miércoles, 3 de diciembre de 2014

LOS LIBROS DEL ANTIGUO TESTAMENTO DE LA BIBLIA

Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia   –Primera parte–
En el principio creó Dios el cielo y la tierra, o al menos eso dice la Biblia de Jerusalén –que es referente de 83.9% de la población en México–, pero sucede que la Biblia no es un solo libro, sino una colección de libros con varias divisiones estructurales. Además, la biblia utilizada por los protestantes es diferente a la de los católicos, los libros sagrados mormones y la de los testigos de Jehová. Otra diferencia es la riqueza de traducciones disponibles. Por ejemplo, a partir de la reforma protestante en el siglo 16, las iglesias cristianas no católicas rechazaron la traducción griega hasta entonces conocida –además de siete libros del Antiguo testamento–, y los testigos de Jehová tienen su propia biblia titulada “La Traducción del Nuevo Mundo”.

Por otro lado, antes del cristianismo ya existía la biblia hebrea –o Tanakh–, que consta de 24 libros: la Torah –que los cristianos conocen como Pentateuco o Libros de la Ley–, Nevi ́im –Libros de los Profetas– y el Ketivum –escritos o Hagiographa–. La versión católica de la Biblia que conocemos se definió durante el concilio de trento, celebrado de 1545 a 1563, y actualmente existen diversas versiones. Veamos a continuación los libros del Antiguo testamento:

Pentateuco
Palabra de origen griego: de πέντε, pénte, ‘cinco’ y τευξος, teuxos, ‘caja’, “cinco cajas”, así llamado por los estuches, cajas o vasijas donde en la antigüedad se guardaban y protegían del deterioro los rollos de papiro o de pergamino utilizados como soporte de escritura. Lo forman:
Génesis. Del latín genesis, y éste del griego γένεσις, génesis, ‘comienzo’; describe la creación del Universo y de su mayor obra, el hombre.
Éxodo. Del griego έξοδος, éxodos, ‘partida, salida’. Después de la contienda entre Moisés y el faraón, narra la salida de Egipto y la consecuente peregrinación del pueblo hebreo a la tierra prometida.
Levítico. Del latín Leviticus, y éste del hebreo léví; su nombre se debe a una especie de manual religioso para uso de los levitas o sacerdotes de culto, elegidos de entre los miembros de la tribu de Leví –hijo de Jacob, cuyo nombre lleva una de las 12 tribus del pueblo de Israel.
Números. Llamado así por la referencia con la que comienza: Dios ordena a Moisés realizar un censo del número de hebreos capaces de usar armas; además, el libro está lleno de referencias numéricas de diversos tipos.
Deuteronomio. Del griego δευτερος νόμοσ, deuteros nómos, ‘segunda ley’; este nombre fue dado por oposición a la Primera Ley. Es el quinto libro del Pentateuco, y en él se narra, entre otras cosas, la muerte de Moisés.




Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia –Segunda parte–
Libros históricos
Llamados así por su carácter historiográfico; también responden a una antigua tradición según la cual estos libros fueron compuestos por algunos profetas de Israel, a quienes se les denomina “Profetas Anteriores”, con el fin de distinguirlos de los “Posteriores”.
- Josué. Narra la historia de Josué –que significa “Dios salva”–, quien guía al pueblo hebreo después de la muerte de Moisés.
- Jueces. Proviene de la palabra hebrea shoftim, que significa “justicia”; según algunas versiones, narra desde la muerte de Josué hasta el nacimiento de Samuel –un periodo de 300 años, aproximadamente.
- Rut. Este libro recibe su nombre gracias a la protagonista del relato: Ruth o Rut –que significa “compañera”–, joven viuda que cuidó de su suegra Noemí, quien a su vez la ayudó a encontrar nuevo marido. El hombre pertenecía a la tribu de Judá y de su unión nació el abuelo del rey David.
- Samuel. Se llama así porque se presenta a tres personajes clave: Samuel, último juez de Israel y el primero de los profetas, que por su ministerio da nombre a estos libros; Saúl, quien fue ungido primer rey de Israel por Samuel, y David, el nuevo rey, soldado de Dios, famoso por vencer a Goliat, un enorme guerrero filisteo.
- Reyes. Comienza con los últimos años del rey David y, posteriormente, el reinado del Rey sabio –de ahí su nombre.
- Crónicas. su nombre se debe a san Jerónimo, padre de la Iglesia. En otras versiones se les llama “Las cosas de los días” o Paralipómena, es decir, “Las cosas dejadas a un lado”, omitidas. Ofrecen información complementaria no contenida en los demás libros.
- Esdras. Del nombre del escriba y sacerdote judío que, cerca de 450 años antes de nuestra era, compiló el Pentateuco y el resto del Antiguo testamento. su nombre proviene del hebreo y arameo ezra, que significa “ayuda” o “asistencia”.
- Macabeos. El primer libro con este nombre narra el intento de helenizar forzadamente a los judíos, y la resistencia de Matatías; la jefatura militar pasó pronto a Judas, el hijo, quien tenía por apodo “Macabeo”, que significa “martillo”. El segundo narra ciertos hechos que también se incluyen en el primer libro, y otros, como la herejía de Heliodoro.



Los libros del Antiguo Testamento de la Biblia –Tercera parte–
Libros sapienciales
Así llamados porque conceden un lugar a la sabiduría, del latín sapientia, “sapiencia”.
- Job. Procede del hebreo yob, que significa “perseguido”, y es el nombre de un hombre muy rico y de recta conducta, que de pronto se ve en la mayor carencia y precariedad al permitir a Dios que pruebe su fe.
- Salmos. Salmo significa en hebreo “alabanza”. Es la colección de composiciones poéticas del pueblo de Israel: himnos, súplicas y poemas de gratitud, sabiduría, instrucción o historia; existen los llamados “salmos alfabéticos”, que inician en el orden de las letras del alfabeto hebreo.
- Proverbios. Del latín proverbium, “sentencia, adagio, refrán”. Es una colección de máximas, refranes, dichos y poemas para la instrucción de la juventud, atribuidos a Salomón.
- Eclesiastés. Al libro se le ha dado también el nombre de Qohélet –que significa “el predicador”–, derivado a su vez de la palabra hebrea qahal, que significa ‘asamblea’. De aquí su relación con la griega ekklesía, cuyo significado es el mismo.
- Cantar de los Cantares. ¿Poema entre un hombre y una mujer, o alegoría entre Dios y la humanidad? cualquiera que sea el sentido, su belleza es inigualable: imágenes sensuales y metáforas con que se describe a los amantes y a su profundo deseo de estar juntos. La construcción “cantar de los cantares” tiene valor superlativo –superior a todos los demás–; también se le conoce como “cantar de Salomón”.

Libros proféticos
Estos 18 libros, los últimos del Antiguo testamento, se atribuyen a los profetas; esto es, a hombres inspirados por Dios para hablar en su nombre y transmitir sus enseñanzas. Para dividirlos existen varios criterios; los más usuales: por tiempo –primeros y últimos profetas– y por extensión del libro –profetas mayores y profetas menores.
Los libros de los profetas mayores son: Isaías, Jeremías, Baruc, Lamentaciones –cuyo nombre procede de El Libro de los Setenta, donde se denominan Zrénoi, que son cantos fúnebres y, justamente, lamentaciones–, Ezequiel y Daniel. Los profetas menores son 12 en total: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías; de entre estos últimos, destaca el relato del Libro de Jonás, quien es tragado por un gran pez después de un naufragio, mientras intenta escapar de su tarea profética.




VOLUNTAD CIUDADANA

Voluntad ciudadana
Justo en este día se conmemoran 25 años de la caída del Muro de Berlín, que dividió Alemania en dos, desde finales de la Segunda Guerra Mundial, significando para el mundo el paradigma de la imposición del estado sobre los derechos de la población.

Cuando se erigió como muro en 1961, escuché de labios de mi madre la dolorosa historia de un país que triunfó sobre otro, y como signo de su dominio decidió levantar un muro que separó a muchas familias.

Con los años conocimos las diferencias entre las dos Alemanias, muy evidentes durante los Juegos Olímpicos, cuando la democrática demostraba esa disciplina férrea de los socialistas, y la federal se semejaba más al resto de los países europeos.

Finalmente, luego de 50 años de división entre las dos Alemanias, aquel muro de la ignominia llegó a su fin en 1989, pocos años después de la Perestroika, modificación del modelo económico de la hasta entonces URSS, que marcaría de ahí en adelante grandes movimientos sociopolíticos en las repúblicas independientes, hasta la actualidad.

El momento histórico que vive México en estos días, cuando a partir de Ayotzinapa se destapa una caja de Pandora que ya adivinábamos, o que “medio veíamos”, pero que a raíz de los más recientes acontecimientos evidencia que hemos alcanzado unos niveles mayúsculos de criminalidad asociada a corrupción e impunidad a todos los niveles, y que obliga a emprender cambios radicales, si no queremos que la bomba nos explote en las manos a todos los mexicanos.

Ahora, cuando pretendemos dimensionar el problema, nos horroriza ver el tamaño que ha alcanzado, además de que, siendo resultado de una variedad de factores, a lo largo de tanto tiempo, simplemente no sabemos, ni autoridades ni sociedad civil, cómo comenzar a abordarlo.

Es algo así como una hidra a la que estuvimos irresponsablemente alimentando día a día, sin imaginar jamás el monstruo en que se
convertiría.

Edgardo Buscaglia, a partir de su estudio del caso Colombia, nos lo viene advirtiendo desde años atrás, el problema de la violencia asociada al narcotráfico no se resuelve con militarizar al país. En tanto no abordemos el problema atacando sus cuatro puntos de sustentación, poco o nada se habrá logrado para erradicarlo de forma eficaz.

Él habla del buen funcionamiento de los sistemas judicial, policíaco y penitenciario como primer punto; los controles patrimoniales a empresas legales para prevenir lavado de dinero como segundo; el control preventivo de la corrupción como tercero, y la prevención social de la delincuencia como cuarto punto.

Y nos hace ver de manera por demás clara, que un gobierno que se hace demasiado presente, pero con un Estado ausente, no está en condiciones de emprender una lucha contra el delito.

Claro, para lograr un cambio sustancial tenemos que participar todos.

Los ciudadanos estamos obligados a salir de nuestra zona de confort, para conocer cuáles son los derechos que han sido violentados en detrimento propio, para así estar en condiciones de comenzar a exigir que sean respetados. Por desgracia hemos alcanzado un punto en el que a nivel internacional nos señalan como ejemplo de atropello a las garantías individuales, tanto por parte de la delincuencia organizada, como por parte de aquellas figuras de autoridad que en teoría existen para defender nuestros derechos, pero que tantas veces hacen justo lo contrario.

Y en este escenario de impunidad se suma la actuación de otros tantos delincuentes oportunistas que acaban de complicar las cosas para nosotros.

No podemos seguir permitiendo que los cargos públicos estén ocupados por individuos que, aparte de no cumplir con su función, reciben sueldos y sobresueldos de lujo. Y que además de estos ingresos, no desaprovechan la oportunidad para desviar recursos públicos a su favor.

No es posible que se enriquezcan de una manera absolutamente inexplicable, sin que el sistema tributario los llame a cuentas, como hace de manera puntual con nosotros, los contribuyentes “de a pie”.

Necesitamos exigir la extinción de dominio para individuos que se enriquecen y simplemente no tienen manera de explicar la obtención de esos dineros.

Pero además necesitamos exigir transparencia y rendición de cuentas, para evitar que esos bienes confiscados se conviertan en botín de unos cuantos, en lugar de integrarse a las arcas públicas.

Las nuevas reformas apuntan a que pronto sea poco menos que imposible solicitar información sobre los bienes de un servidor
público.

Nos corresponde a nosotros modular la actuación de nuestras autoridades, con el fin de hacer valer los derechos de todos los mexicanos, y no que las fuerzas del orden se conviertan en nuestro mayor
enemigo.

No hay más que de dos sopas: La que se acabó y ésta, llamada voluntad ciudadana.


En estos días, cuando preparaba la presente colaboración, me topé con un concepto de “honor” que me agradó mucho: “Honor es la actitud moral que impulsa a las personas a cumplir con sus deberes”. 

Con esta idea se asocian palabras como honestidad, virtud, dignidad y respeto, pero sobre todo la palabra “garantía”.

El término “moral” en ratos nos hace ruido, pues la entendemos como una imposición proveniente del exterior para regir nuestra conducta. 

Bien podríamos sustituirla por “ética”, entendiendo por ella la convicción interna de actuar acorde con la verdad y el bien común.

¿Una utopía…? ¡No! Más bien, derecho de nuestros hijos, y obligación nuestra.

RENACER ENTRE LLAMAS

Renacer entre llamas
Podríamos aventurar que, después del de 1910, este 20 de noviembre ha sido el más singular por diversos motivos: Por primera vez se suspende el tradicional desfile en la ciudad de México, a la vez que se generan marchas y concentraciones populares a lo largo del territorio nacional y en todo el orbe, hermanados por causas que nos duelen a todos los mexicanos, y que indican que el país requiere un cambio radical como medida urgente, ante una crisis de salud institucional muy profunda.

En estas semanas se han publicado opiniones en todos los sentidos, desde algunas de fuentes reconocidas y bien informadas, hasta irresponsables incitaciones al desorden y la destrucción. Cada frase y cada evento han sido interpretados con humor ácido a través de los famosos “memes”, amalgama de creatividad e inconformidad ciudadana. Claro, ello es una muestra más del hartazgo popular ante condiciones sociopolíticas y económicas que colocan al país al filo del risco, como hace cien años no ocurría.

Por su parte grupos colegiados emiten su análisis y proponen directrices para el cambio. Uno de ellos, que hallo muy serio y profesional, es el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD), que justo esta semana publica un valioso texto intitulado “Las ruinas de un Futuro que no llegó”, cuya lectura me permito recomendar ampliamente en 
http://www.ietd.org.mx/mexico-las-ruinas-del-futuro/

Los firmantes proponen siete temas cuya revisión es necesaria para recomponer al país, y que aquí esbozo:

1) Los Derechos Humanos como eje central de los debates y políticas que se emprendan. Infiero, no es posible querer codearse con las grandes potencias mundiales cuando hay asignaturas pendientes en rubros de salud, educación, infraestructura urbana y seguridad, entre otros.
2) La atención a víctimas como un asunto de alta prioridad: El sistema jurídico que no atiende, que desoye o desacredita a las víctimas de la delincuencia, simplemente no funciona. La salida fácil de inculparlos antes de investigar, o de guardar a los delincuentes en el limbo de la impunidad, es en parte lo que ha puesto al país de cabeza.

3) Es urgente revisar y rehabilitar el poder municipal, pues es justo en ese nivel de gobierno en donde la delincuencia organizada presiona o corrompe, con los consecuentes fatales resultados. La descomposición política, social y moral nos ha rebasado en mucho.

4) Con relación a la impartición de justicia, hay crisis en el corazón mismo del estado de Derecho. No es posible que los órganos colegiados se inclinen a favorecer a los grandes criminales, mientras ignoran el destino de tantas víctimas.

5) Trabajar por combatir la pobreza y la desigualdad. No se trata de generar y mantener pobres, sino de trabajar por sacarlos de la pobreza y apostar por su autosuficiencia.

6) Combate a la corrupción y rendición de cuentas. Para el proyecto de país que demandamos todos los mexicanos, es menester una rendición de cuentas puntual, oportuna y abierta, que no dé pie a suspicacias.

7) Estamos viviendo una crisis de representatividad, de administración de la función pública, y de capacidad de respuesta del Gobierno ante los graves problemas del país. Se requiere de diagnósticos puntuales hechos por especialistas en cada tema.

Viene a mi mente la leyenda del Ave Fénix, que más allá de renacer de entre las cenizas, de manera periódica ella misma, para reproducirse, prende fuego a su nido y surge de entre el fuego con sus alas encendidas cual llamas.

A estas alturas del partido, haya sido resultado de corrupción, de mala planeación, o de fallas en la ejecución y seguimiento, el asunto es que tenemos un Estado fallido que a todos nos compete. La voluntad ciudadana existe, ahí está palpitante dentro de nuestro pecho, sin embargo nada bueno se lograría si no la sometemos a la batuta del pensamiento racional. Por su cuenta como bestia desbocada no podría abonar a un proyecto firme de nación.

Queremos un país donde reine la paz, con oportunidades de trabajo que satisfagan las necesidades de cada familia mexicana. Ya estamos cansados de vivir como rehenes de la delincuencia, ante el pasmo de las autoridades del orden.

No hemos dejado de creer en las instituciones, a pesar del desempeño errático de muchas de ellas. Queremos retomar la historia justo donde la dejaron nuestros padres y abuelos, confiados de que nosotros como herederos sabríamos responder. Queremos poder entregar a nuestros hijos un patrimonio de nación del que se sientan afortunados y orgullosos.
Habrá qué exigir a nuestros gobernantes que se alejen de los reflectores, dispuestos a meter los pies en el barro, para enderezar la encallada nave entre todos.


PUNTO DE REFLEXIÓN

Punto de Reflexión
Hoy todos los mexicanos somos Ayotzinapa: Los padres de familia somos esos padres destrozados cuya esperanza se niega a morir entre el olor nauseabundo de las fosas comunes repletas de cadáveres anónimos.

Cada uno de nuestros estudiantes es ese compañero normalista que hoy exige que regresen con vida a sus “compas”, 43 jóvenes del medio rural que soñaban con cambiar un pedacito de México desde sus aulas construidas con tierra y paja.
 
El problema se pretende abordar como tantos otros, con discursos que se lleva el viento.

Los mexicanos ya estamos hartos de lugares comunes, de palabras huecas, de pronunciamientos asépticos que buscan acallar la verdad.
 

Estamos cansados de ver cuántas veces la mentira es la moneda de cambio en el escenario político del país.

Gota a gota se nos acabó la capacidad de asombro frente a hechos cada vez más cruentos, al punto espeluznantes, que pretenden manejarse como cualquier otra cosa.
 

Nos estremece una realidad que vuelve estadística la muerte de nuestros jóvenes, sus ilusiones; la esperanza de sus padres; el dolor de familiares y amigos, como si nunca hubieran existido.

Ayotzinapa es el punto de Reflexión  para que México, a través de todos y cada uno de nosotros vuelva al cauce del desarrollo institucional, comenzando por reconocer en todo mexicano sin excepción, su dignidad como ser humano, y a partir de ello restaurar las garantías que ha ido perdiendo cada vez más.

Hemos creado un sistema que apuesta a las formas por encima del fondo, a las apariencias sobre el contenido; un sistema que se enfoca a pretender antes que ser, y que busca que se aplaudan las buenas intenciones, amén de que los resultados laceren en lo más hondo.

Caminamos a pasos agigantados hacia el terrible momento histórico en el cual no habrá una sola familia mexicana que no llore un muerto o un desaparecido.

Ayotzinapa marca el punto de inflexión en el que habrán de imponerse las ideas por encima de los azoros; la inteligencia por encima de los sordos rencores de la rabia.
 

Y más vale que lo asumamos como un problema de tales dimensiones, que no va a aplacarse con un puñado de promesas.

Frente a todo esto surgen dos figuras esperanzadoras: La ministra de la SCJN Olga Sánchez Cordero, recibe la medalla al Mérito Cívico “Eduardo Neri y Legisladores 1913”, y en su discurso de agradecimiento hace un llamado a la inaplazable función de dignificar la condición humana.
 

“Es necesario reforzar la perspectiva de derechos humanos en todas las acciones del Estado (…) quien no es sensible a la condición de las personas en situación de pobreza o discapacidad, elimina la condición humana”.

Por otra parte complace la noticia de que Malala Yousafzai será galardonada con el Nobel de la Paz.

Figura icónica de la niña-mujer en un sistema represivo en contra de su género que quiso acallarla a balazos, una voz que en ningún momento ha desfallecido en sus demandas por el derecho a la educación, reconociendo que la verdadera lucha santa es a través del estudio.

“Queremos un México justo y libre”.
 

Ha expresado en forma valiente Omar García, un normalista, sobreviviente de la matanza de Iguala.

A su clamor se suma el nuestro, el de cada padre y madre; el de cada hermano, el de la esposa, el de los hijos pequeños…
 

Se suma el de cada ciudadano que va asimilando que el cambio es necesario para que el país no se caiga a pedazos.

Una gran tarea comenzar a restaurar nuestras instituciones, planificar cómo sanear la descomposición social que nos ha convertido en rehenes de nosotros mismos.
 

Pero no hay de otra, tenemos que entrarle todos, dado que es la única vía para salir adelante.

Es tiempo de abandonar para siempre el estéril deporte del señalamiento y la quejumbre, para sustituirlo por una actitud proactiva: ¿Qué necesita mi país? ¿Qué hay que hacer? ¿Qué elemento extra puedo aportar?
 

Comenzar a ser congruentes entre el dicho y el hecho; entre lo privado y lo público, sin dobleces ni oscuridades, para ganarnos una autoridad moral que nos permita gobernar sobre otros, en el hogar frente a la familia; como patrones en la empresa, o como simples ciudadanos, bajo el principio de que ser autoridad implica mantener una conducta intachable.
 

No es colocarse encima de otros para sacar ventaja personal, sino para planear estrategias de desarrollo que a todos beneficien.

Hay que rescatar del olvido palabras como: Honradez, integridad y congruencia. Retomar en serio la escala de valores para dejar de ver al abusivo como próspero y al honesto como estúpido.

Es tiempo de entender que la condición humana no se tasa en pesos y centavos, y que valemos mucho más que eso.

Hoy todos somos Ayotzinapa, con la mira puesta en el bien de nuestro amado México.


PARADOJAS DEL TERCER MILENIO

Paradojas del tercer milenio
Para decirlo de la manera más clara, el Tercer Milenio nos pescó a todos poco preparados, y de alguna manera estamos pagando la factura.

Pertenezco a una generación que ha vivido lo suficiente para atestiguar los cambios que ha sufrido el planeta en los últimos cincuenta años.

De niño me maravillaban las caricaturas de Hanna-Barbera que retrataban un mundo futurista en el que buena parte de las actividades cotidianas se hallaban tecnificadas.

Lo que parecía un paseo por un mundo fantástico, hoy se viene cumpliendo en gran medida, de manera que podemos colocar a los norteamericanos William Hanna y Joseph Barbera al lado de otros futuristas reconocidos como Julio Verne o Isaac Asimov.

Pero así como la tecnología ha avanzado a grandes zancadas, nos hemos quedado relegados en otros aspectos fundamentales.

Uno que salta a la vista con mucha frecuencia es el relativo al lenguaje, ya no digamos los chats de las generaciones más jóvenes, sino grandes erratas en textos de autores de importantes publicaciones digitales.

Errores ortográficos que no deberían existir a partir de la utilización de los métodos de autocorrección de los programas computacionales, pero que paradójicamente parecen haberse incrementado.

Otro error -sintáctico- que da cuenta del ritmo tan acelerado que llevamos, es la utilización de palabras parecidas frente a las que ponemos poco cuidado al seleccionar: Un caso son las homófonas “rayar” y “rallar”, o “haya” y “halla”, en cuya confusión incurrimos en grandes errores.

Otro caso es el de “previsto” y “provisto”, que con frecuencia confundimos, incluso vamos más allá para utilizar “prever” por “proveer”, o más grave aún, utilizamos el barbarismo “preveer”, que recuerdo haber escuchado en los discursos de un par de políticos.

Asimismo recuerdo aquella diputada que, señalando las fallas de dicción de un colega, se preció de que ella “no hablaba con faltas de Ortografía”. Conclusión: Hemos descuidado que la palabra sea la mejor aliada del
pensamiento.

La tecnología nos ha vuelto asistentes de primera fila a los eventos de la vida.

En lugar de auxiliar a un semejante en apuros nos ocupamos en tomar video y subirlo a las redes; en vez de disfrutar un espectáculo nos dedicamos a grabarlo; en lugar de reconocer la condición humana que hay en todos, nos mofamos de quienes han hecho el ridículo, cuyos videos se suben a la red como “bloopers”.

Todo ello de alguna manera nos ha vuelto insensibles al dolor humano; la situación penosa de alguno se convierte en mercancía que se ofrece en el mercado virtual, y que se mide de acuerdo a su popularidad.

Luego no nos extrañe que esa costumbre nos vaya tornando indiferentes frente a lo que sucede en nuestro entorno inmediato.

Con relación a los desafortunados eventos que vienen ocurriendo en el estado de Guerrero, al igual que tantos otros que se han presentado a lo largo y ancho del país en los últimos años, hay palabras que simplemente han dejado de tener sentido. Términos tan terribles, que cualquiera de ellos nos hubiera horrorizado hace algunos lustros, hoy se vuelven parte de la jerga común: “Entambados”; “disueltos”; “desmembrados”; “decapitados”, por citar algunos.

Por desgracia se han vuelto tan comunes en su uso, que ya no nos remiten a la imagen de lo que simbolizan, sino que pasan por nuestra percepción como podrían pasar, digamos: “hipotenusa”; “rescoldo”; “marco” o “periférico”, términos carentes de una connotación emocional que los distinga del resto.

Ahora bien, poco o nada nos percatamos de la forma como hemos quedado entrampados en el mercadeo de la tecnología.

Se ha vuelto un imperativo en nuestra vida poseer la última versión de tal o cual aparato tecnológico, a tal grado inconsciente, que podremos dejar de lado cualquier otra necesidad frente a la urgencia de convertirnos en felices poseedores del nuevo aparatito, como si no hacerlo nos dejara fuera de la jugada.

La lista es infinita: ¿Qué justifica que una chica compre para el día de su boda tres o cuatro modelos de vestido de novia? ¿Quién marcó esta tendencia como obligada? ¿No sería más inteligente invertir el dinero de los vestidos extra en cubrir otros aspectos del propio matrimonio?
Si nos descuidamos la Globalización se volverá un mercenario movido únicamente por el dinero de los grandes capitales, para despojar a la realidad de cualquier otro aspecto humano.

Bajo el engaño de creernos amos y señores pasaremos a ser lacayos y luego esclavos de nuestra propia creación, lo que me recuerda a otro autor futurista que no debemos dejar fuera: Aldous Huxley, autor de “Un Mundo Feliz”, quien con sobrada razón expresó: “El progreso tecnológico nos ha provisto de maneras muy eficientes para ir hacia atrás”.

¿O cómo la ven…?


EL GATOPARDISMO

EN 1958 EL ESCRITOR ITALIANO Tomás de Lampedusa publicó su novela titulada “El gatopardo”, en la que narra el fin de la aristocracia siciliana a raíz de la unificación de Italia en 1860.

A PESAR DE QUE LA rancia nobleza aristocrática se oponía a que nuevas clases sociales arribaran al poder, esta finalmente es desplazada. Ante la debacle, uno de los personajes aristócratas de la novela sentencia: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”.

A PARTIR DE ESTA PUNTUAL frase se acuñó el término gatopardismo y si hay una palabra que pueda describir a nuestra clase gobernante es precisamente esta: Cambiemos para seguir igual.

HACE POCO ESCUCHAMOS HABLAR DEL nuevo PRI. Sin embargo las prácticas clientelares, los privilegios, el carro completo, la opacidad y las verdades a medias siguen como hace décadas. Es un partido que “cambió” para conservar los intereses de siempre.

NOS DICEN AHORA QUE CON la mentada reforma energética todo cambiará, que será de gran beneficio para el país y el bolsillo de la población. Mientras tanto los privilegios, prebendas e ingresos millonarios de los líderes sindicales de la electricidad y del petróleo siguen conservándose intactos e insultantes para la población. Pero eso sí, ya cambiamos.

POR SU PARTE LOS DIPUTADOS, quienes aprobaron esta reforma, nos presumen de madurez, que han avanzado con el diálogo que antes no se daba, que son otros, que ya cambiaron. Pero no han aclarado el bono millonario que recibieron en recompensa por aprobar dicha reforma. Ya cambiaron pero siguen siendo iguales.

DE LA TAMBIÉN CACAREADA REFORMA de telecomunicaciones nos dicen que las condiciones y servicios cambiarán, que habrá una apertura para evitar el mentado duopolio televisivo y que beneficiará a la población; pero ambas televisoras siguen manteniendo sus privilegios, poder e ingresos millonarios. Lo mismo sucede con las empresas telefónicas. Puro gatopardismo.

RESPECTO A LA INSEGURIDAD LAS autoridades nos dicen que la guerra del sexenio pasado fue un rotundo fracaso; que ahora sí, con una nueva estrategia la situación cambiará, mejorará la seguridad, pero los delitos de alto impacto siguen a la alza. La inseguridad ya cambió pero sigue igual.

AQUÍ EN COAHUILA NOS DICEN que se ha avanzado en seguridad y no se retrocederá, que ahora se trabaja más y mejor, que estamos cambiando, pero la ola de robos y asaltos sigue a la alza, así como los suicidios. Pero eso sí, ya estamos cambiando. Nuestros gobernantes aparecen muy sonrientes en los medios, presumiendo cambios y avances pero los abusos policiacos y los desaparecidos siguen igual.

NOS CACAREAN QUE LA LEY de transparencia es una fregonería, que en Coahuila si estamos cambiando. Trate usted de averiguar el destino de los 36 mil millones de pesos de la megadeuda y se encontrará que esa información está clasificada como reservada, que nadie puede consultar. ¿Cuál transparencia? claro, ya cambiamos aunque sigamos igual.

NOS DICEN QUE AHORA SÍ se retirarán los vehículos chuecos, que se aplicará la ley y de antemano sabemos que habrá declaraciones y contradeclaraciones, rounds de sombra, prometiendo tanto autoridades como propietarios que la situación cambiará y al final no pasará nada y todo seguirá igual. 

LA IGLESIA CATÓLICA –LA GRAN maestra del gatopardismo- nos dice que con el nuevo Papa está cambiando, que hay mayor apertura, pero ahí siguen los prelados homofóbicos que denigran y ofenden a las personas con preferencias sexuales diferentes.

EL GATOPARDISMO TAMBIÉN PREVALECE EN el sector privado donde los empresarios prometen a sus trabajadores cambios y mejoras para que todo siga igual. Por su parte los trabajadores dicen que cambiarán, hacen como que hacen, pero sólo se hacen para que sus privilegios sigan igual.

Y QUÉ DECIR DE LAS instituciones culturales públicas y privadas que cuando cambian de administración juran y perjuran que ahora sí serán diferentes, que pronto se verán los cambios a través de la promoción del arte y la cultura, pero siguen igual, pérdidas en el limbo haciendo más de lo mismo. Cambiar para que todo siga igual.

TAMBIÉN A NIVEL INDIVIDUAL, ANTE algún conflicto decimos y prometemos que cambiaremos y corregiremos tal o cual situación, que no volverá a suceder, que todo cambiará. Pero en el fondo actuamos así para poder seguir igual.

DESDE LUEGO QUE CAMBIAR NO es fácil aunque sea necesario. Seguir atrapados en la comodidad de la rutina y confort es muy fácil y no implica riesgos. Temer a los cambios es natural pero mientras no se tome el riesgo por cambiar y mejorar todo seguirá igual. Por eso no vale quejarse si no se está dispuesto a cambiar.

EN MÉXICO SOMOS EXPERTOS EN cambiar para que todo siga igual. La única diferencia es que al gatopardismo le decimos “la misma gata pero revolcada”; atole con el dedo, pues.

ESOS PROFES

Esos profes

A PARTIR DE ESTA SEMANA EL sueño de las vacaciones escolares termina, mientras la pesadilla para los padres de familia apenas inicia para pagar todos los gastos que sus hijos requieren para poder seguir estudiando.

EL TRÁFICO SE CONGESTIONARÁ a las horas de entrada y salida de clases. Veremos a los choferes de transporte escolar conducir con temeridad; también se verán señoras en camionetotas último modelo manejando como cafres por no levantarse temprano y evitar el retardo.

PARA MUCHAS MADRES de familia el fin de las vacaciones representa un alivio al no tener a los hijos en casa sin qué hacer, dando lata, pegados horas y horas frente al televisor o navegando sin ton ni son. Por fin, a partir de esta semana, los chamacos están donde deben y con quienes deben estar.

CON EL REGRESO A CLASES los muchachos -se supone- continuarán con su proceso de aprendizaje para transformarse en sujetos exitosos y útiles a la sociedad. Adquirirán diferentes conocimientos y habilidades a la vez que sus profesores les inculcarán la formación de valores tales como la justicia, la libertad, igualdad, democracia, solidaridad y tolerancia, todo ello como parte del desarrollo humano de sus alumnos.

SUENA BONITO, pero ¿será cierto? Lamentablemente no.

TODOS SABEMOS que el futuro de un pueblo depende de su educación y es por ello que ante un mundo cada día más complejo, frente a una realidad opresiva y una feroz competencia, se supone que es en la escuela donde las nuevas generaciones se preparan para alcanzar un promisorio futuro.

PERO NO SUCEDE así ya que en todos los niveles la calidad de la educación deja mucho qué desear. Esto no es privativo de las escuelas públicas, la ausencia de calidad también está presente en pomposas y elitistas instituciones educativas.

UNA DE LAS PRINCIPALES causas de los fracasos de México, como proyecto de país, ha sido la mediocridad de sus élites directivas, tanto políticas como empresariales, quienes atrapadas entre la partidocracia y el capitalismo salvaje, anteponen sus intereses al bien común.

LOS DEFICIENTES planes y programas de estudio, así como la mala preparación de los profesores inciden en la pobre calidad de la educación. ¿Por qué las Normales no se transforman a fondo, que los expertos en educación se hagan cargo de esta renovación y los políticos se hagan a un lado? Ya es hora de que los profesores enseñen a los alumnos a aprender a aprender.

HOY EN DÍA los maestros son prácticamente burócratas sin un compromiso por la calidad en la educación. La conveniencia prevalece sobre la vocación; el amor por sus alumnos y el compromiso con su superación son prácticamente nulos; la responsabilidad, su preparación profesional y el cumplimiento con sus obligaciones, son terribles. Por ello, cuando hay evaluaciones al magisterio le da pavor.

ES FÁCIL SEÑALAR las deficiencias de los maestros pero también se deben reconocer las injusticias que padecen, básicamente por un sindicalismo opresivo y absorbente.

EL SINDICATO de maestros se ha extralimitado en sus funciones al subordinar y hacer dependientes a los maestros.

Es una profesión despojada, sin iniciativas profesionales propias, sin espacios autónomos para actualizarse y donde puedan ventilar sus asuntos académicos y técnicas que les afectan, y sin posibilidades de interactuar con las autoridades para influir en las políticas educativas. En pocas palabras, no se les permite deslindar lo laboral de lo profesional.

POR OTRO LADO, para poder capotear al poderoso sindicato magisterial se prefiere nombrar en los puestos claves de la SEP a políticos experimentados en lugar de conocedores de la materia educativa. De esta manera se privilegian más los intereses sindicales y políticos que la calidad educativa.

ESTAS AUTORIDADES no han sabido -o no han querido- aprovechar la experiencia cotidiana de los maestros del conocimiento que tienen de la realidad de niños, jóvenes y sus familias, lo cual permitiría elaborar planes y programas educativos más efectivos.

ANTE ESTA SITUACIÓN, desafortunadamente, los maestros prefieren navegar sin comprometerse, buscando su comodidad, provecho y privilegios personales, haciendo a un lado la educación. No se vale.

UN PROFESOR -se supone- debe ser un líder que además de enseñar conocimientos y habilidades, fomente los valores, eduque para la paz, para preservar el medio ambiente, para dominar los lenguajes fundamentales, la comprensión del mundo, el pensamiento científico, la justicia social, los derechos humanos y la identidad nacional. ¿Así son tus maestros o los de tus hijos?

POR ÚLTIMO, qué les cuesta al menos enseñar a no tirar la basura en la calle, buenos modales, higiene y el gusto por la lectura. Creo que no es mucho pedir.