos que en sí misma una transformación es algo grande e inalcanzable.
“Creo necesario que entendamos que lo que transformará nuestra conciencia no es aquello que creemos sino la energía de creación per se. Por lo tanto, lo que movilizamos al hacer cualquier cosa nueva en nuestra vidas, no es el producto sino la intención creadora que no es más que la conciencia de sabernos creadores y magos, en libertad y lejos de la peor esclavitud: creer que no somos capaces de crear.
“Crear un sueño en nuestros corazones, crear una nueva combinación en una receta de comida, crear nuevas formas de levantarnos en la mañana, crear nuevas formas de saludar a la gente, nuevas formas de hablar, permitirnos creer que hay infinitas formas de entender tal o cual experiencia, etcétera, dejar los hábitos añejos y atrevernos a ser hombres y mujeres nuevos a cada instante.
“El temor surge cuando creemos ver en los ojos de los demás el juicio a nuestro cambio. Nosotros no nos permitimos ser nuevos humanos porque no queremos recibir el rechazo de los demás. No queremos escuchar, por ejemplo: ¡qué raro está fulanito de tal! ¡ya no es el mismo! Porque con esas sentencias se suma el hecho de dejar de recibir la aprobación de los demás, porque aún creemos que dicha aprobación es el sustento del amor.

‘Burlando’ la genética

La creencia común es que la genética es información “muerta” que se transmite de generación en generación, sin mucho qué hacer por parte de padres o hijos. Sin embargo, hay estudios muy reveladores en la Universidad de McGill en Montreal.
Se está demostrando que los cambios que incorporamos a nuestro comportamiento a base de cultivar lo mejor de nosotros mismos se transmiten a las generaciones futuras igual que ocurre con el color de los ojos o de la piel. La ciencia lo ha constatado con animales de laboratorio, relata la investigadora Angela Boto.
Los trabajos de Michael Meaney de la McGill Universitiy en Montreal (Canadá) han demostrado que ciertas ratas nacidas de madres poco amorosas repetían el comportamiento de sus progenitoras con sus propias crías.
Sin embargo, cuando las hijas de las descuidadas madres eran criadas por otras cariñosas y solícitas dejaban de lado la genética y se volvían como sus progenitoras adoptivas, reporta Boto.
En la siguiente generación, aquellas que estaban abocadas por sus genes a no ocuparse de sus críos dieron un cambio radical, llevando a su descendencia por un camino muy distinto. Si algo así se puede lograr con sólo el instinto animal, imaginemos hasta dónde se puede llegar con la voluntad consciente.
Por otro lado, la investigadora relata que Jeffrey Schwartz, neuropsiquiatra de la Universidad de California en Los Ángeles, realizó un experimento con personas que padecían trastorno obsesivo-compulsivo, la patología de aquel personaje de Jack Nicholson en el que no dejaba de lavarse las manos y cada vez estrenaba una pastilla de jabón.
Schwartz, quiso comprobar el potencial terapéutico de la meditación consciente, observando lo que ocurre en el interior sin juzgar, enseñó a sus pacientes a separarse de su enfermedad; a observar los síntomas con la parte más lúcida de ellos mismos reconociendo que sólo eran manifestaciones de su trastorno, recuenta Boto.
Con sólo una semana de estos ejercicios los pacientes afirmaran que sentían que la enfermedad los soltaba. Pero lo más extraordinario y sorprendente para los científicos, dice Boto, fue que las pruebas de imagen cerebral demostraban que sus redes neuronales habían cambiado.

La simple “gimnasia” mental había reducido la actividad en los circuitos cerebrales que causan la enfermedad. Se han obtenido resultados similares en casos de depresión.
Lo importante, apunta la investigadora, es que hace falta sentirse mal para comenzar a entrenar la mente y modificar nuestras vivencias. Se parte de la premisa que al modificar el interior, el exterior cambia como consecuencia.