martes, 6 de enero de 2015

SALARIO ÍNFIMO


Salario ínfimo

El año que terminó  ha sido uno de los más agitados en materia de salarios mínimos en varias partes del mundo. En Estados Unidos, la lucha que desde 2012 han dado los empleados de las compañías de comida rápida, supermercados y otros servicios ha puesto la discusión del incremento del salario mínimo como tema principal en la orden del día.
En ese país, el Gobierno federal mandata un salario mínimo de 7.25 dólares la hora y que, según los estudios de varios investigadores, está muy por debajo de los 15 dólares que exigen varias organizaciones de trabajadores. El presidente Obama propuso al Congreso un incremento para que el salario mínimo llegara a los 10 dólares, pero su propuesta ha sido congelada por el Partido Republicano.

En la Unión Americana, los estados tienen facultades legales para determinar los salarios mínimos por lo que en algunos de ellos se incrementarán a partir del presente año, para quedar entre 8 y 9.15 dólares la hora, ante los hechos que están ocurriendo con las huelgas de trabajadores, principalmente de las llamadas empresas de comida rápida. Son 21 estados los que han tomado esta determinación y otros más estarán pasando legislaciones especiales a sus congresos
para hacerlo; según los medios de comunicación, 29 estados en total, que representan el 60% de los trabajadores del país, contarán con salarios mínimos por arriba del monto fijado por el Gobierno federal.

En México también vivimos momentos intensos en esta materia, sobre todo a partir de la propuesta audaz del jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien tomando en cuenta la situación tan precaria de los asalariados propuso un incremento del salario mínimo para llegar a 82.86 pesos diarios a partir de este año y que al término del sexenio alcanzara los 171 pesos diarios. Lo anterior con el fin de permitir a los trabajadores obtener lo que establece la Constitución: un salario
digno y suficiente.

Adicionalmente, con el apoyo unánime de todos los partidos representados en la Asamblea Legislativa, se liberó a los salarios mínimos de funciones para las cuales no estaban hechos, creando para ello la unidad de cuenta, que será la que se fije para las decenas y decenas de leyes y reglamentos que exigen que los pagos se hagan en veces del salario mínimo. El Gobierno federal también hizo una propuesta en este sentido, pero los senadores la congelaron.

El pasado mes de diciembre, la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos anunció que el salario mínimo para este año quedaba fijado en 70.10 pesos para la zona A y 66.45 para la zona B. El incremento para la zona A es de tan sólo 2.81 pesos, lo cual significa que no habrá incremento real, condenando a la pobreza a miles de familias. Nadie en su sano juicio puede creer que una familia viva dignamente con 2 mil 103 pesos al mes; tan sólo los aumentos de la gasolina y
de los peseros serán mayores que el incremento.

En términos reales, los salarios en nuestro país han perdido más de 20 pesos en su poder adquisitivo de 1994 a la fecha, pero eso sí, el Banco de México está muy contento con el logro inflacionario, la estabilidad de precios y los 193 mil millones de dólares que tenemos en las reservas. Ojalá al menos 50 millones de mexicanos también estuvieran contentos con estos logros del neoliberalismo, que no ha entendido que mantener un salario mínimo escaso no impulsa el
mercado interno. Incluso los vecinos del norte han calculado que el incremento al salario mínimo que han aplicado los 29 estados generará una demanda de artículos de consumo por más de mil 500 millones de dólares. Lo mismo pasaría en México si se hubiera atendido la propuesta del jefe de Gobierno de subirlo a 82 pesos; lo único importante que hubiera generado sería crecimiento de compras de bienes básicos, fundamentalmente alimentos.

Este tema de los salarios mínimos será cada día de mayor importancia en nuestro país y en el mundo, y dependiendo de cómo respondan los gobiernos será la reacción de la sociedad.

GOBIERNO UTILIZA EL DINERO DE LOS TRABAJADORES


Cuidado con el dinero ajeno

Con tantos problemas en nuestro país, ha pasado casi inadvertido un anuncio del Ejecutivo que puede implicar un enorme riesgo para la población pensionada y por pensionarse, el referente a la propuesta de que parte de sus ahorros sean aplicados en proyectos de infraestructura, con el objeto de detonar la inversión.
Ante la incapacidad gubernamental de obtener recursos para el desarrollo de la infraestructura, el camino más sencillo es utilizar el dinero de los trabajadores, financiando así al sector privado.
Por supuesto que los bancos y los constructores han manifestado de inmediato que es una excelente idea y, al parecer, incluso han empezado a desarrollar algunos proyectos que, desde el secretario de Hacienda hasta el último de los banqueros, pasando por supuesto por la bancada del PAN, han dicho que son seguros, que no tendrán ningún problema de riesgo y que darán buenas utilidades.

La pregunta es: ¿si son tan maravillosos los proyectos, por qué tanto el gobierno como los bancos dueños de las afores prefieren utilizar el dinero ajeno y no el propio? Claro, entre otras cosas, porque es más barato. Nadie ha dicho hasta ahora cuánto van a ganar los trabajadores y cuánto los bancos por estas operaciones y, por supuesto, no se les ha ocurrido pedir la opinión de los dueños de dicho dinero.
¿Por qué están tan seguros de que es una inversión garantizada? ¿Ya se olvidaron de los Pidiregas? ¿Ya se olvidaron del rescate de carreteras por parte del gobierno, en el que hubo que poner dinero del pueblo, ya que tanto los constructores privados como los bancos que los financiaron estaban perdiendo mucho dinero? ¿En qué radica ahora la seguridad de que no va a pasar lo mismo?
No se debe arriesgar de ninguna manera el patrimonio de los trabajadores en operaciones cuyo rendimiento se verá en el largo plazo, y si no ocurre lo que ellos esperan, los trabajadores serán los paganos de esta aventura porque, aunque se trate de infraestructura, es una aventura que se den los supuestos del papel.
De la misma manera, han dicho que estas operaciones van a estar muy vigiladas por varios comités. El problema es que la decisión de dónde invertir será tomada por los banqueros, que no gozan precisamente hoy en el mundo de una buena reputación, tanto personal como de sus instituciones.
Los trabajadores no están contentos con las afores, tal y como lo demuestran las más de 91 mil demandas que interpusieron en 2008 y que para mediados de este año llegan a las 50 mil. Es decir, algo está fallando con el manejo de los recursos de los trabajadores y el gobierno no presiona a dichos bancos para resolver los litigios, que en su mayoría son simplemente para que les reembolsen su dinero ahorrado.
Se dijo que nunca se arriesgaría el ahorro de los trabajadores. Ahora se está haciendo y es jugar con fuego. Lo peor es que los responsables estén tan tranquilos, utilizando no sólo lo ajeno, sino el único patrimonio con que cuentan los trabajadores para su vejez.

 

miércoles, 3 de diciembre de 2014

LOS LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO DE LA BIBLIA

Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia   –Primera parte–
En el principio creó Dios el cielo y la tierra, o al menos eso dice la Biblia de Jerusalén –que es referente de 83.9% de la población en México–, pero sucede que la Biblia no es un solo libro, sino una colección de libros con varias divisiones estructurales. Además, la biblia utilizada por los protestantes es diferente a la de los católicos, los libros sagrados mormones y la de los testigos de Jehová. Otra diferencia es la riqueza de traducciones disponibles. Por ejemplo, a partir de la reforma protestante en el siglo 16, las iglesias cristianas no católicas rechazaron la traducción griega hasta entonces conocida –además de siete libros del Antiguo testamento–, y los testigos de Jehová tienen su propia biblia titulada “La Traducción del Nuevo Mundo”.

Por otro lado, antes del cristianismo ya existía la biblia hebrea –o Tanakh–, que consta de 24 libros: la Torah –que los cristianos conocen como Pentateuco o Libros de la Ley–, Nevi ́im –Libros de los Profetas– y el Ketivum –escritos o Hagiographa–. La versión católica de la Biblia que conocemos se definió durante el concilio de trento, celebrado de 1545 a 1563, y actualmente existen diversas versiones. Veamos a continuación los libros del Antiguo testamento:

Pentateuco
Palabra de origen griego: de πέντε, pénte, ‘cinco’ y τευξος, teuxos, ‘caja’, “cinco cajas”, así llamado por los estuches, cajas o vasijas donde en la antigüedad se guardaban y protegían del deterioro los rollos de papiro o de pergamino utilizados como soporte de escritura. Lo forman:
Génesis. Del latín genesis, y éste del griego γένεσις, génesis, ‘comienzo’; describe la creación del Universo y de su mayor obra, el hombre.
Éxodo. Del griego έξοδος, éxodos, ‘partida, salida’. Después de la contienda entre Moisés y el faraón, narra la salida de Egipto y la consecuente peregrinación del pueblo hebreo a la tierra prometida.
Levítico. Del latín Leviticus, y éste del hebreo léví; su nombre se debe a una especie de manual religioso para uso de los levitas o sacerdotes de culto, elegidos de entre los miembros de la tribu de Leví –hijo de Jacob, cuyo nombre lleva una de las 12 tribus del pueblo de Israel.
Números. Llamado así por la referencia con la que comienza: Dios ordena a Moisés realizar un censo del número de hebreos capaces de usar armas; además, el libro está lleno de referencias numéricas de diversos tipos.
Deuteronomio. Del griego δευτερος νόμοσ, deuteros nómos, ‘segunda ley’; este nombre fue dado por oposición a la Primera Ley. Es el quinto libro del Pentateuco, y en él se narra, entre otras cosas, la muerte de Moisés.




Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia –Segunda parte–
Libros históricos
Llamados así por su carácter historiográfico; también responden a una antigua tradición según la cual estos libros fueron compuestos por algunos profetas de Israel, a quienes se les denomina “Profetas Anteriores”, con el fin de distinguirlos de los “Posteriores”.
- Josué. Narra la historia de Josué –que significa “Dios salva”–, quien guía al pueblo hebreo después de la muerte de Moisés.
- Jueces. Proviene de la palabra hebrea shoftim, que significa “justicia”; según algunas versiones, narra desde la muerte de Josué hasta el nacimiento de Samuel –un periodo de 300 años, aproximadamente.
- Rut. Este libro recibe su nombre gracias a la protagonista del relato: Ruth o Rut –que significa “compañera”–, joven viuda que cuidó de su suegra Noemí, quien a su vez la ayudó a encontrar nuevo marido. El hombre pertenecía a la tribu de Judá y de su unión nació el abuelo del rey David.
- Samuel. Se llama así porque se presenta a tres personajes clave: Samuel, último juez de Israel y el primero de los profetas, que por su ministerio da nombre a estos libros; Saúl, quien fue ungido primer rey de Israel por Samuel, y David, el nuevo rey, soldado de Dios, famoso por vencer a Goliat, un enorme guerrero filisteo.
- Reyes. Comienza con los últimos años del rey David y, posteriormente, el reinado del Rey sabio –de ahí su nombre.
- Crónicas. su nombre se debe a san Jerónimo, padre de la Iglesia. En otras versiones se les llama “Las cosas de los días” o Paralipómena, es decir, “Las cosas dejadas a un lado”, omitidas. Ofrecen información complementaria no contenida en los demás libros.
- Esdras. Del nombre del escriba y sacerdote judío que, cerca de 450 años antes de nuestra era, compiló el Pentateuco y el resto del Antiguo testamento. su nombre proviene del hebreo y arameo ezra, que significa “ayuda” o “asistencia”.
- Macabeos. El primer libro con este nombre narra el intento de helenizar forzadamente a los judíos, y la resistencia de Matatías; la jefatura militar pasó pronto a Judas, el hijo, quien tenía por apodo “Macabeo”, que significa “martillo”. El segundo narra ciertos hechos que también se incluyen en el primer libro, y otros, como la herejía de Heliodoro.



Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia –Tercera parte–
Libros sapienciales
Así llamados porque conceden un lugar a la sabiduría, del latín sapientia, “sapiencia”.
- Job. Procede del hebreo yob, que significa “perseguido”, y es el nombre de un hombre muy rico y de recta conducta, que de pronto se ve en la mayor carencia y precariedad al permitir a Dios que pruebe su fe.
- Salmos. Salmo significa en hebreo “alabanza”. Es la colección de composiciones poéticas del pueblo de Israel: himnos, súplicas y poemas de gratitud, sabiduría, instrucción o historia; existen los llamados “salmos alfabéticos”, que inician en el orden de las letras del alfabeto hebreo.
- Proverbios. Del latín proverbium, “sentencia, adagio, refrán”. Es una colección de máximas, refranes, dichos y poemas para la instrucción de la juventud, atribuidos a Salomón.
- Eclesiastés. Al libro se le ha dado también el nombre de Qohélet –que significa “el predicador”–, derivado a su vez de la palabra hebrea qahal, que significa ‘asamblea’. De aquí su relación con la griega ekklesía, cuyo significado es el mismo.
- Cantar de los Cantares. ¿Poema entre un hombre y una mujer, o alegoría entre Dios y la humanidad? cualquiera que sea el sentido, su belleza es inigualable: imágenes sensuales y metáforas con que se describe a los amantes y a su profundo deseo de estar juntos. La construcción “cantar de los cantares” tiene valor superlativo –superior a todos los demás–; también se le conoce como “cantar de Salomón”.

Libros proféticos
Estos 18 libros, los últimos del Antiguo testamento, se atribuyen a los profetas; esto es, a hombres inspirados por Dios para hablar en su nombre y transmitir sus enseñanzas. Para dividirlos existen varios criterios; los más usuales: por tiempo –primeros y últimos profetas– y por extensión del libro –profetas mayores y profetas menores.
Los libros de los profetas mayores son: Isaías, Jeremías, Baruc, Lamentaciones –cuyo nombre procede de El Libro de los Setenta, donde se denominan Zrénoi, que son cantos fúnebres y, justamente, lamentaciones–, Ezequiel y Daniel. Los profetas menores son 12 en total: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías; de entre estos últimos, destaca el relato del Libro de Jonás, quien es tragado por un gran pez después de un naufragio, mientras intenta escapar de su tarea profética.




VOLUNTAD CIUDADANA

Voluntad ciudadana
Justo en este día se conmemoran 25 años de la caída del Muro de Berlín, que dividió Alemania en dos, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, significando para el mundo el paradigma de la imposición del estado sobre los derechos de la población.

Cuando se erigió como muro en 1961, escuché de labios de mi madre la dolorosa historia de un país que triunfó sobre otro, y como signo de su dominio decidió levantar un muro que separó a muchas familias.

Con los años conocimos las diferencias entre las dos Alemanias, muy evidentes durante los Juegos Olímpicos, cuando la democrática demostraba esa disciplina férrea de los socialistas, y la federal se semejaba más al resto de los países europeos.

Finalmente, luego de 50 años de división entre las dos Alemanias, aquel muro de la ignominia llegó a su fin en 1989, pocos años después de la Perestroika, modificación del modelo económico de la hasta entonces URSS, que marcaría de ahí en adelante grandes movimientos sociopolíticos en las repúblicas independientes, hasta la actualidad.

El momento histórico que vive México en estos días, cuando a partir de Ayotzinapa se destapa una caja de Pandora que ya adivinábamos, o que “medio veíamos”, pero que a raíz de los más recientes acontecimientos evidencia que hemos alcanzado unos niveles mayúsculos de criminalidad asociada a corrupción e impunidad a todos los niveles, y que obliga a emprender cambios radicales, si no queremos que la bomba nos explote en las manos a todos los mexicanos.

Ahora, cuando pretendemos dimensionar el problema, nos horroriza ver el tamaño que ha alcanzado, además de que, siendo resultado de una variedad de factores, a lo largo de tanto tiempo, simplemente no sabemos, ni autoridades ni sociedad civil, cómo comenzar a abordarlo.

Es algo así como una hidra a la que estuvimos irresponsablemente alimentando día a día, sin imaginar jamás el monstruo en que se
convertiría.

Edgardo Buscaglia, a partir de su estudio del caso Colombia, nos lo viene advirtiendo desde años atrás, el problema de la violencia asociada al narcotráfico no se resuelve con militarizar al país. En tanto no abordemos el problema atacando sus cuatro puntos de sustentación, poco o nada se habrá logrado para erradicarlo de forma eficaz.

Él habla del buen funcionamiento de los sistemas judicial, policíaco y penitenciario como primer punto; los controles patrimoniales a empresas legales para prevenir lavado de dinero como segundo; el control preventivo de la corrupción como tercero, y la prevención social de la delincuencia como cuarto punto.

Y nos hace ver de manera por demás clara, que un gobierno que se hace demasiado presente, pero con un Estado ausente, no está en condiciones de emprender una lucha contra el delito.

Claro, para lograr un cambio sustancial tenemos que participar todos.

Los ciudadanos estamos obligados a salir de nuestra zona de confort, para conocer cuáles son los derechos que han sido violentados en detrimento propio, para así estar en condiciones de comenzar a exigir que sean respetados. Por desgracia hemos alcanzado un punto en el que a nivel internacional nos señalan como ejemplo de atropello a las garantías individuales, tanto por parte de la delincuencia organizada, como por parte de aquellas figuras de autoridad que en teoría existen para defender nuestros derechos, pero que tantas veces hacen justo lo contrario.

Y en este escenario de impunidad se suma la actuación de otros tantos delincuentes oportunistas que acaban de complicar las cosas para nosotros.

No podemos seguir permitiendo que los cargos públicos estén ocupados por individuos que, aparte de no cumplir con su función, reciben sueldos y sobresueldos de lujo. Y que además de estos ingresos, no desaprovechan la oportunidad para desviar recursos públicos a su favor.

No es posible que se enriquezcan de una manera absolutamente inexplicable, sin que el sistema tributario los llame a cuentas, como hace de manera puntual con nosotros, los contribuyentes “de a pie”.

Necesitamos exigir la extinción de dominio para individuos que se enriquecen y simplemente no tienen manera de explicar la obtención de esos dineros.

Pero además necesitamos exigir transparencia y rendición de cuentas, para evitar que esos bienes confiscados se conviertan en botín de unos cuantos, en lugar de integrarse a las arcas públicas.

Las nuevas reformas apuntan a que pronto sea poco menos que imposible solicitar información sobre los bienes de un servidor
público.

Nos corresponde a nosotros modular la actuación de nuestras autoridades, con el fin de hacer valer los derechos de todos los mexicanos, y no que las fuerzas del orden se conviertan en nuestro mayor
enemigo.

No hay más que de dos sopas: La que se acabó y ésta, llamada voluntad ciudadana.


En estos días, cuando preparaba la presente colaboración, me topé con un concepto de “honor” que me agradó mucho: “Honor es la actitud moral que impulsa a las personas a cumplir con sus deberes”. 

Con esta idea se asocian palabras como honestidad, virtud, dignidad y respeto, pero sobre todo la palabra “garantía”.

El término “moral” en ratos nos hace ruido, pues la entendemos como una imposición proveniente del exterior para regir nuestra conducta. 

Bien podríamos sustituirla por “ética”, entendiendo por ella la convicción interna de actuar acorde con la verdad y el bien común.

¿Una utopía…? ¡No! Más bien, derecho de nuestros hijos, y obligación nuestra.

RENACER ENTRE LLAMAS

Renacer entre llamas
Podríamos aventurar que, después del de 1910, este 20 de noviembre ha sido el más singular por diversos motivos: Por primera vez se suspende el tradicional desfile en la ciudad de México, a la vez que se generan marchas y concentraciones populares a lo largo del territorio nacional y en todo el orbe, hermanados por causas que nos duelen a todos los mexicanos, y que indican que el país requiere un cambio radical como medida urgente, ante una crisis de salud institucional muy profunda.

En estas semanas se han publicado opiniones en todos los sentidos, desde algunas de fuentes reconocidas y bien informadas, hasta irresponsables incitaciones al desorden y la destrucción. Cada frase y cada evento han sido interpretados con humor ácido a través de los famosos “memes”, amalgama de creatividad e inconformidad ciudadana. Claro, ello es una muestra más del hartazgo popular ante condiciones sociopolíticas y económicas que colocan al país al filo del risco, como hace cien años no ocurría.

Por su parte grupos colegiados emiten su análisis y proponen directrices para el cambio. Uno de ellos, que hallo muy serio y profesional, es el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD), que justo esta semana publica un valioso texto intitulado “Las ruinas de un Futuro que no llegó”, cuya lectura me permito recomendar ampliamente en 
http://www.ietd.org.mx/mexico-las-ruinas-del-futuro/

Los firmantes proponen siete temas cuya revisión es necesaria para recomponer al país, y que aquí esbozo:

1) Los Derechos Humanos como eje central de los debates y políticas que se emprendan. Infiero, no es posible querer codearse con las grandes potencias mundiales cuando hay asignaturas pendientes en rubros de salud, educación, infraestructura urbana y seguridad, entre otros.
2) La atención a víctimas como un asunto de alta prioridad: El sistema jurídico que no atiende, que desoye o desacredita a las víctimas de la delincuencia, simplemente no funciona. La salida fácil de inculparlos antes de investigar, o de guardar a los delincuentes en el limbo de la impunidad, es en parte lo que ha puesto al país de cabeza.

3) Es urgente revisar y rehabilitar el poder municipal, pues es justo en ese nivel de gobierno en donde la delincuencia organizada presiona o corrompe, con los consecuentes fatales resultados. La descomposición política, social y moral nos ha rebasado en mucho.

4) Con relación a la impartición de justicia, hay crisis en el corazón mismo del estado de Derecho. No es posible que los órganos colegiados se inclinen a favorecer a los grandes criminales, mientras ignoran el destino de tantas víctimas.

5) Trabajar por combatir la pobreza y la desigualdad. No se trata de generar y mantener pobres, sino de trabajar por sacarlos de la pobreza y apostar por su autosuficiencia.

6) Combate a la corrupción y rendición de cuentas. Para el proyecto de país que demandamos todos los mexicanos, es menester una rendición de cuentas puntual, oportuna y abierta, que no dé pie a suspicacias.

7) Estamos viviendo una crisis de representatividad, de administración de la función pública, y de capacidad de respuesta del Gobierno ante los graves problemas del país. Se requiere de diagnósticos puntuales hechos por especialistas en cada tema.

Viene a mi mente la leyenda del Ave Fénix, que más allá de renacer de entre las cenizas, de manera periódica ella misma, para reproducirse, prende fuego a su nido y surge de entre el fuego con sus alas encendidas cual llamas.

A estas alturas del partido, haya sido resultado de corrupción, de mala planeación, o de fallas en la ejecución y seguimiento, el asunto es que tenemos un Estado fallido que a todos nos compete. La voluntad ciudadana existe, ahí está palpitante dentro de nuestro pecho, sin embargo nada bueno se lograría si no la sometemos a la batuta del pensamiento racional. Por su cuenta como bestia desbocada no podría abonar a un proyecto firme de nación.

Queremos un país donde reine la paz, con oportunidades de trabajo que satisfagan las necesidades de cada familia mexicana. Ya estamos cansados de vivir como rehenes de la delincuencia, ante el pasmo de las autoridades del orden.

No hemos dejado de creer en las instituciones, a pesar del desempeño errático de muchas de ellas. Queremos retomar la historia justo donde la dejaron nuestros padres y abuelos, confiados de que nosotros como herederos sabríamos responder. Queremos poder entregar a nuestros hijos un patrimonio de nación del que se sientan afortunados y orgullosos.
Habrá qué exigir a nuestros gobernantes que se alejen de los reflectores, dispuestos a meter los pies en el barro, para enderezar la encallada nave entre todos.


PUNTO DE REFLEXIÓN

Punto de Reflexión
Hoy todos los mexicanos somos Ayotzinapa: Los padres de familia somos esos padres destrozados cuya esperanza se niega a morir entre el olor nauseabundo de las fosas comunes repletas de cadáveres anónimos.

Cada uno de nuestros estudiantes es ese compañero normalista que hoy exige que regresen con vida a sus “compas”, 43 jóvenes del medio rural que soñaban con cambiar un pedacito de México desde sus aulas construidas con tierra y paja.
 
El problema se pretende abordar como tantos otros, con discursos que se lleva el viento.

Los mexicanos ya estamos hartos de lugares comunes, de palabras huecas, de pronunciamientos asépticos que buscan acallar la verdad.
 

Estamos cansados de ver cuántas veces la mentira es la moneda de cambio en el escenario político del país.

Gota a gota se nos acabó la capacidad de asombro frente a hechos cada vez más cruentos, al punto espeluznantes, que pretenden manejarse como cualquier otra cosa.
 

Nos estremece una realidad que vuelve estadística la muerte de nuestros jóvenes, sus ilusiones; la esperanza de sus padres; el dolor de familiares y amigos, como si nunca hubieran existido.

Ayotzinapa es el punto de Reflexión  para que México, a través de todos y cada uno de nosotros vuelva al cauce del desarrollo institucional, comenzando por reconocer en todo mexicano sin excepción, su dignidad como ser humano, y a partir de ello restaurar las garantías que ha ido perdiendo cada vez más.

Hemos creado un sistema que apuesta a las formas por encima del fondo, a las apariencias sobre el contenido; un sistema que se enfoca a pretender antes que ser, y que busca que se aplaudan las buenas intenciones, amén de que los resultados laceren en lo más hondo.

Caminamos a pasos agigantados hacia el terrible momento histórico en el cual no habrá una sola familia mexicana que no llore un muerto o un desaparecido.

Ayotzinapa marca el punto de inflexión en el que habrán de imponerse las ideas por encima de los azoros; la inteligencia por encima de los sordos rencores de la rabia.
 

Y más vale que lo asumamos como un problema de tales dimensiones, que no va a aplacarse con un puñado de promesas.

Frente a todo esto surgen dos figuras esperanzadoras: La ministra de la SCJN Olga Sánchez Cordero, recibe la medalla al Mérito Cívico “Eduardo Neri y Legisladores 1913”, y en su discurso de agradecimiento hace un llamado a la inaplazable función de dignificar la condición humana.
 

“Es necesario reforzar la perspectiva de derechos humanos en todas las acciones del Estado (…) quien no es sensible a la condición de las personas en situación de pobreza o discapacidad, elimina la condición humana”.

Por otra parte complace la noticia de que Malala Yousafzai será galardonada con el Nobel de la Paz.

Figura icónica de la niña-mujer en un sistema represivo en contra de su género que quiso acallarla a balazos, una voz que en ningún momento ha desfallecido en sus demandas por el derecho a la educación, reconociendo que la verdadera lucha santa es a través del estudio.

“Queremos un México justo y libre”.
 

Ha expresado en forma valiente Omar García, un normalista, sobreviviente de la matanza de Iguala.

A su clamor se suma el nuestro, el de cada padre y madre; el de cada hermano, el de la esposa, el de los hijos pequeños…
 

Se suma el de cada ciudadano que va asimilando que el cambio es necesario para que el país no se caiga a pedazos.

Una gran tarea comenzar a restaurar nuestras instituciones, planificar cómo sanear la descomposición social que nos ha convertido en rehenes de nosotros mismos.
 

Pero no hay de otra, tenemos que entrarle todos, dado que es la única vía para salir adelante.

Es tiempo de abandonar para siempre el estéril deporte del señalamiento y la quejumbre, para sustituirlo por una actitud proactiva: ¿Qué necesita mi país? ¿Qué hay que hacer? ¿Qué elemento extra puedo aportar?
 

Comenzar a ser congruentes entre el dicho y el hecho; entre lo privado y lo público, sin dobleces ni oscuridades, para ganarnos una autoridad moral que nos permita gobernar sobre otros, en el hogar frente a la familia; como patrones en la empresa, o como simples ciudadanos, bajo el principio de que ser autoridad implica mantener una conducta intachable.
 

No es colocarse encima de otros para sacar ventaja personal, sino para planear estrategias de desarrollo que a todos beneficien.

Hay que rescatar del olvido palabras como: Honradez, integridad y congruencia. Retomar en serio la escala de valores para dejar de ver al abusivo como próspero y al honesto como estúpido.

Es tiempo de entender que la condición humana no se tasa en pesos y centavos, y que valemos mucho más que eso.

Hoy todos somos Ayotzinapa, con la mira puesta en el bien de nuestro amado México.


PARADOJAS DEL TERCER MILENIO

Paradojas del tercer milenio
Para decirlo de la manera más clara, el Tercer Milenio nos pescó a todos poco preparados, y de alguna manera estamos pagando la factura.

Pertenezco a una generación que ha vivido lo suficiente para atestiguar los cambios que ha sufrido el planeta en los últimos cincuenta años.

De niño me maravillaban las caricaturas de Hanna-Barbera que retrataban un mundo futurista en el que buena parte de las actividades cotidianas se hallaban tecnificadas.

Lo que parecía un paseo por un mundo fantástico, hoy se viene cumpliendo en gran medida, de manera que podemos colocar a los norteamericanos William Hanna y Joseph Barbera al lado de otros futuristas reconocidos como Julio Verne o Isaac Asimov.

Pero así como la tecnología ha avanzado a grandes zancadas, nos hemos quedado relegados en otros aspectos fundamentales.

Uno que salta a la vista con mucha frecuencia es el relativo al lenguaje, ya no digamos los chats de las generaciones más jóvenes, sino grandes erratas en textos de autores de importantes publicaciones digitales.

Errores ortográficos que no deberían existir a partir de la utilización de los métodos de autocorrección de los programas computacionales, pero que paradójicamente parecen haberse incrementado.

Otro error -sintáctico- que da cuenta del ritmo tan acelerado que llevamos, es la utilización de palabras parecidas frente a las que ponemos poco cuidado al seleccionar: Un caso son las homófonas “rayar” y “rallar”, o “haya” y “halla”, en cuya confusión incurrimos en grandes errores.

Otro caso es el de “previsto” y “provisto”, que con frecuencia confundimos, incluso vamos más allá para utilizar “prever” por “proveer”, o más grave aún, utilizamos el barbarismo “preveer”, que recuerdo haber escuchado en los discursos de un par de políticos.

Asimismo recuerdo aquella diputada que, señalando las fallas de dicción de un colega, se preció de que ella “no hablaba con faltas de Ortografía”. Conclusión: Hemos descuidado que la palabra sea la mejor aliada del
pensamiento.

La tecnología nos ha vuelto asistentes de primera fila a los eventos de la vida.

En lugar de auxiliar a un semejante en apuros nos ocupamos en tomar video y subirlo a las redes; en vez de disfrutar un espectáculo nos dedicamos a grabarlo; en lugar de reconocer la condición humana que hay en todos, nos mofamos de quienes han hecho el ridículo, cuyos videos se suben a la red como “bloopers”.

Todo ello de alguna manera nos ha vuelto insensibles al dolor humano; la situación penosa de alguno se convierte en mercancía que se ofrece en el mercado virtual, y que se mide de acuerdo a su popularidad.

Luego no nos extrañe que esa costumbre nos vaya tornando indiferentes frente a lo que sucede en nuestro entorno inmediato.

Con relación a los desafortunados eventos que vienen ocurriendo en el estado de Guerrero, al igual que tantos otros que se han presentado a lo largo y ancho del país en los últimos años, hay palabras que simplemente han dejado de tener sentido. Términos tan terribles, que cualquiera de ellos nos hubiera horrorizado hace algunos lustros, hoy se vuelven parte de la jerga común: “Entambados”; “disueltos”; “desmembrados”; “decapitados”, por citar algunos.

Por desgracia se han vuelto tan comunes en su uso, que ya no nos remiten a la imagen de lo que simbolizan, sino que pasan por nuestra percepción como podrían pasar, digamos: “hipotenusa”; “rescoldo”; “marco” o “periférico”, términos carentes de una connotación emocional que los distinga del resto.

Ahora bien, poco o nada nos percatamos de la forma como hemos quedado entrampados en el mercadeo de la tecnología.

Se ha vuelto un imperativo en nuestra vida poseer la última versión de tal o cual aparato tecnológico, a tal grado inconsciente, que podremos dejar de lado cualquier otra necesidad frente a la urgencia de convertirnos en felices poseedores del nuevo aparatito, como si no hacerlo nos dejara fuera de la jugada.

La lista es infinita: ¿Qué justifica que una chica compre para el día de su boda tres o cuatro modelos de vestido de novia? ¿Quién marcó esta tendencia como obligada? ¿No sería más inteligente invertir el dinero de los vestidos extra en cubrir otros aspectos del propio matrimonio?
Si nos descuidamos la Globalización se volverá un mercenario movido únicamente por el dinero de los grandes capitales, para despojar a la realidad de cualquier otro aspecto humano.

Bajo el engaño de creernos amos y señores pasaremos a ser lacayos y luego esclavos de nuestra propia creación, lo que me recuerda a otro autor futurista que no debemos dejar fuera: Aldous Huxley, autor de “Un Mundo Feliz”, quien con sobrada razón expresó: “El progreso tecnológico nos ha provisto de maneras muy eficientes para ir hacia atrás”.

¿O cómo la ven…?