martes, 21 de mayo de 2013

Cultura del agua

Cultura del agua

Por: Alfonso Yáñez Arreola

La cultura del agua impacta con la cantidad de información, conocimientos y actitudes que cada uno tiene y ejerce sobre este recurso, para reflexionar y tomar conciencia en la realidad del agua en el mundo y sobre el verdadero problema que enfrentamos como humanidad.

En nuestros días es importante participar y realizar acciones que nos permitan cuidar y proteger este vital líquido, expertos aseguran que quizás el conflicto mundial más grande que enfrente nuestro planeta será la inmensa sequía que podría lograr la gradual extinción de especies, plantas e incluso humanos, por ello la gestión del agua tiene importancia trascendental para México y su gente. El alcance del tema quedó en evidencia con la transición del hombre nómada a sedentario buscando permanencia en lugares que podían dotarlo de este vital líquido.

El agua es un elemento sin el cual no podemos vivir; No existe actividad ni forma conocida de vida donde no sea necesaria, por ello la política hídrica en México ha desarrollado un rumbo claro de sustentabilidad que se fortalece con el tiempo y que tiene sus raíces en la construcción de instituciones fuertes y eficientes que datan desde la Dirección de Aguas, Tierras y Colonización de 1917, la Comisión Nacional de Irrigación de 1926, la Secretaría de Recursos Hidráulicos de 1946, la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos de 1976 hasta el nacimiento de la Comisión Nacional del Agua a partir de 1989 como órgano desconcentrado de la actual Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

En el ámbito global, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 22 de marzo como el Día Mundial del Agua, buscando acciones de coordinación y cooperación entre los diferentes responsables y sectores de usuarios que promueven el acceso al agua y la lucha contra su escasez abonando una justicia social integral. Las necesidades de la población creciente, se deben entender como un trabajo de protección y administración de este frágil y limitado recurso.

Nuestro planeta contiene aproximadamente 525 millones de kilómetros cúbicos de agua y esta cantidad no ha disminuido ni aumentado en los últimos 2 mil millones de años. El 97% del agua se encuentra en los océanos, el 2% permanece congelada, pesando ésta un 9% menos que en su estado líquido, por ello el hielo flota. Solo el 2.5 % del agua es dulce, de esta cantidad el 0.5% está en depósitos subterráneos y el 0.01 en ríos y lagos. Solo el 0.007% del agua que existe en el mundo es potable y esa cantidad se reduce debido a la contaminación.

Reflexionemos: si bien un solo árbol pierde por evaporación 265 litros de agua al día y una hectárea de maíz evapora más de 30 mil litros de agua al día, se requieren 148 mil litros de agua para fabricar un automóvil, 200 litros para producir un litro de refresco y 25 mil litros para producir los alimentos que consume al día una familia de cuatro personas, además es necesario referir las muy graves fugas de agua potable que van al desagüe cada minuto por negligencia y falta de esmero en llaves y baños. De ese tamaño es el compromiso, insisto generacional que tenemos, por ello promover civismo, cultura del agua y condiciones de vida para nuestras familias. Ahorrar agua no debe suponer un esfuerzo.

El autor es integrante del Círculo Editorial de la Fundación Trascender, A.C./Vínculo de Profesionistas. http://www.trascender.org.mx

‘Bullying’

‘Bullying’

El Plan de Desarrollo de Peña Nieto

El Plan de Desarrollo de Peña Nieto

La parábola del vaso lleno

La parábola del vaso lleno

Tome usted una jarra llena de agua y vierta ésta dentro de un vaso. Al llenarse el vaso, habrá dos posibilidades: Que usted detenga el chorro de agua y, con el vaso lleno, usted tendrá aún mucha agua en su jarra. La segunda posibilidad es obvia: Que usted siga vertiendo agua y ésta, sin poder ser contenida ya por el vaso lleno, se derrame sin remedio sobre la superficie… usted tendrá su jarra vacía, su vaso lleno y el agua derramada.

Bien. Apliquemos esta sencilla parábola en nuestra vida. Cuando somos proveedores de un bien, queremos que se prospere. Por ejemplo, proveemos el dinero a casa para el sustento diario. Queremos que el dinero alcance y lo entregamos a una persona confiable que lo hará rendir. Queremos verter el agua en un recipiente que la pueda contener sin derramarla.

Si por algún motivo notamos que el recipiente está lleno, es decir, que hemos dado suficiente dinero a una persona que sabemos que es todo lo que tiene capacidad de administrar, entonces dejaremos de verter agua o de darle dinero, porque sabemos que lo va a derramar. ¿No es verdad?

¿Pondría usted a su hijo de 10 años a manejar un auto? Seguro piensa que es responsabilidad que el niño no puede administrar y le negará el volante. Es como seguir vertiendo agua en un vaso muy pequeño. Pero permitirá que su carro sea manejado por un piloto de Fórmula 1 porque sabrá que está en las mejores manos. Sería tal vez como un vaso mucho más grande que la jarra. La jarra se vaciará y el vaso aún tendrá capacidad de contener más agua.

Bien, creo que está claro. Ahora piense que usted es el vaso. ¿De qué tamaño es el vaso? Mientras mayor capacidad de contención tenga, más agua podrá recibir. Tendrá capacidad de recibir más dinero… más responsabilidades, más de todo lo que alguien sea capaz de entregarle para su cuidado o administración. Otra vez pregunto ¿de qué tamaño es su vaso? Independientemente de la respuesta honesta que se haga a sí mismo, habrá invariablemente una idea maravillosa adicional: Usted querrá ser un vaso más grande de lo que es ahora.

Si alguien pone en sus manos una oportunidad más grande de la que usted puede administrar, entonces esa oportunidad, en lugar de ser un beneficio para su disfrute, se convertirá en un problema para su jaqueca, pues será como ver que se derrama el agua. Quien le dio la oportunidad, la retirará y la ofrecerá a otra persona, a un vaso más grande, o, en el mejor caso, esperará a que usted crezca y su vaso pueda contener esa oportunidad.

¿Verdad que no es lo mismo tener la jarra que ser el vaso? Como dueños de la jarra, queremos que el agua se aproveche, y como vasos, queremos ser más grandes para contener más agua.

Bien, vamos a la última parte de este ejercicio. Imagine… no, no lo imagine, mejor sépalo: Dios es el gran dueño de la jarra. El agua es todo lo que Dios nos provee para nuestra felicidad y crecimiento. Y Nosotros –usted, claro- somos los vasos.

Qué tanto vierte Dios en nuestro vaso. Ni se lo imagina. El asunto es que no lo podemos ver simplemente porque nuestro vaso es pequeño. ¿No le gustaría tener un vaso más grande? Créame algo, nuestra vida es un vaso que se llena de inmediato sumergido en un mar infinito de bendiciones (no pensaba realmente que Dios es la jarra ¿verdad?). Dios no derramó el agua, simplemente el agua es todo lo que hay y está en todas partes y nosotros estamos sumergidos en ella. Las bendiciones que nos tocan son del tamaño de nuestra capacidad de recibirlas.

¿Qué tengo que hacer para agrandar mi vaso? ¿Qué tamaño de vaso puedo alcanzar a ser? ¿Tiene mi vaso capacidad elástica para crecer? ¿Qué pasa si intento contener más agua de la que puedo sin derramar el vaso? ¿Cómo puedo ayudar a otros a crecer su vaso? ¿No le surgen miles de preguntas con todo esto? Y aún no termino. A todos los que me escriban les platicaré que en realidad no somos un vaso…sino una manguera. No sabe cómo nos vamos a divertir con esa idea.

La parábola de la manguera

La parábola de la manguera

Imagine usted una manguera. Ahora abra la llave y observe cómo sale el agua. ¿Cuánta sale? Depende de dos factores: 1) La cantidad de agua que le entre por un extremo y 2) El ancho de la manguera, mientras más ancha, más agua podrá fluir. ¿Está de acuerdo?

Vamos a concentrarnos en el segundo punto. La semana pasada compartí en este espacio la Parábola del Vaso Lleno, mediante la cual intenté explicar cómo una jarra con agua puede verter su contenido a un vaso y que éste sólo podrá llenarse hasta su tope y luego derramará. En esa parábola, el agua representa todas las cosas buenas de la vida y el vaso representa a cada uno de nosotros. Mientras más grande es el vaso, más puede recibir, pero tiene un límite.

Concluí que la cantidad de bendiciones que nos da Dios está en proporción a la capacidad que tenemos de recibirlas sin derramarlas o desperdiciarlas.

Bien, esa es la idea original, sólo que vamos a jugar un poco con ella y pensemos. Un vaso ¿no es en realidad una manguera tapada por uno de sus extremos? Así que en lugar de pensar en un vaso, pensemos en una manguera. ¿Cómo medimos la capacidad de la manguera? En la cantidad de fluido que alcanza a pasar a través suyo en una unidad de tiempo. Al final, resulta una medida y actualmente calculamos en pulgadas. Todos sabemos que una manguera o tubo de una pulgada, tiene mayor capacidad de hacer fluir algo que una de media pulgada.

Ahora bien ¿qué pasa si tapamos la manguera por el extremo de salida? Pues se convierte en un simple contenedor, en un vaso muy largo. No fluye nada. Entonces sabemos que el secreto para que fluya el agua no es sólo que entre por un lado, sino que tenga posibilidad de salir por el otro extremo.

Todo esto parece bastante simple, pero aterricemos esta parábola a la realidad. Imagine que usted es la manguera, que el agua son las bendiciones de Dios y que Dios siempre verterá tanta agua como quepa en su manguera.

El secreto para que las cosas buenas fluyan por su vida, está en que tenga la capacidad de destapar su manguera. En otras palabras, los dones que usted tiene no son para conservarlos, sino para compartirlos. Si usted acumula y acumula para “enriquecerse”, sólo impedirá que nuevas bendiciones lleguen. Suéltelo, sea generoso, comparta, sirva a los demás, ayude, sea solidario, busque el beneficio de otros, done, ofrezca, abra puertas, confíe, todo lo que debe lograr es hacer fluir las bendiciones.

Usted no es una bodega para guardar, no es un vaso que sirva para sólo para contener, sino un medio que usa Dios para hacer llegar sus bendiciones. A muchos les parece imposible esto, pero lo que garantiza su prosperidad, es que agradezca y comparta la que tiene. Dios lo proveerá de más. Él está siempre al otro lado, con la llave abierta, esperando a que usted quite el tapón de su manguera.

Otro factor; dijimos, es el grueso de su tubo o su manguera. Si usted es una manguera del ancho de un popote, entonces sabe cuánto puede pasar por ahí; pero si eligió una del ancho de la tubería del drenaje, su capacidad de hacer transitar más fluido, crecerá.

La abundancia en las bendiciones no está en acumularlas, sino en administrarlas para que circulen. Tendrá más mientras más ancha sea su manguera… o tubería. Pregunta ¿Cómo puedo ensanchar mi tubería? ¿Es posible ensancharla? ¿Qué determina el ancho? ¿No siente que las preguntas le invaden?

La capacidad de administrar sin acumular, es lo que vuelve la manguera más ancha. Si usted busca acumular sin administrar, tapando el flujo, logrará romper la manguera. Pero si usted administra, sepa que las paredes de su manguera siempre serán elásticas y crecerán… el fluido las empujará hacia afuera. ¿No es esto maravilloso?

¿Cuál es el ingrediente que da elasticidad a las paredes de su manguera? ¿Hasta qué tanto pueden ser elásticas? ¿Realmente desea y puede ensanchar su manguera? ¿No le parecen preguntas que ameritan respuestas?

¿Para qué sirve un clip?

¿Para qué sirve un clip?

¿Cómo dijo?

¿Cómo dijo?