domingo, 13 de noviembre de 2016

2 DE OCTUBRE (1968) NO SE OLVIDA

2 de octubre no se olvida
RAÚL JIMÉNEZ VÁZQUEZ*
Hace 48 años fue perpetrada la horrenda matanza de Tlatelolco. Concebida, planeada, ejecutada y encubierta desde las más altas esferas gubernamentales, tuvo como objetivo acabar de raíz con el movimiento estudiantil de 1968, el cual –amparado en las libertades democráticas de petición, reunión y protesta ciudadana– en tan sólo unos meses se erigió en una fuerza real de oposición, capaz de desafiar a un régimen autoritario, acostumbrado al sometimiento incondicional, a la disuasión de todo intento de organización política independiente y al encarcelamiento o asesinato de los líderes disidentes.
La crueldad con que fue planeada y ejecutada esta atrocidad innombrable no tuvo límites. Baste decir que la doctrina militar inoculó la idea de que los estudiantes eran traidores a la Patria; el aparato propagandístico del gobierno sembró en el imaginario colectivo la imagen de que el movimiento obedecía a una conjura comunista, lo que generó el clima de linchamiento mediático que permitiría justificar la masacre como acto de salvación del país. Durante el zafarrancho se utilizaron balas expansivas o descamisadas, absolutamente prohibidas por los convenios de La Haya; en el fuego graneado participaron militares disfrazados de civiles e identificados con un guante blanco, lo que constituyó una maniobra de asechanza proscrita por el derecho internacional humanitario.
Fue, sin duda, un genuino terrorismo de Estado guiado por el objetivo estratégico de mantener incólume un sistema de dominación y hegemonía ideológica y política. Por esta razón en la sentencia definitiva dictada casi 40 años después por el Poder Judicial de la Federación se estableció que se trató de un genocidio en los términos del artículo 149 bis del Código Penal Federal y de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, pues el inefable baño de sangre fue ejecutado con el deliberado propósito de exterminar al grupo nacional opositor aglutinado en el Consejo Nacional de Huelga.
Empero, dentro del fallo en cuestión se asentó que las pruebas aportadas por el Ministerio Público no permitían atribuir responsabilidad penal a persona alguna. Con ello se dio forma a la inaudita paradoja de un genocidio sin genocidas, lo que propició que este abominable crimen fuese cubierto con el fétido manto de la impunidad.
Tan obsceno disimulo constituyó el caldo de cultivo que hizo posible la comisión de subsecuentes crímenes de lesa humanidad, como las torturas, ejecuciones sumarias y desapariciones forzadas de la guerra sucia; las masacres de Acteal, Aguas Blancas, El Charco, El Bosque, Atenco, Apatzingán, Ecuandureo, Tanhuato, Calera y Tlatlaya, y la trágica desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
No obstante la pretensión oficial de instaurar una verdad a modo y convertir el holocausto de Tlatelolco en un mero incidente, el veredicto histórico ya ha sido dictado en forma categórica. El reconocimiento de la sinrazón gubernamental y de la justeza, apego a derecho y legitimidad de las banderas enarboladas por los estudiantes quedó sellado con tinta indeleble con la reforma a la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, por la que se añadió a la lista de las fechas de luto nacional el2 de octubre: aniversario de los caídos en la lucha por la democracia en la Plaza de Tlatelolco en 1968.
Así pues, al igual que cada 13 de septiembre, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec, el 2 de octubre el lábaro patrio debe ser izado a media asta en todas las escuelas, templos, cuarteles, guarniciones militares, edificios públicos, embajadas y consulados.
El reconocimiento legislativo, empero, no es suficiente. Se requiere adoptar otras medidas de grueso calado. El jefe del Estado Mexicano debe pedir públicamente perdón a las víctimas y sus familiares. Raúl Álvarez Garín, Félix Hernández Gamundi, Ana Ignacia Rodríguez y los demás líderes que fueron injustamente encarcelados deben ser reivindicados mediante el reconocimiento expreso de su inocencia por el Poder Judicial Federal; las víctimas y sus familiares deben recibir las reparaciones integrales correspondientes; la revocación del acuerdo presidencial en el que se otorgaron sendas condecoraciones a diversos militares por méritos en campaña es un imperativo ético y jurídico.
Dentro de la doctrina castrense y en las aulas milicianas tiene que reflejarse la verdad inconmovible de este infame genocidio, lo mismo en los libros de texto gratuito, en el Museo Memoria y Tolerancia y en los museos gubernamentales. Por último, y sobre todas las cosas, es preciso romper los anillos de complicidad y llevar ante la justicia a los responsables intelectuales, directos y por cadena de mando, lo que es factible en virtud de que delitos de esta índole son imprescriptibles.
Las y los abogados democráticos alzamos la voz para proclamar en todo lo alto: ¡nunca más! ¡Nunca más un genocidio en México! ¡Nunca más un gobierno represor! ¡Nunca más una persecución por motivos de disidencia política! Hagamos posible el sueño imposible. Hagamos que la verdad y la justicia sean el motor del cambio democrático que anhela la sociedad. ¡Viva la discrepancia! ¡Viva la vida! ¡2 de octubre no se olvida!
*Presidente de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD)

La Historia nos convierte en seres conscientes



La Historia nos convierte en seres conscientes
Un pueblo que conoce su Historia es consciente de su identidad, reconoce los errores del pasado e intenta no volver a cometerlos (no me toca aquí cuestionar esto) y, sobre todo, es un pueblo conocedor de sí mismo, de su entidad social y personal; de su cultura, del paso del tiempo y su relación con el espacio, así como de su evolución. Nos hace conscientes de que las sociedades cambian; sirve para entender mejor su presente y para comparar y empatizar con otras culturas.
La Historia es una realidad viva, es una ciencia que evoluciona, que cambia, que se renueva, que se reinterpreta; que se teoriza a través de hipótesis y después se demuestra; no sólo son letras como entienden muchos, no son sólo datos y fechas para aprender de memoria.
Si comprendemos quiénes somos, comprenderemos mejor quiénes son los demás, pues todo depende de dónde hemos nacido, cómo nos hemos criado y de cómo vemos el mundo, no sólo como personas sino como parte de culturas distintas, ¿qué es eso de que la Historia no sirve para nada o que no es una ciencia?

NORMAS DE URBANIDAD

Normas de urbanidad
Pasan los siglos… pero, me parece, siguen vigentes…
“Normas de urbanidad de George Washington” (1745 – “Cimientos de una sólida educación del carácter de un joven del siglo dieciocho”)
1 – Cada acto debe trasuntar respeto por los presentes.
2 – En presencia de otros, no canturrees en voz baja, ni tamborilees con los dedos ni los pies.
3 – No hables cuando otros hablan, no permanezcas sentado cuando otros están de pie; no camines cuando otros se detengan.
4 – No des la espalda a los demás, y menos cuando hablas; no muevas la mesa o el escritorio donde otro lee o escribe, no te apoyes en nadie.
5 – No seas lisonjero, ni bromees con nadie que no esté de ánimo para bromas.
6 – No leas cartas, libros ni papeles en compañía, pero cuando sea preciso hacerlo, debes pedir permiso. No te acerques a los libros ni escritos de nadie para leerlos sin autorización, ni fisgonees cuando otro está escribiendo una carta.
7 – Que tu semblante sea agradable, pero que demuestre gravedad ante asuntos serios.
8 – No demuestres satisfacción ante el infortunio de otro, aunque se trate de tu enemigo.
9 – Los que gozan de título o posición tienen precedencia en todas partes, pero mientras son jóvenes deben respetar a quienes son sus iguales por su nacimiento o por otras cualidades, aunque no ocupen cargos públicos.
10- Es de buena educación ceder la palabra a nuestros interlocutores, especialmente si gozan de rango superior, y nunca debemos ser los primeros en interpelar a los mismos.
11- Que tu plática con hombres de negocios sea breve y al punto.
12- Al visitar a los convalecientes, no asumas el papel de médico si no te corresponde.
13- Al escribir o al hablar, dirígete a la persona por su título debido, de acuerdo con su grado y las costumbres del lugar.
14- No discutas con tus superiores, y siempre presenta tus opiniones con modestia.
15- No procures ser maestro de tus iguales en las artes que profesan, pues pasarás por arrogante.
16- Cuando un hombre hace todo lo que puede, aunque no logre tener éxito, no lo culpes por su intento.
17- Cuando debas aconsejar o recriminar, considera si es pertinente que se haga en público o en privado, de inmediato o en otra ocasión, y también cuáles son las palabras atinadas; y al reprender no muestres signos de cólera, sino actúa con reserva y moderación.
18- No te mofes de asuntos de importancia, no hagas burlas mordaces ni hirientes, y si haces gala de ingenio, no te rías de tus propias palabras.
19- Cuando reprendas a otro procura ser intachable, pues el ejemplo es más elocuente que la exhortación.
20- No emplees palabras hirientes contra nadie, ni juramentos o escarnios.
21- No te apresures en creer rumores en detrimento de otras personas.
22- Sé discreto en tu atuendo, y procura respetar la naturaleza antes que suscitar admiración. Sigue la moda de tus iguales, tal como sea pertinente respecto del tiempo y lugar.
23- No te comportes como un pavo real mirándote sin cesar para ver si estás presentable, si el calzado te sienta bien, si tus calzas están bien ceñidas o si tus ropas son elegantes.
24- Júntate con hombres de calidad si estimas tu reputación, pues más vale estar solo que mal acompañado.
25- Que en tu conversación no haya malicia ni envidia, y así manifestarás ser de natural afable y ponderable; en las causas apasionadas permite que se imponga la razón.
26- No cometas la impudicia de urgir a tu amigo a revelar un secreto.
27- No digas bajezas ni frivolidades entre hombres adultos y educados, ni cosas dificultosas entre ignorantes, ni cosas difíciles de creer.
28- No hables de temas sombríos en tiempos de alegría ni a la mesa; no hables de cosas melancólicas como muerte y heridas, y si otros las mencionan, procura cambiar la conversación. No reveles tus sueños, salvo a tus amigos más íntimos.
29- No bromees cuando no hay ánimo para el jolgorio. No rías a carcajadas, y nunca rías cuando no es apropiado. No te burles de los infortunios de nadie, aunque parezca existir un motivo.
30- No digas palabras injuriosas, ni en broma ni en serio. No te mofes de nadie aunque te den la ocasión.
31- No seas atolondrado, sino afable y cortés, el primero en saludar, oír y responder, y no seas retraído en momentos de platicar.
32- No te apartes de los demás, pero no abuses de su confianza.
33- No vayas donde no sabes si serás bien recibido. No des consejos sin que te los pidan, y cuando sea pertinente darlos, sé conciso.
34- Si dos personas riñen, no tomes partido en forma incondicional, y no seas obstinado en tus opiniones; en asuntos indiferentes toma partido por la mayoría.
35- No reproches la imperfección ajena, pues eso corresponde a padres, maestros y superiores.
36- No mires los defectos ajenos, ni preguntes de dónde vienen. No cuentes a cualquiera lo que has confiado en secreto a tu amigo.
37- En compañía no hables en lengua extranjera sino en la propia, y la que hablan gentes de calidad, no el vulgo. Trata con seriedad los asuntos sublimes.
38- Piensa antes de hablar, no pronuncies incorrectamente, no hables de prisa, sino ordenada y claramente.
39- Cuando otro habla estate atento y no molestes al público. Si alguien vacila al hablar, no lo ayudes, ni le des sugerencias que no te han pedido; no lo interrumpas ni le respondas hasta que haya terminado de hablar.
40- Trata de negocios en el momento adecuado, y no murmures delante de los demás.
41- No hagas comparaciones, y si alguno de los presentes es elogiado por un acto virtuoso, no elogies a otro por lo mismo.
42- No repitas rumores si desconoces la verdad. Al hablar de cosas que has oído, no siempre nombres a quien las refirió. Nunca reveles un secreto.
43- No te inmiscuyas en asuntos ajenos, ni te acerques a quienes hablan en privado.
44- No emprendas lo que no puedes realizar, pero procura cumplir tus promesas.
45- Cuando expongas una cuestión, hazlo sin apasionamiento, ni indiscreción, sin importar la calidad de la persona a que te dirijes.
46- Cuando tus superiores hablan con cualquiera, óyelos; no hables ni te rías.
47- En las disputas, no lleves tu afán de imponerte al extremo de negar a otro la libertad de expresar su opinión y sométete al arbitrio de la mayoría, especialmente si son jueces de la disputa.
48- No seas tedioso en tu conversación, no hagas muchas disgreciones, no repitas con frecuencia el mismo asunto.
49- No hables mal de los ausentes, pues es injusto.
50- No te enfades a la mesa, y si tienes razón para el enfado no lo demuestres; presenta un semblante jovial, especialmente si hay extraños, pues el buen humor hace de cualquier plato un manjar.
51- No ocupes la cabecera de la mesa, pero si te corresponde o lo pide el dueño de casa, no te opongas, para no molestar a los presentes.
52- Cuando hables de Dios o sus atributos, hazlo con seriedad, reverencia y honor, y obedece a tus padres naturales.
53- Que tus esparcimientos sean viriles, no pecaminosos.
54-Trabaja para mantener viva en tu pecho esa pequeña chispa de fuego celestial
llamada conciencia.”
PD: El sitio de dónde lo leí primeramente ya no existe… Hecha una búsqueda actual, estas reglas figuran apenas en unos pocos sitios, por ejemplo en angeline. Y en el sitio de Mario O´Donnell se dice que eran 110 reglas “No hace mucho tiempo se descubrió en Mount Vernont, Virginia, un cuaderno que escribiese George Washington en 1745, cuando contaba con 14 años, y en el que reflexionaba sobre “normas de urbanidad y conversación entre hombres”. La última de aquellas 110 reglas señalaba: “Trabaja para mantener viva en tu pecho esa pequeña chispa de fuego celestial llamada conciencia”.”

La Historia

El pasado es algo tan conocido como misterioso, no sólo es el paso del tiempo, es una transición que nos deja aprendizaje, conocimiento, lecciones y entendimiento. La Historia, nuestro pasado, no trata solo de los grandes que gobernaron prósperos países y no documenta sólo las grandes invenciones de la humanidad: la Historia es más que la exaltación de las victorias y recordar a los personajes más poderosos de un tiempo en específico, pues nos recuerda al revolucionario que luchó por sus derechos y los de los demás; recuerda a los tiranos con el poder suficiente para masacrar a pueblos enteros, recuerda a los científicos, alguna vez considerados locos, quienes sacrificaron su vida por el conocimiento de la humanidad, recuerda a los artistas y filósofos, personas con una gran sensibilidad hacia las inquietudes y curiosidades del ser humano a lo largo de su vida, capaces de poner los pensamientos en palabras y de brindarnos conocimiento sobre nosotros mismos.
La historia, más que una materia académica, es una lección. No debemos tomar a la ligera hechos que cambiaron, revolucionaron y sacudieron al mundo; de manera positiva o negativa, la Historia debe tomarse con la seriedad suficiente para aprender y crecer con ella. Existen personas dedicadas a su estudio de manera profesional, existen otros que por el gusto, la curiosidad o incluso morbo desean saber más sobre determinado periodo, suceso, ideología o estilo de vida.

Lo que tenga que ser será a su tiempo y en su momento

Lo que tenga que ser será a su tiempo y en su momento

Lo que tenga que ser será, a su tiempo y en su momento, porque el destino es incierto y a veces simplemente los vientos no soplan a nuestro favor ni nuestras velas están por la labor de izarse a pesar de nuestro empeño.
Dicen que las mejores cosas no se planean, que simplemente suceden y que es mejor no presionar al tiempo. Porque realmente si algo debe pasar, sucederá de todas maneras. Y si no debe hacerlo, pues no lo hará. Es simple.

Por eso de vez en cuando es bueno no planear ni esperar, dejar de exigir razones por las que seguir avanzando por un camino que no vemos muy claro y bajarnos del mundo de las expectativas y de las programaciones.

El hecho de que las cosas sean más sencillas de lo que en origen nos planteamos nos abre un gran abanico de posibilidades para disfrutar de la vida desde otra perspectiva mucho más relajada y simpática para nuestro bienestar.
Todo pasa, todo llega, todo se transforma

Probablemente todos estaremos de acuerdo en que somos producto de nuestras circunstancias y de nuestros deseos. Sin embargo, a veces estos resultan incompatibles o, al menos, nos cuesta digerir las consecuencias que acarrean. Esto genera preocupaciones que hacen que nos sintamos angustiados y, como se suele decir, amargan nuestra existencia.

En esta ocasión es bueno que echemos mano de un famoso proverbio árabe que encierra en sí mismo una lógica aplastante: Si tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no la tiene, ¿por qué te preocupas?
Lo cierto es que sí, parece obvio que no deberíamos preocuparnos de aquello que no podemos resolver, pero dejarse llevar y mantener la calma en ciertos momentos puede ser prácticamente imposible.

Por eso quizás lo que debemos aprender es que hay ciertas cosas que se escapan de nuestro control y que dejar que la vida fluya y aceptar cuáles son las circunstancias es la mejor de nuestras opciones en muchas ocasiones.

No somos la coraza, somos la respiración

Somos aquello que digerimos, las piedras con las que tropezamos, los rasguños que no curamos y los finales trágicos de nuestra vida. No somos todo sonrisas, alegrías o verdades, también somos mentiras (las que nos cuentan y las que nos contamos), somos las críticas y las lágrimas que no lloramos.

Así que para abarcar con nuestras riendas todo lo que nos compone lo tenemos más que complicado. Pero esto no significa que tengamos que desconfiar de la felicidad o, simplemente, de las casualidades de la vida.

No se trata de creer o no creer en el destino, sino de dejar que las circunstancias nos sorprendan y así abrir las ventanas del relax emocional para que nos ayuden a reavivar nuestros sentimientos.

De vez en cuando es necesario huir de nosotros mismos y de nuestras expectativas. O sea, lavar nuestra mente para tomar perspectiva, contar hasta diez y rellenar de oxígeno nuestros pulmones.

Esto nos ayudará a no perder trenes y a no arrepentirnos de aquello que hemos perdido por nuestra inquieta manía de marcar los signos de puntuación de un texto. Cuando tenga que ser punto y final, que lo sea, pero respetemos los puntos suspensivos, las comas y los puntos y aparte.
Dicen que lo que no te mata te hace más fuerte y que es precisamente ese impulso el que te ayuda a recorrer kilómetros y kilómetros de caminos de piedras con los pies descalzos.  La verdad es que la clave está en estrujar los errores y en disfrutar de los vientos del cambio.

Recuerda que aquellas partes de ti con las que no conectas habitualmente pierden la fuerza que necesitan para activarse. Por eso, no dejes que la vida pase mirando cómo se consumen las pilas de tu reloj, no retrocedas en el tiempo.

Dale continuidad, aprende a relajarte, a mirar con lupa aquellos pensamientos que te dañan y a contemplar la vida con paciencia. No intentes planear cada milímetro de tu recorrido, a veces simplemente necesitas desenfocar tu cámara, dejar que pase el tiempo y dejarte llevar por las casualidades.


Bibliografía recomendada:
Csikszentmihalyi, M. (1997). Fluir (flow): una psicología de la felicidad. Barcelona: Kairós. ISBN: 9788472453722


No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás

No corras detrás de alguien que ya sabe dónde estás

¿Por qué amargarse la vida por aquellos que no se preocupan por nosotros y que no nos tienen en cuenta? Es fundamental aprender a distinguir y, sobre todo, quererse uno mismo.

No corras tras alguien que no te busca, que te exige o que quiere que vayas besando el suelo que pisa. No lo hagas porque, quien de verdad te merece, te quiere a su lado y no a su espalda.
Recuerda que la indiferencia es la mejor muestra de “no amor”.
Si aún puede aportarte algo, lo hará y, si no es así, un adiós es el mejor agradecimiento que puedes ofrecerte a ti mismo. El interés, el cariño y el amor no hablan el mismo lenguaje que el egoísmo o la indiferencia.

La atención no se mendiga ni se acepta en migajas. Si lo hacemos estaremos cometiendo una gran injusticia emocional con nosotros mismos. El cariño se debe demostrar en equilibrio, pues será la base que cimiente nuestra relación.

Ni tú eres para tanto ni yo para tan poco

La indiferencia de los demás acaba generando en nosotros la sensación de que no merecemos la pena y que no somos persona gratas para los demás. No podemos permitirnos pagar este alto precio.

Es fácil acabar sintiendo algo así cuando las muestras de indiferencia y desgana se manifiestan constantes hacia nosotros mismos, hacia los intercambios que ofrecemos y hacia la construcción de una relación significativa.
No se trata de menospreciar a los demás, sino de valorarnos nosotros y de hacer patentes e importantes nuestras necesidades afectivas y nuestras inquietudes. Este será el pilar básico que sostenga relaciones sólidas y saludables, mientras que la indiferencia solo las destruye.

El interés mutuo y la reciprocidad sentimental es algo a lo que NUNCA debemos renunciar. Ni siquiera tenemos que resignarnos a no obtenerlo por llevar muchos años en una relación estable.

De hecho, no solo hablamos del bienestar individual, sino del ajeno y del relacional. Los tres en conjunción nos ofrecen la posibilidad de que nuestras relaciones sean gratificantes y justas. Solo en estas condiciones estaremos en disposición de crecer junto a los demás.

No busques, permite que te encuentren

Tu número de teléfono tiene los mismos dígitos que los que estás marcando día tras día y que nunca marcan por ti. Piensa que, cuando alguien quiere, es capaz de remover cielo y tierra por estar a tu lado y hacer sentir bien.

Puede que algunas ausencias sean consecuencia de la impuntualidad vital, de los ajetreos diarios y de una verdadera falta de tiempo. Sin embargo, el desinterés reiterado será el que marque las diferencias.
Arrastrarte y suplicar un cariño que no es sincero no es saludable ni a corto ni a largo plazo. Puede que ciertas muestras te lleguen a enternecer, pero realmente la balanza está desequilibrada y deberás mirar con lupa aquellos motivos que te siguen manteniendo anclado en esta relación.

Si de verdad sientes la injusticia emocional, probablemente no te compense estar sometiéndote a una relación que te está causando gran sufrimiento.  No debes convertirte nunca en marioneta de las necesidades de los demás ni de sus antojos.

Debes hacerte valer y tener claro lo que mereces. Tienes derecho a que te llamen y a que contesten tus llamadas. Puedes permitirte no extrañar a quien no te busca. Puedes permitirte no someterte al castigo de la indiferencia.

De hecho, debes comenzar a valorarte y a quererte bien. Los milagros no suceden y, como hemos dicho, el amor se debe demostrar y sentir, pero nunca implorar. Tu cariño debe ser para quienes te quieren, te aceptan y te comprenden sin juicios ni exigencias.

Regala tu ausencia a quien no valore tu presencia

Es habitual que no valoremos lo que tenemos y que descuidemos y desaprovechemos las oportunidades para relacionarnos con nuestros seres queridos. No obstante, la indiferencia continuada tiene otros tintes y podemos ver en su reflejo el egoísmo y el desinterés desmedido.
Esta dejadez propia de la indiferencia a veces se colma de desprecios, lo que genera situaciones muy dolorosas que deterioran la visión que tenemos de nosotros mismos y de nuestras relaciones con los demás.

En estos casos en los que la consecuencia de la indiferencia resulte en la merma de nuestra autoestima y nuestra salud emocional, debemos aprender a regalar nuestra ausencia, pues no se está valorando nuestra presencia.

Como venimos diciendo no debemos resignarnos a sentirnos infravalorados y descuidamos porque, al final, acabamos “creyéndonos” que no somos merecedores de compañía ni de reciprocidad.

Sin embargo, debemos tener muy presente que para que se nos valore, debemos hacerlo nosotros primero.

Así que el primer paso para cuidar la imagen que tenemos de nosotros mismos es hacernos valer y destacar que la indiferencia de esa persona debe servirnos para reafirmar todo aquello que cimentará nuestro amor propio y nuestro crecimiento personal.
No te olvides de sonreírle al espejo, quiérete y valórate por lo que eres y no por lo que los demás quieren proyectar en ti. Ámate y date cuenta de que el hecho de que alguien te descuide no quiere decir que debas resignarte.

Rodéate siempre de aquellas personas que te quieran en su vida, porque las que no te quieran, seguramente, te harán sufrir.


No nos hace bien dar sin recibir. Por eso debemos darnos cuenta de que quedarnos cerca de alguien puede significar ir demasiado lejos para nosotros y para nuestro recorrido. Quizás estemos hipotecando años de una vida que no tiene billete de vuelta y eso no nos lo podemos permitir. Nunca.




ERES UNA PERSONA MENTALMENTE FUERTE

SI TIENES ESTAS CARACTERÍSTICAS, ERES UNA PERSONA MENTALMENTE FUERTE

Teóricamente hablando, todas nuestras experiencias nos hacen fuertes y mejores personas. Ser optimista, tomar el control de tu propia vida y no sentirte mal contigo mismo son solo algunas cosas en las que debemos trabajar. Aquí te brindamos características de una persona mentalmente fuerte de acuerdo con Amy Morin, una psicoterapeuta y experta en fuerza mental.
1. Sabes cómo mantener las emociones y la lógica en equilibrio.
    No se trata sobre si estás gobernado por tus emociones o tu sensatez. Es sobre saber cómo mantener el balance de ambos, ver claramente cuando las emociones prevalecen antes que la lógica en el proceso de tomar decisiones. Si eres mentalmente fuerte, sabes cómo mantener el balance de ambas.

   2. Usas tu tiempo productivamente.
Uno puede poner mil excusas para no obtener un trabajo bien hecho. Pero las personas mentalmente fuertes se enfocan en lo que realmente quieren y evitan perder su tiempo en actividades improductivas.

   3. Confías en tu habilidad para adaptarte al cambio.
La vida está cambiando constantemente, y a veces es muy difícil adaptarse a las nuevas circunstancias. La mayoría de personas intentan resistirse a esos cambios, pero las personas con mentalidad fuerte se centran en hacer frente a una realidad que cambia rápidamente.

   4. Enfrentas los temores que te retienen.
Muchas personas evitan sus miedos; algunas personas intentan enfrentar sus miedos solo para quedar bien antes los demás. Pero las personas con mentalidad fuerte no necesitan probar nada. Ellos enfrentan y superan sus miedos que les impiden poder ser una mejor versión de sí mismos.

   5. Aprendes de tus errores.
Personas mentalmente fuertes no tratan de justificar sus actos o esconder sus errores de los demás. Ellos aprenden de sus errores y esperan ser mejores.

   6. Encuentras un balance entre quien eres y quién quieres ser.
Si eres una persona con gran desarrollo intelectual, puedes aceptar quien eres en el momento, pero nunca dejarás de trabajar en ser una mejor persona.

   7. Celebras el éxito de otras personas.
Ser mentalmente fuerte significa saber cómo cooperar. El éxito de otros jamás debe hacer sentir celoso. Al contrario, las personas mentalmente fuertes saben cómo celebrar el éxito y la felicidad de los demás. 
8. Vives y tomas decisiones de acuerdo a tus principios.
Si vives de acuerdo a tus valores y entiendes tus prioridades, nunca vas a tener problemas al momento de tomar decisiones. Esta habilidad hace a la persona mentalmente fuerte.

   9. Te importa mejorar tus habilidades más que lucirlas.
En general, las personas tienden a buscar la aprobación de otros. Pero las personas mentalmente fuertes se enfocan en mejorar sus habilidades sin buscar algún reconocimiento.

   10. Vives una auténtica vida.
Las personas mentalmente fuertes son honestas consigo mismas. Sus acciones nunca contradicen sus palabras.

   11. Valoras quién eres y no qué tienes.
Las personas mentalmente fuertes otorgan un verdadero valor a lo que son y no a lo que tienen. Por lo que a ellos realmente no les interesa si ganan o pierden.

   12. Eres responsable de tus actos.
La fuerza mental no garantiza que no cometas errores. Lo harás, pero la cuestión es que debes aprender de ellos y seguir adelante.

   13. Ves las dificultades como oportunidades.
Cada obstáculo y cada problema que enfrentes es otra oportunidad para crecer. Las personas usualmente se irritan ante las dificultades, pero las personas mentalmente fuertes aceptan el reto y buscan ser mejores.

   14. Te enfocas en lo que sabes y lo haces mejor.
Los que son fuertes mentalmente, son eficaces y exitosos en la vida porque dedican su tiempo, esfuerzo y recursos a lo que hacen mejor.

   15. Eres un optimista-realista.
Sin lugar a dudas, las personas mentalmente fuertes son optimistas. Cuando ellos enfrentan obstáculos, esperan lo mejor, pero al mismo tiempo mantienen los pies en la tierra.