martes, 19 de abril de 2011

‘Estamos hasta la madre’: Javier Sicilia

PROCESO | México, DF.- El brutal asesinato de mi hijo Juan Francisco, de Julio César Romero Jaime, de Luis Antonio Romero Jaime y de Gabriel Anejo Escalera se suma a los de tantos otros muchachos y muchachas que han sido igualmente asesinados a lo largo y ancho del país a causa no sólo de la guerra desatada por el gobierno de Calderón contra el crimen organizado, sino del pudrimiento del corazón que se ha apoderado de la mal llamada “clase política” y de la “clase criminal”, que ha roto sus códigos de honor.

No quiero, en esta carta, hablarles de las virtudes de mi hijo, que eran inmensas, ni de las de los otros muchachos que vi florecer a su lado, estudiando, jugando, amando, creciendo para servir, como tantos otros muchachos, a este país que ustedes han desgarrado.


La marcha

» Exigiendo justicia y paz, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5 de la tarde del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno.

El crimen

» Juan Francisco Sicilia Ortega, de 24 años de edad, hijo del escritor y novelista Javier Sicilia, fue encontrado asesinado de forma violenta la mañana del pasado lunes dentro de un vehículo, con otras seis personas. Hablar de ello no serviría más que para conmover lo que ya de por sí conmueve el corazón de la ciudadanía hasta la indignación. No quiero tampoco hablar del dolor de mi familia y de la familia de cada uno de los muchachos destruidos. Para ese dolor no hay palabras –sólo la poesía puede acercarse un poco a él, y ustedes no saben de poesía–. Lo que hoy quiero decirles desde esas vidas mutiladas, desde ese dolor que carece de nombre porque es fruto de lo que no pertenece a la naturaleza –la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada–, desde esas vidas mutiladas, desde ese sufrimiento, desde la indignación que esas muertes han provocado, es simplemente que estamos hasta la madre.

Estamos hasta la madre de ustedes, políticos –y cuando digo políticos no me refiero a ninguno en particular, sino a una buena parte de ustedes, incluyendo a quienes componen los partidos–, porque en sus luchas por el poder han desgarrado el tejido de la nación, porque en medio de esta guerra mal planteada, mal hecha, mal dirigida, de esta guerra que ha puesto al país en estado de emergencia, han sido incapaces –a causa de sus mezquindades, de sus pugnas, de su miserable grilla, de su lucha por el poder– de crear los consensos que la nación necesita para encontrar la unidad sin la cual este país no tendrá salida; estamos hasta la madre, porque la corrupción de las instituciones judiciales genera la complicidad con el crimen y la impunidad para cometerlo; porque, en medio de esa corrupción que muestra el fracaso del Estado, cada ciudadano de este país ha sido reducido a lo que el filósofo Giorgio Agamben llamó, con palabra griega, zoe: la vida no protegida, la vida de un animal, de un ser que puede ser violentado, secuestrado, vejado y asesinado impunemente; estamos hasta la madre porque sólo tienen imaginación para la violencia, para las armas, para el insulto y, con ello, un profundo desprecio por la educación, la cultura y las oportunidades de trabajo honrado y bueno, que es lo que hace a las buenas naciones; estamos hasta la madre porque esa corta imaginación está permitiendo que nuestros muchachos, nuestros hijos, no sólo sean asesinados sino, después, criminalizados, vueltos falsamente culpables para satisfacer el ánimo de esa imaginación; estamos hasta la madre porque otra parte de nuestros muchachos, a causa de la ausencia de un buen plan de gobierno, no tienen oportunidades para educarse, para encontrar un trabajo digno y, arrojados a las periferias, son posibles reclutas para el crimen organizado y la violencia; estamos hasta la madre porque a causa de todo ello la ciudadanía ha perdido confianza en sus gobernantes, en sus policías, en su Ejército, y tiene miedo y dolor; estamos hasta la madre porque lo único que les importa, además de un poder impotente que sólo sirve para administrar la desgracia, el dinero, el fomento de la competencia, de su pinche “competitividad” y del consumo desmesurado, que son otros nombres de la violencia.

De ustedes, criminales, estamos hasta la madre, de su violencia, de su pérdida de honorabilidad, de su crueldad, de su sinsentido.

Antiguamente ustedes tenían códigos de honor. No eran tan crueles en sus ajustes de cuentas y no tocaban ni a los ciudadanos ni a sus familias. Ahora ya no distinguen. Su violencia ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. Han perdido incluso la dignidad para matar. Se han vuelto cobardes como los miserables Sonderkommandos nazis que asesinaban sin ningún sentido de lo humano a niños, muchachos, muchachas, mujeres, hombres y ancianos, es decir, inocentes. Estamos hasta la madre porque su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal –los animales no hacen lo que ustedes hacen–, sino subhumana, demoniaca, imbécil. Estamos hasta la madre porque en su afán de poder y de enriquecimiento humillan a nuestros hijos y los destrozan y producen miedo y espanto.

Ustedes, “señores” políticos, y ustedes, “señores” criminales –lo entrecomillo porque ese epíteto se otorga sólo a la gente honorable–, están con sus omisiones, sus pleitos y sus actos envileciendo a la nación. La muerte de mi hijo Juan Francisco ha levantado la solidaridad y el grito de indignación –que mi familia y yo agradecemos desde el fondo de nuestros corazones– de la ciudadanía y de los medios. Esa indignación vuelve de nuevo a poner ante nuestros oídos esa acertadísima frase que Martí dirigió a los gobernantes: “Si no pueden, renuncien”. Al volverla a poner ante nuestros oídos –después de los miles de cadáveres anónimos y no anónimos que llevamos a nuestras espaldas, es decir, de tantos inocentes asesinados y envilecidos–, esa frase debe ir acompañada de grandes movilizaciones ciudadanas que los obliguen, en estos momentos de emergencia nacional, a unirse para crear una agenda que unifique a la nación y cree un estado de gobernabilidad real. Las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una marcha nacional el miércoles 6 de abril que saldrá a las 5 de la tarde del monumento de la Paloma de la Paz para llegar hasta el Palacio de Gobierno, exigiendo justicia y paz. Si los ciudadanos no nos unimos a ella y la reproducimos constantemente en todas las ciudades, en todos los municipios o delegaciones del país, si no somos capaces de eso para obligarlos a ustedes, “señores” políticos, a gobernar con justicia y dignidad, y a ustedes, “señores” criminales, a retornar a sus códigos de honor y a limitar su salvajismo, la espiral de violencia que han generando nos llevará a un camino de horror sin retorno. Si ustedes, “señores” políticos, no gobiernan bien y no toman en serio que vivimos un estado de emergencia nacional que requiere su unidad, y ustedes, “señores” criminales, no limitan sus acciones, terminarán por triunfar y tener el poder, pero gobernarán o reinarán sobre un montón de osarios y de seres amedrentados y destruidos en su alma. Un sueño que ninguno de nosotros les envidia.

No hay vida, escribía Albert Camus, sin persuasión y sin paz, y la historia del México de hoy sólo conoce la intimidación, el sufrimiento, la desconfianza y el temor de que un día otro hijo o hija de alguna otra familia sea envilecido y masacrado, sólo conoce que lo que ustedes nos piden es que la muerte, como ya está sucediendo hoy, se convierta en un asunto de estadística y de administración al que todos debemos acostumbrarnos.

Porque no queremos eso, el próximo miércoles saldremos a la calle; porque no queremos un muchacho más, un hijo nuestro, asesinado, las redes ciudadanas de Morelos están convocando a una unidad nacional ciudadana que debemos mantener viva para romper el miedo y el aislamiento que la incapacidad de ustedes, “señores” políticos, y la crueldad de ustedes, “señores” criminales, nos quieren meter en el cuerpo y en el alma.

zonas históricas, no solo en saltillo

El crecimiento urbano sumado al desconocimiento de la historia de nuestro país, han puesto en peligro las zonas en donde se levaron a cabo batallas históricas de nuestros antepasados, y que hoy están a punto de ser desplazadas por toneladas de concreto.

Con el paso de los años los campos en los que se registraron batallas históricas, edificios que son parte de la historia, y reliquias de nuestros antepasados, han pasado a formar parte de los sitios que albergan vestigios de nuestro país y que están en peligro de extinción por el desarrollo urbano de las grandes ciudades no sólo en Saltillo sino en el resto del país.

“El campo de la batalla pareciera estar condenado a desaparecer, porque cada vez la mancha urbana crece más hacia esta zona, cada vez hay más construcciones, hay más asentamientos, hay más antenas, han extraído grava y siguen extrayendo y han sacado barro, entonces de alguna manera el espacio histórico es posible que no podamos conservarlo”, comentó el historiador Carlos Recio.

Hasta el momento la región ha visto cómo el desarrollo ha condenado al olvido y a la desaparición a algunos sitios históricos, por lo que el historiador considera que este tipo de zonas se encuentran al borde de la desaparición, y de seguir así, pronto sólo se podrán tener esos escenarios históricos en documentos.

“Eso es como que el precio que se paga por el progreso, pero dese nuestro punto de vista, no podemos perder como Saltillo ha perdido muchos de sus monumentos y edificios, y muchos de sus sitios como la Plaza México que se destruyó todo vestigio del fortín de los americanos y es irrecuperable”, comentó.

Considera que es urgente que las autoridades de los tres niveles de gobierno hagan algo al respecto para que se respeten los territorios y edificios históricos, pero además de crear conciencia en la gente sobre la importancia de estos vestigios, lo cual sería un punto importante para asegurar su conservación.

“Decretar que sea un lugar protegido por el hecho histórico tan importante que sucedió, y por otro lado el decreto puede pasarse por alto, la gente como quiera busca escabullirse para hacer lo que quisiera realmente”, dijo.

LIBERALISMO

Liberalismo
“La palabra libertad cuesta mucho”.
Eufrosina Cruz Mendoza

En un país como México, que tuvo en el siglo XIX una fuerte tradición liberal de la que supuestamente nos sentimos orgullosos, es sorprendente que en este inicio del siglo XXI no tengamos un solo partido que defienda los principios liberales. Tal parece que estamos satisfechos con festejar a Benito Juárez, Melchor Ocampo y Miguel Lerdo de Tejada, pero sin respetar sus ideas.

El PAN, ciertamente, no es un partido liberal. Si bien en ocasiones defiende principios liberales en materia económica, mantiene posiciones profundamente conservadoras en asuntos morales y sociales. La alianza de gobernantes panistas, desde el presidente Felipe Calderón hasta los gobernadores de Jalisco, Guanajuato, Sonora, Aguascalientes y Morelos, para tratar de detener la legislación en el Distrito Federal que permite los matrimonios entre personas del mismo sexo, es un ejemplo en cuestión. Los panistas se oponen al principio liberal fundamental según el cual el Estado no debe intervenir en las decisiones morales de los individuos ni debe promover las posiciones de alguna iglesia.

El PRI tampoco es un partido liberal. Su nacionalismo revolucionario es intervencionista en lo económico y en lo político. El PRI ha promovido tradicionalmente las relaciones clientelares y corporativistas, y hasta la fecha las defiende. Recientemente Beatriz Paredes, la presidenta nacional del PRI, hizo una declaración en el sentido de que nunca aceptaría las candidaturas independientes a cargos de elección popular. Para ella, por supuesto, no puede haber derechos políticos fuera de las corporaciones o los partidos.
Si bien el PRD ha defendido principios liberales en materia moral y social, en el tema económico se ha convertido en un enemigo jurado de los derechos individuales.

Su oposición a la inversión y a la propiedad privada, y su insistencia en que el Estado maneje en régimen de monopolio los sectores estratégicos de la economía, son exactamente opuestos a las ideas de Juárez y otros liberales que políticos como Andrés Manuel López Obrador afirman representar. A esto hay que añadir su promoción de los usos y costumbres indígenas (los “abusos y costumbres” los llama la indígena oaxaqueña Eufrosina Cruz Mendoza, a quien se le impidió ser presidenta municipal de su pueblo por ser mujer) que en muchos casos no son más que excusas para la violación de los derechos individuales y la perpetuación de privilegios feudales.

México necesita recuperar sus raíces liberales. Lo precisamos por razones prácticas, porque un sistema de libertades es el mejor para promover un mayor desarrollo económico, pero también por razones de dignidad. No es posible que el Estado mexicano siga pretendiendo actuar como un padre protector o como un tirano abusivo cuando no es más que un instrumento de los ciudadanos para proporcionarnos a nosotros mismos ciertos servicios. El Estado debe ser nuestro siervo y no nuestro amo.

Desafortunadamente, nuestros políticos gustan de rendir homenaje a los grandes liberales, como Juárez y Lerdo de Tejada, pero prefieren gobernar de conformidad con los principios de los conservadores del siglo XIX. Como los conservadores, siguen pensando que la función del Estado es tutelar a los ciudadanos que no tienen la capacidad de pensar por sí mismos.

No sorprende, por supuesto, que los políticos se precien de su liberalismo y gobiernen como conservadores. Las políticas que han impulsado a lo largo de décadas han empobrecido a nuestra nación, pero a ellos los han hecho ricos y poderosos.

¿SE DESDIJO NAVA?
Un alto funcionario gubernamental me sugiere que la verdadera razón de la renuncia del secretario de gobernación, Fernando Gómez Mont, es que César Nava, el presidente del PAN, se echó para atrás en sus compromisos. Gómez Mont fue “sólo un testigo de honor” de un acuerdo entre partes, me dice. Pero “¿qué haces cuando una de las partes se desdice? Tú, como testigo de honor, no te vas a quedar impávido ante el incumplimiento”.

JUÁREZ LIBERAL

Juárez liberal
Hoy, hace 205 años, el 21 de marzo de 1806, nació Benito Juárez. Como cada año los políticos le rendirán homenaje. Ellos mismos, sin embargo, le vuelven la espalda a las ideas liberales que defendió. Quieren aprovechar el recuerdo de Juárez, pero no como el liberal que fue sino como un conservador que han inventado.

Juárez defendió, por supuesto, el libre comercio. Se opuso a las alcabalas que los gobiernos conservadores levantaban contra los productos de otras regiones y pugnó por la apertura de las fronteras mexicanas al comercio internacional. Rechazó también los monopolios. No hay duda de que habría luchado contra los que hoy tenemos en petróleo o electricidad.
La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”. Benito Juárez

En relaciones exteriores fue un firme aliado de Estados Unidos. Allá fue a parar cuando tuvo que huir de México durante la guerra de Reforma y ahí envió a su familia cuando la intervención francesa lo obligó a presidir un gobierno itinerante. Las guerras de Reforma e intervención las ganó gracias al apoyo de Washington. Su actitud hacia Estados Unidos no era resultado de una simple conveniencia. Para Juárez, la Unión Americana representaba una meca del liberalismo en un momento en que Europa era bastión de los conservadores.

Muchos políticos contemporáneos han querido limitar el liberalismo de Juárez a una simple actitud anticatólica. La verdad es que Juárez nunca rechazó el catolicismo. Se mantuvo fiel a la Iglesia hasta el final de sus días. La jerarquía eclesiástica lo rechazó a él por la desamortización de los bienes de la Iglesia. Con esta medida, sin embargo, los liberales no buscaban acabar con la Iglesia sino poner sus bienes en el mercado.

La desamortización también se aplicó a las comunidades indígenas. Los liberales estaban convencidos de que los bienes de manos muertas, los que se encuentran fuera de mercado, hacían daño al país y a las propias comunidades indígenas. Juárez habría considerado inaceptables los ejidos y tierras comunales que se crearon a partir de la Constitución de 1917 y que hoy algunos supuestos progresistas defienden como lo hicieron los conservadores del pasado.

Juárez rechazaba los usos y costumbres de las comunidades indígenas. Por su propio origen étnico, y porque había salido adelante gracias a la educación, estaba convencido que los pueblos originales debían gozar de los mismos derechos que el resto de los mexicanos e integrarse por medio de la educación. A los zapatistas de ayer y de hoy, empeñados en encerrar a los indígenas en reservas y someterlos a regímenes medievales, los habría considerado conservadores. Convencido de la igualdad de todos ante la ley, habría rechazado la idea de establecer cuotas para asegurar la representación de mujeres o indígenas en la vida nacional.

Nuestros actuales políticos, especialmente los que buscan presentarse como progresistas, son realmente conservadores. Puede uno aceptar que rechacen las ideas liberales de Juárez, pero irrita que en su afán de aprovechar la imagen positiva del oaxaqueño le adjudiquen ideas conservadoras como el proteccionismo comercial, los monopolios estatales o los regímenes especiales para indígenas.

A 205 años de su nacimiento y 139 de su muerte, Juárez sigue siendo un ejemplo de liberal congruente. Por eso defendió las libertades individuales: de comercio, de pensamiento, de participación política y de propiedad. Por eso sostuvo el principio de igualdad de todos ante la ley. Es un insulto que los políticos contemporáneos busquen traicionar su memoria para defender posiciones conservadoras con las que él nunca habría estado de acuerdo.

Intervenciones

Los tiempos cambian... o, quizá, es la política. Francia, que se opuso a la intervención militar contra el gobierno de Sadam Husein en Iraq, es el más entusiasta participante hoy en la intervención contra Muamar Gadafi en Libia. Alemania, que apoyó la guerra en Iraq, se abstiene en cambio ahora en Libia.

Exceden 17 estados promedio de ‘ninis’

En 17 de los 31 estados de la República es mayor el porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan al promedio nacional –20%–, según estimaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Las entidades con las cifras más altas son Chiapas, Michoacán y Tabasco, pues uno de cada cuatro de sus jóvenes de entre 12 y 29 años están en esa condición, indica el estudio Los Jóvenes Mexicanos. Situación Actual y Desafíos Futuros, de la Subsecretaría de Educación Superior de la SEP.

En él se expone que de los 7.1 millones de “ninis”, cerca 3.4 millones no tienen interés de trabajar pues atienden otras obligaciones; mientras más de un millón 100 mil sí están disponibles para laborar, pero no buscan empleo por considerar que no tienen posibilidad de obtenerlo. Asimismo, unos 48 mil ya han desistido de buscar un trabajo.

El estudio advierte que ocho de cada 10 de esos jóvenes son mujeres dedicadas a las labores domésticas.

Gaby es una de ellas: soñaba con convertirse en veterinaria. Cuatro veces hizo el examen de ingreso a la UNAM pero no obtuvo un lugar y hoy, con 26 años, ha decidido quedarse con sus estudios de bachillerato y técnico en informática.

“Ya no lo voy a intentar (estudiar). Al principio tenía esa ilusión, pero ya no. Si no te toca, pues ya no te toca”, dice.

Vive con tres hermanos con quienes se divide las tareas de casa, aunque como ella no estudia ni trabaja, termina apoyando a quienes sí lo hacen.

Sus padres la ayudan económicamente y afirma que sí piensa buscar un empleo relacionado con la informática, pero no es fácil obtenerlo.

“Te piden experiencia de seis meses o un año y pues ¿cómo? Nadie te da una primera oportunidad”, comenta.

Su último empleo, hace unos tres años, fue como ayudante en una cocina.

Aunque procura tomar un libro, checar en Internet información sobre computadoras, ella siente que las personas a su alrededor piensan que su vida no es productiva.

Ese sentimiento la ha hecho relegar incluso, los planes de casarse o tener hijos.

“¿Qué le puedo yo ofrecer a otra persona cuando no he sido capaz de superarme, ¿cuál sería el ejemplo a seguir?”, dice.

considera la joven.

LAS SIETE PALABRAS

Recordemos los términos con que Jesús se dirigió a Nicodemo, fariseo judío que fue a hablar con él una noche, citados en Jn. 3:14, en los que manifiesta: “Así como levantó Moisés la serpiente de bronce en el desierto así tiene que ser levantado el hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él la vida eterna”, Ns. 21:4 a 9. Palabras enigmáticas que nos invitan a mirar de frente lo que, en el plan de Dios, es más difícil de aceptar dado que, por causa precisamente de una serpiente, Adán y Eva desobedecieron al Padre. En Juan la expresión ser levantado se refiere tanto a la cruz como a la resurrección; Jesús alude a la serpiente que Moisés hizo levantar en el desierto, este episodio de la Biblia es figura de la suerte que correría Jesús, pero los judíos ciertamente no habían descubierto aún el sentido del mensaje. ¿Cuántos habrá en la actualidad que lo desconocen, que sabiéndolo hacen caso omiso o que simplemente fundan su interés en asuntos para ellos más convenientes?

El sacrificio de Jesucristo, su pasión y muerte en la cruz, fue por nuestra salvación, según ha quedado ampliamente de manifiesto en Is. 53, Mt. 26:28, Rom. 5:9 a 11 y 19 así como en 1Pe. 1:18. Mañana domingo se conmemora la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, preludio de sus penalidades; en un acto sublime de humildad y amor el maestro lavó los pies a sus discípulos, les habló sobre lo que vendría y se retiró a orar al Monte de los Olivos –huerto de Getsemaní–, poco después sería entregado a los soldados para ser conducido a juicio.

Ahora bien, el título de este escrito se refiere a las últimas frases que Cristo pronunció cuando se encontraba en la cruz, en los postreros momentos de su vida terrenal; aquí los recordamos con profundo respeto, tratando de interpretar el mensaje del hombre cuya trascendental existencia logró influir tan poderosamente en la humanidad como nadie jamás lo hizo.

A fuer de ser sinceros, ¿intervendríamos a favor de alguien con quien hemos tenido diferencias serias o por quien es señalado por todos como un enemigo público, peligroso para la sociedad? Si podemos evitar un perjuicio a quien es merecedor de nuestro encono, seguramente nos haremos los desentendidos a fin de no impedirlo. En estos ejemplos subyace el mensaje de la primera frase: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, intervención clara de Jesús a favor de sus enemigos.

A los lados de Jesús crucificado se hallaban dos tunantes, la segunda frase fue dirigida a uno de ellos, Dimas, conocido como el buen ladrón, en respuesta a su fe manifestada cuando le expresó: “Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu reino”, a lo que el hijo de Dios le respondió: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Sutil forma de comunicarnos el valor que representa la confianza hacia el Señor, por supuesto una fe que tiene que ser avalada con nuestra actuación cotidiana congruente con sus preceptos y con el ejemplo de vida que nos dejó.

La tercera frase implica una magnífica herencia, detalle sublime por el que nos deja una madre, cuando le manifiesta a Juan y a la propia Virgen María: “He aquí a tu madre, he ahí a tu hijo”. Evidentemente fue perfecta e inmaculada nuestra gran Señora, no podemos colegirlo de otra manera al ser escogida por el Creador para ser la madre de Cristo Jesús. Desde otro punto de vista Juan, el discípulo amado –Jn. 21:24–, fue el seleccionado para representarnos como hijos de María en quien, por cierto, encontramos una eficaz intercesora.

Como hombre que fue de este mundo, Jesucristo experimentó un momento de flaqueza, seguramente motivado por la desconfianza, inseguridad o temor de sus propios seguidores, cuando pronunció la cuarta frase: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me habéis abandonado?”. Quizá le apremiaba la congoja que involuntariamente estaba causando a su madre, quizá dudaba del fruto de su inmolación en la que toleró humillaciones, maltratos y vejaciones de quienes eran precisamente la razón de su martirio, quizá también le pesaba el abandono o la cobardía de quienes había escogido para continuar su obra.

Cuando el enviado del Padre expresó la quinta frase: “Tengo sed”, no se refería solamente a la falta del líquido vital, en esos instantes evidentemente una necesidad de extrema prioridad que bien sabía no le sería satisfecha, insinuaba obviamente a la sed de amor que su corazón sentía, nos invitaba a calmársela mediante nuestro justo desempeño cotidiano. Si el Padre eterno ofrendó a su amadísimo hijo por nosotros, ¿en qué medida debería ser nuestra correspondencia?

La sexta frase externada: “Todo está consumado”, nos hace ver que Jesucristo daba por finiquitada su misión en este mundo, había cumplido la encomienda divina de mostrarnos el camino de la salvación. Habernos dejado su ejemplo de vida, una madre confiable como intercesora y una pléyade de guías morales es muy indicativo de su gran preocupación por nosotros, el resto corresponderá a quien quiera ver, a quien quiera oír.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, fue su última frase antes de reunirse con el Altísimo. Si el hijo de Dios imploró la asistencia de su Padre, ¿qué nos queda a nosotros por hacer? Cristo, que estaba colmado de la gracia celestial, invocó el apoyo de la divinidad en el momento crucial, nosotros, mundanos pecadores con múltiples imperfecciones y limitaciones, debiéramos llevarlo a cabo de forma ininterrumpida proponiéndonos cumplir con su voluntad: la caridad con el hermano, el perdón sincero y el arrepentimiento efectivo.

Es conveniente para nosotros como cristianos atender la siguiente reflexión final: Que el recuerdo de la pasión y muerte de Jesús que en estas fechas conmemoramos, logre infundir en nuestros corazones sentimientos de paz y esperanza que nos hagan revisar el sentido que estamos dando a nuestras vidas, de acuerdo con el ejemplo que se nos dio y a las enseñanzas que nos fueron concedidas.

Paz y el mexicano de la globalización

El 19 de abril de 1998 se cerró, como bien lo registró la escritora Elena Poniatowska, un ciclo de la literatura mexicana. Ese día murió Octavio Paz, nuestro intelectual que traspasó las fronteras, el que engrandeció con su sensibilidad y su inteligencia el mundo de las artes y la literatura no sólo de este país, sino de toda la América Latina y más allá del continente.
Se están cumpliendo trece años desde la partida del escritor que definió a los mexicanos en ese gran Laberinto de la soledad. Un retrato en el cual vimos reflejos de aquellos misteriosos y enigmáticos antepasados y nos reencontramos en las formas actuales de ser.
Poco antes de su muerte se había suscitado un incendio en su biblioteca, a causa de un corto circuito, con la consecuente pérdida de entrañables obras que pertenecieran a su señor abuelo, don Ireneo Paz, y otros valiosos volúmenes, algunos incunables.
Hubo quienes señalaron como motivo de su muerte la tristeza por el incendio que consumió parte de su biblioteca, de sus amados libros.
Figura esencial de nuestra literatura –el escultor Juan Soriano aseguraba que Paz es a la poesía lo que Goya o Velázquez son la pintura--, estudioso como nadie de la figura de Sor Juana Inés de la Cruz; promotor de aquel encuentro primordial y único habido entre intelectuales a principios de los años noventas, Paz es referente fundamental y faro en el camino que transitan los mexicanos de este inicio de siglo.
En una visita a Saltillo hecha a un año de la muerte de Paz, Poniatowska ilustraba: “Los estudiosos del mundo entero se volcaron sobre su obra a tal grado de que los investigadores y compiladores de su trabajo han encontrado cerca de 6,750 artículos publicados entre 1931 y 1996 sobre el escritor mexicano. Solamente en Estados Unidos han aparecido 50 libros sobre su obra y su persona”.
En vida recibió homenajes en Argentina, Francia, Alemania, Estados Unidos, India, México, España, Japón, Inglaterra, Israel e Italia. Fue objeto de esos numerosos honores, pero también, a la par, lo fue de severas críticas cuando, por ejemplo, se pronunció desde Berlín en contra del movimiento sandinista en 1984.
Hombre de polémicas, las suscitaba sobre su persona misma. Él, sin embargo, vivía convencido de una cosa: cuando se es excepcional es difícil el trato con las personas comunes. Fue un hombre que no vivía para la opinión de los demás, pero sí reflexionaba y analizaba con agudo sentido crítico la constitución del ser social comunitario, el comportamiento de las sociedades.
Activo participante de la vida cultural de México, era anfitrión de numerosas reuniones de artistas en intelectuales. Una época de gran expansión cultural en nuestro país. Juan Soriano recuerda “conversaciones asombrosas” que se daban en la casa de los Paz, aún casado con Elena Garro. En esas reuniones, a las que asistían refugiados españoles, Elena gustaba de discutir con el escritor. Ella, cuenta Soriano, “saltaba como una fiera para llevarle la contraria en un combate a muerte. Octavio era muy paciente con ella; la rebatía con argumentos serios, pero Elena tenía mucha imaginación, pocos escrúpulos y se salía con la suya”.
Habitúes de reuniones que tenían lugar en el Café París, en la Ciudad de México, eran Xavier Villaurrutia, Rafael Solana, Agustín Lazo, Isabela Corona y nuestro paisano Julio Torri.
Su vida, su obra, son merecedoras de estar siempre en el pensamiento de los mexicanos de las nuevas generaciones.
Hay personajes que tienen la virtud –a veces la desgracia—de marcar a sus países de origen: con sus cualidades, sus errores, sus grandezas, sus acciones. Paz es uno de los que deja a los mexicanos una positiva huella indeleble, protagonista fundamental de la historia de la literatura.
Su figura convoca a preguntarnos: ¿Hasta dónde seguimos siendo los mexicanos que él retrató? ¿Cuál es ahora la identidad, la idiosincrasia, los valores, el motor que impulsa al mexicano a once años de iniciado este tercer milenio? ¿Cómo es el mexicano de la globalización y la tecnología? ¿Hacia qué rumbo van con sus decisiones?
Preguntas definitorias. Construir nuestro perfil actual nos encaminaría a entender nuestros comportamientos, prever modos de actuación rumbo al futuro, lo inmediato y lo que está a largo plazo.
Octavio Paz nos dejó enseñanzas; buceemos en ellas para descubrir nuestras actuales señas de identidad.